miércoles, 15 de enero de 2025

109


Ciencia ficción es el único término que se le ocurre para describir la situación. Hace más de un mes que no ve a nadie. El cumpleaños de Simón lo festejaron por Zoom. Todos cantándole el cumpleaños, hasta Camila desde USA, mientras él soplaba las velitas. Sin besos, sin abrazos. Ella le compró por Mercadolibre un juego para la computadora, siguiendo las indicaciones de Manuel. Fernanda le organizó otra reunión virtual con los amigos donde, parece, jugaron a la generala. ¡Menudo programa para un niño de diez años! Belén ha intentado ponerle en la pantalla a Luján, pero la nena se aburre a los dos minutos. A Uma le leyó un par de capítulo de Dailan Kifki91 online, aunque la chiquilina ya domina las letras. Fernanda la llama todos los días, Zoe le manda mensajes. Leonardo también la llama. Está aburridísimo, dice que en cuanto lo permitan la va a ir a visitar, en la vereda y con barbijo, por supuesto. Ella le insiste mucho para que se cuide, está grande, casi ochenta. Andrés le enseñó a comprar online para que no vaya ni al supermercado. Ella también compra todo a domicilio. Un incordio lavar todo luego. Nunca en su vida usó tanta lavandina y eso que odia el olor. Menos mal que heredó los libros de Elena. Lectura garantizada para las infinitas horas. Candela le hizo una extensión de Netflix. Ya es una ceremonia prepararse un sándwich y cenar en la cama viendo una serie. Ahora está atrapada con Algo en que creer92. Maravillosa. Se la recomendó a Leonardo y luego comentan los episodios. El taller parado y, por supuesto, los sueldos que tiene que seguir pagando. Si esto se prolonga el mes próximo tendrá que cambiar dólares. Mal momento para uniformes cuando ni siquiera hay clases y vaya a saber cuándo se retomarán. Lo lamenta sobre todo por Luján, la estimulación es imprescindible para ella. Candela está comunicándose por Zoom con clientes del interior. Quieren joggins y piyamas. En cuanto lo permitan comenzarán a fabricarlos, aunque sea con una empleada por vez. Si consigue un permiso de circulación, cómo encuadrarse en los “esenciales”, ella misma irá a sentarse a la máquina. Tela tienen, por suerte. La inactividad la está afectando. Empezaron a dolerle las articulaciones. La artrosis avanza y el reposo forzado es la peor medicina.  Candela le pasó el link de una profesora de yoga, pero hacer gimnasia a la distancia le parece una ridiculez. Aprovechá vos que tenés patio le dice Fernanda. Ellos sí que tienen poco espacio. Simón, como buen hijo de su padre, es muy deportista. El encierro lo está alterando. Humor de perros, al parecer. Ema, muy sedentaria ella, lo lleva mejor. Interminables charlas telefónicas con las amigas. A ella también la llama. No se puede quejar. Se queja pero no se puede quejar. Es la primera vez que se siente cuidada por sus hijos. Hoy le llegó una docena de medialunas de La Argentina, Candela sabe que son sus favoritas. Ayer Sebastián le mandó helado de Freddo. Si sigue así terminará rodando. Al principio le había dado por la limpieza exhaustiva de toda la casa, desde la terraza al patio. Pero ya se cansó. Igual no viene nadie. Increíble que esa casa tan poblada ahora solo la cobije a ella. Lo extraña a Mobi, imprescindible con tanta soledad. Por suerte Luján tiene a la Chicha y Uma, a Brea. Mira el reloj: recién las cuatro. La tarde por llenar. En una hora lo llamará a Leonardo. Se le ocurrió que pueden combinar para hacer un Zoom con Camila. Se pondrá contenta de ver que siguen comunicados pese al virus maldito. Lo llamará ahora. Si está durmiendo la siesta, ¡que se despierte!

 91 “Dailan Kifki”, libro de cuentos infantiles de María Elena Walsh. 

 92 “Algo en que creer”, serie danesa.

