Las tres se dirigen a la cocina. Mientras ella prepara el café Camila parlotea. El viaje, el trabajo, el clima. ¿Cómo está papá? pregunta luego. Una parte de ella se sigue irritando con la familiaridad con que Camila incorporó a su padre. Aunque Leonardo pasó a ser una presencia importante en su vida, como amigo, como compañero, no logra asociarse a él en un colectivo parental. Una vez propició un Zoom conjunto a Camila, sin embargo, luego se arrepintió. Jamás podría reconocerle un lugar a la par. Ella ha sido madre y padre durante dieciocho años y se sigue sintiendo única. Cuando Camila le pregunta qué se va a poner para la reunión ella responde yo nunca dije que iba a ir. Su hija la mira con fastidio. Dejate de pavadas, mamá. Ella queda desconcertada. Espera que Shirley no haya entendido las palabras, aunque seguramente sí percibió el tono. Sirve el café en silencio.
Va al taller. Rita, que finalmente accedió a su propuesta, como todos los martes y jueves, controla la existencia de materiales. Gladys es, ahora, la jefa de personal. Hola, abuela la saluda Mateo mientras transporta cajas hacia la camioneta estacionada frente a la puerta. Ella se acerca a darle un beso. Si querés luego almorzamos juntos propone. ¡De una! responde el chico, en remera pese a lo fresco del día. Ella recorre las distintas máquinas, da un par de indicaciones y se encamina hacia Uniformes Córdoba. Hola, Bela es ahora recibida por Ema justo te iba a llamar, entró un pedido nuevo. ¿Para dónde? pregunta ella al tiempo que la besa. Camperas de egresados para la Ort. ¿Color? Negras. Menos mal, tenemos frisa, está costando conseguir de colores. Luego de revisar las cuentas enfila hacia el local.
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