91 “Dailan Kifki”, libro de cuentos infantiles de María Elena Walsh.
92 “Algo en que creer”, serie danesa.
91 “Dailan Kifki”, libro de cuentos infantiles de María Elena Walsh.
92 “Algo en que creer”, serie danesa.
Allí está ella en Punta del Este. Veraneando en el exterior, se ríe de sí misma. Después de décadas aceptó la propuesta de Sebastián. Sus consuegros surcaron los ochenta, ya no tienen ganas de ir, pusieron la casa en venta. Quizá sea el último verano, ma, tenés que conocerla. Allí está ella. Pero no vino sola. Candela, como siempre que puede, le adosó a Uma. Luján de parabienes. Son inseparables las mocosas. Ella temía que al crecer, Uma, viva entre las vivas, dejara de lado a su prima. Cosa que no ocurrió. Sigue teniéndola bajo el ala y Luji la idolatra. Y la obedece, condición sine qua non para andar de buenas con Uma, que está acostumbrada a que el mundo gire a su alrededor. Ella se pregunta si Sebastián sufrirá al ver las diferencias entre ambas nenas, cada vez más visibles. Para Belén es fundamental su fe en Dios, pero a ella se le parte el alma por su hijo. Lo ve tristón, ya no es el mismo. La vida de los chicos, por suerte, no parece haberse alterado. Bautista tiene novia y también está veraneando allí. Clara se llama. Para su gusto demasiado “cheta” como bien la calificó Ema cuando la conoció en su fiesta de quince. Mateo es un sinvergüenza. Catorce años ya, un potro desbocado. Todas las noches hay discusiones porque no respeta los horarios de regreso. Ella lo apaña. La puede ese nieto. El rebelde de la familia. Son todos demasiado dóciles, sacando a Uma, por supuesto. El último fin de año fue especial. Hacía rato que no lograban reunirse todos. Camila vino con Shirley. El español de la chica progreso mucho más que su inglés, por suerte, a pesar de que su profesora la alienta. Cuando fue a visitar a Camila se arregló bastante bien, claro que tenía a Zoe de acompañante, que habla inglés con total fluidez. Camila le insiste a su sobrina para que se vaya un tiempito. Quizá piensa que estando en el país tiene alguna posibilidad de conocer al padre que cerró cuanta puerta la chica intentó abrir. Suposiciones mías, piensa. Finalmente, Zoe accedió a trabajar con ellas. El teatro independiente no logra alimentarla. Le está dando una mano sobre todo con las compras. Ella ya no tiene ganas, ni fuerzas, para andar acarreando mercadería. La chica se maneja muy bien con las relaciones públicas, y es una fiera defendiendo precios. El gobierno de Macri fue nefasto para los textiles, pero ellos como siempre, salieron a flote. Veremos cómo les va con Fernández. Sí, fue un fin de año especial, Camila, por primera vez en su historia, lo pasó con ambos padres. Leonardo, de a poco, se fue sumando a la familia. En calidad de padre de Camila, porque ya no están para jugar a los tórtolos. Son buenos compañeros, eso sí. Van a comer afuera, al cine, al teatro. También Andrés fue bien recibido. Hasta por Belén, cambió mucho su nuera. Luján le movió las estanterías. Mira la hora. En un rato se despertarán las nenas y la paz desaparecerá. Corre la reposera buscando sombra. El sol se está poniendo fuerte.