 

domingo, 12 de enero de 2025

108

 


2020

 

Allí está ella en Punta del Este. Veraneando en el exterior, se ríe de sí misma. Después de décadas aceptó la propuesta de Sebastián. Sus consuegros surcaron los ochenta, ya no tienen ganas de ir, pusieron la casa en venta. Quizá sea el último verano, ma, tenés que conocerla. Allí está ella. Pero no vino sola. Candela, como siempre que puede, le adosó a Uma. Luján de parabienes. Son inseparables las mocosas. Ella temía que al crecer, Uma, viva entre las vivas, dejara de lado a su prima. Cosa que no ocurrió. Sigue teniéndola bajo el ala y Luji la idolatra. Y la obedece, condición sine qua non para andar de buenas con Uma, que está acostumbrada a que el mundo gire a su alrededor. Ella se pregunta si Sebastián sufrirá al ver las diferencias entre ambas nenas, cada vez más visibles. Para Belén es fundamental su fe en Dios, pero a ella se le parte el alma por su hijo. Lo ve tristón, ya no es el mismo. La vida de los chicos, por suerte, no parece haberse alterado. Bautista tiene novia y también está veraneando allí. Clara se llama. Para su gusto demasiado “cheta” como bien la calificó Ema cuando la conoció en su fiesta de quince. Mateo es un sinvergüenza. Catorce años ya, un potro desbocado. Todas las noches hay discusiones porque no respeta los horarios de regreso. Ella lo apaña. La puede ese nieto. El rebelde de la familia. Son todos demasiado dóciles, sacando a Uma, por supuesto. El último fin de año fue especial. Hacía rato que no lograban reunirse todos. Camila vino con Shirley. El español de la chica progreso mucho más que su inglés, por suerte, a pesar de que su profesora la alienta. Cuando fue a visitar a Camila se arregló bastante bien, claro que tenía a Zoe de acompañante, que habla inglés con total fluidez. Camila le insiste a su sobrina para que se vaya un tiempito. Quizá piensa que estando en el país tiene alguna posibilidad de conocer al padre que cerró cuanta puerta la chica intentó abrir. Suposiciones mías, piensa. Finalmente, Zoe accedió a trabajar con ellas. El teatro independiente no logra alimentarla. Le está dando una mano sobre todo con las compras. Ella ya no tiene ganas, ni fuerzas, para andar acarreando mercadería. La chica se maneja muy bien con las relaciones públicas, y es una fiera defendiendo precios. El gobierno de Macri fue nefasto para los textiles, pero ellos como siempre, salieron a flote. Veremos cómo les va con Fernández. Sí, fue un fin de año especial, Camila, por primera vez en su historia, lo pasó con ambos padres. Leonardo, de a poco, se fue sumando a la familia. En calidad de padre de Camila, porque ya no están para jugar a los tórtolos. Son buenos compañeros, eso sí. Van a comer afuera, al cine, al teatro. También Andrés fue bien recibido. Hasta por Belén, cambió mucho su nuera. Luján le movió las estanterías. Mira la hora. En un rato se despertarán las nenas y la paz desaparecerá. Corre la reposera buscando sombra. El sol se está poniendo fuerte.


La televisión y la radio no dejan de hablar del Covid. Nueva epidemia. Pandemia la llaman. Están todos paranoicos. Ya lo vivieron con la gripe A, que pasó sin pena ni gloria. Aprovechan los que venden barbijos y alcohol en gel. De cada desgracia hay alguien que sale beneficiado, piensa. Ella trata de no escuchar demasiado. Ha decidido que es algo lejano, algo que no puede afectar a sus amores. Ajeno a ellos. Por eso no se preocupa. Todavía no se preocupa. Todavía no se preocupa demasiado. Igual dicen que para la gente joven no es un riesgo. Su familia es joven. Y sana. Prefiere no pensar en las bronquitis de Simón y en la eterna tos de Candela. Jóvenes y sanos. Ángel y Leonardo no son jóvenes. Ángel es frágil, Leonardo no lo parece. Ella tampoco es joven. Los tres ya vivieron todo lo que tenían que vivir. A Ángel hasta le tocó ser abuelo, Elena se lo perdió. Se hubiera derretido por Carmelita. Se la perdió. Por suerte pudo disfrutar de sus nietos postizos. De Zoe a Simón. A Uma la conoció estando internada y Luján nació meses después. Meses después de que se fuera. Seis años ya. Y Mobi casi enseguida, Meses tristísimos. Le costó recuperarse. Porque se recuperó, sí, pero una parte de ella desapareció con su amiga. Le llevó meses decidirse a traer las bibliotecas. Y meses durmieron los libros en las cajas. De a poco los fue acomodando y cada vez que toma uno Elena vuelve a acompañarla. El COVID es lejano, pero ya empezaron los casos en la Argentina. Ayer se produjo la primera muerte. Agita la cabeza y se dirige a la biblioteca. Como suele hacer, cierra los ojos y toma un libro al azar, Así suple las recomendaciones de su amiga. Pájaros en la boca90. Lo ojea. Cuentos. Irman el primero. Aunque prefiere las novelas se rinde al destino. Tomo en mano se deja caer en el sillón. Al momento le falta un café, pero le da fiaca levantarse. Lee la primera página. Se engancha. Elena nunca se equivoca con sus gustos. Suena el celular. Lo dejó sobre la heladera. Se levanta, fastidiada. Fernanda. ¿Viste la tele? No, estoy leyendo. Encendé, decretaron la cuarentena. ¿Qué? pregunta mientras se acerca a la radio. ¡Encendé, mami! ordena su hija y corta.

