viernes, 29 de noviembre de 2024

89


 


2010

 

Cuando allá por noviembre propuso alquilar una quinta en enero, no cosechó entusiasmos. Cada uno con sus planes. Camila con exámenes de la maestría, Fernanda y Manuel decidieron ir a Villa Gesell, Zoe invitada por una amiga a su casa en Pinamar, Candela con nueva pareja, queriendo aprovechar la casa vacía, Sebastián, como siempre, a Punta del Este.  ¿Por qué no te vas unos días a algún lado?; si alquilás una quinta vas a seguir trabajando, como siempre, necesitás desengancharte le sugirió Fernanda. Estuvo unas semanas lamentándose. Mis hijos cuando no me precisan me descartan, ninguno pensó en invitarme, etc., etc, rumiaba. Después intentó imaginarse los comentarios de Ana María. Esto pone de manifiesto que, más allá de los lazos de familia, no ha tejido otros; tiene que construir una vida propia, al margen de ellos seguramente la hubiera sermoneado. En esas estaba cuando Elena le propuso irse juntas a algún lado. Ángel no puede, o eso dice, dejar el trabajo; además últimamente está insoportable, necesito aire fresco. Su amiga consiguió a través de OBSBA  una semana en un hotel de Mina Clavero con pensión completa por un precio ridículo. Ella recuerda las vacaciones pasadas en Chapalmalal, la fiesta de no tener siquiera que pensar en qué comer. Ahí está ahora preparando el bolso. Repasa la lista de los pendientes. Qué felicidad ir tachando. La comida de Mobi, listo, Gloria se ofreció a cuidarlo y a regar las plantas, le traerá alfajores; pagar la factura de la luz, listo. Y así y así. Solo le falta tildar los libros que llevará, pero Elena prometió ocuparse. Está entusiasmada como adolescente frente al viaje de egresados. Entusiasmo que ella palpitó en sus hijos porque, por supuesto, eso a ella no le tocó. Bolso preparado, se dirige a darse una ducha, pero luego se arrepiente. Se merece un buen baño de inmersión. Sonríe mientras abre la canilla.


Ha tenido infinitas conversaciones con Elena, sin embargo, recién descubre ahora, casi todas rondando lo que a ella misma le sucedía. Siempre pensó que su amiga tenía una vida sin sobresaltos: un trabajo ideal, una pareja perfecta, dos hijos maravillosos. A lo mejor le resultó útil decidirlo así quedaba todo el espacio de las charlas libre para ella. Por primera vez en su vida ha visto a su amiga llorar. La relación con Ángel está pasando un momento complicado. Los hijos de Elena, como los suyos, hacen su propia vida y no les queda mucho espacio para estar atentos a las angustias de su madre. Los nietos que no llegan. Se siente culpable. Pensaba que había sido una buena amiga y se reconoce ahora como profundamente egoísta. Cuánto más fácil es tener registro de lo que los otros nos hacen que de lo que nosotros le hacemos a los otros, piensa. No me alcanzará la vida para devolverle lo que me dio, evalúa. Quizá de alguna manera Elena fue la madre que no tuvo. La maternidad es una relación vertical. Se da de arriba para abajo, y lo que se recibió se deriva hacia los propios hijos. Todo eso piensa mientras espera que Elena regrese de la pileta. Ella prefirió quedarse en la computadora del hotel, contestando unos mails laborales. Candela, desde que está con Maxi, tiró un poco la toalla. Ana María le diría que a ella le gusta levantarla. Sentir que sigue siendo imprescindible. Es curioso, hace terapia gratis. Porque, aunque ya no vaya, en innumerables situaciones la voz de Ana María la guía. ¿Una suerte de superyo externo? Sonríe sola imaginando el comentario de su exterapeuta ante esa aseveración. Hola la sorprende la voz de Elena ¿te falta mucho?, estoy antojada de ir a tomar un helado. Ella no podría tener menos ganas, recién termina de tomar un café, sin embargo, cierra la sesión, apaga la máquina y haciendo la venia dice ¡a la orden!

 

En la televisión del hotel observan el desastre que dejó el terremoto en Haití. Ciento cincuenta mil muertos. La bofetada de la pobreza. Ella siente descender su estado anímico. Elena propone ir al pueblo, pero ella no puede despegarse de la pantalla. El show de la muerte. Su amiga la agarra del brazo basta, Claudia ordena ya sabés que te hace mal. Ella, obediente como una niña, se levanta. Salen al parque. Una luna completa, redonda como un plato, las recibe. Gracias dice ella. ¿Gracias por qué? pregunta Elena. Ella recuerda las palabras de Camila. Desde que te conocí, por todo. Su amiga le oprime el hombro.


miércoles, 27 de noviembre de 2024

88


Siete y media. Sentada adentro de la Daewo, espera verla salir a Camila. Su hija le dijo que no hacía falta que fuera a buscarla, pero ella no tenía posibilidad de hacer otra cosa. Le hubiera gustado ser invisible para entrar y verlos juntos, pero sabe que no es lo que corresponde. Este momento es solo de ellos. Finalmente, Camila sale. No se sorprende al verla. Se sube al auto. No pudiste con tu genio dice y como no dice nada más ella pregunta ¿qué tal estuvo? No tengo ganas de hablar ahora, necesito estar sola, procesar. En absoluto silencio llegan hasta la casa. Camila está subiendo la escalera cuando gira y dice estuvo bien sube un escalón y agrega muy bien y luego retoma el ascenso.


Nuevamente rumbo a Aeroparque. Dejame acá, mami, es un lío estacionar. Ella se baja del auto y abraza a su hija. Ya nos veremos para las fiestas promete Camila y después de unos segundos añade cuando esté en condiciones te voy a contar. Ella se queda… en ascuas. No tengo otra que esperar, piensa.


A las nueve, con puntualidad asombrosa, se apagan las luces. Los músicos van subiendo al escenario. Se escucha a Cerati gritando ¡Por fin!, una eternidad esperé este instante. La gente en el campo, codo contra codo, salta, hace olas. El espectáculo es abrumador. Ella, hija de un lado, nieta del otro, se alegra de haber comprado plateas. ¿Saben qué acorde es este? pregunta Cerati ¡Sí! responde la multitud. ¡Bienvenidos! Aullidos. Ella observa a sus acompañantes, calladas en sus butacas. ¿Habrá hecho bien en invitarlas?, ¿estarán preparadas? Un, dos, tres… Voy a ser tu mayordomo/ Y vos harás el rol de señora bien 74. Las mira nuevamente. Zoe adelanta el cuerpo. Candela tararea tímidamente. Vamos bien, piensa ella. La imaginación esta noche todo lo puede. Ella cierra los ojos. Ojalá que esta noche sanen totalmente, le pide no sabe a quién. A medida que transcurre el concierto su preocupación por hija y nieta va cediendo. Ella también va siendo atrapada por eso que se ha tejido entre la muchedumbre. Me siento de veinticinco, piensa, pero después se corrige. Absurdamente fue más joven a los cuarenta. Los últimos acordes de Nada personal 75  hacen que Candela y Zoe se paren, los brazos en alto. Todo es un solo grito ¡Ole, ole, Soda, Soda! Cuando una hora después las deja en su casa Candela le dice gracias, mamá, creí que ya no era capaz de disfrutar así. Zoe se acerca y le da un abrazo. Tiene las mejillas sonrojadas, los ojos brillantes. ¡Gracias totales, abuela! exclama.

