viernes, 27 de diciembre de 2024

101


Ayer Belén fue al obstetra. Todo en orden. Calculan que le faltan unas tres semanas. Desde la muerte de Elena hacia acá el tiempo dejó de ser mensurable. Casi cinco meses, es incapaz de valorar si fueron pocos o muchos. Devastadores. Le cuesta levantarse. Le cuesta comer. Le cuesta trabajar. Candela le insistió en que la llamara a Ana María, pero no puede precisar bastón toda la vida. Ya lo superará, como superó tantas cosas. Demasiadas manitos dependiendo de ella como para tirarse en la cama que es, en realidad, lo único que desea. Y en este cuadro la presión de su familia para que festeje sus sesenta. Se opuso cuanto pudo. Sin embargo, le jugaron una mala pasada. Camila le dijo que si había festejo, ella viajaba; si no, no. Chantaje puro. Se dio por vencida, sin embargo dejó bien claro que ella no pensaba ocuparse de nada. Andá a la peluquería le ordenó Fernanda será tu única obligación. Meses sin cortarse el pelo ni teñirse. El otro día Mateo le dijo señalándole la cabeza parecés una viejita, abu. Se levanta de la cama y abre el cajón de la mesa de luz. Saca la libreta de direcciones. Se acerca al teléfono y llama. Zulma, soy Claudia, ¿tendrás un turno para este sábado?


La cita es en el SUM83  del nuevo departamento de Fernanda. Hacia allí se dirige. Solo la cartera en la mano. Ajeno a su historia ir a una reunión sin acarrear víveres. Me acarreo a mí misma, determina. Cuando se mira en el espejo del ascensor le cuesta reconocerse. Me parezco a la de antes, piensa. Peinada, pintada, vestida, es otra. La sensación de engañarlos. Porque por dentro sigue igual de deteriorada. En cuanto entra se acerca Mateo corriendo. Hoy sí que estás linda, abu dice. Sus padres siempre lo critican, pero con ella es un dulce. Y usted, señor, está muy buen mozo. Comestible con su pantalón con tiradores y la camisita escocesa. Belén siempre los tiene impecables. Recién entonces mira a su alrededor. Sus cuatro hijos; Belén, Manuel y Maxi; sus seis nietos; todas sus empleadas; Gloria. Están todos, podría decirse. Pero no es cierto. La ausencia pesa entre tanta presencia.  Gira la lengua en la boca para contener las lágrimas. Se acerca Ema. ¿Estás contenta, Bela? pregunta con tanta ilusión en la carita que ella, mientras la abraza, contesta claro que sí. La vida me dio tanto, piensa. Y también piensa que a Elena le hubiera gustado saberla feliz. Se acerca a Belén y le pone la mano en el prominente vientre. Gracias por venir le dice me parece que Luján pronto estará con nosotros. Gracias a vos dice su nuera por todo lo que hacés por mis hijos; Mateo te adora, ir a tu casa es su mejor programa. Contá conmigo para lo que sea ofrece los primeros tiempos con la nena tal vez sean complicados, yo me puedo hacer cargo de los chicos, en tu casa o en la mía. Los ojos de Belén se llenan de lágrimas. Tengo miedo dice miedo de no quererla, miedo de no poder. Ella, por primera vez en más de veinte años la abraza con el alma. Yo te voy a ayudar promete la sacaremos adelante entre todos. Belén se desprende y se seca la cara con las manos. Andá, disfrutá de tu fiesta, te la merecés; a vos sí que todos te quieren. A ella le da tanta lástima. Bautista se acerca. Saqué un diez en el simulacro de historia informa. Te felicito, no por el diez, sino por el enorme esfuerzo que estás haciendo. El chico la mira. Muy serio dice gracias, abuela, vos sí que te das cuenta. Camila se aproxima y la toma del brazo. Mami, mirá quién vino adelanta. Ella levanta la vista. Ángel. Se funden en un abrazo. 

83 Salón de Usos Múltiples.


102

 


2017

 

Después de muchos años se decidió a alquilar, nuevamente una quinta. En Don Torcuato esta vez, lo más cerca que consiguió. Camila extendió su visita de fin de año porque le van a entregar un premio, y están compartiendo la primera quincena de enero. Ella se ofreció a quedarse con Luján y con Mateo para que Sebastián y Belén se pudieran ir unos días solos a la costa, ya que Bautista está de campamento con unos amigos. Fernanda, para aprovechar a su hermana, se instaló también con los chicos, Manuel trabajando en Buenos Aires. Candela no quiso ser menos y aterrizó con Uma, niña que le deja cada vez que el trabajo o sus ganas la reclaman desde la capital. Zoe prometió que vendría algún fin de semana. Con tanto pendejo dando vueltas me agarra un ataque. La casa es grande pero igual todo es un tendal. Necesitará tomarse vacaciones para descansar de las vacaciones. Porque con las dos chiquitas, sobre todo, no puede despegar un ojo. Por suerte la pileta tiene protección. Por suerte, no. Fue la insoslayable condición que puso para alquilar. Luján, tres añitos, ya camina con soltura y está comenzando a hablar. Es enternecedor ver como Uma, que solo le lleva meses, se ha convertido en intérprete de su prima. Uma sí que es un petardo. Tan caprichosa como seductora. Linda a rabiar. Nos agarró grandes se excusa Candela. Porque ambos padres le dejan hacer cualquier cosa. A Maxi se le metió en el bolsillo. La amo, pero no la aguanto es la frase habitual de Zoe. Hace rato que Zoe se fue a vivir sola. Se instaló en la casita al fondo de Triple C. Tuvieron que alquilar un local exclusivo para las ventas al interior, por suerte también sobre Córdoba. Mi “emporio”, suele decir y se ríe de sí misma, no tiene más de seis cuadras a la redonda. El taller, Uniformes Córdoba, Triple C y ahora el nuevo local. Ella cedió la Daewo a la empresa y en el 2015 se compró un Clio, su primer cero kilómetros. Zoe no quiso saber nada de sumarse al “emporio” y se las arregla trabajando como camarera. A veces ella la ayuda a llegar a fin de mes. Este año, con viento a favor, se recibirá. Artes dramáticas en la UNA84 . De qué vivirá esa chica. Quizá más adelante aceptará unirse al negocio familiar. Hace falta sangre fresca. Ella está muy cansada y Candela, sobrepasada. Suele estar con tos. Quedó sensible desde lo de Cromañón. Amor y preocupación, ineludiblemente unidos. Abuela, ¿podemos ir a la pileta? pregunta Uma, que se acerca con Luján de la mano. Ella se levanta de la reposera y va en busca de Camila. Fuera de toda posibilidad que ella se haga cargo de las dos. Les pone los bracitos. Por las dudas también le avisa a Fernanda que está leyendo en la galería y que con pocas ganas se levanta. Las miro desde afuera dice. Zoe tenía tres años. La edad de Luján. Un escalofrío le recorre el cuerpo. Tiene miedo. Últimamente todo le da miedo.


Fernanda acostando a los niños, Camila y ella toman un café en la galería vidriada. Solo me dieron dos entradas informa su hija porque entre yanquis y argentinos somos un montón; al fin nos conoceremos después de trabajar juntos tanto tiempo a la distancia. Ella da por sentado que una entrada le corresponderá, ¿a qué hermano le tocará la otra? Problema en puerta. ¿A quién vas a invitar? pregunta. A vos, claro responde Camila. Se la ve inquieta, ella la conoce bien. ¿Y a quién más? A mi papá. Entonces yo no voy dice sin darse un segundo para reflexionar. ¡Ahora sí que me hiciste enojar! exclama Camila con rabia no te entiendo, debieras estar contenta de que haya recuperado a mi padre, de que haya recuperado mi identidad, ¿qué?, ¿estás celosa?, quédate tranquila, a vos siempre te voy a querer más. Ella se siente tan ridícula. Sí, está enojada. El señor no quiso hacerse cargo de la niña y viene a recoger los frutos de la adulta exitosa. Furiosa está. ¿Celosa? Quizá. Camila eligió a su padre por encima de sus hermanos. Hacé lo que quieras dice Camila, se levanta y sale al parque. Ella, a través del ventanal, la observa caminar descalza sobre el césped. Sabe que debiera incorporarse e ir a pedirle disculpas. Pero no puede. No puede.