  90 “Pájaros en la boca”, libro de cuentos de la escritora argentina Samanta Schweblin.

viernes, 10 de enero de 2025

107


¿Te puedo invitar a cenar? propone Leonardo en su Wapp. No teclea ella. Pero luego se arrepiente. ¿Por qué no? Nadie tiene por qué enterarse, piensa. Porque le da vergüenza que los demás supongan que se bajó del rencor. Odia mostrarse vulnerable. Borra el no y se queda pensando. Es sábado, no tiene nada que hacer. Este fin de semana, cosa extraña, no tiene ningún nieto a dormir. Estoy aburrida, piensa, ¿cuánto hace que no salgo con un hombre? Porque Leonardo dobló los setenta y cinco años, sin embargo, sigue perteneciendo al género masculino. Con Ángel fue la última vez, pero ya hace un montón. No está bien, casi no se mueve de la casa. La semana próxima irá a visitarlo. ¿Y? insiste Leonardo. Ella no quiere darle el gusto. No teclea de nuevo. Luego agrega un no puedo para no ser tan grosera. Vuelve a borrarlo. Le pediré que no se lo cuente a Camila, se dice y se siente aún más ridícula. Está transpirando, se le mojó la remera. Y no hace calor. De acuerdo escribe al fin y se apresura a enviar el mensaje. ¿Te busco a las ocho? pregunta el celular. A las nueve contesta, no será él quien tome las decisiones. Nos vemos.  Ella mira el reloj: son las seis y media. Falta demasiado. Va hasta el baño y abre la canilla de la bañera.


Está sumergida en el agua cuando suena el celular. Lo dejó apoyado en el banquito. Extiende la mano para tomarlo mientras dice en voz alta qué pesado. Hola, abu la sorprende la voz de Simón ¿puedo ir a dormir?, Ema hace una piyamada y no me banco tantas chicas. Ella se sienta bruscamente. Me estoy bañando, te llamo en un ratito dice. Se incorpora y se envuelve en la toalla. ¿Qué hacer? Si se niega tendrá que darle una explicación a Fernanda y ella odia mentir, más aún a sus hijos. Se le ocurre una idea. Mira el reloj: las siete. ¿Puede ser a las ocho? le escribe a Leonardo. A los pocos minutos recibe ocho y cuarto te paso a buscar. Llama a lo de Fernanda rogando que no la atienda su hija.  Hola, Bela la saluda Ema hoy vienen las chicas. Sí, ya sé la interrumpe ella pasame con tu hermano. Hola, abu dice Simón. Entre la diez y media y las once te paso a buscar y te traigo a casa, avisale a tu mamá. ¡Perfecto! exclama el pibe así no me pierdo las hamburguesas. Satisfecha, corta. A grandes problemas grandes soluciones diría su mamá. Porque así, además, la salida será breve. Fecha de vencimiento, piensa.