 

Votó temprano. Para las elecciones es una tradición reunirse a merendar.  Escuchan luego juntos el escrutinio. Este año Sebastián no fue de la partida, ella no inquirió por los motivos. Está ahora preparando la mesa para cuatro de sus mujeres, Manuel decidió pasar por lo de sus padres porque hacía rato que no los veía. Compró fiambres y distintos pancitos. Tomate, lechuga, huevo duro. Funcionará también como cena. Fernanda prometió una torta. Está más animada, por suerte. Candela es la encargada de las bebidas. Y Zoe y Ema de la alegría. Ella nunca votó el peronismo. Desde que arrancó con Alfonsín ha sido fiel a los radicales. Pero hoy, en el cuarto oscuro dudó. No está votando al peronismo. Su voto es para una mujer. Las chicas llegan, la ayudan a terminar de llevar todo a la mesa. Se sientan y encienden el televisor. A medida que transcurren las horas la tendencia se confirma. Cristina Kirchner es la nueva presidenta de la Argentina. Es la más clara muestra de que las mujeres podemos todo les dice a sus hijas. Las cinco brindan, Ema con su vasito de plástico. Por que nunca se dejen oprimir levanta ella su copa. Siendo tus hijas, difícil acota Fernanda. ¿Para nietas vale? pregunta Zoe alzando a su primita. Para todas las que tengan, aunque sea una gota de sangre Lagos aclara Candela. Vuelven a brindar. Ema vuelca la cocacola arriba del mantel. Felicidad dice ella frenando los retos de Fernanda. Eso es con vino aclara Candela. No seas amarga, mami, vale con cualquier cosa dice Zoe. Carcajada general.



Otro fin de año. Candela insistió en que festejaran en su nuevo departamento. Así Sebi y compañía lo conocen argumentó. Serán once. Nos amucharemos dijo su hija por suerte tengo aire acondicionado. Ya preparó el matambre. Ahora le toca el pionono. Mientras carga en la Daewo víveres y regalitos se acuerda de Ariel. Pasan los años, pero sigue dentro de ella. Me acompaña, piensa. Cuando llega ya está Fernanda y compañía. Camila desde la mañana está ayudando a Candela. Sebastián llega con su familia. En cuanto pone a Mateo en el suelo el nene corre a abrazarle las piernas. ¡Abu! exclama. Ella lo alza. Momento en el que Ema se acerca. ¡Bela, upa! pide. No puedo con los dos, decide, entonces baja a Mateo y propone vamos a sentarnos los tres en el sillón. ¿Y yo? pregunta Bautista. Los cuatro se corrige ella. Las doce los sorprenden aún comiendo el postre. Abandonan el helado y brindan.  Fue un buen año, evalúa ella, soy una mujer afortunada. ¡Vamos por el 2008! grita Candela. ¡Vamos! grita el resto a coro. ¡Amos! exclama Teo. Se dice vamo lo corrige Ema. Todos ríen.

 

 74 “Juegos de seducción”, Soda Stereo.
  75 “Nada personal”, Soda Stereo.





lunes, 25 de noviembre de 2024

87

 


Finalmente, Fernanda accedió a que la reunión fuera en Mario Bravo, pero insistió en que ellos se ocuparían del lunch y le pidió que, por favor, no le hiciera ninguna torta. Ella tiene encendidas desde la mañana todas las estufas. Sigue el frío polar y sigue habiendo, en consecuencia, poco gas. Cuenta con los dedos. Seis adultos y cuatro chicos. Mis cuatro nietos, piensa. Solo falta Camila. Pone la mesa. Trae la sillita alta para Mateo y un par de banquitos. Coloca en un florero las margaritas que compró. Por suerte limpió antes de ir al taller. Hasta baldeó el patio. Cerca de las siete llegan Fernanda, Manuel y Ema, cargados de paquetes. Ella va distribuyendo los sándwiches de miga y las masitas en las fuentes. Fernanda pone las medialunas con queso en una asadera que deja dentro del horno. Manuel le hace una seña. Ella se acerca. ¿Dónde puedo esconder la torta? pregunta. Ella sonríe. Siempre hay alguien que no hace caso. Manuel comprueba que Fernanda y Ema siguen distraídas con los preparativos y le tiende una bolsa. Ella se apresura a subirla, por suerte arriba hace mucho frío. Baja corriendo a tiempo para atender el timbre. Sebastián con familia completa. El living se va llenando. Casi las ocho y Candela sin aparecer. La llamo y no contesta dice Fernanda qué raro, Cande es puntual, ¿habrá pasado algo? ¿Intentaste con Zoe? pregunta ella. Sí, tampoco contesta. ¿Puedo agarrar un sándwich?  pregunta Bautista.  Esperemos un poquito le responde su papá. Ella está inquieta. Si están demoradas, raro que Candela no avisó. ¿Querés que pase por la casa? le pregunta Sabastián. Están deliberando cuando la puerta se abre. ¡Sorpresa! exclama Zoe. Instantes después irrumpe Camila. Todos se abalanzan a abrazarla. Ella siente que su pecho se expande. Ahora sí que están todos sus amores. Solo falta Ariel, se corrige segundos después. Finalmente entra Manuel con la torta. Después de las protestas de Fernanda, llega el momento de las velitas. Ella piensa que a lo mejor los tres deseos de su hija terminan siendo uno solo triplicado. Mientras sopla, con Ema alzada, Fernanda sonríe. Ya saldrá adelante, piensa ella, mientras se acerca a abrazar a la treintañera.


Ahora desayuna acompañada por la radio. A Camila le irritaba. Antes ella tan aficionada, durante los últimos años se limitó a escucharla en el auto si es que estaba sola. Recuerda con nostalgia la época en que se quedaba por las noches en su tallercito, pedaleando la Singer, con su infaltable Spika. Épocas duras, sin embargo, mirando a la distancia, hermosas. Ella ponía el cuerpo en su trabajo. Ahora es su mente la involucrada. No hay manera de soñar como antes mientras traqueteaba la máquina de su abuela. Todavía la conserva. Es un símbolo. Candela ya se mudó. Es lindo el departamento, luminoso. Zoe está feliz. Sin embargo, siguen sin escuchar música, al menos en su presencia. Quizá son como ella con la radio, que escucha en soledad. Se sirve otra taza de café y sube el volumen. Me verás volar/Por la ciudad de la furia/Donde nadie sabe de mí/Y yo soy parte de todos 73. De pronto tiene una idea.


¡Qué lindo que viniste, abuela! la recibe Zoe y viendo que ella esconde un paquetito tras la espalda la toma del brazo y le pregunta ¿qué me trajiste de rico? Ella le tiende el budín. ¡De naranja! exclama vos sí que sabés lo que me gusta. Candela desde la cocina grita ¿querés un café? Esa es una pregunta retórica contesta ella. ¿Qué es retórica? inquiere Zoe. Que no espera respuesta. No entiendo. Candela llega con las tazas ¿vos viste que alguna vez la abuela rechace un café? Eso sería un milagro contesta la chica agitando la cabeza. Sentada las tres ella anuncia tengo una propuesta. ¡Qué miedo! exclama Candela. ¿Les gustaría que fuéramos las tres a ver a Soda Stereo en River?, a lo mejor prefieren ir solas; el primero es el 19 de octubre. Silencio. Ella detecta un cruce de miradas entre hija y nieta. No sé si me animo contesta al fin Candela. Yo tampoco la replica Zoe. Es al aire libre aclara ella. Sí, ya sé dice Candela y luego añade todavía me acuerdo de cuando fuimos a Obras. Silencio. A lo mejor sirve para terminar de borrar los fantasmas comenta ella. Dejámelo pensar dice Candela y luego pregunta ¿te sirvo otro café?

