viernes, 31 de enero de 2025

116

 


Escucha los tres timbres característicos, los ladridos de Brea y luego la llave en la puerta. Hola, mami dice Fernanda mientras la besa traje algo rico, prepárate un café. Ella pone el agua a hervir y acomoda las masitas en un plato. Tienen buena pinta comenta. Las compré cerca de casa, donde te gustan. Fernanda le cuenta sobre los chicos hasta que de pronto informa estuve charlando con mis hermanos sobre tus setenta. Falta un montón, y además ya les dije que no quiero hacer nada dice, irritada. No podés seguir así dictamina su hija lo único que existe no es el trabajo y Uma, ¿cuánto hace que no ves a mis hijos?, me contó Sebastián que ni a Luján la visitás; Simón ayer me preguntó si estabas enojada con él; se te pasó el cumpleaños de Manuel. ¡Cierto! dice ella agarrándose la cabeza. Se te murió una hija, pero quedamos tres; además de Zoe y Uma tenés cinco nietos que te necesitan; todos te necesitamos; la culpa es tuya por haberte hecho querer tanto; no sos la única que sufre, vos perdiste una hija, pero nosotros perdimos una hermana, los chicos una tía; nunca pude compartir mi dolor con vos porque vos te apropiaste del duelo; a Candela la perdimos todos y, por si fuera poco, nosotros te perdimos también a vos.  Ella se queda anonadada. Aplastada. Esta hija es así, vive para los otros, cuida a todos, nunca hace reclamos, pero cuando los hace es feroz. Este es similar al que le hizo cuando, ante el alejamiento de Sebastián, ella no quería festejar. Ella recuerda cuando vino a contarles que se casaba y terminó echándole en cara el papel que jugaba en la familia desde niña. No puedo dice ella al fin. Hacé lo que quieras dice Fernanda el día de tu cumpleaños estaremos todos en lo de Sebastián reunidos para celebrar tu vida, con vos o sin vos se incorpora y dice se me hace tarde, tengo que ir a buscar a Simón a básquet, no sé si te enteraste de que ahora también hace básquet se acerca y la besa. Ella se queda sentada. Brea acompaña a Fernanda hasta la puerta.


Abuela, ¿me invitás a cenar? pregunta Zoe por Wapp. Ella, a punto de acostarse, luego de un café con galletitas, teclea no tengo nada. Y es cierto, hoy, cuando llevó a Uma a una piyamada, se propuso ir al supermercado, sin embargo, no juntó fuerzas. Pero en cuanto lo envía se arrepiente. Agrega entonces si querés vamos a comer una pizza. ¿Paso por ahí o nos encontramos directamente? Ella mira el reloj. Te veo a las nueve en Los Cocos propone. Porque no tiene ganas de manejar, ni ganas de vestirse. Pero lo hace. Si la viera Fernanda se enojaría. Claro, porque es Zoe diría. Nueve y cinco llega a la pizzería. Su nieta ya está. Qué raro que un sábado a la noche sin programa. ¿Pedimos un vinito? propone Zoe. Por mí, no responde ella. Abuela, dale, tenemos que festejar. ¿Qué? pregunta ella, asombrada. Porque hace mucho que no tiene nada que festejar. Te cuento cuando brindemos responde, con una sonrisa misteriosa. ¿Tendrá pareja nueva? Las relaciones de Zoe son siempre efímeras. Yo no creo en la monogamia ha afirmado muchas veces. Cuando llega el vino la chica llena ambas copas. Eleva la suya. Chin, chin dice. ¿Por qué? insiste ella. Hoy me escribió mi papá informa su nieta.


miércoles, 29 de enero de 2025

115


Uma se fue a pasar unos días a Neuquén. Ella la subió al avión con un sinfín de recomendaciones. Maxi la espera allá. Los pasajes, por supuesto, corrieron por cuenta de ella. Ahora la casa está nuevamente vacía. Vacía, no. La recibe Brea cuando vuelve de Aeroparque. Apelando a fuerzas que no tiene busca la correa. Siempre es Uma la encargada de sacarla a pasear. Esa perrita es el otro yo de su nieta. Juegan juntas, duermen juntas. Mientras camina por Mario Bravo, deteniéndose en cada árbol, piensa que le va a preguntar a Leonardo si quiere venir a cenar. Le parece demasiado largo el día para transitarlo a solas. Sebastián le ofreció que fuera a la tarde, pero no tiene fuerzas para trasladarse. Le duele mucho la espalda, además. Hace rato ya. No le quiere comentar a Fernanda porque la va a llevar de prepo al médico. Cuando regrese se va a preparar un baño de agua caliente a ver si afloja el dolor. Brea tironea. Un perro en la esquina. Por suerte está castrada. Ella no está para ocuparse de cachorros. ¡Brea! grita. Lo único que falta es que este bicho la haga caer. ¡Brea! vuelve a gritarle. La perra la mira con las orejas caídas y la cola entre las patas. A ella le da pena. La acaricia.


Mail de Camila. Raro. Hace rato que no le envía un mail. Se alarma. Hola, mami. Te quiero comentar algo, pero me tenés que prometer que no le dirás nada a Zoe. Voy a un congreso en Boston, en la misma universidad donde trabaja el padre de Zoe. Tengo intenciones de tratar de comunicarme con él. Me parece fundamental que esté enterado de que Candela murió y que, en consecuencia, Zoe ya no tiene a ninguno de sus padres. ¿Qué te parece? Si no logro hablar con él, o si me echa, no le diré nada a Zoe por supuesto. De algún modo, aunque sé que no debiera, preciso tu autorización. Espero que estés bien. Un beso grande, mami. Cierra la computadora. No puede contestar ahora. Además, no sabe qué contestar. Ni Zoe ni ella están en condiciones de afrontar otro golpe emocional. Nadie se da cuenta de que estamos frágiles, piensa. Esta noche lo evaluará, le responderá mañana. Leonardo le propuso cenar afuera. Ella le dijo que no, pero quizá sea mejor idea. No tiene ganas de cocinar. Me arrepentí teclea.


Le hizo bien charlar con Leonardo. Le contó la propuesta de Camila. Siempre ocupándose de todos, aun a la distancia fue su primer comentario. Es cierto. Hace más de una década que vive en el exterior, sin embargo, ha estado pendiente de cada uno de los integrantes de la familia. No hubo un fin de año que no viniera.  Desde la muerte de Candela ha viajado también en julio. Le insiste para que vaya a Estados Unidos a quedarse con ella por unos cuantos meses. Impensable. Qué hacer con Uma, además. Y con el trabajo, más allá de que Zoe cada vez toma más las riendas. Rita le dijo la semana pasada que está pensando en jubilarse. Fue un impacto. No concibe llegar al taller y no encontrarla. Su mano derecha. Ella le pidió que lo postergara y que, mientras tanto, vaya entrenando a Gladys para que la reemplace. No soporta más pérdidas. Ángel en el 2021. No te lo pude cuidar, Elena, perdóname le pidió mil veces a su amiga. Demasiado inmersa en su propio dolor para mirar más allá de sus narices. A Carmelita solo la vio un par de veces. En esto te transformaste, Claudia, se reta, aunque sin demasiada convicción. Ella pudo sobreponerse a la muerte de Alberto, a la de Elena, al abandono de Leonardo, a la pérdida de Ariel. Pero a la muerte de Candela, no. Por alguna razón no existe en el diccionario una palabra para nombrar a quien pierde a sus hijos. Porque es algo innombrable. Algo que, le consta, existe, pero no debiera existir. Se cuestiona por qué no le prohibió ir a Cromañón, por qué no la obligó a tratar sus pulmones, por qué no la obligó a aislarse ni bien comenzó el COVID. La insoportable convicción de que no supo protegerla. Cuarenta y cinco años. Murió con cuarenta y cinco años mientras ella sigue arrastrando sus casi setenta. Nunca sintió que la vida hubiera sido injusta con ella. Fue tomando lo que le acontecía sin cuestionarlo. Lo de Candela, no. Lo de Candela no logra admitirlo. ¿Por qué el virus maldito no se la llevó a ella?, ¿por qué eligió a su hija todavía con tanto por vivir? Además de la angustia, el enojo. No logra alcanzar la paz. Además, no la dejaron verla. Despedirse, Abrazarla. Convencerse. Dos semanas después les entregaron una urna con cenizas. ¿Eso era Candela?, ¿eso había quedado de Candela?, ¿en eso se había transformado su hija? Si alguna vez ella se portó mal en la vida, todos sus pecados fueron saldados. El peor de los castigos. ¿Cómo pueden exigirle que se reponga? Irreversible. No es cuestión de tiempo. Es irreversible.