¿A dónde querés ir? pregunta Leonardo, ambos sentados en el auto. Por acá cerca; uno de mis nietos me pidió venir a dormir a casa; quedé en pasarlo a buscar a las diez y media. ¿Nunca decís que no? pregunta él, sonriendo. A los chicos, no le aclara ella, seca. Diez minutos después están sentados en Lo de Mary. Humahuaca y Medrano registra ella, bastante cerca. La carne es buenísima comenta él. Ella toma nota de que él sale. ¿Solo o acompañado?, se pregunta. Ella también sale. Sola y acompañada. Acompañada por su familia en general. ¿Querés que compartamos una parrillada? propone Leonardo. Ella asiente. Con papas fritas le ordena él al mozo sin consultarla. A ella le da rabia. Ensalada de rúcula para mí indica entonces. Él sonríe. No dejaré que me saques una papa dice. Ella no recuerda que fuera tan simpático. A lo mejor antes no lo era. A lo mejor, mejoró piensa, a veces la gente se hace mejor, mejora. ¿Tinto? No, mejor no, porque luego tendré que manejar, agua con gas. Él nuevamente sonríe. Me está tomando el pelo, piensa ella. Contame de tu familia pide él. Tendremos para toda la cena dice ella. De acuerdo dice él levantando ambas palmas la próxima te cuento yo, pero habrá que buscar algún otro tema porque no dará para mucho. Ella sigue fastidiada, odia que él se haga el galán, debiera mirarse en el espejo. Él arremete con preguntas y ella va contestando porque si de algo le gusta hablar en la vida es de los suyos. Qué cosecha comenta él. Y ella se siente orgullosa. Muy orgullosa. Cuando se quiere acordar el reloj le devuelve las diez y cuarto. Me tengo que ir informa. Pero todavía no comimos el postre, los panqueques son espectaculares. A los niños no se los puede hacer esperar aclara ella. Él ladea la boca había abajo y llama al mozo. Los probarás la próxima dice. Ella quisiera decirle que no habrá próxima. Ya no tengo tiempo de ir a buscar el auto dice me tomaré un taxi. Yo te alcanzo ofrece él entregando la tarjeta de crédito. Cuando llegan a lo de Fernanda él propone ¿no querés que los lleve a tu casa?, te pasás al asiento de atrás y decís que es un remis, me podés pagar y todo. Pero a ella no le causa gracia. Le da un beso en la mejilla y amaga bajarse. Él le dice gracias por la cena. Ella no contesta. Se apresura a alejarse y toca el portero eléctrico. A ver cómo sale de esta sin tener que mentirle a su hija. Algo se le ocurrirá. Por suerte vive en el piso diez. La suerte le es benévola: baja Manuel. ¿Dónde tenés el auto? le pregunta su yerno. ¿Qué te parece, Simón, si vamos caminando?, la noche está preciosa, pensé convidarte con un heladito. ¡Esa es mi abuela! exclama el chico. Ella sonríe. Nadie podrá negar que es una mujer con recursos.


miércoles, 8 de enero de 2025

106


Pasa por Triple C. Un vecino que se queja de filtraciones. Es el baño de Zoe, habrá que hacerlo reparar. Obvio que ella tendrá que ocuparse de los gastos. No solo de los gastos: de buscar el plomero, comprar los cerámicos, etc., etc. Es mi destino, piensa como suele pensar. Piedra y camino
88. Pero la culpa es de ella. Elena solía decirle les ponés la red a todos antes de que se caigan. Todos la alaban. Hasta Leonardo. A esta altura del camino ya es difícil prescindir de los elogios. Cabecea. Pero las alabanzas de Leonardo la irritaron. ¿Se creé que con zalamerías logrará hacerse perdonar? ¡La mujer que más amó en la vida! ¡Hay que ser caradura! Si a la mujer que más amó en la vida la abandonó preñada, ¿qué queda para las demás? ¿Habrá habido otras después de que se separó? Seguramente, era joven aún. Ahora es viejo, piensa, se mantiene bien, pero es viejo, debe tener como setenta y cinco. Sin embargo, sigue haciéndose el seductor. Genio y figura hasta la sepultura diría su madre. Cuánto hace que no piensa en su madre. Ella es más vieja de lo que nunca llegó a ser su madre. Saca cuentas. Cuando murió era más joven que Candela. Un escalofrío le recorre la columna. ¿Por qué pensó en Candela? Quizá porque estaba embarazada de ella cuando los descubrió tirados en el piso. La muerte. No quiere pensar en la muerte. Recién está reponiéndose de la de Elena. A veces piensa que son tantos sus amores que el riesgo la ronda permanentemente. Con el correr de lo años se ha puesto más aprensiva. Teme. Suena el teléfono de noche y se alarma. La escucha toser a Candela y se alarma. Se alarma por el corazoncito de Luján, por la hipertensión de Sebastián, por el Birads 3 de Fernanda, aunque la ginecóloga lo desestime, por las bronquitis a repetición de Simón. Y así y así. Cuando por las noches la surcan los pensamientos negros se levanta y se prepara un té. Suele pescarla despierta el amanecer.   De paso habría que hacer ver la canilla del bañito dice Lucy hace rato que pierde. Ella ya se cansó de cambiar cueritos por eso dice le encargaré a Braulio que la revise. Tendría que ir al clínico. A lo mejor está precisando algo que la ayude a dormir. Pero ella odia los remedios. Gloria le dijo que está tomando Melatol, que es natural. Sí, le preguntará al farmacéutico. Hola, abuela dice Zoe dándole un beso ¿qué hacés por acá?, seguro que viniste a invitar a cenar a tu nieta favorita. Ella cabecea. Dale, chanta, vamos a comer una pizza, yo también tengo hambre. Porque sí, descubre que tiene hambre. Hoy, con el tema de Leonardo, se olvidó de almorzar. Dejo la mochila y vengo, abuela, ¡no te me vayas!