 

 A la tarde me voy a encontrar con mi padre informa Camila como si hablara de ir al cine. A ella el corazón se acelera como si hubiera escuchado un tiro. ¿Cómo es eso? logra al fin preguntar. Cuando Candela me convenció para que viniera al cumple de Fer, le escribí y le comenté que iba a estar solo cuatro días; me contestó enseguida que iba a ver si conseguía un pasaje y hoy tempranito me avisó que llegaba a Aeroparque a las cinco y que el vuelo de regreso era a las ocho, consiguió una promoción; así que quedamos en encontrarnos en el aeropuerto. Ella está… busca la palabra… anonadada. Yo te puedo alcanzar ofrece. Dale dice Camila, se levanta y se va. Sí, completamente anonadada.

 

 73  “En la ciudad de la furia”, Soda Stereo.



viernes, 22 de noviembre de 2024

86


Se aproximan los treinta de Fernanda, Manuel le comentó que no está con ganas de hacer nada. Ella la entiende, ya pasó por esa situación, pero es su obligación como madre, y parece que las obligaciones de la maternidad no tienen fecha de vencimiento, tratar de convencerla. Por eso está tocando el portero eléctrico. Tiene la llave, sin embargo, no se le ocurriría entrar sin avisar. Ya en el ascensor se mira en el espejo. Hace mucho que no se contemplaba. Arrugas en el entrecejo, en los costados de la boca, las raíces blancas. Hace como dos meses que no se tiñe, ayer Candela la retó. Se aleja. De lejos se ve mejor. Bien, en realidad. En la calle le siguen diciendo piropos. Tiene el mismo talle que a los veinticinco. Cuarenta y dos. Siempre le dicen que parece hermana de sus dos hijas mayores. Silueta muy similar las tres. Camila es más alta. Aunque delgada, tiene huesos más grandes. El ascensor se detiene. Fernanda ya está en la puerta. Ema se le abalanza. ¡Bela! Ella se agacha y la abraza. Traje alfajorcitos de maizena dice mientras le tiende un paquete a su hija. No hacía falta, mami. Sí hace falta la corrige Ema, es muy golosa la gordita. Se sientan a merendar. Ema come a dos carrillos. La madre la reta. ¡Me los tajo la Bela! se justifica la mocosa, meneando el cuerpito. Es tan graciosa que ambas mujeres no pueden evitar reírse. Cuando ella por fin consigue que Ema se aleje, pidiéndole que le traiga su oso, le pregunta a su hija ¿qué querés hacer para tu cumple? Nada, mami, no estoy de ánimo. Algo chiquito, solo nosotros y a lo sumo tus suegros, puede ser en casa. Fernanda resopla. Parece que nadie se da cuenta, Manuel el primero, de que estoy de duelo, se me murió un hijo, mami, ¿ni vos me entendés? Su hija tiene razón. Para los de afuera la criatura nunca existió, pero Fernanda la portó cinco meses en su seno, ya se movía. Cuando Sebastián se alejó, esa Navidad yo no quería festejar, también me sentía de duelo; fuiste vos la que dijo “tu hijo no está, pero tus cinco mujeres todavía existimos”; no quiero comparar las pérdidas, pero sí recordarte que todos los demás, Ema en primer lugar, seguimos estando y te queremos; yo accedí esa vez a celebrar y, en circunstancias similares, a festejar mis cincuenta, ¿te acordás?, no me cumpliste con que no hubiera torta. Su hija sonríe y se le distiende el ceño fruncido que ahora es su gesto habitual. Vamos, hijita dice ella oprimiéndole ambos brazos. Lo voy a pensar promete Fernanda al tiempo que Ema llega a los saltos y tendiéndole la manito, el peluche en la otra, la carita redonda llena de dulce de leche, exclama ¡vamo a juga con Don Oso, Bela!


Se pasaron la mañana revisando los papeles que les pidió el contador. No doy más resopla Candela ¿vamos a comer algo?, además estoy muerta de frío. Es cierto. Están pasando un invierno muy duro y, para colmo, hay poco gas, las estufas a veces ni encienden.  Por suerte el restaurante está caldeado. Mamá, me quiero mudar dice Candela mientras come su ensalada. Ella deja los cubiertos y la mira, sorprendida. Necesito poder separar mi vida privada de la laboral, tener intimidad, cualquiera, Lucy la primera, se considera con derecho para pasar por el patio, para aparecer en la cocina; quiero que cuando Zoe trae amigos no se vean obligados a entrar por el local. Su hija tiene razón, ella no se había puesto a pensarlo. Nos está yendo muy bien, por primera vez en mi vida el dinero me sobra; ya vi un departamento de tres ambientes en Diaz Vélez y Medrano, le quedaría muy cerca del Moreno a Zoe y como ella se queda callada pregunta ¿te parece mal? Una suerte de malestar que no logra identificar la hace apartar el plato aún semilleno. No solo contesta. Estuve pensando que lo que era mi vivienda podría transformarse en las oficinas y depósito de Uniformes Córdoba, sos la primera en saber que tenemos los papeles desperdigados entre el taller y el local; las cajas molestando en todos lados. El malestar sigue creciendo. Dejame pensarlo dice y mirando el reloj agrega voy a pedir un café porque en un rato tengo sesión. ¿Toda la vida vas a hacer terapia? pregunta su hija, parece fastidiada. Mientras lo precise comenta mientras llama al mozo. Ella sí que está fastidiada.


¿Tratamos de pensar qué fue lo que le provocó el malestar? le pregunta Ana María. A ella le regresa la imagen de la topadora. Me pasó por encima contesta. Me parece que su hija no tomó aún ninguna decisión que la involucre a usted, solo compartió sus proyectos y pidió su parecer. Sí, pero ya tiene todo pensado lo de las oficinas contesta ella fastidiada. ¿Le molesta que no se le haya ocurrido a usted? Se queda unos segundos reflexionando y reconoce sí, parece una idiotez, pero así es. Es difícil para usted correrse del centro de la escena, admitir que hay algunas situaciones que pueden resolverse sin su intervención; delegar no es un verbo que figura en su vocabulario emocional; debiera sentirse orgullosa de que su hija haya heredado su visión de futuro y su ambición. Ella va a protestar, pero Ana María la detiene con un gesto de la mano. Por hoy dejamos acá determina.


Sale de lo de Ana María enojada. Enojada conmigo mismo, reconoce. Hace un frío espantoso. Se pone la capucha de la campera y camina por Loria hasta Rivadavia. Cuando llega a la esquina empieza a ver copos blancos cayendo del cielo. Extiende las manos. ¡Es nieve! Surge de su interior una alegría fresca, infantil. Varios muchachos, seguramente del Moreno, se agachan, recogen la nieve y se la tiran entre sí. Ríen. La gente empieza a aparecer en las puertas de casas y negocios. Salen. Todos salen. Rivadavia se transforma en un jolgorio. Va a pasar por lo de Fernanda. No quiere perderse la cara de Emita.