 

84 UNA: Universidad Nacional de las Artes


miércoles, 25 de diciembre de 2024

100


Con Simón de la mano espera que salga Ema. Pero la nena no corre a abrazarla como es su costumbre. Está creciendo, piensa ella, nueve años ya. Sube a los chicos al auto y rumbea para su casa, ya dejó todo preparado para la merienda. Le compró facturas con dulce de leche a Ema, es supergolosa y la madre la tiene cortita porque es rellenita. Simón toma el Nesquik de un trago y, con una medialuna en la mano, va a jugar con Mobi. La nena se queda sentada, la mejilla apoyada en el brazo flexionado. Está tristona, evalúa ella.  ¿Te pasa algo? pregunta. La nena niega con la cabeza, pero los ojos se le llenan de lágrimas. Contame, Ema pide. El llanto se desata. La tarada de Romina me dijo que es mentira que Simón sea mi hermano. ¿Cómo? ¿No ves que es negrito? dijo, es distinto, los chicos de esta escuela no son así. A ella no le caben más dolores en el cuerpo. Pero se incorpora y abraza a la nena. Simón es tu hermano y es mi nieto y yo no lo cambiaría por ninguno y estoy muy orgullosa de él; la próxima vez que te vaya a buscar mostrame cuál es Romina, ¿La vas a retar? pregunta Ema, la carita preocupada. No, le voy a explicar. ¿Le cuento a mamá? Ella se queda pensando. Fernanda sigue frágil. La llegada de Simón hizo aflorar todos sus temores. Mejor no contesta esto lo vamos a arreglar entre vos y yo, ¿de acuerdo?  La nena le ofrece la palma de la mano. Ella se la choca.


Le costó lograr que Ángel se fuera. Recuerda la frase de su amiga seguidor como perro de sulky. La enfermedad fortaleció la pareja que estaba… busca la palabra… desvaída. También acercó a los hijos. Beneficios secundarios, dicen. Vaya con los beneficios. Elena duerme desde que le inyectaron los analgésicos, alrededor de las doce. Ella no logra descansar a pesar de la cama preparada en el sillón. Ya son las cuatro. Al menos se detuvo la permanente irrupción de enfermeras. Reina el silencio en el hospital. Ella se incorpora para ir al baño. Se detiene junto a su amiga y la observa. Se le aflojó el gesto de dolor. Parece relajada. Demasiado. Se acerca y aproxima el oído. Sí, respira. Cuando regresa del baño vuelve a acercarse. Elena tiene los ojos abiertos. La mira y le tiende la mano. Ella se la oprime. Libros dice su amiga. Ella asiente con la cabeza. Cuidalo a Ángel pide. Te lo prometo logra ella pronunciar. Las máquinas comienzan a hacer ruido. Una enfermera entra, se aproxima a la paciente y le controla el pulso. Agita levemente la cabeza. Ya está dice. Ella siente que su corazón se detiene. Porque una parte de sí misma acaba de morir con su amiga. Le tengo que avisar a Ángel, piensa. Cómo cuidarlo.


Que se acerquen los caballeros. Ella recuerda el entierro de sus padres. El de Alberto. Pero en esta oportunidad sobran los hombres. Ángel, los hijos, el hermano de Elena, dos sobrinos. Sebastián.  Ahora Sebastián sí puede. En él representada toda la familia que sin ser familia formó parte de la familia de Elena desde hace treinta y cinco años. Fue para sus hijos la tía que no tuvieron. Para ella, por momentos, la madre. Su guía. ¿Cuál es la hora exacta en que tengo que partir? / ¿Cuántas son las señales que tengo que seguir?/Si siempre viaje solo/ Y siempre vos fuiste mi faro en la ciudad82 . Cómo seguir sin faro. Zoe se acerca y le da la mano. Ella se la oprime fuerte.

 82 “Solo un momento”, tema cantado por Vicentico.

lunes, 23 de diciembre de 2024

99


Ma, ¿podrás ir a buscar a Bauti al instituto? pregunta Sebastián tenemos consulta con el médico. Quedate tranquilo responde ella a las siete, ¿no?; que tengan suerte. Plaza Italia a esa hora es una pesadilla. Mira el reloj: las cinco, tendrá que apurarse para terminar el presupuesto de las camperas de egresados. Pobre Bautista, tan exigido. Colegio bilingüe doble escolaridad y ahora preparándose para ingresar al Nacional Buenos Aires. Recuerda los reproches de Sebastián. Tuvo un rapto de lucidez con respecto a su propio accionar como padre. Rapto que le duró poco. Ella charló con su nieto. Casi todos sus compañeros harán el secundario en la actual escuela. Él hubiera preferido quedarse, pero no se opuso a los planes de sus padres. ¿O de su padre en singular?, ¿a Sebastián le hubiese gustado ir al Buenos Aires? A ella ni se le ocurrió. Su nieto egresando del primario. Qué rápido pasó el tiempo. Egresados. Se distrajo. Tiene que averiguar cuánto le cobrarán los cierres. Ya le adelantaron que esta semana aumentarían. Por culpa de la inflación el trabajo se duplica. Presupuestar cada vez. El cuento de nunca acabar. No le preguntó a Sebastián si puede llevar al chico a Mc Donald así se lo entrega cenado. Si se entera Mateo hará un berrinche, piensa y sonríe. Teo sí que sabe luchar por sus derechos. No es negocio para Bauti ser tan dócil. Del hilo tampoco le dieron el nuevo precio, aunque tanto no influye en el total. Por suerte la frisa la tiene. Rita dice cuando la ve entrar por favor llama a Cordelio y averigua el precio de los cierres. En cuanto tenga ese dato cierra el presupuesto. Cierre y cierra. Casi las seis ya. Otra vez andará a las corridas. Es mi destino, piensa. Piedra y camino80 , completa su mente la frase. Nadie lo canta como la Negra81 .


Bautista llegó y se desplomó frente al televisor. Allí está todavía. Sebastián se demora, qué raro, a Belén no le gusta que los chicos se acuesten tarde. Finalmente suena el timbre. Ella se apresura a abrir. Su hijo la besa en silencio. Ella lo observa. Tiene mala cara. ¿Pasó algo? pregunta. Sebastián le hace un gesto de silencio. ¿Querés un café? ofrece ella. Ambos se dirigen a la cocina. Sebastián cierra la puerta. ¿Qué pasó? vuelve a preguntar mientras le tiende la taza. Al obstetra no le gustó la última ecografía y le mandó hacer a Belén una translucencia nucal ella hace un gesto de sorpresa, no sabe de qué se trata. Sebastián se agarra la cabeza con ambas manos y dice altísima probabilidad de que la beba tenga síndrome de Down. Ella siente el peso de un bloque de cemento sobre su cabeza. Yo no importo, piensa. Oprime el brazo de su hijo y dice la sacaremos adelante momento en el que Bautista entra a la cocina. Hola, pa, me saque nueve cincuenta en el simulacro de matemáticas informa. Sebastián se descubre el rostro. ¿Estás bien, pa? pregunta el chico.


