Ana María le recomendó un terapeuta. Terapeuta que le gustó a su hija. Terapeuta que, además, le recomendó a Candela que participara en los grupos de sobrevivientes de Cromañón. Candela no se anima. Verlos será revivir el infierno, mamá le explicó. Tiempo al tiempo. Quizá más adelante. Lucas le comentó que la ve mejor, por lo menos está comiendo un poco más. Si no repunta habrá que consultar con un nutricionista. Zoe está instalada en su casa. Mamá está muy triste le explicó la chica y yo no quiero ponerme más triste todavía. Dijo todavía. Momento en el que ella tomó cabal registro de que su nieta también es una sobreviviente. Que saliera del boliche con el cuerpo intacto no es garantía de que tenga intacta el alma. Sin embargo, Zoe y Candela son muy distintas. Zoe siempre fue una nena muy fuerte, alegre, llena de energía. Luminosa. Candela desde chiquita tuvo su parte oscura. Y ella tardó más de veinticinco años en descubrir la razón. Confía en su nieta. Saldrá sola adelante. Candela, no. Candela necesita un sostén, siempre lo necesitó. Y ella no supo dárselo. Pobre hija mía, te tocaron todas, piensa.
La relación con Sebastián se va recomponiendo. Pese a la presión de Ana María, no se animó a hablar con su hijo al respecto. Ni él le preguntó si sigue la relación con Ariel, quizás a sus hermanas. Con Camila se entiende de maravillas. Tus dos ingenieros dice Fernanda con sorna. Candela le está muy agradecida por haber encontrado a Zoe que, como desde chiquita, lo ama. La que sigue reticente es Fernanda. Nunca hubiera pensado que su hija era tan rencorosa. Parece haber sido aleccionada por Ana María porque el otro día le dijo vos le echás la culpa a Belén, pero a mí ella me tiene sin cuidado, el que no sabe defender a su familia de origen es Sebastián y no de ahora, desde que la conoció se avergüenza de nosotras. Eso que Fernanda no sabe que por mucho tiempo Sebastián no se había animado a contarle del embarazo de Candela ni de la ilegitimidad de Camila. Piensa ahora que, si llega el momento, este es un buen argumento para hacerle entender a su hijo por qué lo mantuvo al margen de su vínculo con Ariel. Ella sabe bien cuánto ha amado desde siempre Sebi a sus hermanas, cómo le ayudo a criarlas. Sabe bien cómo Fernanda buscaba el apoyo de su hermano mayor. Ya se le pasará, piensa. Confía en la intermediación de Ema que, parece ser sabia, en cuanto ve a su tío y eso que mucho no lo ve, corre a sus brazos. Sebi siempre tuvo mano con los bebés. Si habrá acunado a Camila y a Zoe. Belén aparece poco y nada. Ella no sabe cuál es la interna entre la pareja, sin embargo, es obvio que Sebastián ha decidido incorporar a Bautista a la familia. Se lo trae los jueves -Belén retomó como catequista- y ya lo dejó a dormir un par de veces. El nene actúa como imán porque su presencia suele ser convocante, hasta Fernanda trata de estar, por suerte no arrastró al sobrino en su reticencia. Mi vida se va rearmando, evalúa. Emparchando, se corrige. La asusta la ida de Camila. Nunca estuvo sola en esa casa. Nunca estuvo sola, en realidad. Supone que la presencia de Zoe será cosa de semanas. Pese a que disfruta teniéndola, sabe que es importante para madre e hija que retorne a su hogar. Lucas parece un buen muchacho y para la nena es importante una presencia masculina. Ahora lo fundamental es que Candela se recupere. Mañana sin falta le preguntará a Elena si conoce a un nutricionista. Hace rato que no la ve a Elena. Pasará por la biblioteca. Necesita libros, además. En unos días serán su única compañía. Y Mobi, claro.
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