miércoles, 20 de noviembre de 2024

85


Mañana de sábado.  Le está preparando la leche a Mateo que juega con los autitos cuando suena el timbre. Ella mira la hora. Casi las diez. Va a abrir. Sebastián, con Bautista de la mano, le tiende un paquete de facturas. Buen día, abuela dice el nene, siempre tan formal. ¿Sobreviviste? le pregunta su hijo. Durmió ocho horas de corrido informa ella, orgullosa. Imposible, me estás mintiendo. Tengo muñeca dice ella, rodeándosela, sobradora. ¿Cuál es la receta? Darle amor, dedicación y sobre todo tiempo; este nene precisa mucho, no son todos iguales dice ella y recuerda qué distinto fue criar a Sebastián y a Candela. Mateo parece no registrar la llegada de su padre, pero minutos después ya está jugando con su hermano. Ella prepara café y pone las facturas en un plato. Están los cuatro desayunando cuando Bautista, que está comiendo un churro, exclama, tocándose la boca ¡se me mueve mucho el diente! Mordé con las muelas le recomienda Sebastián. Ella se queda suspendida. Cómo no me di cuenta antes, piensa. Se levanta y pide espérenme, enseguida vuelvo. Sube las escaleras a los saltos. En el cuartito de la terraza busca afanosamente hasta que la encuentra, prolijamente guardada en una bolsa de nylon. La saca y la observa. Está perfecta. Baja corriendo. Entra a la cocina enarbolando su trofeo y se sienta. Trofeo que le muestra al nene explicándole esta almohadita se la hice a tu papá cuando tenía tu edad; en este bolsillito tenés que poner tu diente; mañana, casi seguro, el Ratón Pérez, a menos que esté muy ocupado, se lo llevara y te dejará... ¿estará bien que hable de billetes o monedas?... algo a cambio. Recién entonces piensa que a lo mejor Belén considera que es perjudicial para la criatura mentirle, tendría que haber preguntado; lo hecho, hecho está. Sebastián, al menos, la mira con una sonrisa tan dulce que la emociona. El nene estira el brazo para tomarla. Muchas gracias, abuela, nadie en el mundo tiene una almohadita como esta, solo yo. A todo esto, Mateo aprovechó, mientras los tres estaban distraídos, a agarrar otra factura, triturarla y tirarla al piso. Mobi, muy contento, disfruta de las migas. ¡Mateo! le levanta la voz Sebastián.  Ya está, dejá que coma el gato y cuando se vayan barro. ¡Ato! exclama Teo señalándose la boca. La puerta ya abierta ella ofrece dejámelo cuando quieras. ¿Y a mí? pregunta Bautista. Ella se agacha y lo abraza. Por supuesto, mi hombrecito siempre será bienvenido. A través de la puerta ya cerrada escucha que Bauti dice me encanta venir a la casa de la abuela.


Suena el teléfono de línea. Siete y media. Alarmada se levanta de la silla a atender. Perdoname que te llame tan temprano, ma, pero Bauti no deja de insistir y en un rato salimos para el colegio dice Sebastián.  No te hagas problema, ya estaba desayunando. Instantes después la vocecita de su nieto. Abuela, tenías razón, el Ratón Pérez vino, se llevó el diente y me dejó diez pesos, ¡nunca tuve tanta plata!, por suerte ya se me mueve otro diente cuenta y se despide diciendo muchas gracias, abuela. Regresa a su café con una sonrisa. Linda manera de comenzar su día. Minutos después se le ocurre una idea. Con los miles de retazos sobrantes que tienen pueden fabricar almohaditas para vender. Ella no las vio en ningún lado. La sangre le corre más rápido, como siempre que tiene un nuevo proyecto. Pueden ofrecerlas en Triple C. A lo mejor a alguien del interior le interesan. Lo consultará con Rita y con Candela, decide. Termina su café y va a cambiarse. Está contenta.


Sale del taller. Camina hasta Rivadavia y luego por la avenida. Pasa delante del local de máquinas y, a través de la vidriera, mira hacia adentro como si quisiera viajar hacia el pasado. Todas caras desconocidas. Sigue caminando hasta el Mariano Moreno. No le gusta ver tantos pibes juntos, la retrotrae a Cromañón. Zoe se desprende de un grupo de chicos y se acerca. ¡Abuela!, ¡qué sorpresa!, ¿qué hacés por acá? Venía a invitarte a almorzar, pero si quedaste en algo con tus compañeros lo dejamos para otro día. No, para nada, esperame un toque que saludo y vamos. Ella se queda observando el grupo. Pantalones chupines de colores vivos, flequillos desmechados, todos, incluida Zoe, con el mismo look. La alivia su colorinche. El año pasado arrancó la secundaria sin apartarse del negro, el gris y el azul. Señal de que se está recuperando, evalúa. La chiquilina se aproxima corriendo. Es más curvilínea que ninguna de sus hijas a esa edad.  Perdón, abuela pide les tuve que pasar unos ejercicios. Mientras van caminando Zoe le cuenta sobre las pruebas que se aproximan. Habla sin resuello, una oración encabalgada en la otra. Ella observa las paredes tapizadas de afiches. Lo votó a Filmus, pero ganó Macri. No le gusta para nada. Le hace acordar a Belén como habla. ¿Me escuchás, abuela? Sí, claro contesta ella, aunque cree que lo último se lo perdió. Espera que no haya sido importante. Ya sentadas ella pregunta ¿estás para pastas? Me clavaría unos ravioles contesta su nieta mamá trabaja tanto que últimamente de las salchichas no pasamos. ¿Y por qué no cocinás vos? La chica se queda desconcertada. No se me ocurrió admite, se queda pensando unos segundos y dice ¿me enseñás a cocinar? Será un placer, señorita; ¿se ofende si le hago una pregunta? Zoe sonríe, se muerde los labios y balancea la cabeza ¿el jovencito de pantalón amarillo tiene algo con usted? ¿Cómo te diste cuenta, abuela? Por cómo la miraba. Se llama Iván; las chicas me dicen que está muerto por mí, pero yo, ni enterada. ¿Y a usted le agrada ese muchacho? ¡Basta, abuela, no me jodas! exclama Zoe riendo mientras le agarra el brazo, con tanta fuerza que le hace caer el tenedor hablame normal. Muy bien acata ella ¿te gusta o no? Zoe hace trompa y luego tuerce la boca. No sé contesta finalmente. De acuerdo, ya se verá y ahora comamos que se están enfriando estos maravillosos ravioles. Están ricos, abuela, pero como los tuyos no hay. Es compradora esta mocosa, piensa.


