miércoles, 30 de octubre de 2024

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Tres meses ya. Fernanda comienza a trabajar hoy y en un rato le traerá a Ema. Ella ofreció hacerse cargo de la beba hasta que consiga vacante en la guardería de la escuela donde trabaja. Cuestión de un par de semanas, mami prometió su hija. Ayer Camila la ayudó a rescatar la cuna que nuevamente había guardado. La silla alta todavía no hará falta; sí, el bebesit. Escucha la llave en la cerradura y se dirige al patio. Fernanda empuñando el cochecito. Está dormida informa y va a la cocina. Pone en la heladera las mamaderas con leche que previamente se sacó. Ayer probé de ofrecerle mamadera y funcionó, chupó lo más bien. Quedate tranquila dice ella cinco sobrevivieron a mis manos. Prefiere olvidarse del sexto porque Bautista fue su último pensionista. Fernanda mira el reloj. Me tengo que ir, pero no quiero, me duele aquí dice señalándose el pecho. Yo fui afortunada, evalúa, nunca precisé dejarlos. Luego recuerda que sí. Al único bebé que tuve que dejar fue a vos dice. Sí, pero yo tenía más de un año y a Gloria la conocía mucho. Ema también me conoce dice para tranquilizarla y además porque es cierto. Desde que nació la ve tres o cuatro veces por semana. Fernanda comprueba que la beba sigue dormida y agarra sus cosas. Me voy, a la una y media a más tardar estoy por aquí, o por donde me digas. Hoy no me moveré de casa para que la nena no tenga tanto ajetreo. Fernanda la abraza fuerte. Gracias, mami dice cualquier cosa me avisás. Andá tranquila. Ya desde la puerta repite gracias, mami, muchas gracias.

 

Un idilio con Ema. La chiquita es solidaria, dictamina ella, sabe que su mamá tiene que trabajar y colabora. En su propia casa no la ha visto tan tranquila. En la de su abuela no se la escuchó. Tomó su mamadera a la hora pautada, hizo provechito, no protestó cuando le cambió los pañales y luego se durmió. La maravilla de esas primeras sonrisas. La humanidad renaciendo, como si nunca hubiera existido un bebé antes. Trece y veinticinco el ruido de la llave. Ella alza a la nena. Mira quién vino le dice mientras la lleva hacia el patio. Fernanda la confisca y la aprieta contra sí. Tanto te extrañé le murmura. Sentadas en la cocina, mientras Fernanda amamanta a la beba, ella anuncia terminé con Ariel. La cara de sorpresa de su hija. ¿Por qué? Últimamente no andábamos bien… Sí dice Fer apartando a la chiquita del pezón, alzándola y golpeándole la espalda últimamente desde que Sebastián se borró del mapa. Ella intenta desestimarla. Mirá, mami, desde ese instante sos otra, perdiste la luz; Sebastián es muy egoísta, no mide las consecuencias de sus actos; hizo un berrinche de mocoso y nos arrastró a todos en la volada; seguro que es Belén que le calienta la cabeza; él se considera por arriba de todos, ¿qué es lo que no nos puede perdonar?, ¿que te hayamos apoyado sin juzgarte?, ¿que nos alegráramos de verte feliz?; él se sintió herido, lo entiendo, pero seguramente no se detuvo a pensar por qué solo a él  no te animaste a contarle. Fernanda va subiendo el tono de la voz, tanto que la chiquita comienza a llorar. Tomá dice su hija tendiéndosela estoy furiosa; fue más importante hacerse el ofendido que conocer a su sobrina; casi me muero y él ni se enteró, ¡soy yo la que no lo puedo perdonar! exclama llorando. Ella está azorada. Esta también es Fernanda y recuerda su exabrupto el día que les anunció que se casaba. Cuánta furia interna. ¿Seguís haciendo terapia? es lo único que le nace preguntar mientras mece a la beba. No, me había dado el alta, pero por este tarado voy a tener que retomar, estaba segura de que cuando se acercara la fecha del parto, él la conocía muy bien, se iba a acercar. Suena el timbre. Debe de ser Manuel dice Fernanda me dijo que si podía me pasaba a buscar. Se levanta y va hasta el baño. Ella, beba en brazos, se dirige a abrir.

