Ma, Bautista se olvidó una carpeta, ¿puedo pasar a buscarla ahora?, ando cerca pregunta Sebastián. Por supuesto contesta ella. Corta y se dirige al cuarto. Se saca el camisón que ya se había puesto y se viste. Minutos después suena el timbre. ¿Querés tomar algo? le ofrece a su hijo luego de besarlo. Sebastián mira el reloj y dice dale, tengo que buscar a Mateo en la casa de un amigo en una hora y medio. ¿Te preparo un sándwich? Dale reitera Sebastián hoy ni almorcé. Me contó Camila que estás trabajando con tu suegro dice ella mientras abre la heladera. Sí es la lacónica respuesta. No será fácil, me imagino comenta ella poniendo mayonesa en el pan. ¿A qué viene tu comentario? Nunca es fácil trabajar con la familia. Mirá quién lo dice comenta Sebastián con tensión en la voz. Ella va a repreguntar, pero de pronto comprende. Candela y yo lo llevamos bastante bien. Su hijo hace un gesto despectivo. Convengamos que una madre no es lo mismo que un suegro acota ella. No sé con quién quedarme masculla Sebi. ¿Te pasa algo? pregunta ella, porque es inusual ese tono en él. Estoy cansado de que critiques a Belén y a su familia. La sorpresa de ella es mayúscula. Nunca te dije nada. Abiertamente no, pero todo se trasluce en tu cara o en tus comentarios aparentemente inofensivos. No te entiendo. No es un pecado pertenecer a otra clase social. Un aguijón se le clava en el pecho. Lo mismo podría decir yo contesta y se arrepiente en cuanto lo hace, no quiere entrar en combate, no le conviene. Hace veinte años que trato de mantener la armonía entre las dos mujeres más importantes de mi vida que, desde la hora cero, no se entienden. No seré yo la responsable se defiende ella. Los ojos de Sebastián se llenan de furia. ¿Vos tenés registro de cómo la trataste siempre? Está desconcertada. ¿Cuándo le dije algo? Justamente eso, nunca le dijiste nada; la descalificaste de entrada solo porque vivía en Recoleta y era católica, un esquimal hubiera sido más cálido con ella. Yo no me olvido de que ella cortó con vos porque Camila era ilegítima y Candela estaba embarazada. ¡Esa es tu interpretación!, ¡se enojó porque yo se lo había ocultado! Permitime que lo dude… Para vos hay una única verdad y es la tuya; me pasé casi cuarenta años evitando confrontar con vos, pero ya me cansé. El muchacho se agarra la cabeza. Ella intenta tocarle el brazo, pero Sebastián la rechaza. No tenés la menor idea de la presión que me metiste encima desde que era un mocoso; yo tenía que hacer todo bien, destacarme en todo, no dar problemas, ayudarte, etcétera, etcétera, etcétera; no me dejaste chance de que fuera un nene normal, con caprichos o rabietas; Candela tenía permiso, yo no; fui universitario, me recibí, me casé y tuve hijos, todo lo que se esperaba de mí; pero cometí el terrible pecado de enamorarme de una mujer que no es de tu agrado; única vez en mi vida que te disgusté, podrías haber sido más misericordiosa. Está tan desconcertada que no puede hablar. Hasta que se le ocurre alguna explicación. ¿Estás haciendo terapia? pregunta. ¡Sí!, comenzamos porque Mateo estaba teniendo problemas en el jardín y ahí empezaron a salir cosas y decidí encarar una terapia individual, recién estoy empezando. ¿Belén también? No, ella no sintió la necesidad; a mí se me derribo un muro y se me hizo la luz sobre mi verdadera infancia; y lo peor es que me di cuenta de que estaba replicando el error con Bautista, pobre hijo mío; por suerte es chico todavía, tengo posibilidad de revertirlo; es una condena estar obligado a no cometer fallos; porque ahora no sos vos, soy yo él que me exijo lo imposible. Sebastián mira el reloj. Tengo que ir a buscar a Mateo, de eso también me ocupo, y un padre no debe llegar tarde. Se incorpora, el sándwich aún sin tocar en el plato. Le da un beso en la mejilla y pregunta ¿la carpeta? Ella se la alcanza. Él sale. Ella regresa a la cocina y se sienta. Estoy destruida, evalúa.
domingo, 1 de diciembre de 2024
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