lunes, 18 de noviembre de 2024

84


Pone sabanitas en la cuna. Sebastián todos los jueves le trae a los dos nenes, pero esta será, la primera vez que dejará a dormir a Mateo. Este nene nos está volviendo locos, hace un año y medio que no dormimos más de tres horas seguidas; Belén, con suerte, puede dormir una siesta, pero yo me tengo que ir a trabajar; mi suegra, que nos ayudó con Bauti, no se anima a tenerlo. Eso le contó hace unos meses. Momento en el que ella se ofreció a recibirlo cuantas veces quisiera. Porque haber recuperado a su hijo todavía le parece un milagro, aunque lamenta que haya sido a costa de Candela y Zoe. Y de Ariel. Le duele pensarlo. Suena el timbre, Sebi sigue sin usar su llave. Ella se apresura a abrir. Sebastián llega con Mateo en brazos, pero lo deposita en el piso no más entrar. Lloró todo el trayecto informa es una pesadilla. ¿Querés tomar algo? le ofrece ella. No, gracias, sueño con llegar a casa y acostarme; está noche dormiremos los tres; lamento lo que te toca. No digas eso, para mi es un placer, ¿no es cierto, Teo? El chiquito la mira y sonríe. Es vivo, piensa ella. Sebastián le da un beso a ella y dice chau, Mateo, portate bien con la abuela. El nene está tirado panza abajo en el suelo tirándole de la cola a Mobi que lo soporta con estoicismo. Ella cierra la puerta, se acerca a su nieto y se agacha. Libera con delicadeza las manitos que quedan llenas de pelos blancos, que ella sacude. El nene se ríe y la abraza. ¿Vamos a comer? le propone. ¡Ti, papa! Ella se incorpora le tiende la mano y van hacia la cocina. Lo sienta en la silla alta. Saca del microondas el plato y se lo pone delante. Ella toma la cuchara, pero el nene se la saca de la mano, y la sumerge en el puré con pollo picadito. Con notable pericia, va comiendo. ¡Ica papa! exclama. Ella lo observa. Los colores de Sebastián en la cara de Belén. Bautista, en cambio, porta los colores de la madre en el rostro del padre. No podrían ser más distintos. Morocho y dos tizones por ojos, Mateo; rubio y de ojos verdes, Bautista. Tan sereno el mayor, un terremoto el chiquito. Cuando ve que el plato está vacío ofrece ¿una banana? El nene asiente con la cabeza. Ella está por cortarla cuando Mateo le agarra el brazo. ¡No!, mono. Habla mucho por ser tan chiquito. ¡Ya tá! Ella lo libera de la silla y se pone a lavar el desquicio que quedó sobre la mesa. En un segundo Mateo abre la puerta del armario y extrae las cacerolas. En el siguiente, ya guardado lo que sacó, abre un cajón y revolea los repasadores. En el tercero, encuentra a Mobi que buscó inútilmente refugiarse debajo de la mesada, y le tira de la pata intentando sacarlo. Esta bien dice ella ya resignada a dejar los platos sin lavar vamos a jugar, ¿a qué querés jugar? ¡Peota! exclama el nene. Ella la busca y se encaminan al patio. Juegan a la pelota hasta que Mateo empieza a restregarse los ojos. Ahora vamos a nadar a la pileta le propone mientras lo lleva al baño. Pone el tapón y abre la canilla. Va hasta la cocina y regresa con vasos de plástico. Lo desnuda entre cosquillas y risas.  Lo sumerge. Se sienta en el piso y juega con el nene. Cada tanto destapa y repone con agua caliente, bien caliente. Recuerda que leyó hace poco que si a una rana se la pone en agua hirviendo, salta; en cambio, si se la sumerge en agua fría y se va subiendo de a poco la temperatura, la rana se queda hasta que se muere hervida. Ella no quiere matar a su nieto, obvio, pero ya comprobó con sus cuatro hijos que un baño bien caliente a la noche facilita el sueño posterior. Y paciencia. Quedarse hasta que el niño no dé más. Eso puede demandar bastante tiempo. Ya son cerca de las doce. ¡Upa! pide Mateo, los cachetes colorados, tendiéndole los bracitos. Ella lo alza, lo envuelve en el toallón, y lo deposita sobre su cama. Allí le pone el pañal y lo enfunda en su piyama de ositos. Le da un beso, lo mete en la cuna y lo tapa. Busca el librito que dejó en la mesa de luz y comienza a leérselo. Cinco minutos después Mateo duerme. Ella, agotada, obviando la ducha, se pone el camisón y se acuesta. Apaga la luz. Mobi se acerca sigiloso y se ubica a los pies de la cama. Despertarán los tres pasadas las ocho.

viernes, 15 de noviembre de 2024

83

 


2007

 
Acá está, leyendo al sol. Otra vez alquiló una quinta, ahora en Benavidez. Buscó algo más cerca porque Candela y ella van y vienen. Demasiadas cosas que controlar. Fernanda está instalada con Ema. Manuel viene los fines de semana, solo podrá tomarse unos días. Su hija necesita agua y sol. Recuperarse. Segundo aborto. Atonía uterina. Después del último, en diciembre, de cinco meses, la ginecóloga le ordenó que basta de embarazos. No podés seguir arriesgándote le dijo tenés una nena que cuidar. A ella le preocupa Ema, le tocó mucho en sus tres añitos. Fernanda está muy triste. No me puedo resignar, mami; siempre soñé con una casa llena de chicos, amo a mis hermanos, imposible soportar que Ema se críe sola. Y, como su hija había estado dispuesta a hablar del tema, ella arriesgó ¿no contemplan la posibilidad de adoptar? Yo sí, pero Manuel no quiere; sostiene que ya tenemos a Ema, que él no precisa nada más. Le hace bien estar con sus hermanas. Le pidió a Camila que viniera, pero dijo que estaba con finales. Rechazó el ofrecimiento de pagarle el avión, el 2006 fue excelente a nivel laboral. Candela, que afortunadamente recuperó las fuerzas, resultó una fiera para los negocios. Lástima que naufragó la relación con Lucas. El muchacho no supo campear la crisis. Camila. Le sigue faltando su benjamina. La extraña. Para su último cumpleaños ella fue a visitarla a Bariloche y para Navidad vino Camila. Igual a ella no le alcanza. Todavía no se produjo el encuentro con el padre, aunque sabe que cada tanto intercambian mails. Camila vive para el estudio. Mete una materia tras otra, todas con excelentes notas. De ocho no baja. Dice estar contenta. Cuando ella le preguntó por su vida sentimental le contestó que ahora no tiene tiempo. No sabe en qué quedó lo de Laura. A la reunión de fin de año no la trajo. Quisiera pensar que el motivo no fue Belén. Maldito el momento que se cruzó en el camino de mi hijo, piensa, pero luego se arrepiente, si no, no existiría Bautista. Tan lindo, tan bueno, tan inteligente. Mi hombrecito, piensa. Ni Mateo, agrega con cierta culpa. Busca los anteojos, todavía no se acostumbra, y retoma el libro. La elegancia del erizo
72, regalo de Elena, por supuesto. Camila es una suerte de erizo. Áspera a veces, por fuera, rica en tesoros por dentro. Brillante como Paloma. Aparece Ema. Abuela, ¿tenés algo para leer? pregunta me aburro. ¿No te trajiste el iPod? Estoy cansada de escuchar tanta música explica. Ella se queda pensando. Es cierto, hace rato que no la ve bailando con los auriculares. Qué raro que no le haya llamado la atención antes. Hila más fino. Antes cuando entraba al outlet siempre encontraba a Candela con la radio encendida en la Rock & Pop. Ella lo adjudicó a que su nuevo rol le exigía mayor concentración. Sin embargo, ahora piensa que quizás asocian la música a la muerte. ¿Y?, ¿tenés algo? insiste la chiquilina. Ella le tiende el libro que tiene en las manos. Me parece que te puede gustar. Pero lo estás leyendo vos. Inconcebible dejar pasar la oportunidad de que su nieta se acerque a la lectura. Mañana tengo que ir a capital, le pediré a Elena que me recomiende alguno. ¿De qué se trata? pregunta Zoe, mirando la tapa. Descubrilo vos contesta ella se incorpora, le da un beso en la cabeza a su nieta y se dirige a la cocina. Tiene sed. Va a exprimir naranjas para hacer jugo y le ofrecerá a Fernanda. Precisa vitaminas. No sabe cómo ayudarla, a ella los hijos le brotaron con total naturalidad. Ni necesité buscarlos, reflexiona. Recuerda la frase de la partera naciste para parir. Pobre hija mía, piensa.