lunes, 27 de enero de 2025

114

 


2023


Los ciclos de la vida. Ahora es Sebastián el que alquiló una casa en un country en Nordelta y ella la invitada. Tirada en la reposera, los ojos cerrados, espera que pasen las horas. Primera vez que veranea desde el 2020. Desde la muerte de Candela debiera decir, pero para ella decir 2020 es un sinónimo. Solo aceptó venir por las nenas. Uma precisa vacaciones y a Luján nada puede hacerla más feliz que la presencia de su prima. Bautista está estudiando para un final, Clara viene casi todos los fines de semana. Duermen separados, esas son las reglas de la familia. Ella confía en que solo sea una representación. Espera que su nieto no sea tan anacrónico como su madre pretende. Mateo se fue de viaje de egresados a Brasil. Ese sí que les da dolores de cabeza. Viaje de egresados, pero aún debe dos materias. Se quiere tomar un año sabático antes de comenzar la universidad. Sebastián lo quiere matar. Ya le dio ultimátum: estudiás o trabajás. Mateo le preguntó si no tenía algún trabajito para él en los locales. Lo tiene, claro, pero no quiere entrar en litigio con su hijo. No tiene fuerzas. Está viva, lo sabe porque respira, porque la sangre sigue corriendo por sus venas, sin embargo, se siente muerta. Muerta en vida, frase tan atinada. Los primeros tiempos no lograba salir de la cama. Zoe, aún en cuarentena, se ocupó de ella. Le preparaba la comida. Hasta que una noche soñó con Candela. Su hija caminaba hacia ella con dos nenas tomadas de la mano. A las nenas no se les veía la carita. De pronto, la figura de su hija se esfumó, pero las criaturas perduraron. Se despertó transpirada, con un agudo dolor en el pecho. Se despertó y se levantó. Previa ducha se dirigió a la cocina. Zoe trajinaba con las tazas. Ya te iba a llevar el desayuno, abuela pareció disculparse su nieta. Ella la abrazó. Yo te tengo que cuidar a vos le dijo. Me cuidaste toda la vida, ahora es mi turno. Ella tomó el café que le ofrecían. Lo tomó con ganas porque precisaba despejarse. Le voy a decir a Fernanda que me traiga a Uma, ¿te parece bien? le consultó. Desde ese momento sus dos nietas se transformaron en el motor de sus días. En cuanto se aflojaron las medidas restrictivas reabrió el taller y, luego, los locales. Más allá de su responsabilidad de seguirle generando trabajo a mucha gente que dependía de ella, se propuso entrenar a Zoe para que pudiera reemplazar a Candela, con la mirada puesta en que, dentro de no mucho, pudiera reemplazarla a ella, hacerse cargo del emprendimiento familiar. Fernanda le dijo que estaba condicionando a la chica, que no era esa su vocación. Pero ella ya lo había comprobado con Candela, lo textil metido en la sangre. Desde antes de nacer Zoe habitó Uniformes Córdoba. Allí se crió, entre costuras95, como bien dice la serie. Luego vivió al fondo de Triple C. A lo mejor Fernanda tiene razón y ella es una egoísta. Por el momento saberla a Zoe junto a ella la mantiene con vida y cree que a la chica también. Sigue respirando por Zoe y por Uma. Sabe que sus otros nietos están celosos, pero, por el momento reitera, lo poco que tiene para dar, lo poco que queda de la Claudia que fue, necesita concentrarlo en ellas. Uma quedó viviendo en Mario Bravo. Maxi, que había sido despedido en la pandemia, consiguió trabajo en Neuquén. Viaja a ver a la nena cuando puede y le envía dinero. También cuando puede. Ella cree que allá está nuevamente en pareja. Sebastián le insiste con que hay que hacer la sucesión de Candela. El departamento lo compró antes de conocerlo a él, solo le pertenece a Zoe y Uma. Departamento donde se instala Maxi con Uma cuando viene. Ella se hace cargo de los gastos. Del dinero puede hacerse cargo como siempre. Ya no de trámites ni de decisiones que la involucren emocionalmente. Ya no. Guarda la chispa de vida que le resta para terminar de criar a Uma. Recién tiene diez años. Le tocara luego hacerse cargo de una adolescente. Eso sí que la abruma. Fernanda la ayuda mucho, suele cobijar a su sobrina los fines de semana. Ema la tomó de hija. La relación entre Uma y Zoe suele ser tensa. Aunque se aman, ambas tienen caracteres muy fuertes. Salieron a la madre. Chocan una y otra vez. Uma en la escuela muy bien. Es sumamente inteligente y, además, líder nata. Mario Bravo volvió a poblarse, suele haber muchas niñas. Ella le agradece a Candela haberle dejado un antídoto contra su pérdida. Antídoto que pierde eficacia en cuanto se mete entre las sábanas y apaga la luz. No ha vuelto a dormir una noche entera. Fernanda le insiste con que vaya el médico y le pida algo para dormir. Ella no quiere ir al médico. Los médicos no sirven. No pudieron salvar ni a su marido ni a su amiga ni a su hija. Además, en sus insomnios recorre la vida de Candela. La ve bebé, niña, adolescente, adulta. La recupera durante esas horas vacías. Pasa horas mirando fotos y videos. Mirando los cuadernos de cuando era chiquita. Descubriendo cantidad de pistas que quizá le hubieran permitido ayudarla. Tanto falló criando a esta hija. Nunca va a poder perdonarse. Belén se acerca con una taza. Te preparé un café ofrece. Ella se sienta en la reposera. ¡Abuela, te despertaste! exclama Uma. Tantas veces no quisiera despertarse. ¡Abela! se acerca Luján corriendo con los bracitos extendidos buscando el abrazo. A ella, después de mucho, porque ya las agotó todas, se le llenan los ojos de lágrimas.

95 “Entre costuras”, serie española que emitieron en Netflix.

 

 

viernes, 24 de enero de 2025

113


Zoe duerme a su lado. Ella no. Qué absurdo, piensa, hoy tuve a las dos hijas de mi hija, pero a ella no pude verla. Ya son las siete y media. No pudo pegar un ojo. Encima no quería moverse para no despertar a su nieta. Pesadilla. Cómo estará Candela, dónde. La dejaron sin respuestas. ¿Se habrá llevado el celular? No le preguntó a Maxi. En cuanto pueda encender la luz se fijará si está conectada. Qué absurdo, piensa de nuevo, no se me ocurrió antes intentar comunicarme directamente con ella. No aguanta más. Deslizándose lentamente se levanta. Busca el celular cargándose sobre la mesa de luz. Se dirige a la cocina. Última conexión a las veinte horas. O no se llevó el teléfono o no está en condiciones de hablar. Quizá se quedó sin batería. Se fija en el de Maxi. Siete y veinte. Siete y cuarto el de Fernanda. Siete y cinco, Sebastián. Mañana de domingo. Solo por Candela están todos despiertos a esa hora. Piensa que no le avisó a Camila. Le escribe. Le escribe también a Leonardo. ¿Te puedo llamar? le pregunta él. Ella controla el reloj. No contesta esperando noticias. Justo a las ocho aparece Zoe por la cocina. Alarma interna, piensa ella. ¿Novedades? pregunta la chica. Nada aún. Ella pone agua a hervir. Precisa un café. Busca unas galletitas para Zoe. A ella no le pasa bocado. Están desayunando cuando suena su celular. ¿Familiar de Candela Gómez? pregunta una mujer. Sí, la madre. Soy la doctora Perales, encargada de su hija hoy a las cinco se descompensó; tuvimos que ponerle un respirador artificial. A ella le galopa el corazón. Tanto que lleva hacía allí la mano. No le salen las palabras.  Ya está el resultado del hisopado continúa la médica es COVID positiva; es importante que todos los que estuvieron en contacto con ella hagan cuarentena. ¿Cómo está? logra por fin pronunciar. Por el momento estable. ¿Se la puede ver? No, señora, está aislada. ¿Se le puede hacer llegar un celular para que ella se comunique? Señora repite la mujer su hija estará en coma inducido mientras precise el respirador. ¿Cómo podremos informarnos? Mañana recibirá otro parte. ¿¡Mañana!? Estamos sobrepasados, señora; tengo diez informes más que dar; la voy a tener que dejar dice la doctora y cuelga. Ella se queda con el celular en la mano. ¿Qué pasó, abuela? la reclama Zoe. Ella se deja caer sobre la silla y esconde la cabeza entre ambas manos.