La televisión y la radio no dejan de hablar del Covid. Nueva epidemia. Pandemia la llaman. Están todos paranoicos. Ya lo vivieron con la gripe A, que pasó sin pena ni gloria. Aprovechan los que venden barbijos y alcohol en gel. De cada desgracia hay alguien que sale beneficiado, piensa. Ella trata de no escuchar demasiado. Ha decidido que es algo lejano, algo que no puede afectar a sus amores. Ajeno a ellos. Por eso no se preocupa. Todavía no se preocupa. Todavía no se preocupa demasiado. Igual dicen que para la gente joven no es un riesgo. Su familia es joven. Y sana. Prefiere no pensar en las bronquitis de Simón y en la eterna tos de Candela. Jóvenes y sanos. Ángel y Leonardo no son jóvenes. Ángel es frágil, Leonardo no lo parece. Ella tampoco es joven. Los tres ya vivieron todo lo que tenían que vivir. A Ángel hasta le tocó ser abuelo, Elena se lo perdió. Se hubiera derretido por Carmelita. Se la perdió. Por suerte pudo disfrutar de sus nietos postizos. De Zoe a Simón. A Uma la conoció estando internada y Luján nació meses después. Meses después de que se fuera. Seis años ya. Y Mobi casi enseguida, Meses tristísimos. Le costó recuperarse. Porque se recuperó, sí, pero una parte de ella desapareció con su amiga. Le llevó meses decidirse a traer las bibliotecas. Y meses durmieron los libros en las cajas. De a poco los fue acomodando y cada vez que toma uno Elena vuelve a acompañarla. El COVID es lejano, pero ya empezaron los casos en la Argentina. Ayer se produjo la primera muerte. Agita la cabeza y se dirige a la biblioteca. Como suele hacer, cierra los ojos y toma un libro al azar, Así suple las recomendaciones de su amiga. Pájaros en la boca90. Lo ojea. Cuentos. Irman el primero. Aunque prefiere las novelas se rinde al destino. Tomo en mano se deja caer en el sillón. Al momento le falta un café, pero le da fiaca levantarse. Lee la primera página. Se engancha. Elena nunca se equivoca con sus gustos. Suena el celular. Lo dejó sobre la heladera. Se levanta, fastidiada. Fernanda. ¿Viste la tele? No, estoy leyendo. Encendé, decretaron la cuarentena. ¿Qué? pregunta mientras se acerca a la radio. ¡Encendé, mami! ordena su hija y corta.
90 “Pájaros en la boca”, libro de cuentos de la escritora argentina Samanta Schweblin.
Está sumergida en el agua cuando suena el celular. Lo dejó apoyado en el banquito. Extiende la mano para tomarlo mientras dice en voz alta qué pesado. Hola, abu la sorprende la voz de Simón ¿puedo ir a dormir?, Ema hace una piyamada y no me banco tantas chicas. Ella se sienta bruscamente. Me estoy bañando, te llamo en un ratito dice. Se incorpora y se envuelve en la toalla. ¿Qué hacer? Si se niega tendrá que darle una explicación a Fernanda y ella odia mentir, más aún a sus hijos. Se le ocurre una idea. Mira el reloj: las siete. ¿Puede ser a las ocho? le escribe a Leonardo. A los pocos minutos recibe ocho y cuarto te paso a buscar. Llama a lo de Fernanda rogando que no la atienda su hija. Hola, Bela la saluda Ema hoy vienen las chicas. Sí, ya sé la interrumpe ella pasame con tu hermano. Hola, abu dice Simón. Entre la diez y media y las once te paso a buscar y te traigo a casa, avisale a tu mamá. ¡Perfecto! exclama el pibe así no me pierdo las hamburguesas. Satisfecha, corta. A grandes problemas grandes soluciones diría su mamá. Porque así, además, la salida será breve. Fecha de vencimiento, piensa.