 72 “La elegancia del erizo”, Paloma es una de las protagonistas, una niña de doce años superdota, que se aisla.Muriel Barbery.



miércoles, 13 de noviembre de 2024

82


Tengo una propuesta anuncia. Candela, del otro lado de la mesa, revolviendo un café, dice ¡con qué te saldrás ahora!, ya te dije que al nutricionista no pienso ir, estoy comiendo mejor, preguntale a Lucas si no me creés. No se trata de eso, se te ve mejor, aunque mal no te vendría ir al médico y hacerte un análisis de sangre, quizás estás anémica, de ahí la falta de apetito no da ella el brazo a torcer además siempre estás con tos acordate que cuando te dieron el alta te dijeron que te tenías que controlar, que por años te tendrías que controlar. Asunto terminado, ¿me querías hablar de alguna otra cosa o vamos yendo? Qué difícil es esta hija, piensa, nuestro vínculo siempre camina por el filo de la navaja. ¿Y? pregunta Candela buscando la billetera. Te quiero proponer que te ocupes de manejar las ventas al interior. La chica la mira, sorprendida. Ya no puedo con todo, abrí demasiados frentes y no me da el cuerpo ni la cabeza confiesa. ¿Y por qué yo?, ¿por qué no se lo proponés a Rita que es tu mano derecha? Ella será mi mano derecha, pero vos sos mi hija. ¿Y con ese título alcanza? Tenés razón, no alcanza con el título, considero que estás capacitada para hacerte cargo; sos joven, sos inteligente, entendés de computación, fundamental para manejar el intercambio con las provincias; tenés buen trato con los clientes, conocés el ramo desde que sos adolescente y, además, en lo económico te tengo plena confianza, se mueve mucho dinero en estas ventas. Candela se queda unos minutos en silencio. ¿Estás hablando de mí?, ¿no te habrás confundido de interlocutor? A ella la sorprende la palabra que utiliza su hija. Interlocutor. Inter. Entre. Entre nosotras. Quiero que todo quede entre nosotras. ¡Mamá! Ella sonríe y menea la cabeza. Tenés que aprender a valorarte, hija. Digamos que no te pasaste la vida felicitándome… Ella se queda pensando. Es cierto, soy amarreta con los elogios, los doy por sobreentendidos. Pues hacés mal, yo me paso marcándole los logros a Zoe. Lo voy a tener en cuenta promete. Candela hace un gesto despectivo. En serio, no me había dado cuenta; bueno, volvamos a nuestro tema, ¿te interesa? Lo que más me interesa es que hayas pensado en mí, pero sí, obvio, me interesa hace una pausa y la mira fijo ¿cuáles serían las condiciones?, ¿qué pasaría con  TripleC? Por el momento podrías seguir con las dos cosas, sin embargo, si el olfato no me falla, me parece que en poco tiempo esta nueva actividad te absorberá por completo; hay que hablar personalmente con los clientes que se acercan, comunicarse por mail con los que no, levantar los pedidos, encargar la mercadería con tiempo al taller, ocuparse de las compras cuando yo no pueda, llevar las cajas al correo, para lo cual tendrías que sacar el registro ya. Candela resopla. Tose. Me canso de solo escucharte dice. Es lo que yo hago todos los días, Sí, ¡pero vos sos superwoman! Recordá que llevás mi sangre dice. No es cierto contesta Candela tengo otro grupo y factor. Ríen juntas. ¿Y cuánto me vas a pagar? No te voy a pagar. Los ojos de su hija se agigantan, levanta las cejas. Te voy a asociar.


La felicito, Claudia le dice Ana María en el momento de despedirse. Ella repara en que su terapeuta es como ella, propensa a las críticas, pero dura para los halagos. Primera vez, que ella recuerde, que se ha hecho merecedora de sus felicitaciones. Ya debe de estar arrepentida de habérselo dicho. Ana María siempre la defiende a Candela, decide. Quizá como los padres que suelen proteger al hijo más débil. ¿Candela es débil? Ella nunca la percibió así. Quizá confundió sus rebeldías, sus transgresiones con fortaleza, cuando solo eran un recurso para ocultar su fragilidad. Ya no entiende nada. Sí, está confundida. La sorprende también Fernanda. Su eterna dulzura como fachada de la rabia que de alguna manera la anida. Ni hablar de Sebastián. Jamás comprenderá cómo eligió y cómo sostiene esa pareja. Tan enredada en sus pensamientos que pasa por delante de su casa sin darse cuenta. Tiene que dar una vuelta a manzana. Logra estacionar en la esquina. Camila se fue y Zoe ya regresó con su mamá. No habrá nadie en casa, piensa. Cuando abre la puerta los maullidos le dicen que está equivocada. Aunque no tiene hambre se prepara un omelet. Es peligroso cuando una vive sola saltearse las comidas, evalúa. Después se prepara un café. Taza en mano se dirige a la computadora, La enciende y abre su Hotmail. Correo de Camila. Unas pocas líneas. Hola, mami. Ayer le escribí a mi papá. No se sorprendió. Me dijo que le avise cuando vaya a Buenos Aires, que él tratará de acercarse, ahora vive en Tucumán más lejos imposible, parece una broma. Te dejo porque estoy estudiando, mañana tengo parcial. Un beso grande. ¿Tan fácil era? Le sorprende la naturalidad con que Camila le cuenta lo sucedido. Como si se tratara de un amigo que no ve hace unos meses. A esta hija tampoco la entiende. Y tampoco se entiende a sí misma. Porque la reacción de Leonardo le provoca una ligera rabia. Apaga la computadora. Si el cerebro pudiera apagarse tan fácilmente… Deja la taza en la cocina y va hasta el baño. Abre la canilla. Se dará un baño de inmersión. Lo precisa. Espera que la bañera se llene, se desnuda y se introduce. El agua está muy caliente. Casi quema. Mete la cabeza bajo el agua. El oxígeno se le va agotando. Así se habrá sentido Zoe en la pileta, evalúa, así Candela en Cromañón. Cuando se siente morir, emerge. Inspira profundamente. Estoy viva, piensa, todos estamos vivos. Todavía cantamos, todavía pedimos/Todavía soñamos, todavía esperamos 71  ella, lo que nunca, canturrea.

 

71   “Todavía cantamos”, Víctor Heredia.


lunes, 11 de noviembre de 2024

81

 


Lucy la llama. Una clienta quiere hacerle una consulta. Deja las facturas que está preparando para el contador y se dirige a paso vivo al local. Qué suerte que todos sus locales quedan cerca. La mujer tiene un negocio de ropa para chicos en Bahía Blanca. Quiere saber si podrían fabricarle y enviarle joggins y cuánto se los cobraría al ser por mayor. Ella hace números por la mercadería, lo que no conoce es el costo del envío. La mujer dice que de eso se hará cargo ella. Llegan a un acuerdo. Cuatro docenas de conjuntos, en distinto talle y color. Los precisa antes de que se largue la temporada. En cuanto despide a la mujer convoca a Rita al privado. Tendrán que trabajar a toda máquina, ella incluida. Le vendrá bien. Y no solo económicamente.


Cuando Sebastián viene a traer a Bautista ella le cuenta lo de Bahía Blanca. El interior es una mina de oro comenta su hijo. Ella se queda pensando que, si se reiteran los pedidos, tendría que ir pensando en cambiar el auto, demasiadas cajas para el suyo. Lo comenta con Sebi. ¿Por qué no te comprás un utilitario?, mi cuñado tiene una Daewo que le resultó excelente, chiquita, barata, poco consumo y mucha capacidad; creo que el modelo se llama Damas, después te averiguo, podés dar el tuyo en parte de pago y el resto en cuotas. Cuotas.  Infaltables en su vida. Y justo ahora está terminando con las de la remodelación de los locales. Despide a su hijo y, mientras juega con Bauti, piensa que podría dejarles el Renault a las chicas, todavía tira, salió gauchito, por eso nunca lo quiso cambiar. Ella les enseñó a manejar. Fernanda sacó registro, a Candela nunca le llegó el momento. A Manuel y Fernanda les resulta complicado trasladarse con la nena y quizá sea un aliciente para Candela. ¡Abu! la reclama el nene. Ella le revuelve el cabello y agarra el autito que le tiende. Lo mira. Es una camionetita. ¡Como la del tío! exclama y después dice mami tene un bebé en la panza. ¿Quién te dijo? pregunta ella sin saber si creerle. Nadie, pero yo sabo afirma palmeándose el pecho.  Es tan adorable, piensa, algo bueno hizo Belén. Lo abraza.