Las horas no transcurren. Las agujas detenidas. Al mediodía Fernanda organizó una reunión por Zoom, Camila incluida. Ella dando el parte y todos mirándose sin nada que poder hacer. Nunca en su vida experimentó mayor impotencia. A la tarde mensaje de Maxi: estoy con fiebre. Sobre llovido, mojado. A la noche finalmente consiguió que fueran a verlo. Hisopado. Estaba saturando bien, paracetamol y reposo. Uma por el momento sin síntomas. Fernanda alerta. Imposible separarla de sus chicos. Ella se arrepiente de haberles pedido que se la llevaran. Pero no puede preocuparse por Simón. Su capacidad de preocupación colmada por Candela. Zoe, absurdo en ella, entró en mutismo. Vaga por la casa en silencio. A la nochecita ella no aguanta más y llama al Güemes. Luego de más de una hora de intentarlo la atienden. No, señora, ya le dijimos que debe esperar el parte de mañana; precisamos las líneas para recepcionar pacientes. Siguiente media hora avisándoles a todos de la falta de novedad, Maxi con dolor de garganta y tos, la fiebre cediendo. A la noche hirvió unos fideos que Zoe y ella apenas probaron. Ducha y a intentar dormir. Zoe, bendita juventud, cayó desplomada. Ella solo dormita por momentos. A la madrugada se muda al sillón del living. Ya no aguanta estar a oscuras con la cabeza girando a mil, el pulso acelerado. Nuevamente a las ocho Zoe aparece por la cocina y comparten un café. Hace frío. Ella enciende las estufas. A las nueve menos cuarto cuando ella ya no sabe cómo controlar su ansiedad, suena el teléfono. Lo único que logra sacarle a la mentada doctora Perales es que la situación sigue igual: coma inducido, respirador artificial. Estable repite la mujer. Se repite el cronograma del día anterior: Zoom, llamadas telefónicas cruzadas durante toda la tarde con el único objetivo de no sentirse tan solos en la agónica espera. A la nochecita ella decide darse un baño de inmersión para ver si logra relajarse. Sumergida en la bañera escucha su celular. Se olvidó de llevárselo. ¡Atendé! le grita a Zoe, seguramente es Leonardo que quedó en llamarla. Minutos después su nieta entra al baño sin golpear siquiera. Esta demudada. Zoe, ¿qué pasó? le pregunta ella manoteando la toalla. La chica, como a una marioneta a la que le cortan los hilos, cae de rodillas sobre el piso de mosaicos. Mi mamá se murió dice.



miércoles, 22 de enero de 2025

112


Ella se queda con el celular en la mano. Paralizada. Esto no me puede estar pasando, piensa, están internando a mi hija y no me la dejan ver. Si no estuviera la nena ya habría salido hacia el sanatorio. En auto, caminando, de rodillas. Trata de pensar. Su cabeza es un nudo de serpientes. Mira el reloj. Cuatro y veinte. ¿A quién corresponde avisar? Zoe. Tiene que llamar tres veces para que la atienda. Hola dice una voz adormilada. Zoe, internaron a tu mamá en el Güemes. ¿Por qué? Mucha fiebre, dolor de garganta, muy agitada. Voy para el sanatorio determina la chica. No, preciso que vengas a quedarte con Uma que está en casa así puedo ir yo. Segundos de silencio. Una voz ya totalmente lúcida replica no, abuela, yo voy para allá, es mi mamá. Y es mi hija quisiera decirle ella, pero calla. Su nieta tiene razón. No te dejarán entrar repite las palabras de su yerno. No importa, le haré compañía a Maxi. Creo que a él tampoco le permitirán. Lo encontraré afuera informa Zoe y corta. Todos me cortan, piensa mientras teclea el contacto de Fernanda. Tarda en atender. ¿Qué pasa, mami? responde ahora una voz alarmada.  La internaron a Candela en el Güemes informa, repite el parte y añade me dejaron a Uma, preciso que te hagas cargo de ella. ¿Para qué?, si me dijiste que está prohibido el ingreso. Necesito libertad de acción dice ella ya veré luego qué hago. De acuerdo, me dice Manuel que se viste y la va a buscar. La siguiente llamada es para Sebastián. ¿Qué puedo hacer? pregunta su hijo. No sé responde y por primera vez llora no se qué hacer. Gracias por avisarme, ma, ¿querés que vaya a hacerte compañía? No, cuando venga Manuel le diré que me lleve al Güemes, te hablo desde allí. Corta y llora. Llora hasta que un ruido en el pasillo le anticipa la llegada de Manuel. Su yerno carga a la nena dormida y la acuesta en el asiento de atrás del auto. Ella se sienta adelante. Mientras viaja en absoluto silencio piensa que quizá se apuró en llamar a todo el mundo. En asustarlos. Seguramente solo es una medida de precaución. Reaccioné mal, piensa, entré en pánico. Recuerda a Cromañón. Recuerda a Candela tirada en la vereda como muerta. Pero no estaba muerta. La salvaron. Manuel le hizo respiración artificial. La salvamos entre todos, piensa. Me bajo acá le indica a su yerno les aviso cuando sepa algo promete y desciende. Desciende y corre. Por fin la posibilidad de traducir la angustia en movimiento. Corre y corre. Frente a la puerta de ingreso a la guardia reconoce el auto de Maxi. Golpea la ventanilla. Allí descubre a Zoe. Entonces abre la puerta de atrás y sube. Tres habitantes de diferentes casas adentro de un mismo coche. Aunque con barbijo, claro. No podría importarle menos. ¡Que se atrevan a llevarla presa! ¿Novedades? pregunta obviando el saludo. Nada contesta Maxi. ¿Preguntaste? insiste ella. No hay a quién. Ella observa, a través de la ventanilla, varios autos estacionados con gente adentro. Sin decir palabra abre la puerta del coche y baja. Se acerca a la puerta de la guardia y golpea. Nada. Insiste. Sale un personal de seguridad, con barbijo por supuesto, y le indica que debe retirarse. ¡No me moveré de aquí hasta que me den noticias de mi hija! Mientras tanto otra mujer desciende de un auto y se aproxima. Y luego otra. ¡Llamen a la policía! grita ella no nos moveremos. El hombre se retira. Quince minutos después aparece tras los vidrios un médico del que solo se ven los ojos. Tiene varias fichas en la mano. Familiar de Rául Goldstein dice. Una de las mujeres se acerca y recibe el parte. Candela Gómez. Ella trastabilla en el apuro. Soy la madre informa. Se la ingresó, se le hizo la prueba de COVID, aún no están los resultados; está saturando mal, le pusimos mascarilla de oxígeno, la seguiremos evaluando. Ella abre la boca para preguntar, pero el médico se va antes de que lo consiga. El de seguridad hace una seña. Todas se aproximan. Retírense a sus casas, es inútil que estén acá; luego de las ocho de la mañana recibirán el parte al teléfono de contacto que proporcionaron; no compliquen el trabajo de los médicos, son sus familiares los que los precisan. Las otras mujeres se van apartando. Ella queda sola. Zoe se baja el coche y se acerca. ¿Qué pasó, abuela? Ella la toma del brazo e indica vayamos al auto. Suben.  Ella les trasmite la información. ¿Qué hacemos? pregunta Maxi. Yo me quedo con vos, abuela, donde sea decide Zoe. ¿Quieren venir para casa? propone ella. Maxi dice a mí, por conviviente, me dijeron que me tengo que aislar. ¡Ridículo! exclama Zoe ya estuvimos los tres juntos. Las dejo y me voy para casa decide Maxi dejé todo encendido, avisame a cualquier hora si te llaman pide. Minutos después el auto se detiene en Mario Bravo. Ambas descienden. Ya en la cocina ella propone ¿querés algo calentito? Porque recién descubre que hace frío, que pasaron mucho frío. Un té acepta Zoe. ¿Te preparo el cuarto de arriba? pregunta ella, los tés ya terminados. Zoe se queda en silencio un largo rato. ¿me puedo acostar con vos? pide, la mira y luego añade tengo miedo, abuela. Ella la abraza. Yo también tengo miedo, piensa pero no lo dice. Mucho miedo.