Todavía en camisón enciende la computadora. Mail de Camila proponiendo reunión de Skype. Parece estar adaptada a vivir en Estados Unidos. Éxito tras éxito en sus investigaciones. No le queda muy claro cómo lleva lo social. Ni siquiera sabe si le importa lo social. No menciona ninguna pareja y poco le gustan las preguntas sobre su vida privada. ¿Regresará algún día? Le prometió venir este año para las fiestas y le insiste para que ella vaya a visitarla. Entre el exceso de ocupaciones laborales y familiares y su pésimo inglés un viaje internacional suena a utopía. Más aún cuando nazca la chiquita de Sebastián. Necesitarán todo el apoyo del mundo.  Estuvo leyendo en Internet, estos bebés suelen tener, además, problemas de corazón; muchos precisan cirugía alrededor de los seis meses. Ojalá que nazca sanita, piensa. Posterga la reunión con Camila, no sabe si Sebastián ya le contó. Cuando venga el jueves a traerle a Mateo le preguntará si quiere que les informe a las hermanas. A Elena no le dirá nada, para qué preocuparla. A Rita ya le contó porque la encontró llorando. No sabe cómo lo habrán tomado los padres de Belén. Una herida para la familia perfecta. El cajoncito de Luján ya se abrió. Un cajoncito muy grande. Porque esta nena precisará el doble de afecto. Más todavía que Simón. A veces le duele el cuerpo de tanto amor para tantos. Amor y preocupación, ineludiblemente unidos. Estoy agotada, piensa como tantas veces. Y esta noche le toca quedarse en el hospital. Por fin logró convencerlo a Ángel. Ese hombre sí que precisa descanso. Después precisará mucho apoyo. Después. Insoportable imaginar un después. Teléfono. Mami, ¿podrás ir a buscar a los chicos al colegio?; tengo una entrevista en una escuela. ¡Esa sí que es una noticia! No me presiones más, mamá dice la hija. Ella ya no sabe qué decir. Todo lo toman a mal. ¿Tendrán registro de lo que hago por ellos?, se plantea. ¿A las cuatro y media o las cinco? pregunta. Simón a las cuatro y media y la nena a las cinco. ¿A qué hora los venís a buscar?, a la noche me quedo con Elena. Sí, me contó hoy Ángel cuando fui; Manuel pasa por tu casa antes de las siete. Abre la boca para decir suerte, pero duda y se arrepiente. ¿No me deseas suerte? reclama su hija. Imposible contentarlos, evalúa. Suerte dice.

 

80 “Piedra y camino”, canción de Atahualpa Yupanki,

81 Apodo de la cantante Mercedes Sosa.


viernes, 13 de diciembre de 2024

98


No aguanto más dice Zoe tirándose en el sillón, situación que Mobi aprovecha para acostarse junto a ella Uma llora todo el tiempo, no me deja estudiar, no hay comida en la heladera, ni ropa limpia, todo es un caos. Como si hubiera una beba de dos meses, ¿querés que te cuente cómo fue criarte a vos? pregunta ella revolviéndole el cabello tantas veces Sebastián, ya en la facultad, te tenía en brazos mientras estudiaba; Camila, que tenía seis años, te paseaba en cochecito por el patio para que te durmieras; todos colaboramos, no es fácil criar un bebé. Por eso es que yo no voy a tener hijos. Ya te veré con uno en brazos en unos años. Zoe, muy seria, afirma no, abuela, te aseguro que no, los niños no son para mí. ¿Querés quedarte unos días? ofrece ella al menos hasta que rindas el final. Lo voy a hablar con mi mamá, me da lástima, pobre, está agotada y mal que bien, cada tanto agarro a Uma para que ella pueda darse una ducha; es una turra la pendeja en los brazos está a pura sonrisa, pero en cuanto intento dejarla en la cunita berrea como loca.  En el fondo la querés. Obvio, abuela, es mi hermana dice Zoe levantando los hombros. ¿Querés que pidamos unas empanadas? propone ella. ¡De una!, ¡estoy muerta de hambre!


En el pasillo se cruza con Gloria, hace días que no la veía, desde que se rompió la cadera sale poco y nada. ¡Francisco es el nuevo Papa! exclama emocionada.  Es cierto, era hoy. Se había propuesto seguir la ceremonia en la televisión, pero se olvidó. La cabeza en tantas cosas. La calle es un jolgorio. Todos festejan. Como si la vida de los argentinos fuera a cambiar. ¡Es un milagro! grita una mujer. Ella necesita otro tipo de milagro. No tiene ganas de manejar y menos aún de dar vueltas luego para estacionar. Detiene un taxi. Al Hospital Alemán indica. ¿Dónde estás?, ¿dónde voy?79 suena. No en la radio hoy. En su cabeza.


¿Te puedo llevar a los chicos? pregunta Fernanda tenemos reunión de padres en el jardín a las siete, calculo que a las ocho y media pasamos a buscarlos. Ella contempla la pila de facturas que estaba ordenando, le avisará al contador que se las llevará mañana. Tipo seis estaré por casa, qué te parece si compro unas pizzas y cenamos juntos. No te quiero complicar más, mami. Para mí es un gusto responde. Antes de cortar Fernanda pregunta ¿cómo sigue Elena? Igual responde ella. Mañana pasaré a verla después de dejar los chicos en el colegio, avisale a Ángel que puedo quedarme hasta el mediodía. De acuerdo, nos vemos en un rato dice y recuerda el anillito que Elena seleccionó para esta hija.


Están poniendo en cajas el pedido para Tres Arroyos, lista en mano, cuando Rita exclama ¡faltan los pantalones azules talle seis! Ella cierra los ojos. No puedo con todo, piensa. Zoe tiene razón, desde que nació Uma reina el caos. Así no pueden seguir. Manda un mensaje. ¿Puedo pasar? Segundos después indica pónganse ya a fabricarlosyo vuelvo en un rato. No tiene ganas de buscar el auto. Camina a paso vivo por Córdoba.  Se detiene en la panadería y prosigue. Toca el portero eléctrico, busca la llave en la cartera y sube. Le abre una Candela en camisón, sin peinar, que en cuanto la ve le tiende a la nena. Agarrala o la rifo dice. Ella se encuentra con una beba rozagante en brazos que responde a su sonrisa. Está preciosa dice. Y es cierto. Los ojos celestes de Maxi, nariz de botón, la boca perfecta de Candela. Voy a preparar café anuncia su hija mientras se dirige a la cocina con la bolsita que ella le entregó. Ella deposita a la beba sobre el sillón para buscar su celular en la cartera. ¡Para qué! Inmediatos alaridos. Se apresura a alzarla. El llanto se interrumpe por acto de magia y las sonrisas retornan. Ella recuerda las palabras de Zoe. Pendeja turra. Va a la cocina. Candela está abriendo el paquete. ¡Me trajiste tortitas negras! exclama. Mientras toman el café, ella, beba en brazos, charlan sobre Elena. Tengo ganas de llevarle a la nena para que la conozca. ¿te parece que la dejarán entrar? Hoy mismo le pido a Ángel que averigüe promete ella y luego le cuenta el percance en el taller. ¿Podrás avisarle que demoraremos la entrega?, la mujer siempre trató con vos, a mí no me da la cara. El rostro de su hija se transforma. Es sutil el cambio, sin embargo, para ella que tanto la conoce, evidente. Claro dice incorporándose ya mismo, ¿para cuándo evaluás que tendrán todo?, a lo mejor le podemos enviar un par de conjuntos más para compensar. Conversación telefónica concluida, asunto solucionado, regresan a la cocina. Ya no aguanto estar metida en casa, ¿qué te parece si intento retomar el trabajo?; Uma, en tanto esté a upa, no berrea. Me parece bien; yo tampoco puedo con todo; si te instalás en el taller brazos no faltarán; si no, podemos contratar una chica que te de una mano. Candela resopla. No sabés qué alivio, mamá; amo a esta mocosa, pero no nací para ama de casa. Ella sonríe satisfecha. Es mi hija, piensa. Y piensa también en Fernanda. Tres años sin trabajar ya. Volverá a la carga.

 79 “Seminare”, Serú Girán.

