2020
Allí está ella en Punta del Este. Veraneando en el exterior, se ríe de sí misma. Después de décadas aceptó la propuesta de Sebastián. Sus consuegros surcaron los ochenta, ya no tienen ganas de ir, pusieron la casa en venta. Quizá sea el último verano, ma, tenés que conocerla. Allí está ella. Pero no vino sola. Candela, como siempre que puede, le adosó a Uma. Luján de parabienes. Son inseparables las mocosas. Ella temía que al crecer, Uma, viva entre las vivas, dejara de lado a su prima. Cosa que no ocurrió. Sigue teniéndola bajo el ala y Luji la idolatra. Y la obedece, condición sine qua non para andar de buenas con Uma, que está acostumbrada a que el mundo gire a su alrededor. Ella se pregunta si Sebastián sufrirá al ver las diferencias entre ambas nenas, cada vez más visibles. Para Belén es fundamental su fe en Dios, pero a ella se le parte el alma por su hijo. Lo ve tristón, ya no es el mismo. La vida de los chicos, por suerte, no parece haberse alterado. Bautista tiene novia y también está veraneando allí. Clara se llama. Para su gusto demasiado “cheta” como bien la calificó Ema cuando la conoció en su fiesta de quince. Mateo es un sinvergüenza. Catorce años ya, un potro desbocado. Todas las noches hay discusiones porque no respeta los horarios de regreso. Ella lo apaña. La puede ese nieto. El rebelde de la familia. Son todos demasiado dóciles, sacando a Uma, por supuesto. El último fin de año fue especial. Hacía rato que no lograban reunirse todos. Camila vino con Shirley. El español de la chica progreso mucho más que su inglés, por suerte, a pesar de que su profesora la alienta. Cuando fue a visitar a Camila se arregló bastante bien, claro que tenía a Zoe de acompañante, que habla inglés con total fluidez. Camila le insiste a su sobrina para que se vaya un tiempito. Quizá piensa que estando en el país tiene alguna posibilidad de conocer al padre que cerró cuanta puerta la chica intentó abrir. Suposiciones mías, piensa. Finalmente, Zoe accedió a trabajar con ellas. El teatro independiente no logra alimentarla. Le está dando una mano sobre todo con las compras. Ella ya no tiene ganas, ni fuerzas, para andar acarreando mercadería. La chica se maneja muy bien con las relaciones públicas, y es una fiera defendiendo precios. El gobierno de Macri fue nefasto para los textiles, pero ellos como siempre, salieron a flote. Veremos cómo les va con Fernández. Sí, fue un fin de año especial, Camila, por primera vez en su historia, lo pasó con ambos padres. Leonardo, de a poco, se fue sumando a la familia. En calidad de padre de Camila, porque ya no están para jugar a los tórtolos. Son buenos compañeros, eso sí. Van a comer afuera, al cine, al teatro. También Andrés fue bien recibido. Hasta por Belén, cambió mucho su nuera. Luján le movió las estanterías. Mira la hora. En un rato se despertarán las nenas y la paz desaparecerá. Corre la reposera buscando sombra. El sol se está poniendo fuerte.
La televisión y la radio no dejan de hablar del Covid. Nueva epidemia. Pandemia la llaman. Están todos paranoicos. Ya lo vivieron con la gripe A, que pasó sin pena ni gloria. Aprovechan los que venden barbijos y alcohol en gel. De cada desgracia hay alguien que sale beneficiado, piensa. Ella trata de no escuchar demasiado. Ha decidido que es algo lejano, algo que no puede afectar a sus amores. Ajeno a ellos. Por eso no se preocupa. Todavía no se preocupa. Todavía no se preocupa demasiado. Igual dicen que para la gente joven no es un riesgo. Su familia es joven. Y sana. Prefiere no pensar en las bronquitis de Simón y en la eterna tos de Candela. Jóvenes y sanos. Ángel y Leonardo no son jóvenes. Ángel es frágil, Leonardo no lo parece. Ella tampoco es joven. Los tres ya vivieron todo lo que tenían que vivir. A Ángel hasta le tocó ser abuelo, Elena se lo perdió. Se hubiera derretido por Carmelita. Se la perdió. Por suerte pudo disfrutar de sus nietos postizos. De Zoe a Simón. A Uma la conoció estando internada y Luján nació meses después. Meses después de que se fuera. Seis años ya. Y Mobi casi enseguida, Meses tristísimos. Le costó recuperarse. Porque se recuperó, sí, pero una parte de ella desapareció con su amiga. Le llevó meses decidirse a traer las bibliotecas. Y meses durmieron los libros en las cajas. De a poco los fue acomodando y cada vez que toma uno Elena vuelve a acompañarla. El COVID es lejano, pero ya empezaron los casos en la Argentina. Ayer se produjo la primera muerte. Agita la cabeza y se dirige a la biblioteca. Como suele hacer, cierra los ojos y toma un libro al azar, Así suple las recomendaciones de su amiga. Pájaros en la boca90. Lo ojea. Cuentos. Irman el primero. Aunque prefiere las novelas se rinde al destino. Tomo en mano se deja caer en el sillón. Al momento le falta un café, pero le da fiaca levantarse. Lee la primera página. Se engancha. Elena nunca se equivoca con sus gustos. Suena el celular. Lo dejó sobre la heladera. Se levanta, fastidiada. Fernanda. ¿Viste la tele? No, estoy leyendo. Encendé, decretaron la cuarentena. ¿Qué? pregunta mientras se acerca a la radio. ¡Encendé, mami! ordena su hija y corta.
90 “Pájaros en la boca”, libro de cuentos de la escritora argentina Samanta Schweblin.
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