 

Sentada en el banco de la plaza charla con Elena. La hubieras visto dice parecía una fiera. ¿Y cuál fue el detonante? pregunta su amiga. Ella no quiere decirlo porque al pronunciarlo cada vez es más realidad. Terminé con Ariel informa. Elena le toma las manos. Pero, ¿qué pasó?

viernes, 25 de octubre de 2024

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Está levantando la cortina metálica cuando suena su celular. Buen día, mami, empecé con contracciones a las cinco de la mañana, estoy yendo para la clínica informa Fernanda. En cuanto llegue Lucy voy para allá dice ella. Sale a la vereda y ve que la chica se aproxima desde la esquina. Busca en su cartera las llaves del coche, pero luego piensa que estacionar frente al Güemes será imposible. Cruza y detiene un taxi. ¿Dónde estás?, ¿dónde voy?[1] recuerda. Sin embargo, hoy es tan distinto.

 

Sube por las escaleras porque no tiene paciencia para esperar el ascensor. Golpea en la puerta de habitación indicada. Le abre un Manuel demudado. Recién le pusieron la peridural informa en un murmullo. Ella entra y acerca a su hija. Le toma la mano. No aguanté, mami, duele mucho parece la chica pedirle perdón. Está todo bien, hijita intenta tranquilizarla. Ruidos. Entra un enfermero con una camilla y la lleva a sala de partos. Manuel va tras ella. Media hora después ese mismo Manuel con ambo celeste y cofia sale para anunciarle. Las dos están muy bien, Ema pesó casi tres kilos y medio. Ella lo abraza. ¿Le podés avisar a mis viejos? pide el muchacho. ¡Enseguida! Ella lo traiciona porque primero llama a Candela, a Camila, a Elena, a Rita, a Gloria y a Ariel. Recién repara en que no canceló el encuentro. Qué importa ahora. Está feliz, después de mucho tiempo está feliz. Felicidad que se opaca cuando registra que ni pensó en llamarlo a Sebastián. En todo caso Camila será la vocera, si es que Fernanda autoriza. Sube hasta la habitación. Golpea. No responden. Abre. No hay nadie. Ve entonces una camilla que se acerca precedida por Manuel. Hola, abuela le dice una Fernanda rozagante. La introducen en la habitación. Minutos después abraza a su hija. Contame todo pide ella. Salió en dos pujos es preciosa, ya vas a ver. Palabras premonitorias porque llega una enfermera transportando la cunita. Se la dejo dice luego vendrá la puericultora a indicarle cómo darle de mamar. ¿Puedo?  pregunta ella. Hace de cuenta que es tu nieta responde Fernanda sonriendo. Ella alza a la beba. Amor a primera vista, piensa, se empezó a llenar el cajoncito de Ema. Es bonita de veras, una nariz de botón. Voy a hacer unos trámites informa Manuel. ¿No la ves parecida a Zoe? pregunta y cuando gira para recoger la respuesta observa que la sábana de su hija está llena de sangre.

 

Enfermeras, médicos, camillas, gritos. El útero no se cerró, nunca ocurre, pero esta vez ocurrió le explica una doctora. ¿Es grave? pregunta ella tomando la voz de un Manuel mudo. Sí, habrá que transfundirla, perdió mucha sangre ella se tambalea, Manuel la sostiene del brazo confiemos en que la oxitocina haga su efecto y que no se precise operarla. Su canal de protección interna le bloqueó los oídos. Se detuvieron en la transfusión. Fernanda es A Rh negativa, la única que salió con el mismo grupo que yo. ¿Usted podría donar? inquiere la mujer. Por supuesto. ¿Está en ayunas?, porque es urgente.