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2013

 

El calor agobia. Hace años que no pasa un enero completo en Buenos Aires, pero este no quiere apartarse de Elena. Más allá de su propia necesidad, Ángel precisa ayuda. Allí va, bajo un sol que aturde, caminando por Las Heras rumbo al Hospital Alemán. Al cruzar la puerta el aire acondicionado la reconforta. Se seca con un pañuelo la frente. Sube en el ascensor. Baja. Cuánto le cuestan los pocos pasos hasta la habitación. Se acomoda el cabello y golpea. Adelante dice Ángel. Lo que queda de su amiga le sonríe desde la cama. Está tan flaquita. Piel y huesos. Le da un beso y le ofrece a Ángel ¿por qué no vas a comer algo?, yo me quedo. Se sienta en la silla próxima a la cama. Va a preguntar ¿cómo estás? cuando se frena. ¿Qué respuesta espera?, ¿bien?, es evidente que no está bien. Entonces decide permanecer en silencio. Silencio que al cabo de unos minutos rompe Elena. Te quiero ofrecer algo dice. Ella eleva las cejas y ladea la cabeza sonriendo. Me gustaría dejarte mis libros. La sonrisa de ella se transforma en un gesto de disgusto. No digas tonterías pide. Ahora es Elena quien menea levemente la cabeza. Claudia, te pido que estés a la altura de lo que hemos sido durante estos treinta y cinco años; dos mujeres inteligentes y fuertes que siempre encaramos de frente lo que a la otra le sucedía; no necesito que me hables como si fuera una criatura a la que se le dice sana, sana; las dos sabemos que me voy a morir y nadie me deja hablar de mi muerte, ni Ángel ni mis hijos; necesito que vos me escuches; dejé en casa, en mi mesa de luz, unas cuantas hojas con indicaciones; desde dónde llevo a limpiar los trajes de Ángel a cuánto se le paga a Rosita y qué enfermedades tuvo cada uno de los chicos; debo dejarlo por escrito porque se rehúsan a escucharme se interrumpe un instante, tose y luego continúa  te pido que te ocupes de mi placar y de mi biblioteca; con la ropa hacé lo que quieras, donala o tirala; las pocas joyas ya las dejé adjudicadas; quizá debiera habérselas donado a mis actuales nueras pero ya aprendí que mis hijos la van cambiando, por eso decidí dejárselas a tus tres hijas que, de alguna manera, han sido las hijas mujeres que no tuve; por supuesto que ellas harán lo que quieran, usarlas o venderlas, no me ofenderé si es que pueda verlo sonríe a ninguna de las dos nos queda el consuelo de pensar que nos encontraremos en el más allá tose ¿me alcanzás un vaso de agua? pide. Ella, aliviada de no tener que seguir escuchando por unos segundos, obedece. Elena bebe con lentitud. Luego prosigue me gustaría que te quedaras con mis libros, se me parte el corazón pensando que puedan deshacerse de ellos; si te vienen bien llevate las bibliotecas que quieras; Ángel, como bien sabés, no es lector y mis hijos, pese a los esfuerzos que hice toda la vida, tampoco; tus hijos leen bastante, Bautista también, podrán encontrar en tu casa lo que necesiten. Es tanto el esfuerzo que ella está haciendo para contener el llanto que está incapacitada para responder. El ruido de la puerta abriéndose viene en su auxilio. Es Ángel que regresa con un sándwich y una bebida. Más seguidor que perro de sulky dice Elena sonriendo imposible librarse de él. Ángel le va preguntando por cada miembro de su familia, de Sebastián a Simón, y entre preguntas y respuestas transcurre más de una hora. Hasta que Elena informa estoy cansada. Ella se levanta y se inclina para saludarla. ¿De acuerdo? pregunta su amiga. De acuerdo responde ella. ¿De qué hablan? inquiere Ángel. Cosas nuestras contesta Elena. Ella saluda a ambos y sale. Ya en el pasillo se apoya en la pared. Ahora sí las lágrimas se deslizan, silenciosas, por sus mejillas.



96


Controla la hora y abre el Skype. Tengo novedades abre la conversación Camila. Ella se pregunta si se referirán a su nueva familia, pero su hija informa me entregan el diploma el 15 de diciembre. ¿En Bariloche? pregunta ella. Claro. ¿Se puede presenciar? Claro reitera. ¡Allí estaré! Yo estoy libre a partir del 7, si querés venir antes podemos pasear un poco, hay unos lugares preciosos cerca que me encantaría mostrarte. Ella piensa que Zoe se recibe este año, no sabe aún cuándo será esa otra entrega de diplomas. Está por decirlo cuando se arrepiente. En cuanto combine con el trabajo te aviso dice andá pensando adónde me vas a llevar. ¡Hecho!


Mami, no te necesito, pero si tenés ganas de ver a Simón pasá cuando quieras ofrece Fernanda. Ella corta contenta. Extraña al nene y, además, no le gusta estar enojada con sus hijos. El aire no le fluye, es como si le costara respirar. Le llevare pañales, piensa, una medida más grande. Y figuritas para Zoe. Está celosa la mocosa, hace rato que no la ve, va al colegio a la mañana. Se las dejará con una notita. Ya sabe leer. La semana que viene la irá a buscar a la escuela.


Mail de Camila. Mi papá me preguntó si puede venir a la entrega. Aún no le contesté. ¿Te molestaría? La furia la ciega. ¿Qué tiene que ver él con la carrera de Camila? Apaga la computadora con brusquedad. Se dirige al baño. Abre la canilla de la bañadera y pone el tapón. Voy a estallar, piensa.


Gracias dice Elena a la empleada que le entrega el sobre. Sobre que guarda en su cartera. ¿Vamos a tomar algo? propone ella. Caminan bajo el sol de diciembre hablando intrascendencias. Entran en el primer barcito que ven. Cuando el mozo se retira Elena rescata el sobre de su cartera y se lo tiende. ¿Lo abro? pregunta ella desconcertada. Su amiga asiente con la cabeza. A ella el corazón comienza a galoparle. ¿Por qué me toca a mí?, piensa. Abre el sobre y despliega la hoja. Adenocarcinoma de endometrio. No puede seguir leyendo. Entierra los ojos en el mantel. ¿Y? pregunta Elena segundos después. Ella quisiera tirar el papel sobre la mesa, o mejor aún, hacerlo un bollo y salir corriendo. Eso es lo que quisiera, y aunque una parte suya está muy enojada con Elena por someterla a esa prueba, otra, la que solo pertenece a esa amiga que ha sido la columna vertebral de sus días, toma las manos de Elena y lanza el veredicto. Adenocarcinoma de endometrio. Su amiga no emite sonido ni hace un gesto. Se quedan así un largo rato. Hasta que Elena suelta sus manos y pregunta ¿pedimos otro café?


Recién la llamó Elena. La operan el 17. Menos mal que fue eximida de optar entre su hija y su amiga. Se acerca a la computadora para avisarle a Camila, cuando halla un mail de su hija. Finalmente papá no podrá venir. Un suspiro de alivio brota de sus vísceras. Sabe que para su hija es una desilusión, sin embargo, se alegra. Soy egoísta, dictamina. Recuerda, nuevamente, la frase de Ana María. Uno no es responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por ellas. Yo no le impedí que lo invitara, se dice intentando absolverse. Lo logra a medias. Solo a medias.


Fin de un año confuso. Intenso y confuso. Mientras hierve el peceto pasa revista a sus meses. Por un lado, el trabajo pujante, la llegada de Simón, los diplomas de Camila y Zoe, la convivencia de Candela, si eso es lo que su hija precisa. Por otro, la enfermedad de Elena, las demandas de Sebastián. La irrupción de la otra familia de Camila no sabe dónde colocarla. Así como la posibilidad de que se vaya a trabajar a Estados Unidos. Estoy abrumada, evalúa mientras pincha la carne con el tenedor. Está dura, todavía le falta. Se deja caer sobre la silla. Retorna la sensación de confusión. Sus hijos la tienen a mal traer. Qué hizo bien, qué mal. La permanente sensación de ser juzgada. Imperando la percepción de un cansancio que brota desde sus huesos. Tiene que poner la mesa para doce comensales. Darle de comer a doce. No voy a poder, piensa. Se arrepiente de haber declinado el ofrecimiento de Fernanda. Pero lo único que le falta a su hija es ponerse a atender gente con los dos chiquitos bajo el ala. Saca el mantel rojo del estante de arriba y va distribuyendo la vajilla. Sin alegría, determina. Primer año que acciona sin alegría. El 24 fue triste también. Decidió dejar de lado a su familia y fue a lo de Elena, todavía recuperándose de la cirugía. La vaciaron, piensa. Y así se siente ella, vacía a pesar de la mesa llena. Va a la cocina. Ahora sí que está listo el peceto. Por suerte ya hizo la salsa. Ojalá te fueras hoy y volvieras hace diez años77, escuchó alguna vez en el cine. Eso quisiera, evaporarse y regresar diez años atrás. Saca cuentas. Sí, en el 2000 todavía estaba Ariel. No quiero necesitarte porque no puedo tenerte78, recuerda ahora. Hace diez años aún era una mujer. Ahora solo es una máquina de sobrellevar obligaciones. Prueba la salsa. Le falta crema. Abre la heladera.    

