lunes, 9 de diciembre de 2024

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Abre la puerta de Triple C. Lucy está atendiendo. Ella atraviesa el patio y entra a la oficina. Candela está sentada frente a la computadora. Tuvieron que comprar una nueva, la vieja se la llevo ella para comunicarse con Camila.  ¿Me preparaste la planilla que pidió el contador? pregunta. Buenas tardes, hija le reprocha Candela. Perdón pide ella mientras se acerca a darle un beso estoy a mil. Qué casualidad, yo también afirma su hija desde las siete de la mañana con este Excel de mierda. Ella está por reconvenirla, pero se calla, solo la pondrá de peor humor. Le siguen chocando las malas palabras de sus hijos. De sus hijas, en realidad, Sebastián es muy correcto. Demasiado, piensa. ¿Y? pregunta Candela instante en que descubre que se perdió la pregunta. Yo también necesito una pausa, ¿qué te parece si vamos a tomar algo? propone. Me pediste la liquidación antes de las dos. Ella mira su reloj. Soria tendrá que esperar, si morimos en el intento no podré pagarle. Candela por primera vez sonríe. Sí, vamos, estoy muerta de hambre, ni desayuné con el apuro. Ya sentadas ella observa a su hija. Resplandece. Se te ve bien pese al cansancio dice. Candela se acomoda el cabello. Vos piropeando, qué raro. Es implacable, evalúa ella, siempre en pie de guerra, pero decide no seguirle el juego. Estoy bien acota entonces Candela. ¿Algo en especial? Este fin de semana Maxi se mudará a casa. Ella piensa en Zoe. Duro para la chiquilina otra nueva convivencia. ¿Estás segura? pregunta ¿no es demasiado pronto? Su hija la mira con dureza. Tal vez no tenga tanto tiempo contesta. No entiendo. Voy a cumplir treinta y seis años. ¡Me consta! exclama ella sonriendo ¡ojalá yo los tuviera!, una edad maravillosa. La que tenías cuando nació Camila. No, treinta y cuatro la corrige. Más a mi favor. Sigo sin entender. Quiero tener otro hijo, mamá, y ya no tengo tanto tiempo. Ella se endereza en la silla. ¿Estás embarazada? No, todavía no; esta vez quiero hacer las cosas bien; desearlo y buscarlo en pareja; que sea una alegría para todos, vos misma incluida. Yo me puse contenta con la llegada de mis cinco nietos le aclara ella. Yo no diría que te alegró la noticia de mi primer embarazo. ¡Eras una chiquilina! exclama ella mientras su enojo crece ¿te parece que he hecho poco por Zoe? No entendés nada, mamḠla noticia de mi embarazo fue una pesadilla para todos, yo la primera; sueño con poder festejarlo. Un hijo no termina en un embarazo le recuerda ella. Nadie lo tiene más claro que yo, porque, aunque quiero creer que no dudás del amor que le tengo a Zoe, en tantos momentos la padecí; quiero que todo sea distinto, ¿tan difícil es poder entenderme? Ella permanece en silencio. ¿Ya se lo avisaste a Zoe? pregunta al rato. Sí, le pregunté si le molestaría que Maxi viviera con nosotras y me dijo que era mi vida, que en tanto él no se metiera en la suya ni intentará jugarla de papá, todo estaba bien. Ella toma ambas manos de su hija. Veo que estás haciendo las cosas bien, muy bien dice, llena ambas copas con soda y eleva la suya ¡por una excelente convivencia! exclama. Candela, sonrisa amplia, eleva la suya.


A la hora programada abre su Skype por primera vez. No puede creerlo, Camila le sonríe desde la pantalla. ¡Hola, mami!, ¡te animaste!, ¿no era tan difícil?, ¿viste?  Ella también sonríe, tantas excusas puso, tanto tiempo perdió y ahí tiene a su hija recuperada. ¿Cómo te fue en el examen? La chica hace un gesto de suficiencia. ¿Cuánto se puede sacar tu hija? ¿Ocho? tantea ella. Camila mueve la palma de la mano hacia arriba. ¿Nueve? Su hija reitera el movimiento. ¿Diez? Obvio, ahora en serio, fue muy fácil, mami, casi una formalidad. Increíble tener a su hija delante, bienaventurada la tecnología tantas veces denostada por ella. ¿Cómo está Simón? pregunta Camila. De a poquito ganando peso. Sí, la vi preocupada a Fernanda. ¿La viste? Hace rato que hacemos Skype, por suerte renovó la computadora. ¿Te comunicaste con Candela? Ayer me mando un mail diciéndome que tenía que contarme algo, ¿qué pasó? Ya te lo dirá ella. Se quedan mirándose, sonriendo.  No es tan fácil llenar el tiempo. ¿Escuchaste la radio? le pregunta su hija. No, todavía no, anduve a las corridas. ¡Sancionaron el matrimonio igualitario! ¡Qué bien! exclama ella estuve siguiendo los debates y por hacer una broma añade ahora te podés casar. Broma que no parece caerle bien a su hija porque comenta no digas tonterías, mamá, ya sabés que la pareja está lejos de ser una prioridad para mí; lo importante es que la mente de esta sociedad retrógrada se vaya abriendo; espero que el juicio a Videla terminé rápido y que se pudra en la cárcel. Camila está enojada. Ella no quiere que su hija esté enojada por eso intenta cambiar de tema. ¿Hablaste con tu hermano? Termina de decirlo cuando se percata de su error. Tarde porque Camila repregunta ¿con cuál? La chica hace una sonrisa extraña y prosigue con Sebi me comunico por mail, no hablamos mucho más que de nuestras carreras; le está yendo muy bien; ahora está trabajando en la constructora del suegro. No podría haber recibido peor noticia. Su hijo cada vez más atrapado por Belén y familia. Reconfirma que sus hijos le hurtan la información que saben no será bien recibida. Me van aislando, dictamina. Entonces inspira hondo y pregunta ¿te seguís comunicando con… y como no puede profanar el término dice… con Andrés? Camila sonríe. ¡Al fin! exclama.


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