¿A dónde querés ir? pregunta Leonardo, ambos sentados en el auto. Por acá cerca; uno de mis nietos me pidió venir a dormir a casa; quedé en pasarlo a buscar a las diez y media. ¿Nunca decís que no? pregunta él, sonriendo. A los chicos, no le aclara ella, seca. Diez minutos después están sentados en Lo de Mary. Humahuaca y Medrano registra ella, bastante cerca. La carne es buenísima comenta él. Ella toma nota de que él sale. ¿Solo o acompañado?, se pregunta. Ella también sale. Sola y acompañada. Acompañada por su familia en general. ¿Querés que compartamos una parrillada? propone Leonardo. Ella asiente. Con papas fritas le ordena él al mozo sin consultarla. A ella le da rabia. Ensalada de rúcula para mí indica entonces. Él sonríe. No dejaré que me saques una papa dice. Ella no recuerda que fuera tan simpático. A lo mejor antes no lo era. A lo mejor, mejoró piensa, a veces la gente se hace mejor, mejora. ¿Tinto? No, mejor no, porque luego tendré que manejar, agua con gas. Él nuevamente sonríe. Me está tomando el pelo, piensa ella. Contame de tu familia pide él. Tendremos para toda la cena dice ella. De acuerdo dice él levantando ambas palmas la próxima te cuento yo, pero habrá que buscar algún otro tema porque no dará para mucho. Ella sigue fastidiada, odia que él se haga el galán, debiera mirarse en el espejo. Él arremete con preguntas y ella va contestando porque si de algo le gusta hablar en la vida es de los suyos. Qué cosecha comenta él. Y ella se siente orgullosa. Muy orgullosa. Cuando se quiere acordar el reloj le devuelve las diez y cuarto. Me tengo que ir informa. Pero todavía no comimos el postre, los panqueques son espectaculares. A los niños no se los puede hacer esperar aclara ella. Él ladea la boca había abajo y llama al mozo. Los probarás la próxima dice. Ella quisiera decirle que no habrá próxima. Ya no tengo tiempo de ir a buscar el auto dice me tomaré un taxi. Yo te alcanzo ofrece él entregando la tarjeta de crédito. Cuando llegan a lo de Fernanda él propone ¿no querés que los lleve a tu casa?, te pasás al asiento de atrás y decís que es un remis, me podés pagar y todo. Pero a ella no le causa gracia. Le da un beso en la mejilla y amaga bajarse. Él le dice gracias por la cena. Ella no contesta. Se apresura a alejarse y toca el portero eléctrico. A ver cómo sale de esta sin tener que mentirle a su hija. Algo se le ocurrirá. Por suerte vive en el piso diez. La suerte le es benévola: baja Manuel. ¿Dónde tenés el auto? le pregunta su yerno. ¿Qué te parece, Simón, si vamos caminando?, la noche está preciosa, pensé convidarte con un heladito. ¡Esa es mi abuela! exclama el chico. Ella sonríe. Nadie podrá negar que es una mujer con recursos.
No piensa repetir los preparativos del día del premio. Se calza un jean, una musculosa, una camisa escocesa y zapatillas. Sin embargo, está saliendo cuando regresa y opta por unos tacos altos. Quedaron en encontrarse en el Havanna de Scalabrini y Córdoba. Pasará primero por Triple C, todavía no fue desde que volvió de vacaciones. Candela le dijo que todo estaba en orden. Pero el ojo del amo… Lucy le ofrece un café que ella rechaza para gran sorpresa de su empleada. Por suerte Zoe no está. No tiene ganas de dar explicaciones. Seis menos cuarto sale. Camina las pocas cuadras con lentitud. No quiere llegar agitada. Es una tarde preciosa. Sopla una brisa agradable. Cuando llega él ya está. Se incorpora en cuanto la ve y la besa en la mejilla. Viniste dice. Obvio, si no te habría avisado contesta ella, seca. ¿Café? propone él. Ella asiente con la cabeza. ¿Seguís sin cortarlo? pregunta. A ella le da fastidio, ¿qué se hace el que recuerda sus hábitos? Acá estamos dice Leonardo cuando el mozo deja las tazas y se retira. Ella calla. Te quiero pedir perdón dice él. ¿Perdón? pregunta, pero sí, claro que tiene que pedirle perdón. Me porté como un cobarde y te dejé en banda con cuatro criaturas. Tres no te correspondían lo desestima ella además dos ya eran adolescentes. Peor que peor. Ella hace