viernes, 10 de enero de 2025

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¿Te puedo invitar a cenar? propone Leonardo en su Wapp. No teclea ella. Pero luego se arrepiente. ¿Por qué no? Nadie tiene por qué enterarse, piensa. Porque le da vergüenza que los demás supongan que se bajó del rencor. Odia mostrarse vulnerable. Borra el no y se queda pensando. Es sábado, no tiene nada que hacer. Este fin de semana, cosa extraña, no tiene ningún nieto a dormir. Estoy aburrida, piensa, ¿cuánto hace que no salgo con un hombre? Porque Leonardo dobló los setenta y cinco años, sin embargo, sigue perteneciendo al género masculino. Con Ángel fue la última vez, pero ya hace un montón. No está bien, casi no se mueve de la casa. La semana próxima irá a visitarlo. ¿Y? insiste Leonardo. Ella no quiere darle el gusto. No teclea de nuevo. Luego agrega un no puedo para no ser tan grosera. Vuelve a borrarlo. Le pediré que no se lo cuente a Camila, se dice y se siente aún más ridícula. Está transpirando, se le mojó la remera. Y no hace calor. De acuerdo escribe al fin y se apresura a enviar el mensaje. ¿Te busco a las ocho? pregunta el celular. A las nueve contesta, no será él quien tome las decisiones. Nos vemos.  Ella mira el reloj: son las seis y media. Falta demasiado. Va hasta el baño y abre la canilla de la bañera.


Está sumergida en el agua cuando suena el celular. Lo dejó apoyado en el banquito. Extiende la mano para tomarlo mientras dice en voz alta qué pesado. Hola, abu la sorprende la voz de Simón ¿puedo ir a dormir?, Ema hace una piyamada y no me banco tantas chicas. Ella se sienta bruscamente. Me estoy bañando, te llamo en un ratito dice. Se incorpora y se envuelve en la toalla. ¿Qué hacer? Si se niega tendrá que darle una explicación a Fernanda y ella odia mentir, más aún a sus hijos. Se le ocurre una idea. Mira el reloj: las siete. ¿Puede ser a las ocho? le escribe a Leonardo. A los pocos minutos recibe ocho y cuarto te paso a buscar. Llama a lo de Fernanda rogando que no la atienda su hija.  Hola, Bela la saluda Ema hoy vienen las chicas. Sí, ya sé la interrumpe ella pasame con tu hermano. Hola, abu dice Simón. Entre la diez y media y las once te paso a buscar y te traigo a casa, avisale a tu mamá. ¡Perfecto! exclama el pibe así no me pierdo las hamburguesas. Satisfecha, corta. A grandes problemas grandes soluciones diría su mamá. Porque así, además, la salida será breve. Fecha de vencimiento, piensa.


¿A dónde querés ir? pregunta Leonardo, ambos sentados en el auto. Por acá cerca; uno de mis nietos me pidió venir a dormir a casa; quedé en pasarlo a buscar a las diez y media. ¿Nunca decís que no? pregunta él, sonriendo. A los chicos, no le aclara ella, seca. Diez minutos después están sentados en Lo de Mary. Humahuaca y Medrano registra ella, bastante cerca. La carne es buenísima comenta él. Ella toma nota de que él sale. ¿Solo o acompañado?, se pregunta. Ella también sale. Sola y acompañada. Acompañada por su familia en general. ¿Querés que compartamos una parrillada? propone Leonardo. Ella asiente. Con papas fritas le ordena él al mozo sin consultarla. A ella le da rabia. Ensalada de rúcula para mí indica entonces. Él sonríe. No dejaré que me saques una papa dice. Ella no recuerda que fuera tan simpático. A lo mejor antes no lo era. A lo mejor, mejoró piensa, a veces la gente se hace mejor, mejora. ¿Tinto? No, mejor no, porque luego tendré que manejar, agua con gas. Él nuevamente sonríe. Me está tomando el pelo, piensa ella. Contame de tu familia pide él. Tendremos para toda la cena dice ella. De acuerdo dice él levantando ambas palmas la próxima te cuento yo, pero habrá que buscar algún otro tema porque no dará para mucho. Ella sigue fastidiada, odia que él se haga el galán, debiera mirarse en el espejo. Él arremete con preguntas y ella va contestando porque si de algo le gusta hablar en la vida es de los suyos. Qué cosecha comenta él. Y ella se siente orgullosa. Muy orgullosa. Cuando se quiere acordar el reloj le devuelve las diez y cuarto. Me tengo que ir informa. Pero todavía no comimos el postre, los panqueques son espectaculares. A los niños no se los puede hacer esperar aclara ella. Él ladea la boca había abajo y llama al mozo. Los probarás la próxima dice. Ella quisiera decirle que no habrá próxima. Ya no tengo tiempo de ir a buscar el auto dice me tomaré un taxi. Yo te alcanzo ofrece él entregando la tarjeta de crédito. Cuando llegan a lo de Fernanda él propone ¿no querés que los lleve a tu casa?, te pasás al asiento de atrás y decís que es un remis, me podés pagar y todo. Pero a ella no le causa gracia. Le da un beso en la mejilla y amaga bajarse. Él le dice gracias por la cena. Ella no contesta. Se apresura a alejarse y toca el portero eléctrico. A ver cómo sale de esta sin tener que mentirle a su hija. Algo se le ocurrirá. Por suerte vive en el piso diez. La suerte le es benévola: baja Manuel. ¿Dónde tenés el auto? le pregunta su yerno. ¿Qué te parece, Simón, si vamos caminando?, la noche está preciosa, pensé convidarte con un heladito. ¡Esa es mi abuela! exclama el chico. Ella sonríe. Nadie podrá negar que es una mujer con recursos.


6 comentarios:

  1. Me encantó esa mezcla de rencor y curiosidad, no tiene que aceptar y acepta, no lo puede ni ver y acude a la invitación, es eso que tenemos las mujeres, es ese desafío de ir un poco más allá.

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  2. ¿Cuando fue lo de Ángel? ¿Me lo perdí? Apoyo a Claudia. Dura! Dura!

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