miércoles, 25 de diciembre de 2024

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Con Simón de la mano espera que salga Ema. Pero la nena no corre a abrazarla como es su costumbre. Está creciendo, piensa ella, nueve años ya. Sube a los chicos al auto y rumbea para su casa, ya dejó todo preparado para la merienda. Le compró facturas con dulce de leche a Ema, es supergolosa y la madre la tiene cortita porque es rellenita. Simón toma el Nesquik de un trago y, con una medialuna en la mano, va a jugar con Mobi. La nena se queda sentada, la mejilla apoyada en el brazo flexionado. Está tristona, evalúa ella.  ¿Te pasa algo? pregunta. La nena niega con la cabeza, pero los ojos se le llenan de lágrimas. Contame, Ema pide. El llanto se desata. La tarada de Romina me dijo que es mentira que Simón sea mi hermano. ¿Cómo? ¿No ves que es negrito? dijo, es distinto, los chicos de esta escuela no son así. A ella no le caben más dolores en el cuerpo. Pero se incorpora y abraza a la nena. Simón es tu hermano y es mi nieto y yo no lo cambiaría por ninguno y estoy muy orgullosa de él; la próxima vez que te vaya a buscar mostrame cuál es Romina, ¿La vas a retar? pregunta Ema, la carita preocupada. No, le voy a explicar. ¿Le cuento a mamá? Ella se queda pensando. Fernanda sigue frágil. La llegada de Simón hizo aflorar todos sus temores. Mejor no contesta esto lo vamos a arreglar entre vos y yo, ¿de acuerdo?  La nena le ofrece la palma de la mano. Ella se la choca.


Le costó lograr que Ángel se fuera. Recuerda la frase de su amiga seguidor como perro de sulky. La enfermedad fortaleció la pareja que estaba… busca la palabra… desvaída. También acercó a los hijos. Beneficios secundarios, dicen. Vaya con los beneficios. Elena duerme desde que le inyectaron los analgésicos, alrededor de las doce. Ella no logra descansar a pesar de la cama preparada en el sillón. Ya son las cuatro. Al menos se detuvo la permanente irrupción de enfermeras. Reina el silencio en el hospital. Ella se incorpora para ir al baño. Se detiene junto a su amiga y la observa. Se le aflojó el gesto de dolor. Parece relajada. Demasiado. Se acerca y aproxima el oído. Sí, respira. Cuando regresa del baño vuelve a acercarse. Elena tiene los ojos abiertos. La mira y le tiende la mano. Ella se la oprime. Libros dice su amiga. Ella asiente con la cabeza. Cuidalo a Ángel pide. Te lo prometo logra ella pronunciar. Las máquinas comienzan a hacer ruido. Una enfermera entra, se aproxima a la paciente y le controla el pulso. Agita levemente la cabeza. Ya está dice. Ella siente que su corazón se detiene. Porque una parte de sí misma acaba de morir con su amiga. Le tengo que avisar a Ángel, piensa. Cómo cuidarlo.


Que se acerquen los caballeros. Ella recuerda el entierro de sus padres. El de Alberto. Pero en esta oportunidad sobran los hombres. Ángel, los hijos, el hermano de Elena, dos sobrinos. Sebastián.  Ahora Sebastián sí puede. En él representada toda la familia que sin ser familia formó parte de la familia de Elena desde hace treinta y cinco años. Fue para sus hijos la tía que no tuvieron. Para ella, por momentos, la madre. Su guía. ¿Cuál es la hora exacta en que tengo que partir? / ¿Cuántas son las señales que tengo que seguir?/Si siempre viaje solo/ Y siempre vos fuiste mi faro en la ciudad82 . Cómo seguir sin faro. Zoe se acerca y le da la mano. Ella se la oprime fuerte.

 82 “Solo un momento”, tema cantado por Vicentico.

4 comentarios:

  1. Poder leer y sentir que las conoces. Las emociones a flor de piel. Elena su puntal ya no está. Otra vez le toca a Claudia ser la fuerte y sostener...

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  2. Todas las partidas duelen, pero algunas dan lugar para el replanteo de cómo encarar nuestra propia vida.

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    1. Sí, a veces nuestra vida estaba recostada en ese ser que perdimos...

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...