un gesto despectivo. Te admiro dice él Camila me contó todo lo que lograste; sos su ídola; quiero agradecerte el enorme trabajo que hiciste con esta chica, es un sol; con todos tus hijos, los sacaste a los cuatro adelante a punta de esfuerzo y dedicación; yo tuve uno solo, no quiero ni imaginarme ese trabajo multiplicado por cuatro estando sola, además. No siempre estuve sola comenta ella porque le da rabia que él la ponga solo en el rol de la madre abnegada. Él le cuenta que está contento porque Camila logró relacionarse con su hermano. Con su medio hermano lo rectifica ella. Tan medio hermano como los otros tres comenta él. Es cierto, tiene que reconocer sorprendida de que nunca los calificó así. Cómo puede este hombre poner en la misma categoría un muchacho al que conoció a los dieciocho años con los tres pilares que poblaron la vida de Camila desde que nació. Está indignada. Este encuentro no tiene razón de ser. ¿Para qué querías que nos encontráramos? pregunta ella con dureza. Él parece un perro apaleado, a ella le da un poco de lástima, quizá se excedió. Ya te dije, quería pedirte perdón. Tan mal no me las arreglé dice ella no resultaste imprescindible. No, es obvio que no. De pronto le surge la curiosidad por eso comenta me llama la atención que ni bien Camila se comunicó con vos estuviste dispuesto a “reconocerla”, ¿cómo calza eso con tu indiferencia de dieciocho años? Él la mira arqueando las cejas. Sabés que los primeros tiempos consideré que no podía contárselo a mi mujer, cursando un embarazo de riesgo y luego con un bebé que tuvo muchos problemas de salud; me trasladé al interior; el tiempo fue pasando, pero nunca me olvidé de vos y me plantee una y mil veces qué habría sido de nuestro hijo; cuando Andrés ya estaba recuperado decidí separarme; mi relación con Sonia murió el día que te conocí ella hace un gesto despectivo no te pido que me creas, pero fuiste la mujer que más amé en mi vida; cuando me divorcié decidí viajar a Buenos Aires para hablar con vos, pero justo en ese momento recibí una carta tuya donde me decías que recién a los dieciocho años le informarías a nuestra hija de mi existencia; pensé que era mejor así para todos, quizá mi aparición solo te provocaría más complicaciones; fue una enorme emoción cuando recibí noticias de Camila y poder haber construido un vínculo con ella un regalo que no me merezco pero que trato de aprovechar; Camila fue muy generosa conmigo, no termino de entender por qué. Ella se queda en silencio. Absurdo plantearse qué habría pasado si Leonardo hubiera reaparecido a los cinco años de la nena. Yo era joven todavía, piensa, y él también. Su celular suena. Hola, Lucy contesta. Instantes después explica problemas laborales, me tengo que ir y se dispone a abrir su cartera. Por favor dice él frenándole el brazo. Ella se incorpora y le da un beso. Él también se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta, muy serio. Ella se encoge de hombros y sale. Con el pulso acelerado sale.
El corazón hecho una bomba, y no solo por subir las infinitas escaleras, entra en el Aula Magna de la Facultad de Exactas. Intentó no llegar temprano, pero aún el salón está semivacío. Se ubica en la tercera fila, las primeras reservadas para los agasajados. Tiene que luchar contra la tentación de observar a las personas que van ingresando. Se nota que muchos son extranjeros. De a poco la sala se llena, se ocupan los asientos próximos. Eso la alivia. Finalmente, en medio de aplausos, entran los homenajeados. Jóvenes, casi todos, aunque el premio abarca a los equipos participantes en ambos países, jefes incluidos, le explicó Camila. La ve entrar a su hija, de negro y de pantalones, por supuesto. Es tan linda que ni así logra opacarse. Alta y delgada. Un junco. A su lado una chica rubia jovencita. Ella pesca un par de gestos que no le pasan desapercibidos. Ojalá, piensa. Porque no le gusta que nadie esté solo. Bastante con ella misma. Finalmente comienza el acto. Discursos en español y en inglés. Su