miércoles, 4 de diciembre de 2024

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La presencia de la nena abole toda posibilidad de preguntar. Pero los ojos de su hija hablan. Las tres se acercan al juzgado. Espérenme aquí indica Fernanda. ¿Qué será, Bela? pregunta Ema. ¡Una sorpresa! Sí, ya sé, pero si hicimos un viaje tan largo la sorpresa debe ser grande… parece tantear el terreno… ¿será lo que me imagino? Veremos, veremos, veremos contesta ella agitando las manos. Caminan hasta la esquina ida y vuelta infinitas veces. Pero ahora es expectativa. Una expectativa gozosa. Media hora después aparece Manuel. ¿Y la sorpresa? pregunta la nena. Ahora la trae mami. ¡Ya esperé mucho! protesta Ema. Un poquito más de paciencia le pide el padre. Finalmente aparece Fernanda. Ahora sí con los brazos llenos. Se acerca a la nena se agacha e informa este es tu hermanito. ¡Yo sabía! exclama Ema. Luego Fernanda se incorpora, se acerca a ella y le tiende el atadito en absoluto silencio. Ella lo toma y aparta la mantilla. Aunque es muy pequeñito de tamaño no es un recién nacido. Ya hay expresión en los ojitos negros que se fijan en los suyos como imanes. Pelito oscuro, tez trigueña, manitos apretadas. No, no es un recién nacido, porque la sonrisa que ella le ofrece es correspondida.   Se llama Simón informa una Fernanda radiante. Ya tiene nombre el cajoncito, piensa ella. El milagro del amor instantáneo otra vez se produjo. ¡Damelo, Bela! requiere Ema ¡es mi hermano!


Acá esta, otra vez poniendo la mesa. Esta vez para la presentación en sociedad de su nuevo nieto. Fernanda quiso que lo conocieran todos juntos. Camila, otra vez, será invitada sorpresa. Aunque esta vez es ella la que se guarda el as en la manga. La fue a buscar a Aeroparque esta mañana temprano. Ahora fue a retirar las empanadas que encargó. Ella no tuvo tiempo de hacerlas. Sebastián, como de costumbre, aportará los sándwiches de miga. Candela traerá algo dulce. Cuenta con los dedos porque siempre se equivoca. Son doce, porque Simón, obvio, aún no se sienta. Compró un par de bancos más. Son apilables, ocupan poco espacio. Le ofreció a Fernanda invitar a los suegros. pero prefirió hacer una reunión aparte. La familia de Simón seremos nosotros le dijo en el oído. Es cierto, los otros abuelos ven poco y nada a Ema, viven lejos. Todavía no pudo hablar con su hija. Muy esquiva para dar detalles. El bebé tiene tres meses, eso sí logró que le dijera. Ella estaba en lo cierto, recién nacido no era. También le contó que el pediatra lo encontró bien, pero bajo de peso. Aunque tiene ojitos grandes, la mirada es tristona. Ya lo revertirá, no tiene la menor duda. Fernanda es una madraza. El ruido de la llave le trae a Camila que regresa cargada. Había mil personas informa ¿dónde las dejo? En el horno, después las calentaré. Desde la cocina Camila dice Candela ya lo vio, seguro. Ella sonríe sola, todas son celosas. No, solo yo lo conozco y Emita, claro. Camila se acerca. ¿Cómo lo tomó la nena? Está muy contenta, la volvía loca a la madre pidiéndole un hermano. Y, sí, no me imagino crecer sin hermanos. Los mentados hermanos van llegando. Hermosas las caras de sorpresa al descubrir a la sureña. Abu, ¿y el bebé? pregunta Mateo. Enseguida va a llegar le contesta ella dándole un beso en el cachete. Va a dejar de ser el benjamín. Ya tiene cuatro años, pero sigue siendo un terremoto. Al menos eso dicen los padres. Conmigo se porta bien, piensa. Finalmente, la puerta se abre y aparece un cochecito. Todos se abalanzan. La alegría de Fernanda al ver a Camila. Yo lo levanto dice su benjamina no me vine de tan lejos para verlo de lejos. El bebé, que estaba dormido, abre los ojitos en cuanto es alzado. Lo despertaste protesta Fernanda, pero sonríe. ¡Y a mí qué me importa! exclama su hermana mirá esas pestañas, me lo morfo. El nene va pasando de mano en mano. Hasta Bautista lo alza. Mateo reclama sus derechos. Manuel lo hace sentar y le tiende al bebé que soporta con estoicismo la batahola. Ella, de pronto, repara en Ema, apoyada contra la pared. Está por acercarse cuando Sebastián se le adelanta. Qué lindo tu vestido le comenta. La nena lo mira y con sus seis años cumplidos le pide upa, tío Sebi. A ella le regresa la imagen de Camila, con exacta edad, en el sanatorio cuando nació Zoe. Ella también pidió upa, Sebi. Abuela la trae al presente la voz de Bautista después te muestro el boletín, todos sobresalientes. Te felicito le dice ella mientras le revuelve el pelo y luego agrega pero yo no te quiero por eso. El nene la mira desconcertado. ¿Y por qué me querés? pregunta, las mejillas sonrojadas. ¡Porque sos mi nieto!, nunca podría dejar de quererte, ni aunque te saques unos, aunque le pegues a Teo  o me tires del pelo o lo muerdas a Mobi, nunca. El nene ríe a carcajadas. Un par de horas después está lavando las tazas cuando Fernanda y Belén entran trayendo los vasos. Su nuera le pregunta qué dijo el pediatra. Fernanda contesta reticente. Hasta que Belén inquiere ¿sabés algo de la madre? Ella gira, la respiración suspendida. La madre soy yo contesta su hija, los ojos como fuego.


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