Finalmente llegó el día. Ahí va rumbo a Retiro con Camila en el Renault. Ya señó una Daewo. Le hubiera gustado que la chiquilina la viera antes de irse, pero no hizo a tiempo. Camila le pidió que fueran solas. No quiero despedirme de todos explicó lo que viniendo de Cami, tan poco demostrativa, significa que a ella también le pesa alejarse. Llegan, Aunque ella quiere llevar el bolso su hija no lo permite. Es muy pesado dice ella. Dejá de protegerme, mami, a estas alturas yo soy más fuerte que vos. Y tiene razón, no se había detenido a pensarlo. El micro enciende el motor. Despachan el equipaje. La gente comienza a hacer cola. Me voy, mami informa Camila. Ella se acerca y la abraza. No llores, se ordena. Su hija la oprime fuerte. Gracias murmura en su cuello, es más alta que ella. ¿Gracias por qué? La chica se desprende. Desde el parto hasta aquí, por todo dice y sube al micro sin girarse. La mochila en la espalda es la última imagen que le deja.


Gladys y Mariana, la chica nueva, suben las cajas a la Daewo. El correo está por cerrar, tendrá que apurarse. Es el primer pedido para una escuela de Tres Arroyos que recién abre, espera que la directora quede satisfecha. Uniformes completos, incluyendo de gimnasia, para veinte chicos. Arrancan con primer grado. Está abrumada. Es demasiado para ella. Va a hablar con Candela. Hace rato que lo viene pensando.


Hoy cuando lo trajo a Bautista, Sebastián le preguntó si lo podía dejar a dormir. En un aparte, le comentó que mañana tempranito Belén tenía turno con su ginecóloga. Está embarazada afirma ella. ¿Quién te lo contó? Bautista. Imposible, si recién el lunes se hizo el Evatest y a mí me lo dijo recién después de que le dio positivo. Ella sonríe. Los niños son sabios dice y este muchachito, más aún; cuando estaba embarazada de Candela vos fuiste el primero en darte cuenta. Son mis genes dice Sebastián sonriendo. Está orgulloso de su hijo, piensa ella, y yo, de los dos. ¡Felicitaciones, señor padre! exclama al tiempo que siente como en su interior se va abriendo otro cajoncito.


viernes, 8 de noviembre de 2024

80


Terminan de cenar. Preparó albóndigas. Estos días se dedicó a cocinar los platos favoritos de Camila. Para que me extrañe, se sincera. Mami pronuncia Camila en un tono que inmediatamente la preocupa el mes que viene cumplo dieciocho. Sí, lo sé como si te hubiera parido dice ella temiendo lo que se viene, lo que está esperando hace años. Y ya estaré en Bariloche. No hace falta que me lo recuerdes intenta ella bromear. Me hiciste una promesa, ¿te acordás? La frase El infierno tan temido  acude de nuevo a su cabeza. La agita para espantarla. ¿No? pregunta la chica, muy seria. contesta estaba pensando en otra cosa. ¡Qué raro en vos! exclama su hija, sonriendo ahora, y agrega quiero tener los datos de mi padre antes de irme; después veré qué hago desde allá con la información. Promesas son promesas dice ella entrecruzando los dedos, los codos sobre la mesa. ¿Podemos resolverlo ahora?, no creo que unos días cambien mucho la situación. ¿Preparo un café? propone ella. Porque tiene ganas, pero, sobre todo, porque necesita dilatar. Tazas delante se acabaron los plazos. ¿Cómo se llama? arranca Camila. Ella toma un trago, tiene la garganta seca, y responde Leonardo, Leonardo Montiel. Montiel, lindo apellido comenta la chiquilina, luego la mira fijo y pregunta ¿cuántos años tiene? Ella saca cuentas. Debe de andar por los sesenta y cinco contesta. ¡Ah!, mucho mayor que vos Camila, después de unos segundos, continúa me contaste que tenía un negocio de máquinas de coser, ¿sigue en lo mismo? Ella se encoge de hombros. No lo sé. ¿Cómo era? Alto, delgado hace una pausa muy buen mozo. Por eso te enamoraste dice Camila. No solo por eso agrega ella, porque se siente tonta ante esa hija tan brillante. ¿Por qué me enamoré?, evalúa, ¿me enamoré?, enamorada estuve de Ariel, decide, ni siquiera de Alberto. ¡Mami! Perdón pide ella, trata de controlarlo, pero se va. Tiene los ojos azules informa. Me imaginaba dice la chica es lo mejor de mí y luego agita ligeramente la cabeza no, lo mejor es que soy inteligente y eso, mami, lo heredé de vos. ¿Inteligente yo?, a gatas terminé el secundario. Camila la mira muy seria. Solo una mujer muy inteligente podría haber conseguido lo que vos conseguiste, mantener una familia, tener un taller y dos locales, ocupándote de cada uno de nosotros, además; te admiro, mami, a mí me diste todo, escuela, inglés, natación, computación, libros; vos te construiste desde la nada. Ella hace un gesto despectivo. Lo digo en serio, mami, te admiro. A ella se le anuda tanto la garganta que no puede ni decirle gracias. Cuando se recupera le ofrece ¿querés que yo me comuniqué con tu padre y lo ponga sobre aviso? No, dejá, ahora es un asunto entre él y yo. De acuerdo, luego me fijo en mi agenda y te paso el mail. Mañana le dirá a Sebastián que ya le dio los datos a Camila. Lo liberará de su compromiso. Ella todavía tiene el de proteger la identidad de Zoe.


Ana María le recomendó un terapeuta. Terapeuta que le gustó a su hija. Terapeuta que, además, le recomendó a Candela que participara en los grupos de sobrevivientes de Cromañón. Candela no se anima. Verlos será revivir el infierno, mamá le explicó. Tiempo al tiempo. Quizá más adelante. Lucas le comentó que la ve mejor, por lo menos está comiendo un poco más. Si no repunta habrá que consultar con un nutricionista. Zoe está instalada en su casa. Mamá está muy triste le explicó la chica y yo no quiero ponerme más triste todavía. Dijo todavía. Momento en el que ella tomó cabal registro de que su nieta también es una sobreviviente. Que saliera del boliche con el cuerpo intacto no es garantía de que tenga intacta el alma. Sin embargo, Zoe y Candela son muy distintas. Zoe siempre fue una nena muy fuerte, alegre, llena de energía. Luminosa. Candela desde chiquita tuvo su parte oscura. Y ella tardó más de veinticinco años en descubrir la razón. Confía en su nieta. Saldrá sola adelante. Candela, no. Candela necesita un sostén, siempre lo necesitó. Y ella no supo dárselo. Pobre hija mía, te tocaron todas, piensa.