lunes, 20 de enero de 2025

111


Le preparó a Uma moñitos con manteca y queso, mañana comprará carne para hacerle milanesas. Papas para el puré tiene. Hace rato que no cocina. Para ella sola no le da ganas. La nena se sumerge en la bañadera con agua calentita y allí come una banana. Como el mono, abuela dice. Como la mona será la corrige ella. Ríen ambas. Le arma la cama en el sillón del living, es muy chiquita para dormir sola arriba y Maxi le aclaró que no la dejara dormir en su cama. Es absurdo, la nena no tiene nada. En cuanto Maxi se tranquilice conseguirá permiso para el traslado. Es raro que Candela no haya llamado a la nena para desearle buenas noches, se debe sentir mal. Busca Dailan Kifki93 y retoma desde donde le leyó por Zoom. Recuerda que Elena se lo recomendó para sus hijos pequeños. Pronto los ojos de la chiquilina se van cerrando. La tapa bien y, obviando el acostumbrado beso, apaga la luz alta, enciende la del pasillo y se dirige al baño. Se dará una ducha rápida. Está muy cansada. Me desacostumbré de tanta actividad, se ríe de sí misma. Cuando termine la cuarentena tendrá que pedir otro turno con el  cardiólogo, se lo  cancelaron, obvio. le tiene que llevar el electro con esfuerzo, cree que no le dio muy bien. Igual ella es cero deportista. Apaga su velador. Pero no se duerme. Está preocupada. A la noche suele subir la temperatura. Enciende. Son casi las doce. Es tarde para llamar. Busca el libro y comienza Cabezas contra el asfalto94. Ya le falta poco. Excelentes los cuentos. Le gustaría comentarlos con Elena. Está por la mitad de la página cuando repara en que no tiene idea de lo que leyó. No logra concentrarse. Se levanta y va a ver a la nena. Duerme. Le arregla las cobijas. Se dirige a la cocina y se prepara un té. Desde chiquita Candela fue de levantar mucha temperatura. Fernanda, no. De treinta y ocho nunca pasó. Simón, y no serán los genes, tampoco. Cursa sus bronquitis con febrícula. Zoe salió a la madre. Recuerda que una vez tuvo cuarenta. Ardía. Qué susto se pegaron, tendría poco más de un año. Las dos ya. Mira el celular de Cabdela. Última vez abierto a las veinte. Luego el de Maxi. En línea, dice. El corazón se le aloca. ¿Cómo sigue Candela? teclea. Instantes después vibra el suyo. Mal, Claudia, con treinta y nueve y muy agitada, estoy llamando  a ver qué me dicen. ¿Al mismo número que llamaste hoy? No, es otro, este es de urgencias… ahí me contestan, te aviso luego dice su yerno y corta. Ella se lleva la mano al pecho. Le duele mucho en la boca del estómago. Se asusta. ¿Será un infarto? Lo único que falta es que le pase algo. Con Uma en casa, además. Trata de inspirar y exhalar. Menos mal que ellos son socios del Güemes. Lo tienen cerca, además. De a poco la respiración se le va normalizando. Maxi no llama. Ya pasó media hora. ¿Qué te dijeron? teclea. Y como pasan otros diez minutos sin noticias, llama. Está viniendo una ambulancia para acá informa su yerno. ¿Para trasladarla? En principio para evaluar como satura. La saturación, todo el tiempo hablan en la radio y la televisión de la saturación. Parece ser que es el factor de riesgo. No sabe qué hacer. ¿Corresponde que les avise a los hermanos? Ellos qué pueden hacer. Lo mismo que ella. Nada. Desesperarse. Te llamo cuando sepa algo se despide su yerno. Ella se queda con el celular en la mano. Sin saber qué hacer. Busca la palabra… desollada. Comienza a caminar por la casa. Alrededor de la mesa de la cocina, del baño al dormitorio. Una inquietud que le impide detenerse. Que la obliga a moverse sin ir a ningún lugar. Finalmente el celular vibra. La están trasladando al Güemes. Veo que hago con Uma y voy para allá dice ella. No, no te dejarán entrar; yo no puedo subir a la ambulancia; me dijeron que si quiero vaya detrás en el auto, pero me anticiparon que no podré ingresar: iré igual; te aviso cuando llegue promete Maxi. Y corta.  

  93 “Dailan Kifki”, libro de cuentos infantiles de María Elena Walsh.
  94 “Cabeza contra el asfalto, cuento de “Pájaros en la boca”, de Samanta Schweblin.


 

viernes, 17 de enero de 2025

110


El otro día estuvo linda la charla con Camila. Gran sorpresa de su hija cuando vio a ambos padres juntos. Allí no es tan estricto el protocolo. Pueden deambular libremente por los espacios abiertos. Está aprovechando para avanzar en la escritura de su nuevo paper. Shirley se mudó hace unos días a su departamento, la alegra que se acompañen. Hacen linda pareja. Se dirige a la cocina a prepararse un café. Su sangre ya debe ser negra. Suena el teléfono de línea. Claudia le dice Maxi y a ella la sorprende escuchar la voz de su yerno necesito pedirte algo, pero quiero que me contestes con total sinceridad; Candela amaneció con un poco de fiebre y desde ese momento no la dejo acercarse a Uma; ¿te puedo llevar a la nena?; ya sé que es un riesgo para vos, tendrías que usar barbijo para atenderla, por las dudas; seguramente no es nada. Ella se queda evaluando la situación. No es su propia salud lo que la aflige sino la de Candela. Seguramente demasiado piensa porque Maxi continúa no te preocupes, le voy a pedir a Zoe, por una vez en la vida que se haga cargo de su hermana. No me la traigas dice ella yo la voy a buscar, en media hora estoy por ahí. Se saca las calzas y las pantuflas y se pone un jean y zapatillas. Busca las llaves del coche. No las encuentra. Ah, la otra noche, por sugerencia de Sebastián, salió a poner el auto en marcha para no quedarse sin batería. Las dejó en la mesita del living, ahora se acuerda. Sale como una tromba. El pasillo desierto. Sin embargo, percibe como las mirillas se descorren a su paso. Por suerte consiguió un lugar justo enfrente de su casa. Lo puede controlar, ya robaron varios, escuchó en la radio. Cruza Mario Bravo. Pone las llaves. El auto arranca de la primera acelerada. Su corazón bombea. No va a ser nada, se repite como un mantra, durante siglos la gente tuvo fiebre y aún no existía el COVID. Recuerda la vez que Candela lloró toda la noche y ella, cosiendo, no la escuchaba. Casi cuarenta tuvo. Angina. Antibiótico y listo. Seguramente será una angina, comenzó el frío. Decide olvidarse que en las actuales condiciones nadie toma frío, todos refugiados en sus casas. Angina, se repite. Angina, decide. Angina, reza. Angina.

 

Manuel, barbijo mediante, le entrega a la nena, también con barbijo, y un bolso. Qué suerte, abuela, estaba aburridísima dice Uma y se acerca para abrazarla, pero el padre la frena. Mejor no, hija. ¡Ufa! Ella abre la puerta de atrás y le ajusta a la nena el cinturón de seguridad. Luego gira y pregunta ¿cómo sigue Candela? Le di paracetamol de un gramo y le bajo bastante la temperatura. ¿Qué síntomas tiene? Le duele la garganta. Seguramente es una angina dice ella. Sí, conseguí una teleconsulta para mañana a las nueve. Ella se queda más tranquila, es importante que alguien la vea, aunque sea a través de la pantalla. Llamame cualquier novedad, a la hora que sea pide y se sube al auto esperando que nadie la detenga. Horrible sentirse un delincuente, piensa. Qué linda es la calle, abuela dice Uma la cabeza apoyada en la ventanilla abierta. Vaya si es linda, la libertad.