 



[1] “Seminare”, Serú Girán.

miércoles, 23 de octubre de 2024

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Cuando pasa por el outlet Candela propone una noche de estas Lucas podría ir a cenar a tu casa, ¿qué te parece?, Zoe le habla tanto de vos que te quiere conocer. Ella oculta su sorpresa. No recuerda cuándo fue la última vez que Candela le presentó un novio. ¿Enzo? Por supuesto. ¿Hoy podrás? Claro asiente mientras piensa qué cocinará ¿le decimos a Fernanda? No, prefiero que no, igual ellos ya lo conocen. Emociones contradictorias. Le encanta que sus hijas sean compinches, le duele que la dejen de lado. Aunque tiene que reconocer que Candela la invitó a la quinta, fue ella quien no quiso. Son celos, evalúa.  ¿Come de todo? averigua. De todo menos pollo, de chico se intoxicó y desde entonces lo detesta, ¿por qué no te preparás un pastel de papas?; el otro día comentó que estaba antojado y yo le dije que a vos te sale riquísimo. Un engorro el pastel, tendrá que ir a comprar carne picada y le parece que se quedó sin papas; manteca cree que hay y leche, seguro. Hace mil que no hace. Si querés invitalo a Ariel dice Candela. Lo voy a pensar dice ella y piensa además que lo único que falta es que sus hijos le den permiso.

 

Para usted dice Lucas tendiéndole un ramo de flores. Muchas gracias y tuteame por favor, no soy tan vieja. Candela lo conduce al comedor. Cuando ve los cuatro platos pregunta ¿Ariel no viene? No contesta ella y se dirige a la cocina a toda marcha para evitar explicaciones. Porque no tuvo ganas de invitarlo. Sería sumarle a las traiciones a Sebastián una nueva traición. Desde la cocina indica Camila pone el posafuente que ya voy con el pastel y pela. Cuando lo deposita, Lucas informa me encanta el pastel de papas. Espero no defraudarte dice ella y piensa que a Sebi también le encanta. Pareces Menem, mamá comenta Candela. Ríen.

 

Tratando de vencer su inercia, después de semanas, barre el piso del living. Camila tirada en el sillón, libro en mano, Mobi a sus pies, dice como al descuido hoy me encontré con Sebastián. La escoba cae al suelo. Ella se apresura a recogerla. La chica le dirige una mirada rápida y continúa me dijo que le habías escrito pidiéndole que me orientara con la facultad. A ella le cuesta respirar, pero intenta simular naturalidad. ¿Y? Me orientó, buscó información y me la dio. Como la chica retoma su lectura pregunta ¿de qué charlaron? De eso, del Balseiro, le parece una buena decisión. ¿De algo más? No, mami, y no jodas, déjame que estoy leyendo dice y reacomoda los almohadones. Tendría que estar contenta y no lo está. Intenta entrar en razones. Te dijiste, Claudia, que Camila era lo que importaba; ya logró que el hermano la ayudara, eso te debiera alcanzar. No le alcanza, la angustia que le sube del abdomen es la prueba de que, claramente, no le alcanza.

 

Ella tiende la cama mientras Ariel se ducha. Ya en la cocinita pone agua para el café. Lo precisa. Las tres de la tarde, casi, tendrá que apurarse, el contador quedó en pasar por el taller a las cuatro. La verdad es que desde que subió Kirchner, ella no lo votó porque ni lo conocía, la economía va mejor. Se nota en la calle la reactivación. Está pensando en remodelar el local y el outlet. Candela es la que más insiste. Se están quedando viejos, mamá. Allí está su cabeza cuando Ariel se aproxima. Lo observa: tiene mala cara. Serio de toda seriedad, evalúa. ¿Te pasa algo? le pregunta. A la que le pasa algo es a vos contesta y ella se arrepiente de haber abierto la boca. Lo único que me pasa es que estoy apurada dice mientras sirve las tazas. No soy idiota replica Ariel. De reojo ella controla la hora, sin embargo, él capta su mirada. Andate no más dice pero nos debemos una charla. ¿Querés venir a cenar? propone ella. Ariel cabecea. Prefiero que no sea en tu casa. Ella se alarma. ¿Desayunamos mañana?, abro el local y luego estoy libre, tipo nueve, ¿me buscás allí? De acuerdo accede él. Ella apura su café, agarra la cartera, le da un beso en los labios y sale. Él no pronuncia una palabra. 



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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...