 

77 Frase pronunciada por Marlene Dietrich en la película “Encubridora”, 1952.
 78 Frase pronunciada por Clint Eastwood en la película “Los puentes de Madison”, 1995.



jueves, 12 de diciembre de 2024

95


Simón, acostado sobre sus rodillas, gorjea mientras ella le habla. Tan chiquitito y con tanta necesidad de comunicarse. ¿Qué habrá pasado la criatura durante sus primeros tres meses? Fernanda, si es que la tiene, no dio ninguna información al respecto. Ya lleva casi un mes cuidándolo. Está agotada. No por el chiquito, en sí, es muy tranquilo, sino por las complicaciones laborales que le genera no disponer de su mañana. Le va a plantear a Fernanda si puede empezar a trasladarlo. Ayer tuvo consulta con el pediatra, ya aumentó otro medio kilo. Se lo ve más redondito. Escucha el ascensor y luego la puerta abriéndose. ¡Qué sorpresa! exclama al ver a Fernanda que alza al nene y lo abraza mientras dice ¡cómo te malcría tu abuela! Ella se incorpora y pregunta ¿pasó algo?  Su hija le tiende el bebé y dice voy a hacer café. Ambas se dirigen a la cocina. Sentadas ante las tazas Fernanda informa renuncié. Sin tiempo a reflexionar pregunta ¿por qué? Seguramente su tono es admonitorio porque su hija contesta ya te lo expliqué y su tono tampoco es cordial. Silencio tenso solo interrumpido por la vocecita del nene. No quisieron darme más licencia y me avisaron del juzgado que es probable que la semana próxima, venga una asistente social. Te avisarán supongo, además estás dejando al nene con su abuela, qué mejor. No insistas, ayúdame, no me hagas sentir peor, ¿o te crees que a mí no me duele dejar la escuela y los chiquitos?, pero no puedo vivir con terror, mami, no duermo de noche, no como, bajé tres kilos. No te estoy cuestionando se defiende ella solo intento ayudar. Ya me ayudaste demasiado, vos tampoco podés con este ritmo. De acuerdo dice ella, hace una pausa y pregunta ¿querés que me vaya? Como su hija no contesta le tiende el bebé, agarra su cartera de arriba de la mesada y dice avisame cuando me necesites y sale.


Está esperando que Sebastián le alcance a los chicos, porque no tuvo ninguna notificación de cambio. Una llave en la puerta le trae a Zoe. Hola, abuela, vine a jugar un rato con los nenes dice mientras la abraza. Ella se alivia. No quiere estar a solas con su hijo. Un rato después suena el timbre. Sebastián le pregunta a Zoe sobre sus estudios y sobre el test. Charlan un buen rato. Después se despide ella y de los nenes y se va. Un placer cenar con sus tres nietos. Mateo ya está bastante civilizado. Ella observa especialmente a Bautista. Es cierto, se parece a Sebastián no solo físicamente. La expresión de seriedad. El contraste entre ambos hermanos es notorio. Zoe la ayuda a bañarlos y a acostarlos. Ahora ya se animan a quedarse en el cuarto de arriba.  A la mañana siguiente se repite su inquietud. Lo que nunca les da el desayuno a los chicos sin esperar a Sebi. Cerca de las diez suena el teléfono. ¿Podés alcanzarme los chicos al auto, por favor?, así no estaciono, estoy apurado. Ella junta las mochilas, alista a sus nietos y salen. Ella abre la puerta del auto y ayuda a los nenes a ponerse los cinturones de seguridad. Sebastián la saluda desde el volante alzando la mano. Le duele verlo. Algo se rompió entre ellos. A lo mejor estaba roto desde siempre y ella no se había dado cuenta.


Domingo. Escucha la radio mientras prepara el desayuno. Ya se vistió porque en cualquier momento puede llegar el censista.  Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor/ Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo77. Le encanta Vicentico y le encanta esa canción. Canción que se interrumpe bruscamente. Siendo las nueve y quince falleció el expresidente Néstor Carlos Kirchner como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio no traumático, que no respondió a las maniobras de resucitación. Es viuda, piensa, en un instante se transformó en viuda, es la Presidenta de la Nación y es viuda, las desgracias no saben de clases sociales, alcanzan a pobres y ricos, a letradas y a analfabetas. Llora. Pero no llora ni por Néstor ni por Cristina. Llora por ella. Hace semanas que necesita llorar y no se lo permitió porque temió no poder parar. Llora. Llora hasta que escucha el timbre. Se seca la cara y abre la puerta. Es una mujer. Una mujer que llora. ¿Se siente mal? pregunta ella. Se murió Néstor contesta la censista.

 

  77 “Paisaje”, Vicentico.


lunes, 9 de diciembre de 2024

93


Abre la puerta de Triple C. Lucy está atendiendo. Ella atraviesa el patio y entra a la oficina. Candela está sentada frente a la computadora. Tuvieron que comprar una nueva, la vieja se la llevo ella para comunicarse con Camila.  ¿Me preparaste la planilla que pidió el contador? pregunta. Buenas tardes, hija le reprocha Candela. Perdón pide ella mientras se acerca a darle un beso estoy a mil. Qué casualidad, yo también afirma su hija desde las siete de la mañana con este Excel de mierda. Ella está por reconvenirla, pero se calla, solo la pondrá de peor humor. Le siguen chocando las malas palabras de sus hijos. De sus hijas, en realidad, Sebastián es muy correcto. Demasiado, piensa. ¿Y? pregunta Candela instante en que descubre que se perdió la pregunta. Yo también necesito una pausa, ¿qué te parece si vamos a tomar algo? propone. Me pediste la liquidación antes de las dos. Ella mira su reloj. Soria tendrá que esperar, si morimos en el intento no podré pagarle. Candela por primera vez sonríe. Sí, vamos, estoy muerta de hambre, ni desayuné con el apuro. Ya sentadas ella observa a su hija. Resplandece. Se te ve bien pese al cansancio dice. Candela se acomoda el cabello. Vos piropeando, qué raro. Es implacable, evalúa ella, siempre en pie de guerra, pero decide no seguirle el juego. Estoy bien acota entonces Candela. ¿Algo en especial? Este fin de semana Maxi se mudará a casa. Ella piensa en Zoe. Duro para la chiquilina otra nueva convivencia. ¿Estás segura? pregunta ¿no es demasiado pronto? Su hija la mira con dureza. Tal vez no tenga tanto tiempo contesta. No entiendo. Voy a cumplir treinta y seis años. ¡Me consta! exclama ella sonriendo ¡ojalá yo los tuviera!, una edad maravillosa. La que tenías cuando nació Camila. No, treinta y cuatro la corrige. Más a mi favor. Sigo sin entender. Quiero tener otro hijo, mamá, y ya no tengo tanto tiempo. Ella se endereza en la silla. ¿Estás embarazada? No, todavía no; esta vez quiero hacer las cosas bien; desearlo y buscarlo en pareja; que sea una alegría para todos, vos misma incluida. Yo me puse contenta con la llegada de mis cinco nietos le aclara ella. Yo no diría que te alegró la noticia de mi primer embarazo. ¡Eras una chiquilina! exclama ella mientras su enojo crece ¿te parece que he hecho poco por Zoe? No entendés nada, mamḠla noticia de mi embarazo fue una pesadilla para todos, yo la primera; sueño con poder festejarlo. Un hijo no termina en un embarazo le recuerda ella. Nadie lo tiene más claro que yo, porque, aunque quiero creer que no dudás del amor que le tengo a Zoe, en tantos momentos la padecí; quiero que todo sea distinto, ¿tan difícil es poder entenderme? Ella permanece en silencio. ¿Ya se lo avisaste a Zoe? pregunta al rato. Sí, le pregunté si le molestaría que Maxi viviera con nosotras y me dijo que era mi vida, que en tanto él no se metiera en la suya ni intentará jugarla de papá, todo estaba bien. Ella toma ambas manos de su hija. Veo que estás haciendo las cosas bien, muy bien dice, llena ambas copas con soda y eleva la suya ¡por una excelente convivencia! exclama. Candela, sonrisa amplia, eleva la suya.