miércoles, 15 de enero de 2025

109


Ciencia ficción es el único término que se le ocurre para describir la situación. Hace más de un mes que no ve a nadie. El cumpleaños de Simón lo festejaron por Zoom. Todos cantándole el cumpleaños, hasta Camila desde USA, mientras él soplaba las velitas. Sin besos, sin abrazos. Ella le compró por Mercadolibre un juego para la computadora, siguiendo las indicaciones de Manuel. Fernanda le organizó otra reunión virtual con los amigos donde, parece, jugaron a la generala. ¡Menudo programa para un niño de diez años! Belén ha intentado ponerle en la pantalla a Luján, pero la nena se aburre a los dos minutos. A Uma le leyó un par de capítulo de Dailan Kifki91 online, aunque la chiquilina ya domina las letras. Fernanda la llama todos los días, Zoe le manda mensajes. Leonardo también la llama. Está aburridísimo, dice que en cuanto lo permitan la va a ir a visitar, en la vereda y con barbijo, por supuesto. Ella le insiste mucho para que se cuide, está grande, casi ochenta. Andrés le enseñó a comprar online para que no vaya ni al supermercado. Ella también compra todo a domicilio. Un incordio lavar todo luego. Nunca en su vida usó tanta lavandina y eso que odia el olor. Menos mal que heredó los libros de Elena. Lectura garantizada para las infinitas horas. Candela le hizo una extensión de Netflix. Ya es una ceremonia prepararse un sándwich y cenar en la cama viendo una serie. Ahora está atrapada con Algo en que creer92. Maravillosa. Se la recomendó a Leonardo y luego comentan los episodios. El taller parado y, por supuesto, los sueldos que tiene que seguir pagando. Si esto se prolonga el mes próximo tendrá que cambiar dólares. Mal momento para uniformes cuando ni siquiera hay clases y vaya a saber cuándo se retomarán. Lo lamenta sobre todo por Luján, la estimulación es imprescindible para ella. Candela está comunicándose por Zoom con clientes del interior. Quieren joggins y piyamas. En cuanto lo permitan comenzarán a fabricarlos, aunque sea con una empleada por vez. Si consigue un permiso de circulación, cómo encuadrarse en los “esenciales”, ella misma irá a sentarse a la máquina. Tela tienen, por suerte. La inactividad la está afectando. Empezaron a dolerle las articulaciones. La artrosis avanza y el reposo forzado es la peor medicina.  Candela le pasó el link de una profesora de yoga, pero hacer gimnasia a la distancia le parece una ridiculez. Aprovechá vos que tenés patio le dice Fernanda. Ellos sí que tienen poco espacio. Simón, como buen hijo de su padre, es muy deportista. El encierro lo está alterando. Humor de perros, al parecer. Ema, muy sedentaria ella, lo lleva mejor. Interminables charlas telefónicas con las amigas. A ella también la llama. No se puede quejar. Se queja pero no se puede quejar. Es la primera vez que se siente cuidada por sus hijos. Hoy le llegó una docena de medialunas de La Argentina, Candela sabe que son sus favoritas. Ayer Sebastián le mandó helado de Freddo. Si sigue así terminará rodando. Al principio le había dado por la limpieza exhaustiva de toda la casa, desde la terraza al patio. Pero ya se cansó. Igual no viene nadie. Increíble que esa casa tan poblada ahora solo la cobije a ella. Lo extraña a Mobi, imprescindible con tanta soledad. Por suerte Luján tiene a la Chicha y Uma, a Brea. Mira el reloj: recién las cuatro. La tarde por llenar. En una hora lo llamará a Leonardo. Se le ocurrió que pueden combinar para hacer un Zoom con Camila. Se pondrá contenta de ver que siguen comunicados pese al virus maldito. Lo llamará ahora. Si está durmiendo la siesta, ¡que se despierte!

 91 “Dailan Kifki”, libro de cuentos infantiles de María Elena Walsh. 

 92 “Algo en que creer”, serie danesa.

 

domingo, 12 de enero de 2025

108

 


2020

 

Allí está ella en Punta del Este. Veraneando en el exterior, se ríe de sí misma. Después de décadas aceptó la propuesta de Sebastián. Sus consuegros surcaron los ochenta, ya no tienen ganas de ir, pusieron la casa en venta. Quizá sea el último verano, ma, tenés que conocerla. Allí está ella. Pero no vino sola. Candela, como siempre que puede, le adosó a Uma. Luján de parabienes. Son inseparables las mocosas. Ella temía que al crecer, Uma, viva entre las vivas, dejara de lado a su prima. Cosa que no ocurrió. Sigue teniéndola bajo el ala y Luji la idolatra. Y la obedece, condición sine qua non para andar de buenas con Uma, que está acostumbrada a que el mundo gire a su alrededor. Ella se pregunta si Sebastián sufrirá al ver las diferencias entre ambas nenas, cada vez más visibles. Para Belén es fundamental su fe en Dios, pero a ella se le parte el alma por su hijo. Lo ve tristón, ya no es el mismo. La vida de los chicos, por suerte, no parece haberse alterado. Bautista tiene novia y también está veraneando allí. Clara se llama. Para su gusto demasiado “cheta” como bien la calificó Ema cuando la conoció en su fiesta de quince. Mateo es un sinvergüenza. Catorce años ya, un potro desbocado. Todas las noches hay discusiones porque no respeta los horarios de regreso. Ella lo apaña. La puede ese nieto. El rebelde de la familia. Son todos demasiado dóciles, sacando a Uma, por supuesto. El último fin de año fue especial. Hacía rato que no lograban reunirse todos. Camila vino con Shirley. El español de la chica progreso mucho más que su inglés, por suerte, a pesar de que su profesora la alienta. Cuando fue a visitar a Camila se arregló bastante bien, claro que tenía a Zoe de acompañante, que habla inglés con total fluidez. Camila le insiste a su sobrina para que se vaya un tiempito. Quizá piensa que estando en el país tiene alguna posibilidad de conocer al padre que cerró cuanta puerta la chica intentó abrir. Suposiciones mías, piensa. Finalmente, Zoe accedió a trabajar con ellas. El teatro independiente no logra alimentarla. Le está dando una mano sobre todo con las compras. Ella ya no tiene ganas, ni fuerzas, para andar acarreando mercadería. La chica se maneja muy bien con las relaciones públicas, y es una fiera defendiendo precios. El gobierno de Macri fue nefasto para los textiles, pero ellos como siempre, salieron a flote. Veremos cómo les va con Fernández. Sí, fue un fin de año especial, Camila, por primera vez en su historia, lo pasó con ambos padres. Leonardo, de a poco, se fue sumando a la familia. En calidad de padre de Camila, porque ya no están para jugar a los tórtolos. Son buenos compañeros, eso sí. Van a comer afuera, al cine, al teatro. También Andrés fue bien recibido. Hasta por Belén, cambió mucho su nuera. Luján le movió las estanterías. Mira la hora. En un rato se despertarán las nenas y la paz desaparecerá. Corre la reposera buscando sombra. El sol se está poniendo fuerte.


La televisión y la radio no dejan de hablar del Covid. Nueva epidemia. Pandemia la llaman. Están todos paranoicos. Ya lo vivieron con la gripe A, que pasó sin pena ni gloria. Aprovechan los que venden barbijos y alcohol en gel. De cada desgracia hay alguien que sale beneficiado, piensa. Ella trata de no escuchar demasiado. Ha decidido que es algo lejano, algo que no puede afectar a sus amores. Ajeno a ellos. Por eso no se preocupa. Todavía no se preocupa. Todavía no se preocupa demasiado. Igual dicen que para la gente joven no es un riesgo. Su familia es joven. Y sana. Prefiere no pensar en las bronquitis de Simón y en la eterna tos de Candela. Jóvenes y sanos. Ángel y Leonardo no son jóvenes. Ángel es frágil, Leonardo no lo parece. Ella tampoco es joven. Los tres ya vivieron todo lo que tenían que vivir. A Ángel hasta le tocó ser abuelo, Elena se lo perdió. Se hubiera derretido por Carmelita. Se la perdió. Por suerte pudo disfrutar de sus nietos postizos. De Zoe a Simón. A Uma la conoció estando internada y Luján nació meses después. Meses después de que se fuera. Seis años ya. Y Mobi casi enseguida, Meses tristísimos. Le costó recuperarse. Porque se recuperó, sí, pero una parte de ella desapareció con su amiga. Le llevó meses decidirse a traer las bibliotecas. Y meses durmieron los libros en las cajas. De a poco los fue acomodando y cada vez que toma uno Elena vuelve a acompañarla. El COVID es lejano, pero ya empezaron los casos en la Argentina. Ayer se produjo la primera muerte. Agita la cabeza y se dirige a la biblioteca. Como suele hacer, cierra los ojos y toma un libro al azar, Así suple las recomendaciones de su amiga. Pájaros en la boca90. Lo ojea. Cuentos. Irman el primero. Aunque prefiere las novelas se rinde al destino. Tomo en mano se deja caer en el sillón. Al momento le falta un café, pero le da fiaca levantarse. Lee la primera página. Se engancha. Elena nunca se equivoca con sus gustos. Suena el celular. Lo dejó sobre la heladera. Se levanta, fastidiada. Fernanda. ¿Viste la tele? No, estoy leyendo. Encendé, decretaron la cuarentena. ¿Qué? pregunta mientras se acerca a la radio. ¡Encendé, mami! ordena su hija y corta.