Cuando llega a su casa encuentra mail de Camila. Le contesta unas pocas líneas. No tiene ganas de contarle del café con Leonardo. Está cansada. Cuando, luego de ducharse, da vueltas en la cama piensa que hizo mal. Seguramente él le irá con el cuento y la dejará en evidencia. Se levanta y enciende la computadora. Me encontré con tu padre informa.

¿Cuál fue la última vez que le hicieron análisis de sangre? le pregunta el médico. Vaya Dios a saberlo. Hace mucho informa. El hombre le indica un estudio completo, radiografía de tórax, ecografía abdominal. Hay que arrancar de cero dictamina. Ella pide los turnos para los exámenes. En el hospital todo es lentísimo. Igual no tiene ninguna urgencia. Toda su familia tiene servicio de salud, pero ella sigue atendiéndose en el Rivadavia. Bah, es un decir, cuando va. Sebastián averiguó para que se afiliara a alguna prepaga pero ahora, con su edad, no la toman. Con su edad. Va a cumplir sesenta y cuatro años. ¿Ya es descartable? Le da vuelta y media a los jóvenes en energía y actividad. Además, ella no está para sanatorios sofisticados. Cuando lo operaron a Mateo de apendicitis a ella le pareció chocante la habitación de la Clínica Suizo. Dos ambientes, una comida digna de un hotel cinco estrellas. Ella no se olvida de sus orígenes. Aunque la mona se vista de seda… diría su madre. ¡Otra vez recordándola! Vuelve a su casa con un montón de turnos y de indicaciones. Si no fuera porque Fernanda la va a retar tiraría todo a la basura. Ella se siente bien. Ella está bien. A pesar de sus casi sesenta y cuatro años. When I'm sixty-four 89.
   
88 “Piedra y camino”, canción de Atahualpa Yupanki.
89   “When I'm sixty-four”, canción de The Beatles.

viernes, 3 de enero de 2025

105


El auto, lleno hasta el techo, está volviendo a la capital. Fin de vacaciones. En el asiento de atrás Ema y Simón, estos últimos días solos con ella. Abu, ¿nos podemos quedar a dormir en tu casa? pregunta el nene. No, mami los está esperando contesta y piensa que ha tenido sobredosis de nietos. Deja los chicos con sus padres y rechaza el ofrecimiento de cenar con ellos. Está deseando estar sola. Leonardo le escribió un par de veces, pero ella postergó el encuentro. Encuentro que solo enfrentará porque se lo prometió a Camila antes de que se fuera. Quiero que si, por alguna razón relacionada conmigo, tienen que volver a verse, eso ya no genere conflictos. Ella no le preguntó si también su padre había ofrecido resistencia al encuentro. No lo cree, dada la invitación posterior, aunque a lo mejor él también está obedeciendo órdenes. Está entrando a su casa cuando suena su celular. Inquieta, atiende. Hola, ma dice Sebastián aquí alguien quiere hablar con vos. Ella espera la voz de Mateo, pero la sorprende la vocecita de Luján ela, ela. Su hijo recupera el teléfono. Desde la mañana agarra los bracitos, me los trae y dice “ela”; ponete orgullosa agrega primer nombre después de mamá y papá; Bautista está ofendido. Claro que está orgullosa, la va a extrañar a la chiquilina. Decile que pronto la voy a visitar. Porque habla poquito, pero entiende todo. Corta. Comienza a guardar en la heladera los restos de comida cuando suena nuevamente su celular. Va a atender con una sonrisa. Ela. Buenas noches dice Leonardo ¿ya en capital?