A la hora programada abre su Skype por primera vez. No puede creerlo, Camila le sonríe desde la pantalla. ¡Hola, mami!, ¡te animaste!, ¿no era tan difícil?, ¿viste?  Ella también sonríe, tantas excusas puso, tanto tiempo perdió y ahí tiene a su hija recuperada. ¿Cómo te fue en el examen? La chica hace un gesto de suficiencia. ¿Cuánto se puede sacar tu hija? ¿Ocho? tantea ella. Camila mueve la palma de la mano hacia arriba. ¿Nueve? Su hija reitera el movimiento. ¿Diez? Obvio, ahora en serio, fue muy fácil, mami, casi una formalidad. Increíble tener a su hija delante, bienaventurada la tecnología tantas veces denostada por ella. ¿Cómo está Simón? pregunta Camila. De a poquito ganando peso. Sí, la vi preocupada a Fernanda. ¿La viste? Hace rato que hacemos Skype, por suerte renovó la computadora. ¿Te comunicaste con Candela? Ayer me mando un mail diciéndome que tenía que contarme algo, ¿qué pasó? Ya te lo dirá ella. Se quedan mirándose, sonriendo.  No es tan fácil llenar el tiempo. ¿Escuchaste la radio? le pregunta su hija. No, todavía no, anduve a las corridas. ¡Sancionaron el matrimonio igualitario! ¡Qué bien! exclama ella estuve siguiendo los debates y por hacer una broma añade ahora te podés casar. Broma que no parece caerle bien a su hija porque comenta no digas tonterías, mamá, ya sabés que la pareja está lejos de ser una prioridad para mí; lo importante es que la mente de esta sociedad retrógrada se vaya abriendo; espero que el juicio a Videla terminé rápido y que se pudra en la cárcel. Camila está enojada. Ella no quiere que su hija esté enojada por eso intenta cambiar de tema. ¿Hablaste con tu hermano? Termina de decirlo cuando se percata de su error. Tarde porque Camila repregunta ¿con cuál? La chica hace una sonrisa extraña y prosigue con Sebi me comunico por mail, no hablamos mucho más que de nuestras carreras; le está yendo muy bien; ahora está trabajando en la constructora del suegro. No podría haber recibido peor noticia. Su hijo cada vez más atrapado por Belén y familia. Reconfirma que sus hijos le hurtan la información que saben no será bien recibida. Me van aislando, dictamina. Entonces inspira hondo y pregunta ¿te seguís comunicando con… y como no puede profanar el término dice… con Andrés? Camila sonríe. ¡Al fin! exclama.


miércoles, 4 de diciembre de 2024

91


La presencia de la nena abole toda posibilidad de preguntar. Pero los ojos de su hija hablan. Las tres se acercan al juzgado. Espérenme aquí indica Fernanda. ¿Qué será, Bela? pregunta Ema. ¡Una sorpresa! Sí, ya sé, pero si hicimos un viaje tan largo la sorpresa debe ser grande… parece tantear el terreno… ¿será lo que me imagino? Veremos, veremos, veremos contesta ella agitando las manos. Caminan hasta la esquina ida y vuelta infinitas veces. Pero ahora es expectativa. Una expectativa gozosa. Media hora después aparece Manuel. ¿Y la sorpresa? pregunta la nena. Ahora la trae mami. ¡Ya esperé mucho! protesta Ema. Un poquito más de paciencia le pide el padre. Finalmente aparece Fernanda. Ahora sí con los brazos llenos. Se acerca a la nena se agacha e informa este es tu hermanito. ¡Yo sabía! exclama Ema. Luego Fernanda se incorpora, se acerca a ella y le tiende el atadito en absoluto silencio. Ella lo toma y aparta la mantilla. Aunque es muy pequeñito de tamaño no es un recién nacido. Ya hay expresión en los ojitos negros que se fijan en los suyos como imanes. Pelito oscuro, tez trigueña, manitos apretadas. No, no es un recién nacido, porque la sonrisa que ella le ofrece es correspondida.   Se llama Simón informa una Fernanda radiante. Ya tiene nombre el cajoncito, piensa ella. El milagro del amor instantáneo otra vez se produjo. ¡Damelo, Bela! requiere Ema ¡es mi hermano!


Acá esta, otra vez poniendo la mesa. Esta vez para la presentación en sociedad de su nuevo nieto. Fernanda quiso que lo conocieran todos juntos. Camila, otra vez, será invitada sorpresa. Aunque esta vez es ella la que se guarda el as en la manga. La fue a buscar a Aeroparque esta mañana temprano. Ahora fue a retirar las empanadas que encargó. Ella no tuvo tiempo de hacerlas. Sebastián, como de costumbre, aportará los sándwiches de miga. Candela traerá algo dulce. Cuenta con los dedos porque siempre se equivoca. Son doce, porque Simón, obvio, aún no se sienta. Compró un par de bancos más. Son apilables, ocupan poco espacio. Le ofreció a Fernanda invitar a los suegros. pero prefirió hacer una reunión aparte. La familia de Simón seremos nosotros le dijo en el oído. Es cierto, los otros abuelos ven poco y nada a Ema, viven lejos. Todavía no pudo hablar con su hija. Muy esquiva para dar detalles. El bebé tiene tres meses, eso sí logró que le dijera. Ella estaba en lo cierto, recién nacido no era. También le contó que el pediatra lo encontró bien, pero bajo de peso. Aunque tiene ojitos grandes, la mirada es tristona. Ya lo revertirá, no tiene la menor duda. Fernanda es una madraza. El ruido de la llave le trae a Camila que regresa cargada. Había mil personas informa ¿dónde las dejo? En el horno, después las calentaré. Desde la cocina Camila dice Candela ya lo vio, seguro. Ella sonríe sola, todas son celosas. No, solo yo lo conozco y Emita, claro. Camila se acerca. ¿Cómo lo tomó la nena? Está muy contenta, la volvía loca a la madre pidiéndole un hermano. Y, sí, no me imagino crecer sin hermanos. Los mentados hermanos van llegando. Hermosas las caras de sorpresa al descubrir a la sureña. Abu, ¿y el bebé? pregunta Mateo. Enseguida va a llegar le contesta ella dándole un beso en el cachete. Va a dejar de ser el benjamín. Ya tiene cuatro años, pero sigue siendo un terremoto. Al menos eso dicen los padres. Conmigo se porta bien, piensa. Finalmente, la puerta se abre y aparece un cochecito. Todos se abalanzan. La alegría de Fernanda al ver a Camila. Yo lo levanto dice su benjamina no me vine de tan lejos para verlo de lejos. El bebé, que estaba dormido, abre los ojitos en cuanto es alzado. Lo despertaste protesta Fernanda, pero sonríe. ¡Y a mí qué me importa! exclama su hermana mirá esas pestañas, me lo morfo. El nene va pasando de mano en mano. Hasta Bautista lo alza. Mateo reclama sus derechos. Manuel lo hace sentar y le tiende al bebé que soporta con estoicismo la batahola. Ella, de pronto, repara en Ema, apoyada contra la pared. Está por acercarse cuando Sebastián se le adelanta. Qué lindo tu vestido le comenta. La nena lo mira y con sus seis años cumplidos le pide upa, tío Sebi. A ella le regresa la imagen de Camila, con exacta edad, en el sanatorio cuando nació Zoe. Ella también pidió upa, Sebi. Abuela la trae al presente la voz de Bautista después te muestro el boletín, todos sobresalientes. Te felicito le dice ella mientras le revuelve el pelo y luego agrega pero yo no te quiero por eso. El nene la mira desconcertado. ¿Y por qué me querés? pregunta, las mejillas sonrojadas. ¡Porque sos mi nieto!, nunca podría dejar de quererte, ni aunque te saques unos, aunque le pegues a Teo  o me tires del pelo o lo muerdas a Mobi, nunca. El nene ríe a carcajadas. Un par de horas después está lavando las tazas cuando Fernanda y Belén entran trayendo los vasos. Su nuera le pregunta qué dijo el pediatra. Fernanda contesta reticente. Hasta que Belén inquiere ¿sabés algo de la madre? Ella gira, la respiración suspendida. La madre soy yo contesta su hija, los ojos como fuego.


