miércoles, 20 de noviembre de 2024

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Mañana de sábado.  Le está preparando la leche a Mateo que juega con los autitos cuando suena el timbre. Ella mira la hora. Casi las diez. Va a abrir. Sebastián, con Bautista de la mano, le tiende un paquete de facturas. Buen día, abuela dice el nene, siempre tan formal. ¿Sobreviviste? le pregunta su hijo. Durmió ocho horas de corrido informa ella, orgullosa. Imposible, me estás mintiendo. Tengo muñeca dice ella, rodeándosela, sobradora. ¿Cuál es la receta? Darle amor, dedicación y sobre todo tiempo; este nene precisa mucho, no son todos iguales dice ella y recuerda qué distinto fue criar a Sebastián y a Candela. Mateo parece no registrar la llegada de su padre, pero minutos después ya está jugando con su hermano. Ella prepara café y pone las facturas en un plato. Están los cuatro desayunando cuando Bautista, que está comiendo un churro, exclama, tocándose la boca ¡se me mueve mucho el diente! Mordé con las muelas le recomienda Sebastián. Ella se queda suspendida. Cómo no me di cuenta antes, piensa. Se levanta y pide espérenme, enseguida vuelvo. Sube las escaleras a los saltos. En el cuartito de la terraza busca afanosamente hasta que la encuentra, prolijamente guardada en una bolsa de nylon. La saca y la observa. Está perfecta. Baja corriendo. Entra a la cocina enarbolando su trofeo y se sienta. Trofeo que le muestra al nene explicándole esta almohadita se la hice a tu papá cuando tenía tu edad; en este bolsillito tenés que poner tu diente; mañana, casi seguro, el Ratón Pérez, a menos que esté muy ocupado, se lo llevara y te dejará... ¿estará bien que hable de billetes o monedas?... algo a cambio. Recién entonces piensa que a lo mejor Belén considera que es perjudicial para la criatura mentirle, tendría que haber preguntado; lo hecho, hecho está. Sebastián, al menos, la mira con una sonrisa tan dulce que la emociona. El nene estira el brazo para tomarla. Muchas gracias, abuela, nadie en el mundo tiene una almohadita como esta, solo yo. A todo esto, Mateo aprovechó, mientras los tres estaban distraídos, a agarrar otra factura, triturarla y tirarla al piso. Mobi, muy contento, disfruta de las migas. ¡Mateo! le levanta la voz Sebastián.  Ya está, dejá que coma el gato y cuando se vayan barro. ¡Ato! exclama Teo señalándose la boca. La puerta ya abierta ella ofrece dejámelo cuando quieras. ¿Y a mí? pregunta Bautista. Ella se agacha y lo abraza. Por supuesto, mi hombrecito siempre será bienvenido. A través de la puerta ya cerrada escucha que Bauti dice me encanta venir a la casa de la abuela.


Suena el teléfono de línea. Siete y media. Alarmada se levanta de la silla a atender. Perdoname que te llame tan temprano, ma, pero Bauti no deja de insistir y en un rato salimos para el colegio dice Sebastián.  No te hagas problema, ya estaba desayunando. Instantes después la vocecita de su nieto. Abuela, tenías razón, el Ratón Pérez vino, se llevó el diente y me dejó diez pesos, ¡nunca tuve tanta plata!, por suerte ya se me mueve otro diente cuenta y se despide diciendo muchas gracias, abuela. Regresa a su café con una sonrisa. Linda manera de comenzar su día. Minutos después se le ocurre una idea. Con los miles de retazos sobrantes que tienen pueden fabricar almohaditas para vender. Ella no las vio en ningún lado. La sangre le corre más rápido, como siempre que tiene un nuevo proyecto. Pueden ofrecerlas en Triple C. A lo mejor a alguien del interior le interesan. Lo consultará con Rita y con Candela, decide. Termina su café y va a cambiarse. Está contenta.


Sale del taller. Camina hasta Rivadavia y luego por la avenida. Pasa delante del local de máquinas y, a través de la vidriera, mira hacia adentro como si quisiera viajar hacia el pasado. Todas caras desconocidas. Sigue caminando hasta el Mariano Moreno. No le gusta ver tantos pibes juntos, la retrotrae a Cromañón. Zoe se desprende de un grupo de chicos y se acerca. ¡Abuela!, ¡qué sorpresa!, ¿qué hacés por acá? Venía a invitarte a almorzar, pero si quedaste en algo con tus compañeros lo dejamos para otro día. No, para nada, esperame un toque que saludo y vamos. Ella se queda observando el grupo. Pantalones chupines de colores vivos, flequillos desmechados, todos, incluida Zoe, con el mismo look. La alivia su colorinche. El año pasado arrancó la secundaria sin apartarse del negro, el gris y el azul. Señal de que se está recuperando, evalúa. La chiquilina se aproxima corriendo. Es más curvilínea que ninguna de sus hijas a esa edad.  Perdón, abuela pide les tuve que pasar unos ejercicios. Mientras van caminando Zoe le cuenta sobre las pruebas que se aproximan. Habla sin resuello, una oración encabalgada en la otra. Ella observa las paredes tapizadas de afiches. Lo votó a Filmus, pero ganó Macri. No le gusta para nada. Le hace acordar a Belén como habla. ¿Me escuchás, abuela? Sí, claro contesta ella, aunque cree que lo último se lo perdió. Espera que no haya sido importante. Ya sentadas ella pregunta ¿estás para pastas? Me clavaría unos ravioles contesta su nieta mamá trabaja tanto que últimamente de las salchichas no pasamos. ¿Y por qué no cocinás vos? La chica se queda desconcertada. No se me ocurrió admite, se queda pensando unos segundos y dice ¿me enseñás a cocinar? Será un placer, señorita; ¿se ofende si le hago una pregunta? Zoe sonríe, se muerde los labios y balancea la cabeza ¿el jovencito de pantalón amarillo tiene algo con usted? ¿Cómo te diste cuenta, abuela? Por cómo la miraba. Se llama Iván; las chicas me dicen que está muerto por mí, pero yo, ni enterada. ¿Y a usted le agrada ese muchacho? ¡Basta, abuela, no me jodas! exclama Zoe riendo mientras le agarra el brazo, con tanta fuerza que le hace caer el tenedor hablame normal. Muy bien acata ella ¿te gusta o no? Zoe hace trompa y luego tuerce la boca. No sé contesta finalmente. De acuerdo, ya se verá y ahora comamos que se están enfriando estos maravillosos ravioles. Están ricos, abuela, pero como los tuyos no hay. Es compradora esta mocosa, piensa.


4 comentarios:

  1. ¡Qué paciencia esa abuela! Y su cabeza a mil, pero tiene tiempo para los nietos. Me siento identificada

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    1. Le llenan la vida afectiva. La laboral siempre la tuvo y tiene repleta

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  2. Los nietos, en ocaciones son una segunda oportunidad.

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