No piensa repetir los preparativos del día del premio. Se calza un jean, una musculosa, una camisa escocesa y zapatillas. Sin embargo, está saliendo cuando regresa y opta por unos tacos altos. Quedaron en encontrarse en el Havanna de Scalabrini y Córdoba. Pasará primero por Triple C, todavía no fue desde que volvió de vacaciones. Candela le dijo que todo estaba en orden. Pero el ojo del amo… Lucy le ofrece un café que ella rechaza para gran sorpresa de su empleada. Por suerte Zoe no está. No tiene ganas de dar explicaciones. Seis menos cuarto sale. Camina las pocas cuadras con lentitud. No quiere llegar agitada. Es una tarde preciosa. Sopla una brisa agradable. Cuando llega él ya está. Se incorpora en cuanto la ve y la besa en la mejilla. Viniste dice. Obvio, si no te habría avisado contesta ella, seca. ¿Café? propone él. Ella asiente con la cabeza. ¿Seguís sin cortarlo? pregunta. A ella le da fastidio, ¿qué se hace el que recuerda sus hábitos? Acá estamos dice Leonardo cuando el mozo deja las tazas y se retira. Ella calla. Te quiero pedir perdón dice él. ¿Perdón? pregunta, pero sí, claro que tiene que pedirle perdón. Me porté como un cobarde y te dejé en banda con cuatro criaturas. Tres no te correspondían lo desestima ella además dos ya eran adolescentes. Peor que peor. Ella hace un gesto despectivo. Te admiro dice él Camila me contó todo lo que lograste; sos su ídola; quiero agradecerte el enorme trabajo que hiciste con esta chica, es un sol; con todos tus hijos, los sacaste a los cuatro adelante a punta de esfuerzo y dedicación; yo tuve uno solo, no quiero ni imaginarme ese trabajo multiplicado por cuatro estando sola, además. No siempre estuve sola comenta ella porque le da rabia que él la ponga solo en el rol de la madre abnegada. Él le cuenta que está contento porque Camila logró relacionarse con su hermano. Con su medio hermano lo rectifica ella. Tan medio hermano como los otros tres comenta él. Es cierto, tiene que reconocer sorprendida de que nunca los calificó así. Cómo puede este hombre poner en la misma categoría un muchacho al que conoció a los dieciocho años con los tres pilares que poblaron la vida de Camila desde que nació. Está indignada. Este encuentro no tiene razón de ser. ¿Para qué querías que nos encontráramos? pregunta ella con dureza. Él parece un perro apaleado, a ella le da un poco de lástima, quizá se excedió. Ya te dije, quería pedirte perdón. Tan mal no me las arreglé dice ella no resultaste imprescindible. No, es obvio que no. De pronto le surge la curiosidad por eso comenta me llama la atención que ni bien Camila se comunicó con vos estuviste dispuesto a “reconocerla”, ¿cómo calza eso con tu indiferencia de dieciocho años? Él la mira arqueando las cejas. Sabés que los primeros tiempos consideré que no podía contárselo a mi mujer, cursando un embarazo de riesgo y luego con un bebé que tuvo muchos problemas de salud; me trasladé al interior; el tiempo fue pasando, pero nunca me olvidé de vos y me plantee una y mil veces qué habría sido de nuestro hijo; cuando Andrés ya estaba recuperado decidí separarme; mi relación con  Sonia murió el día que te conocí ella hace un gesto despectivo no te pido que me creas, pero fuiste la mujer que más amé en mi vida; cuando me divorcié decidí viajar a Buenos Aires para hablar con vos, pero justo en ese momento recibí una carta tuya donde me decías que recién a los dieciocho años le informarías a nuestra hija de mi existencia; pensé que era mejor así para todos, quizá mi aparición solo te provocaría más complicaciones; fue una enorme emoción cuando recibí noticias de Camila y poder haber construido un vínculo con ella un regalo que no me merezco pero que trato de aprovechar; Camila fue muy generosa conmigo, no termino de entender por qué. Ella se queda en silencio. Absurdo plantearse qué habría pasado si Leonardo hubiera reaparecido a los cinco años de la nena. Yo era joven todavía, piensa, y él también. Su celular suena. Hola, Lucy contesta. Instantes después explica problemas laborales, me tengo que ir y se dispone a abrir su cartera. Por favor dice él frenándole el brazo. Ella se incorpora y le da un beso. Él también se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta, muy serio. Ella se encoge de hombros y sale. Con el pulso acelerado sale.



104


Camila se fue temprano. Se encontraba antes con sus compañeros. Ella aprovechó para pasar por la peluquería. Con el cloro y el sol tenía el cabello a la miseria. Llega con tiempo para darse una ducha rápida y vestirse. Pantalones blancos bien angostos, como se usan ahora. Se los hizo Gladys para su último cumpleaños. Remera de lycra roja. Tacos altos. Perfume y maquillaje. Se mira en el espejo antes de salir. De cerca, las arrugas son evidentes, pero de lejos se ve bien. Muy bien. Busca las llaves del auto. Apaga la luz y sale.