  90 “Pájaros en la boca”, libro de cuentos de la escritora argentina Samanta Schweblin.

viernes, 10 de enero de 2025

107


¿Te puedo invitar a cenar? propone Leonardo en su Wapp. No teclea ella. Pero luego se arrepiente. ¿Por qué no? Nadie tiene por qué enterarse, piensa. Porque le da vergüenza que los demás supongan que se bajó del rencor. Odia mostrarse vulnerable. Borra el no y se queda pensando. Es sábado, no tiene nada que hacer. Este fin de semana, cosa extraña, no tiene ningún nieto a dormir. Estoy aburrida, piensa, ¿cuánto hace que no salgo con un hombre? Porque Leonardo dobló los setenta y cinco años, sin embargo, sigue perteneciendo al género masculino. Con Ángel fue la última vez, pero ya hace un montón. No está bien, casi no se mueve de la casa. La semana próxima irá a visitarlo. ¿Y? insiste Leonardo. Ella no quiere darle el gusto. No teclea de nuevo. Luego agrega un no puedo para no ser tan grosera. Vuelve a borrarlo. Le pediré que no se lo cuente a Camila, se dice y se siente aún más ridícula. Está transpirando, se le mojó la remera. Y no hace calor. De acuerdo escribe al fin y se apresura a enviar el mensaje. ¿Te busco a las ocho? pregunta el celular. A las nueve contesta, no será él quien tome las decisiones. Nos vemos.  Ella mira el reloj: son las seis y media. Falta demasiado. Va hasta el baño y abre la canilla de la bañera.


Está sumergida en el agua cuando suena el celular. Lo dejó apoyado en el banquito. Extiende la mano para tomarlo mientras dice en voz alta qué pesado. Hola, abu la sorprende la voz de Simón ¿puedo ir a dormir?, Ema hace una piyamada y no me banco tantas chicas. Ella se sienta bruscamente. Me estoy bañando, te llamo en un ratito dice. Se incorpora y se envuelve en la toalla. ¿Qué hacer? Si se niega tendrá que darle una explicación a Fernanda y ella odia mentir, más aún a sus hijos. Se le ocurre una idea. Mira el reloj: las siete. ¿Puede ser a las ocho? le escribe a Leonardo. A los pocos minutos recibe ocho y cuarto te paso a buscar. Llama a lo de Fernanda rogando que no la atienda su hija.  Hola, Bela la saluda Ema hoy vienen las chicas. Sí, ya sé la interrumpe ella pasame con tu hermano. Hola, abu dice Simón. Entre la diez y media y las once te paso a buscar y te traigo a casa, avisale a tu mamá. ¡Perfecto! exclama el pibe así no me pierdo las hamburguesas. Satisfecha, corta. A grandes problemas grandes soluciones diría su mamá. Porque así, además, la salida será breve. Fecha de vencimiento, piensa.


¿A dónde querés ir? pregunta Leonardo, ambos sentados en el auto. Por acá cerca; uno de mis nietos me pidió venir a dormir a casa; quedé en pasarlo a buscar a las diez y media. ¿Nunca decís que no? pregunta él, sonriendo. A los chicos, no le aclara ella, seca. Diez minutos después están sentados en Lo de Mary. Humahuaca y Medrano registra ella, bastante cerca. La carne es buenísima comenta él. Ella toma nota de que él sale. ¿Solo o acompañado?, se pregunta. Ella también sale. Sola y acompañada. Acompañada por su familia en general. ¿Querés que compartamos una parrillada? propone Leonardo. Ella asiente. Con papas fritas le ordena él al mozo sin consultarla. A ella le da rabia. Ensalada de rúcula para mí indica entonces. Él sonríe. No dejaré que me saques una papa dice. Ella no recuerda que fuera tan simpático. A lo mejor antes no lo era. A lo mejor, mejoró piensa, a veces la gente se hace mejor, mejora. ¿Tinto? No, mejor no, porque luego tendré que manejar, agua con gas. Él nuevamente sonríe. Me está tomando el pelo, piensa ella. Contame de tu familia pide él. Tendremos para toda la cena dice ella. De acuerdo dice él levantando ambas palmas la próxima te cuento yo, pero habrá que buscar algún otro tema porque no dará para mucho. Ella sigue fastidiada, odia que él se haga el galán, debiera mirarse en el espejo. Él arremete con preguntas y ella va contestando porque si de algo le gusta hablar en la vida es de los suyos. Qué cosecha comenta él. Y ella se siente orgullosa. Muy orgullosa. Cuando se quiere acordar el reloj le devuelve las diez y cuarto. Me tengo que ir informa. Pero todavía no comimos el postre, los panqueques son espectaculares. A los niños no se los puede hacer esperar aclara ella. Él ladea la boca había abajo y llama al mozo. Los probarás la próxima dice. Ella quisiera decirle que no habrá próxima. Ya no tengo tiempo de ir a buscar el auto dice me tomaré un taxi. Yo te alcanzo ofrece él entregando la tarjeta de crédito. Cuando llegan a lo de Fernanda él propone ¿no querés que los lleve a tu casa?, te pasás al asiento de atrás y decís que es un remis, me podés pagar y todo. Pero a ella no le causa gracia. Le da un beso en la mejilla y amaga bajarse. Él le dice gracias por la cena. Ella no contesta. Se apresura a alejarse y toca el portero eléctrico. A ver cómo sale de esta sin tener que mentirle a su hija. Algo se le ocurrirá. Por suerte vive en el piso diez. La suerte le es benévola: baja Manuel. ¿Dónde tenés el auto? le pregunta su yerno. ¿Qué te parece, Simón, si vamos caminando?, la noche está preciosa, pensé convidarte con un heladito. ¡Esa es mi abuela! exclama el chico. Ella sonríe. Nadie podrá negar que es una mujer con recursos.


miércoles, 8 de enero de 2025

106


Pasa por Triple C. Un vecino que se queja de filtraciones. Es el baño de Zoe, habrá que hacerlo reparar. Obvio que ella tendrá que ocuparse de los gastos. No solo de los gastos: de buscar el plomero, comprar los cerámicos, etc., etc. Es mi destino, piensa como suele pensar. Piedra y camino
88. Pero la culpa es de ella. Elena solía decirle les ponés la red a todos antes de que se caigan. Todos la alaban. Hasta Leonardo. A esta altura del camino ya es difícil prescindir de los elogios. Cabecea. Pero las alabanzas de Leonardo la irritaron. ¿Se creé que con zalamerías logrará hacerse perdonar? ¡La mujer que más amó en la vida! ¡Hay que ser caradura! Si a la mujer que más amó en la vida la abandonó preñada, ¿qué queda para las demás? ¿Habrá habido otras después de que se separó? Seguramente, era joven aún. Ahora es viejo, piensa, se mantiene bien, pero es viejo, debe tener como setenta y cinco. Sin embargo, sigue haciéndose el seductor. Genio y figura hasta la sepultura diría su madre. Cuánto hace que no piensa en su madre. Ella es más vieja de lo que nunca llegó a ser su madre. Saca cuentas. Cuando murió era más joven que Candela. Un escalofrío le recorre la columna. ¿Por qué pensó en Candela? Quizá porque estaba embarazada de ella cuando los descubrió tirados en el piso. La muerte. No quiere pensar en la muerte. Recién está reponiéndose de la de Elena. A veces piensa que son tantos sus amores que el riesgo la ronda permanentemente. Con el correr de lo años se ha puesto más aprensiva. Teme. Suena el teléfono de noche y se alarma. La escucha toser a Candela y se alarma. Se alarma por el corazoncito de Luján, por la hipertensión de Sebastián, por el Birads 3 de Fernanda, aunque la ginecóloga lo desestime, por las bronquitis a repetición de Simón. Y así y así. Cuando por las noches la surcan los pensamientos negros se levanta y se prepara un té. Suele pescarla despierta el amanecer.   De paso habría que hacer ver la canilla del bañito dice Lucy hace rato que pierde. Ella ya se cansó de cambiar cueritos por eso dice le encargaré a Braulio que la revise. Tendría que ir al clínico. A lo mejor está precisando algo que la ayude a dormir. Pero ella odia los remedios. Gloria le dijo que está tomando Melatol, que es natural. Sí, le preguntará al farmacéutico. Hola, abuela dice Zoe dándole un beso ¿qué hacés por acá?, seguro que viniste a invitar a cenar a tu nieta favorita. Ella cabecea. Dale, chanta, vamos a comer una pizza, yo también tengo hambre. Porque sí, descubre que tiene hambre. Hoy, con el tema de Leonardo, se olvidó de almorzar. Dejo la mochila y vengo, abuela, ¡no te me vayas!

Cuando llega a su casa encuentra mail de Camila. Le contesta unas pocas líneas. No tiene ganas de contarle del café con Leonardo. Está cansada. Cuando, luego de ducharse, da vueltas en la cama piensa que hizo mal. Seguramente él le irá con el cuento y la dejará en evidencia. Se levanta y enciende la computadora. Me encontré con tu padre informa.

