Simón, acostado sobre sus rodillas, gorjea mientras ella le habla. Tan chiquitito y con tanta necesidad de comunicarse. ¿Qué habrá pasado la criatura durante sus primeros tres meses? Fernanda, si es que la tiene, no dio ninguna información al respecto. Ya lleva casi un mes cuidándolo. Está agotada. No por el chiquito, en sí, es muy tranquilo, sino por las complicaciones laborales que le genera no disponer de su mañana. Le va a plantear a Fernanda si puede empezar a trasladarlo. Ayer tuvo consulta con el pediatra, ya aumentó otro medio kilo. Se lo ve más redondito. Escucha el ascensor y luego la puerta abriéndose. ¡Qué sorpresa! exclama al ver a Fernanda que alza al nene y lo abraza mientras dice ¡cómo te malcría tu abuela! Ella se incorpora y pregunta ¿pasó algo? Su hija le tiende el bebé y dice voy a hacer café. Ambas se dirigen a la cocina. Sentadas ante las tazas Fernanda informa renuncié. Sin tiempo a reflexionar pregunta ¿por qué? Seguramente su tono es admonitorio porque su hija contesta ya te lo expliqué y su tono tampoco es cordial. Silencio tenso solo interrumpido por la vocecita del nene. No quisieron darme más licencia y me avisaron del juzgado que es probable que la semana próxima, venga una asistente social. Te avisarán supongo, además estás dejando al nene con su abuela, qué mejor. No insistas, ayúdame, no me hagas sentir peor, ¿o te crees que a mí no me duele dejar la escuela y los chiquitos?, pero no puedo vivir con terror, mami, no duermo de noche, no como, bajé tres kilos. No te estoy cuestionando se defiende ella solo intento ayudar. Ya me ayudaste demasiado, vos tampoco podés con este ritmo. De acuerdo dice ella, hace una pausa y pregunta ¿querés que me vaya? Como su hija no contesta le tiende el bebé, agarra su cartera de arriba de la mesada y dice avisame cuando me necesites y sale.
Está esperando que Sebastián le alcance a los chicos, porque no tuvo ninguna notificación de cambio. Una llave en la puerta le trae a Zoe. Hola, abuela, vine a jugar un rato con los nenes dice mientras la abraza. Ella se alivia. No quiere estar a solas con su hijo. Un rato después suena el timbre. Sebastián le pregunta a Zoe sobre sus estudios y sobre el test. Charlan un buen rato. Después se despide ella y de los nenes y se va. Un placer cenar con sus tres nietos. Mateo ya está bastante civilizado. Ella observa especialmente a Bautista. Es cierto, se parece a Sebastián no solo físicamente. La expresión de seriedad. El contraste entre ambos hermanos es notorio. Zoe la ayuda a bañarlos y a acostarlos. Ahora ya se animan a quedarse en el cuarto de arriba. A la mañana siguiente se repite su inquietud. Lo que nunca les da el desayuno a los chicos sin esperar a Sebi. Cerca de las diez suena el teléfono. ¿Podés alcanzarme los chicos al auto, por favor?, así no estaciono, estoy apurado. Ella junta las mochilas, alista a sus nietos y salen. Ella abre la puerta del auto y ayuda a los nenes a ponerse los cinturones de seguridad. Sebastián la saluda desde el volante alzando la mano. Le duele verlo. Algo se rompió entre ellos. A lo mejor estaba roto desde siempre y ella no se había dado cuenta.
Domingo. Escucha la radio mientras prepara el desayuno. Ya se vistió porque en cualquier momento puede llegar el censista. Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor/ Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo77. Le encanta Vicentico y le encanta esa canción. Canción que se interrumpe bruscamente. Siendo las nueve y quince falleció el expresidente Néstor Carlos Kirchner como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio no traumático, que no respondió a las maniobras de resucitación. Es viuda, piensa, en un instante se transformó en viuda, es la Presidenta de la Nación y es viuda, las desgracias no saben de clases sociales, alcanzan a pobres y ricos, a letradas y a analfabetas. Llora. Pero no llora ni por Néstor ni por Cristina. Llora por ella. Hace semanas que necesita llorar y no se lo permitió porque temió no poder parar. Llora. Llora hasta que escucha el timbre. Se seca la cara y abre la puerta. Es una mujer. Una mujer que llora. ¿Se siente mal? pregunta ella. Se murió Néstor contesta la censista.
77 “Paisaje”, Vicentico.
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