El corazón hecho una bomba, y no solo por subir las infinitas escaleras, entra en el Aula Magna de la Facultad de Exactas. Intentó no llegar temprano, pero aún el salón está semivacío. Se ubica en la tercera fila, las primeras reservadas para los agasajados. Tiene que luchar contra la tentación de observar a las personas que van ingresando. Se nota que muchos son extranjeros. De a poco la sala se  llena, se ocupan los asientos próximos. Eso la alivia. Finalmente, en medio de aplausos, entran los homenajeados. Jóvenes, casi todos, aunque el premio abarca a los equipos participantes en ambos países, jefes incluidos, le explicó Camila. La ve entrar a su hija, de negro y de pantalones, por supuesto. Es tan linda que ni así logra opacarse. Alta y delgada. Un junco. A su lado una chica rubia jovencita. Ella pesca un par de gestos que no le pasan desapercibidos. Ojalá, piensa. Porque no le gusta que nadie esté solo. Bastante con ella misma. Finalmente comienza el acto. Discursos en español y en inglés. Su hija subiendo al escenario. Camila Lagos. Lleva mi apellido, piensa con orgullo, yo la crié. Aplausos y más aplausos. Como una película pasa por su mente la historia completa. Desde el embarazo no deseado. ¿Qué habría pasado si Leonardo no se hubiera borrado? Imposible saberlo. Con un poco de suerte la ceremonia terminará sin que haya tenido que cruzarse con él. ¿Es eso lo que quiere en realidad?, ¿ni un poco de curiosidad tiene? Los homenajeados regresan a sus asientos. No sabe si Camila la localizó. Minutos después su celular vibra. Te veo en el bar de la planta baja, mami. Hacia allá se dirige, rodeada de muchos más. Entra y se apresura a sentarse en una de las pocas mesas vacías. Todos son jóvenes. Se siente cohibida. Es autoservicio, parece. Muere por un café, pero decide esperar a su hija. Mira a través de los ventanales. No se imaginaba tan buena vista. ¿Me puede sentar? pregunta una voz de hombre. Sus ojos giran al tiempo que el corazón se le aloca. Es él, qué duda cabe. Envejeció bien, es su primer pensamiento. Alto, delgado, erguido. Camila heredó su porte. Conservado el cabello gris platinado. Los ojos azules, por supuesto. Hace un gesto con la cabeza y Leonardo se sienta. Estás igual dice él. Ella hace una mueca despectiva con la boca. La llegada de Camila la exime de comentarios. Veo que se encontraron dice su hija. A ella le da mucha rabia. Me tendió una trampa, piensa. Camila vino acompañada por la chica rubia. Ella es Shirley informa hace una pausa y agrega mi compañera. Información no concluyente, seguramente es compañera de trabajo, ¿pero solo eso? She is my mom dice señalándola and he is my dad. La chica se inclina y los besa. Nice to meet you. Instantes después los cuatro comparten un café. Chapurreando inglés y español transcurren los siguientes diez minutos. Luego Camila informa nos vamos a ir a tomar algo todos juntos. Se repiten los saludos y ambas chicas se retiran. Camila la toma del brazo. Sí, son más que compañeras. Ella se incorpora. Yo también me voy dice. Leonardo se para. ¿Te puedo llamar otro día? pregunta con una sonrisa. ¿Cuándo te vas? pregunta ella. Él hace un gesto de sorpresa. Hace dos años que estoy viviendo en Buenos Aires informa. Sorpresa que se le traslada a ella. Busca en la cartera y le tiende una tarjeta de Uniformes Córdoba. Chau dice lo besa en la mejilla y sale. Con la respiración agitada sale.


Pone la radio en el auto. La Panamericana está colmada, como de costumbre. Macri, Vidal, Baradel, el comienzo de las clases que peligra. No podrían interesarle menos. Gira el dial hasta que encuentra música. Dame calor que siento mucho frío/En enero no se necesita abrigo/Es que me siento todo el tiempo en el abismo/Un abrazo es lo único que pido85. A Zoe le encanta este tema. Zoe. Zoe, de alguna manera, es la responsable de que ella esté ahí. Alterada. Toda la historia removida. ¿Para qué? Leonardo no la quiso bien. ¿Ella lo quiso bien? Al único que quiso bien fue a Ariel, por eso se apartó de él. Vuelve el pensamiento y me arrepiento/Es que todo el tiempo voy probando este veneno/Son de esas noches olvidadas/Donde el diablo se sienta en mi cama86. Ya nadie se sienta en su cama.  Se fue mi juventud, piensa, y estuve demasiado ocupada para ser mujer. El tiempo no retorna, eso sí que lo tiene absolutamente claro. Un abrazo es lo único que pido87.