¿Cuál fue la última vez que le hicieron análisis de sangre? le pregunta el médico. Vaya Dios a saberlo. Hace mucho informa. El hombre le indica un estudio completo, radiografía de tórax, ecografía abdominal. Hay que arrancar de cero dictamina. Ella pide los turnos para los exámenes. En el hospital todo es lentísimo. Igual no tiene ninguna urgencia. Toda su familia tiene servicio de salud, pero ella sigue atendiéndose en el Rivadavia. Bah, es un decir, cuando va. Sebastián averiguó para que se afiliara a alguna prepaga pero ahora, con su edad, no la toman. Con su edad. Va a cumplir sesenta y cuatro años. ¿Ya es descartable? Le da vuelta y media a los jóvenes en energía y actividad. Además, ella no está para sanatorios sofisticados. Cuando lo operaron a Mateo de apendicitis a ella le pareció chocante la habitación de la Clínica Suizo. Dos ambientes, una comida digna de un hotel cinco estrellas. Ella no se olvida de sus orígenes. Aunque la mona se vista de seda… diría su madre. ¡Otra vez recordándola! Vuelve a su casa con un montón de turnos y de indicaciones. Si no fuera porque Fernanda la va a retar tiraría todo a la basura. Ella se siente bien. Ella está bien. A pesar de sus casi sesenta y cuatro años. When I'm sixty-four 89.
   
88 “Piedra y camino”, canción de Atahualpa Yupanki.
89   “When I'm sixty-four”, canción de The Beatles.

viernes, 3 de enero de 2025

105


El auto, lleno hasta el techo, está volviendo a la capital. Fin de vacaciones. En el asiento de atrás Ema y Simón, estos últimos días solos con ella. Abu, ¿nos podemos quedar a dormir en tu casa? pregunta el nene. No, mami los está esperando contesta y piensa que ha tenido sobredosis de nietos. Deja los chicos con sus padres y rechaza el ofrecimiento de cenar con ellos. Está deseando estar sola. Leonardo le escribió un par de veces, pero ella postergó el encuentro. Encuentro que solo enfrentará porque se lo prometió a Camila antes de que se fuera. Quiero que si, por alguna razón relacionada conmigo, tienen que volver a verse, eso ya no genere conflictos. Ella no le preguntó si también su padre había ofrecido resistencia al encuentro. No lo cree, dada la invitación posterior, aunque a lo mejor él también está obedeciendo órdenes. Está entrando a su casa cuando suena su celular. Inquieta, atiende. Hola, ma dice Sebastián aquí alguien quiere hablar con vos. Ella espera la voz de Mateo, pero la sorprende la vocecita de Luján ela, ela. Su hijo recupera el teléfono. Desde la mañana agarra los bracitos, me los trae y dice “ela”; ponete orgullosa agrega primer nombre después de mamá y papá; Bautista está ofendido. Claro que está orgullosa, la va a extrañar a la chiquilina. Decile que pronto la voy a visitar. Porque habla poquito, pero entiende todo. Corta. Comienza a guardar en la heladera los restos de comida cuando suena nuevamente su celular. Va a atender con una sonrisa. Ela. Buenas noches dice Leonardo ¿ya en capital?


No piensa repetir los preparativos del día del premio. Se calza un jean, una musculosa, una camisa escocesa y zapatillas. Sin embargo, está saliendo cuando regresa y opta por unos tacos altos. Quedaron en encontrarse en el Havanna de Scalabrini y Córdoba. Pasará primero por Triple C, todavía no fue desde que volvió de vacaciones. Candela le dijo que todo estaba en orden. Pero el ojo del amo… Lucy le ofrece un café que ella rechaza para gran sorpresa de su empleada. Por suerte Zoe no está. No tiene ganas de dar explicaciones. Seis menos cuarto sale. Camina las pocas cuadras con lentitud. No quiere llegar agitada. Es una tarde preciosa. Sopla una brisa agradable. Cuando llega él ya está. Se incorpora en cuanto la ve y la besa en la mejilla. Viniste dice. Obvio, si no te habría avisado contesta ella, seca. ¿Café? propone él. Ella asiente con la cabeza. ¿Seguís sin cortarlo? pregunta. A ella le da fastidio, ¿qué se hace el que recuerda sus hábitos? Acá estamos dice Leonardo cuando el mozo deja las tazas y se retira. Ella calla. Te quiero pedir perdón dice él. ¿Perdón? pregunta, pero sí, claro que tiene que pedirle perdón. Me porté como un cobarde y te dejé en banda con cuatro criaturas. Tres no te correspondían lo desestima ella además dos ya eran adolescentes. Peor que peor. Ella hace un gesto despectivo. Te admiro dice él Camila me contó todo lo que lograste; sos su ídola; quiero agradecerte el enorme trabajo que hiciste con esta chica, es un sol; con todos tus hijos, los sacaste a los cuatro adelante a punta de esfuerzo y dedicación; yo tuve uno solo, no quiero ni imaginarme ese trabajo multiplicado por cuatro estando sola, además. No siempre estuve sola comenta ella porque le da rabia que él la ponga solo en el rol de la madre abnegada. Él le cuenta que está contento porque Camila logró relacionarse con su hermano. Con su medio hermano lo rectifica ella. Tan medio hermano como los otros tres comenta él. Es cierto, tiene que reconocer sorprendida de que nunca los calificó así. Cómo puede este hombre poner en la misma categoría un muchacho al que conoció a los dieciocho años con los tres pilares que poblaron la vida de Camila desde que nació. Está indignada. Este encuentro no tiene razón de ser. ¿Para qué querías que nos encontráramos? pregunta ella con dureza. Él parece un perro apaleado, a ella le da un poco de lástima, quizá se excedió. Ya te dije, quería pedirte perdón. Tan mal no me las arreglé dice ella no resultaste imprescindible. No, es obvio que no. De pronto le surge la curiosidad por eso comenta me llama la atención que ni bien Camila se comunicó con vos estuviste dispuesto a “reconocerla”, ¿cómo calza eso con tu indiferencia de dieciocho años? Él la mira arqueando las cejas. Sabés que los primeros tiempos consideré que no podía contárselo a mi mujer, cursando un embarazo de riesgo y luego con un bebé que tuvo muchos problemas de salud; me trasladé al interior; el tiempo fue pasando, pero nunca me olvidé de vos y me plantee una y mil veces qué habría sido de nuestro hijo; cuando Andrés ya estaba recuperado decidí separarme; mi relación con  Sonia murió el día que te conocí ella hace un gesto despectivo no te pido que me creas, pero fuiste la mujer que más amé en mi vida; cuando me divorcié decidí viajar a Buenos Aires para hablar con vos, pero justo en ese momento recibí una carta tuya donde me decías que recién a los dieciocho años le informarías a nuestra hija de mi existencia; pensé que era mejor así para todos, quizá mi aparición solo te provocaría más complicaciones; fue una enorme emoción cuando recibí noticias de Camila y poder haber construido un vínculo con ella un regalo que no me merezco pero que trato de aprovechar; Camila fue muy generosa conmigo, no termino de entender por qué. Ella se queda en silencio. Absurdo plantearse qué habría pasado si Leonardo hubiera reaparecido a los cinco años de la nena. Yo era joven todavía, piensa, y él también. Su celular suena. Hola, Lucy contesta. Instantes después explica problemas laborales, me tengo que ir y se dispone a abrir su cartera. Por favor dice él frenándole el brazo. Ella se incorpora y le da un beso. Él también se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta, muy serio. Ella se encoge de hombros y sale. Con el pulso acelerado sale.



104


Camila se fue temprano. Se encontraba antes con sus compañeros. Ella aprovechó para pasar por la peluquería. Con el cloro y el sol tenía el cabello a la miseria. Llega con tiempo para darse una ducha rápida y vestirse. Pantalones blancos bien angostos, como se usan ahora. Se los hizo Gladys para su último cumpleaños. Remera de lycra roja. Tacos altos. Perfume y maquillaje. Se mira en el espejo antes de salir. De cerca, las arrugas son evidentes, pero de lejos se ve bien. Muy bien. Busca las llaves del auto. Apaga la luz y sale.