lunes, 2 de diciembre de 2024

90



Llega a Buenos Aires renovada. Bronceada, algún kilo de más que buena falta le hacía. Se encuentra con un Mobi que deja evidente su rencor ante el abandono. Ni se acerca. Abre el bolso, saca lo sucio y lo pone en el lavarropas. Recién entonces se prepara un café. Lo está tomando cuando suena el teléfono. ¡Mami!, ¡parece que nos dan un bebé!, lo tenemos que ir a buscar al Chaco, ¿nos podés llevar?, el Renault no da para eso, además queremos ir con Ema, vos podrías cuidarla. Por supuesto contesta ¡qué alegría! No me quiero hacer muchas ilusiones dice Fernanda acordate de lo que pasó con el de Córdoba. Claro que lo recuerda, a su hija le costó meses reponerse de la desilusión. ¿Cuándo hay que ir? Cuanto antes. Preparo mis cosas y los paso a buscar hace una pausa ¿qué le dijeron a la nena?, no quiero meter la pata. Que vamos a hacer un viaje con la abuela, está chocha, por las dudas llevate ropa para un par de días. Corta. Llama a Rita y sin dar explicaciones, le informa que demorará el regreso. Va a lo de Gloria a sobornarla con alfajores para que extienda la asistencia a Mobi, arma el bolso, se da una ducha, se viste, cuelga la ropa mojada en el tender y sale. Emocionada. Quizá se abra otro cajoncito.


¡Nos vamos de viaje, Bela! exclama Ema en cuanto se sube al coche. Cuando la ven distraída Manuel carga en el baúl un cochecito y varios bolsos. Su yerno se sienta adelante, Fernanda atrás, con la nena. Ya me compraron las cosas para la escuela le cuenta su nieta porque soy grande, Bela, empiezo primer grado. Ella piensa que tiene que prepararle una almohadita, los dientes no tardarán en caer. Chaco. No quiso preguntarle a Fernanda si recordaba que su padre era chaqueño. Qué curiosa manera de hacerse presente Alberto, terruño mediante. Ella quiere hacer mil preguntas, pero la presencia de la nena lo impide. Quizá cuando se duerma, Fernanda le cuente algo. Casi tres años dura este embarazo de papeles, como lo llama su hija. Cuando deja de escuchar la vocecita de Ema le murmura a Manuel ¿les informaron algo?, ¿sexo, edad? Nada, mamá contesta Fernanda desde atrás, siempre tuvo un oído increíble ya te enterarás. ¿De qué? pregunta Ema abriendo los ojos. De nada, dormite le dice a la nena y dirigiéndose a ella con mal tono agrega ¿viste? Ella sigue manejando mientras piensa, esto soy para mis hijos, alguien a quien se da por sentado que estará para cualquier eventualidad, pero a quien no es necesario brindar ningún tipo de información. Cuántas veces escucho parala, no jodas, no es tu asunto, no te metas en mi vida a pesar de que siempre intentó ser respetuosa y no entrometerse. En esas está cuando Fernanda dice perdóname, mami, estoy nerviosa. ¿Por qué? pregunta Ema. Esta no apaga los motores ni cuando duerme comenta Manuel. ¿Qué motores? Los tres ríen. Por fin el ambiente se distiende. ¿Estás cansada? le pregunta su yerno cuando llevan cuatrocientos kilómetros recorridos. Un poco, preciso un café. Paremos en la próxima estación de servicio; después te reemplazo yo, así podés dormir un poco; me encanta manejar de noche. Como si ella pudiera dormir en esas circunstancias. La aterra que su hija sufra una nueva decepción. La mira por el espejo retrovisor. Va rígida en el asiento, los ojos abiertos como pozos. Manuel pasa la mano entre los asientos y Fernanda acerca la suya. Están juntos, también en esto.


Los despide con un abrazo y, de la mano de Ema, se encamina hacia la plaza. ¿Adónde fueron mis papis? pregunta la nena. Ya te dijeron que después te contarán. ¿Vos sabés, Bela? Ella que no sabe mentir asiente con la cabeza. ¿Es una sorpresa? A lo mejor… ¡No entiendo nada! la nena abre mucho los ojos y señala ¡mirá, Bela, hay una calesita! Ema se suelta de su mano y corre. ¿Me ayudas a subirme al caballo? Así son los niños, piensa mientras saca los boletos. Seguro me saco la sortija. Todos necesitamos una sortija hoy, evalúa. Después de cinco vueltas y dos sortijas la nena declara ya está, ahora la hamaca. El tiempo transcurre lentísimo entre subibajas y toboganes. Ya no tiene paciencia para sostener la conversación de la nena. Recuerda la agonía de esperar frente a la sala de partos cuando nacieron sus tres nietos menores. Con Zoe estuvo adentro. Casi la parió. Embarazo de papeles seguido de un parto legal. Controla su celular cada cinco minutos. Qué les cuesta decirle algo. Es una desconsideración. No aguanta más. El corazón le galopa. Ya no sabe qué decirle a la nena. Va a llamar y punto. Teclea tres números y corta. Piensa en Ana María. Usted no es la protagonista le diría. Inspira hondo. Muere por un café, pero no quiere perder de vista la puerta del juzgado. Gente que entra, gente que sale. A nadie ha visto con un bebé. Mala señal. La mamá de Córdoba se arrepintió. Pobres mujeres, tener que deshacerse de sus hijos. Al menos Fernanda la tiene a Ema. Trata de ponerse en su lugar. Le resulta imposible imaginarse con un solo hijo. A ella le concedieron el don de la fertilidad. ¡Bela! la llama Ema desde el trapecio mientras suelta las manos ¡mirá! Ella gira y se acerca corriendo. Llega justo a tiempo para agarrarla de la remera y evitar el golpe contra el piso. Hoy nos soy confiable, decide mientras le grita ¡basta de plaza!, ¡se acabó! La carita de la nena se frunce en un puchero. Momento en que ella se agacha y la abraza. ¿Vinimos a buscar un bebé, no? le pregunta la nena al oído. Ella no sabe qué decirle. Cierra los ojos hasta que escucha ¡mami!, ¡Ema! Cuando los abre ve a Fernanda que se acerca. Tiene los brazos vacíos. A ella se le detiene el corazón. Cierra los ojos. Cuando los abre ve que la chiquita se cuelga de las piernas de su madre que la alza. Toda su rabia previa por no ser informada se diluye en la angustia que le sube desde el vientre. Pobre hija mía, piensa. Entonces, recién entonces, observa el rostro de su hija. Una sonrisa tan luminosa que conmueve. ¿Me acompañan? propone Fernanda tenemos una sorpresa.


