lunes, 2 de diciembre de 2024

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Llega a Buenos Aires renovada. Bronceada, algún kilo de más que buena falta le hacía. Se encuentra con un Mobi que deja evidente su rencor ante el abandono. Ni se acerca. Abre el bolso, saca lo sucio y lo pone en el lavarropas. Recién entonces se prepara un café. Lo está tomando cuando suena el teléfono. ¡Mami!, ¡parece que nos dan un bebé!, lo tenemos que ir a buscar al Chaco, ¿nos podés llevar?, el Renault no da para eso, además queremos ir con Ema, vos podrías cuidarla. Por supuesto contesta ¡qué alegría! No me quiero hacer muchas ilusiones dice Fernanda acordate de lo que pasó con el de Córdoba. Claro que lo recuerda, a su hija le costó meses reponerse de la desilusión. ¿Cuándo hay que ir? Cuanto antes. Preparo mis cosas y los paso a buscar hace una pausa ¿qué le dijeron a la nena?, no quiero meter la pata. Que vamos a hacer un viaje con la abuela, está chocha, por las dudas llevate ropa para un par de días. Corta. Llama a Rita y sin dar explicaciones, le informa que demorará el regreso. Va a lo de Gloria a sobornarla con alfajores para que extienda la asistencia a Mobi, arma el bolso, se da una ducha, se viste, cuelga la ropa mojada en el tender y sale. Emocionada. Quizá se abra otro cajoncito.


¡Nos vamos de viaje, Bela! exclama Ema en cuanto se sube al coche. Cuando la ven distraída Manuel carga en el baúl un cochecito y varios bolsos. Su yerno se sienta adelante, Fernanda atrás, con la nena. Ya me compraron las cosas para la escuela le cuenta su nieta porque soy grande, Bela, empiezo primer grado. Ella piensa que tiene que prepararle una almohadita, los dientes no tardarán en caer. Chaco. No quiso preguntarle a Fernanda si recordaba que su padre era chaqueño. Qué curiosa manera de hacerse presente Alberto, terruño mediante. Ella quiere hacer mil preguntas, pero la presencia de la nena lo impide. Quizá cuando se duerma, Fernanda le cuente algo. Casi tres años dura este embarazo de papeles, como lo llama su hija. Cuando deja de escuchar la vocecita de Ema le murmura a Manuel ¿les informaron algo?, ¿sexo, edad? Nada, mamá contesta Fernanda desde atrás, siempre tuvo un oído increíble ya te enterarás. ¿De qué? pregunta Ema abriendo los ojos. De nada, dormite le dice a la nena y dirigiéndose a ella con mal tono agrega ¿viste? Ella sigue manejando mientras piensa, esto soy para mis hijos, alguien a quien se da por sentado que estará para cualquier eventualidad, pero a quien no es necesario brindar ningún tipo de información. Cuántas veces escucho parala, no jodas, no es tu asunto, no te metas en mi vida a pesar de que siempre intentó ser respetuosa y no entrometerse. En esas está cuando Fernanda dice perdóname, mami, estoy nerviosa. ¿Por qué? pregunta Ema. Esta no apaga los motores ni cuando duerme comenta Manuel. ¿Qué motores? Los tres ríen. Por fin el ambiente se distiende. ¿Estás cansada? le pregunta su yerno cuando llevan cuatrocientos kilómetros recorridos. Un poco, preciso un café. Paremos en la próxima estación de servicio; después te reemplazo yo, así podés dormir un poco; me encanta manejar de noche. Como si ella pudiera dormir en esas circunstancias. La aterra que su hija sufra una nueva decepción. La mira por el espejo retrovisor. Va rígida en el asiento, los ojos abiertos como pozos. Manuel pasa la mano entre los asientos y Fernanda acerca la suya. Están juntos, también en esto.


Los despide con un abrazo y, de la mano de Ema, se encamina hacia la plaza. ¿Adónde fueron mis papis? pregunta la nena. Ya te dijeron que después te contarán. ¿Vos sabés, Bela? Ella que no sabe mentir asiente con la cabeza. ¿Es una sorpresa? A lo mejor… ¡No entiendo nada! la nena abre mucho los ojos y señala ¡mirá, Bela, hay una calesita! Ema se suelta de su mano y corre. ¿Me ayudas a subirme al caballo? Así son los niños, piensa mientras saca los boletos. Seguro me saco la sortija. Todos necesitamos una sortija hoy, evalúa. Después de cinco vueltas y dos sortijas la nena declara ya está, ahora la hamaca. El tiempo transcurre lentísimo entre subibajas y toboganes. Ya no tiene paciencia para sostener la conversación de la nena. Recuerda la agonía de esperar frente a la sala de partos cuando nacieron sus tres nietos menores. Con Zoe estuvo adentro. Casi la parió. Embarazo de papeles seguido de un parto legal. Controla su celular cada cinco minutos. Qué les cuesta decirle algo. Es una desconsideración. No aguanta más. El corazón le galopa. Ya no sabe qué decirle a la nena. Va a llamar y punto. Teclea tres números y corta. Piensa en Ana María. Usted no es la protagonista le diría. Inspira hondo. Muere por un café, pero no quiere perder de vista la puerta del juzgado. Gente que entra, gente que sale. A nadie ha visto con un bebé. Mala señal. La mamá de Córdoba se arrepintió. Pobres mujeres, tener que deshacerse de sus hijos. Al menos Fernanda la tiene a Ema. Trata de ponerse en su lugar. Le resulta imposible imaginarse con un solo hijo. A ella le concedieron el don de la fertilidad. ¡Bela! la llama Ema desde el trapecio mientras suelta las manos ¡mirá! Ella gira y se acerca corriendo. Llega justo a tiempo para agarrarla de la remera y evitar el golpe contra el piso. Hoy nos soy confiable, decide mientras le grita ¡basta de plaza!, ¡se acabó! La carita de la nena se frunce en un puchero. Momento en que ella se agacha y la abraza. ¿Vinimos a buscar un bebé, no? le pregunta la nena al oído. Ella no sabe qué decirle. Cierra los ojos hasta que escucha ¡mami!, ¡Ema! Cuando los abre ve a Fernanda que se acerca. Tiene los brazos vacíos. A ella se le detiene el corazón. Cierra los ojos. Cuando los abre ve que la chiquita se cuelga de las piernas de su madre que la alza. Toda su rabia previa por no ser informada se diluye en la angustia que le sube desde el vientre. Pobre hija mía, piensa. Entonces, recién entonces, observa el rostro de su hija. Una sonrisa tan luminosa que conmueve. ¿Me acompañan? propone Fernanda tenemos una sorpresa.


6 comentarios:

  1. Es tan real el relato, como si estuviesen hablando de mis sentimientos a la hora de pensar, cuentan conmigo siempre incondicional, pero mis derechos son hasta ahí, pero después que soy la participe principal de todo, se mezclan las emociones provocando una angustia sin sentido y sin razón. Claudia una mamá de fierro y unos hijos hechos a su medida.

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    1. Es así. Sentimos tantas cosas que no qusiéramos sentir. rabia, a veces

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  2. Vivir esas gestaciones de años es muy difícil, una frustración tras otra, mucho peor.

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