El corazón hecho una bomba, y no solo por subir las infinitas escaleras, entra en el Aula Magna de la Facultad de Exactas. Intentó no llegar temprano, pero aún el salón está semivacío. Se ubica en la tercera fila, las primeras reservadas para los agasajados. Tiene que luchar contra la tentación de observar a las personas que van ingresando. Se nota que muchos son extranjeros. De a poco la sala se  llena, se ocupan los asientos próximos. Eso la alivia. Finalmente, en medio de aplausos, entran los homenajeados. Jóvenes, casi todos, aunque el premio abarca a los equipos participantes en ambos países, jefes incluidos, le explicó Camila. La ve entrar a su hija, de negro y de pantalones, por supuesto. Es tan linda que ni así logra opacarse. Alta y delgada. Un junco. A su lado una chica rubia jovencita. Ella pesca un par de gestos que no le pasan desapercibidos. Ojalá, piensa. Porque no le gusta que nadie esté solo. Bastante con ella misma. Finalmente comienza el acto. Discursos en español y en inglés. Su hija subiendo al escenario. Camila Lagos. Lleva mi apellido, piensa con orgullo, yo la crié. Aplausos y más aplausos. Como una película pasa por su mente la historia completa. Desde el embarazo no deseado. ¿Qué habría pasado si Leonardo no se hubiera borrado? Imposible saberlo. Con un poco de suerte la ceremonia terminará sin que haya tenido que cruzarse con él. ¿Es eso lo que quiere en realidad?, ¿ni un poco de curiosidad tiene? Los homenajeados regresan a sus asientos. No sabe si Camila la localizó. Minutos después su celular vibra. Te veo en el bar de la planta baja, mami. Hacia allá se dirige, rodeada de muchos más. Entra y se apresura a sentarse en una de las pocas mesas vacías. Todos son jóvenes. Se siente cohibida. Es autoservicio, parece. Muere por un café, pero decide esperar a su hija. Mira a través de los ventanales. No se imaginaba tan buena vista. ¿Me puede sentar? pregunta una voz de hombre. Sus ojos giran al tiempo que el corazón se le aloca. Es él, qué duda cabe. Envejeció bien, es su primer pensamiento. Alto, delgado, erguido. Camila heredó su porte. Conservado el cabello gris platinado. Los ojos azules, por supuesto. Hace un gesto con la cabeza y Leonardo se sienta. Estás igual dice él. Ella hace una mueca despectiva con la boca. La llegada de Camila la exime de comentarios. Veo que se encontraron dice su hija. A ella le da mucha rabia. Me tendió una trampa, piensa. Camila vino acompañada por la chica rubia. Ella es Shirley informa hace una pausa y agrega mi compañera. Información no concluyente, seguramente es compañera de trabajo, ¿pero solo eso? She is my mom dice señalándola and he is my dad. La chica se inclina y los besa. Nice to meet you. Instantes después los cuatro comparten un café. Chapurreando inglés y español transcurren los siguientes diez minutos. Luego Camila informa nos vamos a ir a tomar algo todos juntos. Se repiten los saludos y ambas chicas se retiran. Camila la toma del brazo. Sí, son más que compañeras. Ella se incorpora. Yo también me voy dice. Leonardo se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta con una sonrisa. ¿Cuándo te vas? pregunta ella. Él hace un gesto de sorpresa. Hace dos años que estoy viviendo en Buenos Aires informa. Sorpresa que se le traslada a ella. Busca en la cartera y le tiende una tarjeta de Uniformes Córdoba. Chau dice lo besa en la mejilla y sale. Con la respiración agitada sale.


Pone la radio en el auto. La Panamericana está colmada, como de costumbre. Macri, Vidal, Baradel, el comienzo de las clases que peligra. No podrían interesarle menos. Gira el dial hasta que encuentra música. Dame calor que siento mucho frío/En enero no se necesita abrigo/Es que me siento todo el tiempo en el abismo/Un abrazo es lo único que pido85. A Zoe le encanta este tema. Zoe. Zoe, de alguna manera, es la responsable de que ella esté ahí. Alterada. Toda la historia removida. ¿Para qué? Leonardo no la quiso bien. ¿Ella lo quiso bien? Al único que quiso bien fue a Ariel, por eso se apartó de él. Vuelve el pensamiento y me arrepiento/Es que todo el tiempo voy probando este veneno/Son de esas noches olvidadas/Donde el diablo se sienta en mi cama86. Ya nadie se sienta en su cama.  Se fue mi juventud, piensa, y estuve demasiado ocupada para ser mujer. El tiempo no retorna, eso sí que lo tiene absolutamente claro. Un abrazo es lo único que pido87.

  85, 86 y 87 “Pensamientos”, La Beriso.
 

miércoles, 1 de enero de 2025

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Sábado. De acuerdo con lo prometido, Zoe llega cerca del mediodía. Uma corre a abrazarla en cuanto la ve y su hermana la alza. Te extrañé, pendeja le dice. Luján se le cuelga de las piernas. Zoe también la alza. Estas mocosas me van a destruir. Un rato después Manuel, parrillero oficial, anuncia que los chorizos ya están listos. Todos se ubican alrededor de la gran mesa recubierta de mayólicas. Fernanda y Candela alcanzan las ensaladas, Camila las bebidas. Siete adultos y cinco chicos. Jolgorio. Ella debiera estar contenta, pero no lo logra. Sigue tensa la relación con Camila. Luego del postre Candela va a acostar a las nenas, bajo la intensa protesta de Uma. Fernanda se queda en la galería jugando al ludo con Simón, Ema y Mateo. Manuel y Maxi llevan las reposeras a la sombra y allí se derrumban. Camila se mete en la casa, esquiva desde la discusión. Ella está sola en la cocina tomando café cuando aparece Zoe. ¿Me servís uno, abuela? pide. Ya ambas taza en mano, Zoe dice me contó Cami que no vas a ir a lo del premio; me invitó a mí porque dice que así no tiene que elegir a ningún hermano. A ella las manos repentinamente le tiemblan. Tanto que deposita el pocillo. ¿Tan pronto la descartó?, ¿tan poco le interesa prescindir de su propia madre? Esta sí que no se la esperaba, ella aún no había tomado la decisión. Pocas veces vi que te equivocaras, abuela, pero esta vez te desbarrancaste. La que le faltaba, otra enemiga; su adorada nieta del bando contrario. Tu tía prioriza a un advenedizo por sobre la madre que la crió. La chica cabecea. Abuela, escuchá lo que estás diciendo; sos una mujer inteligente, no lo puedo creer; Cami no prioriza a nadie, ella los invitó a los dos; el supuesto advenedizo es el padre y no tan advenedizo porque hace doce años que sostiene el vínculo; Camila tiene suerte, mucha más suerte que yo. Ella, que seguía rumiando su rencor, repentinamente alerta sus radares. ¿Por qué lo decís? pregunta. Mi papá no me quiso conocer. ¡Pero si cuando cumpliste dieciocho y te pregunté me dijiste que no te interesaba contactarte con él! ¡Te mentí! exclama Zoe con los ojos llenos de lágrimas. ¿Por qué? No sé, abuela, a lo mejor necesité mentirme a mí misma. Ella le toma la mano y se la oprime. Contame pide. La mañana en que cumplí dieciocho, mamá al despertarme me entregó un sobre con los datos que tenía sobre mi padre; “yo solo cumplo con mi promesa”, me aclaró, “vos sabrás qué hacer con esto”; al día siguiente le mandé un mail y no obtuve respuesta; insistí dos o tres veces; busqué los datos del instituto donde trabaja, en Estados Unidos, y le envié una carta que quedó sin respuesta; logré hacerme de su número de celular y le envié un wapp, nada; insistí y pude comprobar que me había bloqueado; ¿te queda claro, abuela?, mi señor padre no quiere saber nada de mí. Ella está azorada. ¿Todo eso atravesó su nieta sin que ella tuviera registro? ¿Le contaste a tu mamá? Zoe niega con la cabeza. ¡¿Por qué?! La chica se queda en silencio un largo rato y luego, mirando el piso, dice porque me da vergüenza. ¿Vergüenza? Ella se incorpora y la abraza. Chiquita mía. Zoe entierra la cara en el pecho que se le ofrece. A ella se le parte el corazón. Lloran juntas. Por eso tampoco les quería contar dice la chica cuando logra tranquilizarse no quería que se pusieran tristes. ¿Camila sabe? pregunta ella. Siempre supo es la respuesta. ¡Y ella que se creía que no se le escapaba de nada de lo que acontecía a los suyos! ¿Te puedo pedir algo, abuela? Claro, mi amor. Andá a la entrega.


¡Mamá! grita Luján en cuanto ve a su madre y corre hacia ella. Belén la alza y la abraza. ¡Cómo te extrañé! exclama. ¡Y pensar que su nuera temía no poder quererla! Una madraza. Mucho más dedicada que con Bautista y Mateo. Esta chiquita logró cohesionar la familia. Acercó a Sebastián a sus hermanas, a ella con Belén. Todos la quieren. Los primos la protegen. Ni hablar de los hermanos. Un par de horas después comparten un asado. No falta nadie, piensa ella, todos mis amores. Prefiere olvidarse de Elena y de Mobi. Hoy necesita ser feliz.


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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...