domingo, 1 de diciembre de 2024

94


Ma, Bautista se olvidó una carpeta, ¿puedo pasar a buscarla ahora?, ando cerca pregunta Sebastián. Por supuesto contesta ella. Corta y se dirige al cuarto. Se saca el camisón que ya se había puesto y se viste. Minutos después suena el timbre. ¿Querés tomar algo? le ofrece a su hijo luego de besarlo. Sebastián mira el reloj y dice dale, tengo que buscar a Mateo en la casa de un amigo en una hora y medio. ¿Te preparo un sándwich? Dale reitera Sebastián hoy ni almorcé. Me contó Camila que estás trabajando con tu suegro dice ella mientras abre la heladera. es la lacónica respuesta. No será fácil, me imagino comenta ella poniendo mayonesa en el pan. ¿A qué viene tu comentario? Nunca es fácil trabajar con la familia. Mirá quién lo dice comenta Sebastián con tensión en la voz. Ella va a repreguntar, pero de pronto comprende. Candela y yo lo llevamos bastante bien. Su hijo hace un gesto despectivo. Convengamos que una madre no es lo mismo que un suegro acota ella. No sé con quién quedarme masculla Sebi. ¿Te pasa algo? pregunta ella, porque es inusual ese tono en él. Estoy cansado de que critiques a Belén y a su familia. La sorpresa de ella es mayúscula. Nunca te dije nada. Abiertamente no, pero todo se trasluce en tu cara o en tus comentarios aparentemente inofensivos. No te entiendo. No es un pecado pertenecer a otra clase social. Un aguijón se le clava en el pecho. Lo mismo podría decir yo contesta y se arrepiente en cuanto lo hace, no quiere entrar en combate, no le conviene. Hace veinte años que trato de mantener la armonía entre las dos mujeres más importantes de mi vida que, desde la hora cero, no se entienden. No seré yo la responsable se defiende ella. Los ojos de Sebastián se llenan de furia. ¿Vos tenés registro de cómo la trataste siempre? Está desconcertada. ¿Cuándo le dije algo? Justamente eso, nunca le dijiste nada; la descalificaste de entrada solo porque vivía en Recoleta y era católica, un esquimal hubiera sido más cálido con ella. Yo no me olvido de que ella cortó con vos porque Camila era ilegítima y Candela estaba embarazada. ¡Esa es tu interpretación!, ¡se enojó porque yo se lo había ocultado! Permitime que lo dude… Para vos hay una única verdad y es la tuya; me pasé casi cuarenta años evitando confrontar con vos, pero ya me cansé. El muchacho se agarra la cabeza. Ella intenta tocarle el brazo, pero Sebastián la rechaza. No tenés la menor idea de la presión que me metiste encima desde que era un mocoso; yo tenía que hacer todo bien, destacarme en todo, no dar problemas, ayudarte, etcétera, etcétera, etcétera; no me dejaste chance de que fuera un nene normal, con caprichos o rabietas; Candela tenía permiso, yo no; fui universitario, me recibí, me casé y tuve hijos, todo lo que se esperaba de mí; pero cometí el terrible pecado de enamorarme de una mujer que no es de tu agrado; única vez en mi vida que te disgusté, podrías haber sido más misericordiosa. Está tan desconcertada que no puede hablar. Hasta que se le ocurre alguna explicación. ¿Estás haciendo terapia? pregunta. ¡Sí!, comenzamos porque Mateo estaba teniendo problemas en el jardín y ahí empezaron a salir cosas y decidí encarar una terapia individual, recién estoy empezando. ¿Belén también? No, ella no sintió la necesidad; a mí se me derribo un muro y se me hizo la luz sobre mi verdadera infancia; y lo peor es que me di cuenta de que estaba replicando el error con Bautista, pobre hijo mío; por suerte es chico todavía, tengo posibilidad de revertirlo; es una condena estar obligado a no cometer fallos; porque ahora no sos vos, soy yo él que me exijo lo imposible. Sebastián mira el reloj. Tengo que ir a buscar a Mateo, de eso también me ocupo, y un padre no debe llegar tarde. Se incorpora, el sándwich aún sin tocar en el plato. Le da un beso en la mejilla y pregunta ¿la carpeta? Ella se la alcanza. Él sale. Ella regresa a la cocina y se sienta. Estoy destruida, evalúa.

92


Camila termina de secar los platos y anuncia mami, te quiero contar algo. Ella, como siempre ante frases similares, se inquieta. Se sienta a la mesa de la cocina y su hija la imita. Mami, conocí a mi hermano. La inquietud se transforma en angustia. Su hija tiene tres hermanos, nadie más en el mundo merece estar bajo ese título. Las palabras presionan para salir de su boca, sin embargo, ella sabe que no debe pronunciarlas. La lucha interna la obliga a permanecer en silencio. Seguramente sus emociones se traslucen porque Camila dice yo sabía que te iba a caer mal, por eso no me decidía a contártelo. Estoy sorprendida intenta ella justificarse y se acuerda de su reacción cuando Camila le confesó su homosexualidad. Recuerda también los comentarios de Ana María. No puedo cometer dos veces el mismo error, dictamina. Entonces pide contame. Se llama Andrés, tiene mi edad, obvio, es músico y, ¿sabés una cosa?, somos muy parecidos físicamente, papá ya me lo había adelantado. Una cuchillada tras otra. Papá. El señor se dio el lujo de desaparecer por dieciocho años, pero sigue siendo merecedor de ese apelativo. Se le revuelven las entrañas. ¿Lo viste de nuevo? pregunta con brusquedad. ¿A quién?, ¿a papá?, no, me lo comentó por mail cuando supo que nos encontraríamos; Andrés tuvo que ir a Bariloche por un concierto y aprovechó para visitarme. No está en condiciones de mantener esa conversación, no al menos ahora. Hoy fue un día muy largo dice estoy agotada física y emocionalmente, ¿qué te parece si lo seguimos charlando mañana? Camila la mira, las cejas arqueadas. Después no te quejes de que no te cuento nada. Se levanta y desde la puerta de la cocina agrega buenas noches y sale. Ella, aún sentada, esconde la cabeza entre las manos.

 

Estaciona a un par de cuadras y camina a paso vivo. Fernanda hoy comienza a trabajar y ahí va ella dispuesta a cuidar a Simón hasta que el chiquito aumente los kilos que el pediatra indicó. Después irá a la misma guardería que fue Ema. Por primera vez lo tendrá para ella sola, Fernanda lo ha mezquinado bastante, temerosa como no ha sido con la nena. Es un bebé tranquilo. Ella confía en que la dejará resolver por teléfono la organización del taller. Fernanda le pidió que, al menos por unos días, no lo traslade. De última se turnará con Candela. Zoe también se ofreció, pero a la mañana va al colegio. Último año, parece mentira. Aún no sabe para qué lado disparar. Ella le ofreció pagarle un test vocacional. La chiquilina quedó en contestarle. Toca el portero eléctrico. Subí indica su hija y recién entonces ella abre la puerta. Fernanda la llena de recomendaciones que ella escucha intentando tener paciencia. Ya en la puerta su hija gira tengo miedo dice. Ella la mira, sorprendida. ¿Miedo?, ¿de qué?  Fernanda tiene los ojos llenos de lágrimas.  De que me lo saquen. Como si estuvieran en transfusión directa la angustia de su hija la invade al instante. Ella no había contemplado la posibilidad. Creo que voy a dejar de trabajar, mami, mirá si dicen que lo descuido y me lo quitan. Ella se queda pensando, ella sabe cuánto ama su hija su profesión. Yo no crié a mis hijas para amas de casa, piensa. Sin embargo, dice por el dinero no te preocupes, hace lo que te haga estar más tranquila, siempre podrás reincorporarte más adelante. Fernanda la abraza, ahora sí llorando. Tengo miedo repite si pierdo a Simón me muero. Ella piensa que ahora no es el momento pero que intentará convencerla de que retome terapia. No se puede vivir con miedo. Finalmente, su hija se va. Momento en que el chiquito da señales de vida. Ella se apresura al dormitorio y lo alza. Lo oprime contra sí. Tan tierno, tan frágil, tan vulnerable. Un pollito mojado, piensa. Lo defenderé con uñas y dientes, decide y lo aprieta aún más. El bebé protesta.


Ya las tres de la mañana, no se puede dormir. Las preocupaciones desfilan por su mente como caballos de calesita. Camila y su supuesto hermano. Leonardo. Simón y Fernanda, tan vulnerables ambos. La reunión con el contador, todavía no buscó toda la documentación que le pidió. Los futuros estudios de Zoe. La salud de Elena. Sebastián y Belén, imposible entender esa pareja. Mateo está teniendo problemas en el jardín. Ese nene está poniendo en evidencia lo que de veras ocurre en ese hogar, diría Ana María. El calefón que anda mal, tendrá que ocuparse porque su salud emocional depende del agua caliente. El aumento que le pidió Lucy. La almohadita para los dientes de Ema, todavía no la hizo, le pedirá a Gladys. Lo tiene que vacunar a Mobi, ayer Zoe le hizo acordar. El regalo para el cumpleaños de Manuel, le preguntará a Fernanda. Debe sacar turno para la detestada mamografía. La Daewo está fuera de punto, mañana llamará al mecánico para llevársela. Sacude la cabeza. Vencida, se levanta a prepararse un té.


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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...