Se pasaron la mañana revisando los papeles que les pidió el contador. No doy más resopla Candela ¿vamos a comer algo?, además estoy muerta de frío. Es cierto. Están pasando un invierno muy duro y, para colmo, hay poco gas, las estufas a veces ni encienden. Por suerte el restaurante está caldeado. Mamá, me quiero mudar dice Candela mientras come su ensalada. Ella deja los cubiertos y la mira, sorprendida. Necesito poder separar mi vida privada de la laboral, tener intimidad, cualquiera, Lucy la primera, se considera con derecho para pasar por el patio, para aparecer en la cocina; quiero que cuando Zoe trae amigos no se vean obligados a entrar por el local. Su hija tiene razón, ella no se había puesto a pensarlo. Nos está yendo muy bien, por primera vez en mi vida el dinero me sobra; ya vi un departamento de tres ambientes en Diaz Vélez y Medrano, le quedaría muy cerca del Moreno a Zoe y como ella se queda callada pregunta ¿te parece mal? Una suerte de malestar que no logra identificar la hace apartar el plato aún semilleno. No solo contesta. Estuve pensando que lo que era mi vivienda podría transformarse en las oficinas y depósito de Uniformes Córdoba, sos la primera en saber que tenemos los papeles desperdigados entre el taller y el local; las cajas molestando en todos lados. El malestar sigue creciendo. Dejame pensarlo dice y mirando el reloj agrega voy a pedir un café porque en un rato tengo sesión. ¿Toda la vida vas a hacer terapia? pregunta su hija, parece fastidiada. Mientras lo precise comenta mientras llama al mozo. Ella sí que está fastidiada.
¿Tratamos de pensar qué fue lo que le provocó el malestar? le pregunta Ana María. A ella le regresa la imagen de la topadora. Me pasó por encima contesta. Me parece que su hija no tomó aún ninguna decisión que la involucre a usted, solo compartió sus proyectos y pidió su parecer. Sí, pero ya tiene todo pensado lo de las oficinas contesta ella fastidiada. ¿Le molesta que no se le haya ocurrido a usted? Se queda unos segundos reflexionando y reconoce sí, parece una idiotez, pero así es. Es difícil para usted correrse del centro de la escena, admitir que hay algunas situaciones que pueden resolverse sin su intervención; delegar no es un verbo que figura en su vocabulario emocional; debiera sentirse orgullosa de que su hija haya heredado su visión de futuro y su ambición. Ella va a protestar, pero Ana María la detiene con un gesto de la mano. Por hoy dejamos acá determina.
Sale de lo de Ana María enojada. Enojada conmigo mismo, reconoce. Hace un frío espantoso. Se pone la capucha de la campera y camina por Loria hasta Rivadavia. Cuando llega a la esquina empieza a ver copos blancos cayendo del cielo. Extiende las manos. ¡Es nieve! Surge de su interior una alegría fresca, infantil. Varios muchachos, seguramente del Moreno, se agachan, recogen la nieve y se la tiran entre sí. Ríen. La gente empieza a aparecer en las puertas de casas y negocios. Salen. Todos salen. Rivadavia se transforma en un jolgorio. Va a pasar por lo de Fernanda. No quiere perderse la cara de Emita.
Cómo olvidar el día de la nieve 🥲
ResponderBorrarTodos contentos como chicos
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