hija subiendo al escenario. Camila Lagos. Lleva mi apellido, piensa con orgullo, yo la crié. Aplausos y más aplausos. Como una película pasa por su mente la historia completa. Desde el embarazo no deseado. ¿Qué habría pasado si Leonardo no se hubiera borrado? Imposible saberlo. Con un poco de suerte la ceremonia terminará sin que haya tenido que cruzarse con él. ¿Es eso lo que quiere en realidad?, ¿ni un poco de curiosidad tiene? Los homenajeados regresan a sus asientos. No sabe si Camila la localizó. Minutos después su celular vibra. Te veo en el bar de la planta baja, mami. Hacia allá se dirige, rodeada de muchos más. Entra y se apresura a sentarse en una de las pocas mesas vacías. Todos son jóvenes. Se siente cohibida. Es autoservicio, parece. Muere por un café, pero decide esperar a su hija. Mira a través de los ventanales. No se imaginaba tan buena vista. ¿Me puede sentar? pregunta una voz de hombre. Sus ojos giran al tiempo que el corazón se le aloca. Es él, qué duda cabe. Envejeció bien, es su primer pensamiento. Alto, delgado, erguido. Camila heredó su porte. Conservado el cabello gris platinado. Los ojos azules, por supuesto. Hace un gesto con la cabeza y Leonardo se sienta. Estás igual dice él. Ella hace una mueca despectiva con la boca. La llegada de Camila la exime de comentarios. Veo que se encontraron dice su hija. A ella le da mucha rabia. Me tendió una trampa, piensa. Camila vino acompañada por la chica rubia. Ella es Shirley informa hace una pausa y agrega mi compañera. Información no concluyente, seguramente es compañera de trabajo, ¿pero solo eso? She is my mom dice señalándola and he is my dad. La chica se inclina y los besa. Nice to meet you. Instantes después los cuatro comparten un café. Chapurreando inglés y español transcurren los siguientes diez minutos. Luego Camila informa nos vamos a ir a tomar algo todos juntos. Se repiten los saludos y ambas chicas se retiran. Camila la toma del brazo. Sí, son más que compañeras. Ella se incorpora. Yo también me voy dice. Leonardo se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta con una sonrisa. ¿Cuándo te vas? pregunta ella. Él hace un gesto de sorpresa. Hace dos años que estoy viviendo en Buenos Aires informa. Sorpresa que se le traslada a ella. Busca en la cartera y le tiende una tarjeta de Uniformes Córdoba. Chau dice lo besa en la mejilla y sale. Con la respiración agitada sale.
Pone la radio en el auto. La Panamericana está colmada, como de costumbre. Macri, Vidal, Baradel, el comienzo de las clases que peligra. No podrían interesarle menos. Gira el dial hasta que encuentra música. Dame calor que siento mucho frío/En enero no se necesita abrigo/Es que me siento todo el tiempo en el abismo/Un abrazo es lo único que pido85. A Zoe le encanta este tema. Zoe. Zoe, de alguna manera, es la responsable de que ella esté ahí. Alterada. Toda la historia removida. ¿Para qué? Leonardo no la quiso bien. ¿Ella lo quiso bien? Al único que quiso bien fue a Ariel, por eso se apartó de él. Vuelve el pensamiento y me arrepiento/Es que todo el tiempo voy probando este veneno/Son de esas noches olvidadas/Donde el diablo se sienta en mi cama86. Ya nadie se sienta en su cama. Se fue mi juventud, piensa, y estuve demasiado ocupada para ser mujer. El tiempo no retorna, eso sí que lo tiene absolutamente claro. Un abrazo es lo único que pido87.
85, 86 y 87 “Pensamientos”, La Beriso.
¡Mamá! grita Luján en cuanto ve a su madre y corre hacia ella. Belén la alza y la abraza. ¡Cómo te extrañé! exclama. ¡Y pensar que su nuera temía no poder quererla! Una madraza. Mucho más dedicada que con Bautista y Mateo. Esta chiquita logró cohesionar la familia. Acercó a Sebastián a sus hermanas, a ella con Belén. Todos la quieren. Los primos la protegen. Ni hablar de los hermanos. Un par de horas después comparten un asado. No falta nadie, piensa ella, todos mis amores. Prefiere olvidarse de Elena y de Mobi. Hoy necesita ser feliz.
Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...