La relación con Sebastián se va recomponiendo. Pese a la presión de Ana María, no se animó a hablar con su hijo al respecto. Ni él le preguntó si sigue la relación con Ariel, quizás a sus hermanas. Con Camila se entiende de maravillas. Tus dos ingenieros dice Fernanda con sorna. Candela le está muy agradecida por haber encontrado a Zoe que, como desde chiquita, lo ama. La que sigue reticente es Fernanda. Nunca hubiera pensado que su hija era tan rencorosa. Parece haber sido aleccionada por Ana María porque el otro día le dijo vos le echás la culpa a Belén, pero a mí ella me tiene sin cuidado, el que no sabe defender a su familia de origen es Sebastián y no de ahora, desde que la conoció se avergüenza de nosotras. Eso que Fernanda no sabe que por mucho tiempo Sebastián no se había animado a contarle del embarazo de Candela ni de la ilegitimidad de Camila. Piensa ahora que, si llega el momento, este es un buen argumento para hacerle entender a su hijo por qué lo mantuvo al margen de su vínculo con Ariel. Ella sabe bien cuánto ha amado desde siempre Sebi a sus hermanas, cómo le ayudo a criarlas. Sabe bien cómo Fernanda buscaba el apoyo de su hermano mayor. Ya se le pasará, piensa. Confía en la intermediación de Ema que, parece ser sabia, en cuanto ve a su tío y eso que mucho no lo ve, corre a sus brazos. Sebi siempre tuvo mano con los bebés. Si habrá acunado a Camila y a Zoe. Belén aparece poco y nada. Ella no sabe cuál es la interna entre la pareja, sin embargo, es obvio que Sebastián ha decidido incorporar a Bautista a la familia. Se lo trae los jueves -Belén retomó como catequista- y ya lo dejó a dormir un par de veces. El nene actúa como imán porque su presencia suele ser convocante, hasta Fernanda trata de estar, por suerte no arrastró al sobrino en su reticencia. Mi vida se va rearmando, evalúa. Emparchando, se corrige. La asusta la ida de Camila. Nunca estuvo sola en esa casa. Nunca estuvo sola, en realidad. Supone que la presencia de Zoe será cosa de semanas. Pese a que disfruta teniéndola, sabe que es importante para madre e hija que retorne a su hogar. Lucas parece un buen muchacho y para la nena es importante una presencia masculina. Ahora lo fundamental es que Candela se recupere. Mañana sin falta le preguntará a Elena si conoce a un nutricionista. Hace rato que no la ve a Elena. Pasará por la biblioteca. Necesita libros, además. En unos días serán su única compañía. Y Mobi, claro.


miércoles, 6 de noviembre de 2024

79

 


2005

Camila entra gritando ¡entré en el Balseiro! Ella deja la escoba y la abraza. No tenía dudas de que iba a aprobar. Su hija se enojaba cuando se lo decía. No tenés idea del nivel de dificultad, mami. Por primera vez la ha visto estudiar. Mucho. El fin de semana vino Sebastián y la estuvo ayudando con análisis matemático. Derivadas, integrales. Chino básico les decía ella cuando les llegaba café. Notable lo bien que se entienden su primogénito y su benjamina. El otro día le preguntó a Cami si le había contado de su sexualidad. Me imaginaba comentó su hermano. Lo único que me pidió es que no se lo dijera a Belén, tiene miedo de que me mezquine a Bauti. Le tiene miedo dijo ella, fastidiada. La quiere contestó la chica. Ella la miró sorprendida. ¿Esa era su hija combativa?, ¿dispuesta a esconderse para agradar a su cuñada? Hija que se desprende del abrazo y busca su celular. Le voy a avisar a Sebi anuncia. Recién después las llama a Candela y a Fernanda. A ella le duele, últimamente no se entiende. Fernanda suele llamarlo el hijo pródigo. El hermano pródigo de Camila, ahora. De esta Camila que se me va, piensa ella. Hace meses que se está haciendo a la idea de perderla. Contradicciones de su emocionalidad. Quiere que los sueños de su hija se cumplan. No quiere que se vaya. Camila ha vuelto a su lado. Está radiante. ¿Y Laura? le pregunta. La carita de la chica se apaga. ¿Querés que el sábado cenemos todos juntos para festejar? Dale, mami dice Camila más animada si viene Belén presentaré a Laura como a una amiga. Y quizá recordando otra situación desafortunada agrega le recomendaré a Zoe que no meta la pata.

 

Camila se ahorró el mal rato porque Sebastián vino solo, Bautista con fiebre. Están recogiendo los platos cuando Lucas se acerca. Necesito hablar con vos le dice en voz baja. Están buscando un horario cuando Ema entra tambaleándose y se aferra a sus rodillas. Bela, upa pide. Ella la alza y la besa en el cuellito. La nena ríe. ¡Oto má! exige. Zoe aparece en la cocina. Abuela, ¿me podés servir más helado? Lucas y ella cruzan la mirada. Sonríen. Ella baja a la beba que protesta. No hay manera de contentar a todos. Ella, al menos, ya renunció.

 

Entra al Havanna y recorre las mesas con la mirada. En el fondo descubre a Lucas. Le da un beso y se sienta. Estoy preocupado por Candela la recibe él. Mientras revuelve interminablemente el café lo escucha contar que su hija casi no come -ella reparó ayer en su plato lleno-, que tiene pesadillas -después el accidente están viviendo juntos-, que él se está haciendo cargo de cocinar para Zoe que está imposible. Yo tampoco puedo más dice el muchacho.

 

Se despide de Lucas y pasa por el outlet. Nada de lo contado parece ser real. Candela, bien vestida y maquillada, está atendiendo a una clienta. Quedó lindo el local. Su hija fue la que propuso las modificaciones, que bien que costaron. Le llegó en la tarjeta la cuota cinco de la pintura. Falta poco, solo una. Observa nuevamente a su hija. Sí, está más flaquita. Está muy flaquita. En cuanto la mujer sale con una bolsa de TripleC (Córdoba, Claudia, Candela) ella le propone. ¿Te paso a buscar al mediodía y comemos algo? La chica la mira sorprendida. Nos vimos ayer dice. Sí, pero hace rato que no charlamos. Bueno acepta su hija con escasísimo entusiasmo.

 

¿Vos qué querés? le pregunta a Candela, menú en mano. Desayuné tarde dice no tengo hambre. ¿Compartimos unos ñoquis?, hoy es veintinueve propone. Su hija se encoge de hombros. Llega la comida. Candela juguetea con el tenedor. Comé le indica ella tocándole el brazo estás muy delgada. Su hija la mira, se agarra la garganta y dice es que no me pasa, se me atranca.  Tenés que ir al médico dice ella a lo mejor es una consecuencia del respirador. Candela cierra los ojos y hace una mueca con la boca. Cuando los abre dice, señalándose la cabeza es de acá, mamá. Entonces tenés que ir al psicólogo. No tengo fuerzas determina Candela. Ella le toma ambas manos y se las oprime fuerte. Quedate tranquila, yo me voy a ocupar. Es que salí pero una parte mía se murió adentro. Estrés postraumático, piensa ella, el otro día leyó un artículo sobre los sobrevivientes de Cromañón. Candela pincha un ñoqui y se lo lleva a la boca. Mastica interminablemente hasta que pincha otro. ¿A Zoe como la ves? pregunta ella. Está insoportable, no me hace caso, me contesta mal. ¿Querés que me la lleve unos días a casa?, así aprovecha y está con Camila que pronto nos va a dejar. Puede ser contesta le pregunto. Comete otro insiste al ver que la chica bajó los cubiertos. Mamá dice la chica de mal modo no me jodas más. Ella piensa que le preguntará a Ana María si conoce un especialista. Estrés postraumático.

122

    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...