  85, 86 y 87 “Pensamientos”, La Beriso.
 

miércoles, 1 de enero de 2025

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Sábado. De acuerdo con lo prometido, Zoe llega cerca del mediodía. Uma corre a abrazarla en cuanto la ve y su hermana la alza. Te extrañé, pendeja le dice. Luján se le cuelga de las piernas. Zoe también la alza. Estas mocosas me van a destruir. Un rato después Manuel, parrillero oficial, anuncia que los chorizos ya están listos. Todos se ubican alrededor de la gran mesa recubierta de mayólicas. Fernanda y Candela alcanzan las ensaladas, Camila las bebidas. Siete adultos y cinco chicos. Jolgorio. Ella debiera estar contenta, pero no lo logra. Sigue tensa la relación con Camila. Luego del postre Candela va a acostar a las nenas, bajo la intensa protesta de Uma. Fernanda se queda en la galería jugando al ludo con Simón, Ema y Mateo. Manuel y Maxi llevan las reposeras a la sombra y allí se derrumban. Camila se mete en la casa, esquiva desde la discusión. Ella está sola en la cocina tomando café cuando aparece Zoe. ¿Me servís uno, abuela? pide. Ya ambas taza en mano, Zoe dice me contó Cami que no vas a ir a lo del premio; me invitó a mí porque dice que así no tiene que elegir a ningún hermano. A ella las manos repentinamente le tiemblan. Tanto que deposita el pocillo. ¿Tan pronto la descartó?, ¿tan poco le interesa prescindir de su propia madre? Esta sí que no se la esperaba, ella aún no había tomado la decisión. Pocas veces vi que te equivocaras, abuela, pero esta vez te desbarrancaste. La que le faltaba, otra enemiga; su adorada nieta del bando contrario. Tu tía prioriza a un advenedizo por sobre la madre que la crió. La chica cabecea. Abuela, escuchá lo que estás diciendo; sos una mujer inteligente, no lo puedo creer; Cami no prioriza a nadie, ella los invitó a los dos; el supuesto advenedizo es el padre y no tan advenedizo porque hace doce años que sostiene el vínculo; Camila tiene suerte, mucha más suerte que yo. Ella, que seguía rumiando su rencor, repentinamente alerta sus radares. ¿Por qué lo decís? pregunta. Mi papá no me quiso conocer. ¡Pero si cuando cumpliste dieciocho y te pregunté me dijiste que no te interesaba contactarte con él! ¡Te mentí! exclama Zoe con los ojos llenos de lágrimas. ¿Por qué? No sé, abuela, a lo mejor necesité mentirme a mí misma. Ella le toma la mano y se la oprime. Contame pide. La mañana en que cumplí dieciocho, mamá al despertarme me entregó un sobre con los datos que tenía sobre mi padre; “yo solo cumplo con mi promesa”, me aclaró, “vos sabrás qué hacer con esto”; al día siguiente le mandé un mail y no obtuve respuesta; insistí dos o tres veces; busqué los datos del instituto donde trabaja, en Estados Unidos, y le envié una carta que quedó sin respuesta; logré hacerme de su número de celular y le envié un wapp, nada; insistí y pude comprobar que me había bloqueado; ¿te queda claro, abuela?, mi señor padre no quiere saber nada de mí. Ella está azorada. ¿Todo eso atravesó su nieta sin que ella tuviera registro? ¿Le contaste a tu mamá? Zoe niega con la cabeza. ¡¿Por qué?! La chica se queda en silencio un largo rato y luego, mirando el piso, dice porque me da vergüenza. ¿Vergüenza? Ella se incorpora y la abraza. Chiquita mía. Zoe entierra la cara en el pecho que se le ofrece. A ella se le parte el corazón. Lloran juntas. Por eso tampoco les quería contar dice la chica cuando logra tranquilizarse no quería que se pusieran tristes. ¿Camila sabe? pregunta ella. Siempre supo es la respuesta. ¡Y ella que se creía que no se le escapaba de nada de lo que acontecía a los suyos! ¿Te puedo pedir algo, abuela? Claro, mi amor. Andá a la entrega.


¡Mamá! grita Luján en cuanto ve a su madre y corre hacia ella. Belén la alza y la abraza. ¡Cómo te extrañé! exclama. ¡Y pensar que su nuera temía no poder quererla! Una madraza. Mucho más dedicada que con Bautista y Mateo. Esta chiquita logró cohesionar la familia. Acercó a Sebastián a sus hermanas, a ella con Belén. Todos la quieren. Los primos la protegen. Ni hablar de los hermanos. Un par de horas después comparten un asado. No falta nadie, piensa ella, todos mis amores. Prefiere olvidarse de Elena y de Mobi. Hoy necesita ser feliz.


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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...