miércoles, 23 de octubre de 2024

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Cuando pasa por el outlet Candela propone una noche de estas Lucas podría ir a cenar a tu casa, ¿qué te parece?, Zoe le habla tanto de vos que te quiere conocer. Ella oculta su sorpresa. No recuerda cuándo fue la última vez que Candela le presentó un novio. ¿Enzo? Por supuesto. ¿Hoy podrás? Claro asiente mientras piensa qué cocinará ¿le decimos a Fernanda? No, prefiero que no, igual ellos ya lo conocen. Emociones contradictorias. Le encanta que sus hijas sean compinches, le duele que la dejen de lado. Aunque tiene que reconocer que Candela la invitó a la quinta, fue ella quien no quiso. Son celos, evalúa.  ¿Come de todo? averigua. De todo menos pollo, de chico se intoxicó y desde entonces lo detesta, ¿por qué no te preparás un pastel de papas?; el otro día comentó que estaba antojado y yo le dije que a vos te sale riquísimo. Un engorro el pastel, tendrá que ir a comprar carne picada y le parece que se quedó sin papas; manteca cree que hay y leche, seguro. Hace mil que no hace. Si querés invitalo a Ariel dice Candela. Lo voy a pensar dice ella y piensa además que lo único que falta es que sus hijos le den permiso.

 

Para usted dice Lucas tendiéndole un ramo de flores. Muchas gracias y tuteame por favor, no soy tan vieja. Candela lo conduce al comedor. Cuando ve los cuatro platos pregunta ¿Ariel no viene? No contesta ella y se dirige a la cocina a toda marcha para evitar explicaciones. Porque no tuvo ganas de invitarlo. Sería sumarle a las traiciones a Sebastián una nueva traición. Desde la cocina indica Camila pone el posafuente que ya voy con el pastel y pela. Cuando lo deposita, Lucas informa me encanta el pastel de papas. Espero no defraudarte dice ella y piensa que a Sebi también le encanta. Pareces Menem, mamá comenta Candela. Ríen.

 

Tratando de vencer su inercia, después de semanas, barre el piso del living. Camila tirada en el sillón, libro en mano, Mobi a sus pies, dice como al descuido hoy me encontré con Sebastián. La escoba cae al suelo. Ella se apresura a recogerla. La chica le dirige una mirada rápida y continúa me dijo que le habías escrito pidiéndole que me orientara con la facultad. A ella le cuesta respirar, pero intenta simular naturalidad. ¿Y? Me orientó, buscó información y me la dio. Como la chica retoma su lectura pregunta ¿de qué charlaron? De eso, del Balseiro, le parece una buena decisión. ¿De algo más? No, mami, y no jodas, déjame que estoy leyendo dice y reacomoda los almohadones. Tendría que estar contenta y no lo está. Intenta entrar en razones. Te dijiste, Claudia, que Camila era lo que importaba; ya logró que el hermano la ayudara, eso te debiera alcanzar. No le alcanza, la angustia que le sube del abdomen es la prueba de que, claramente, no le alcanza.

 

Ella tiende la cama mientras Ariel se ducha. Ya en la cocinita pone agua para el café. Lo precisa. Las tres de la tarde, casi, tendrá que apurarse, el contador quedó en pasar por el taller a las cuatro. La verdad es que desde que subió Kirchner, ella no lo votó porque ni lo conocía, la economía va mejor. Se nota en la calle la reactivación. Está pensando en remodelar el local y el outlet. Candela es la que más insiste. Se están quedando viejos, mamá. Allí está su cabeza cuando Ariel se aproxima. Lo observa: tiene mala cara. Serio de toda seriedad, evalúa. ¿Te pasa algo? le pregunta. A la que le pasa algo es a vos contesta y ella se arrepiente de haber abierto la boca. Lo único que me pasa es que estoy apurada dice mientras sirve las tazas. No soy idiota replica Ariel. De reojo ella controla la hora, sin embargo, él capta su mirada. Andate no más dice pero nos debemos una charla. ¿Querés venir a cenar? propone ella. Ariel cabecea. Prefiero que no sea en tu casa. Ella se alarma. ¿Desayunamos mañana?, abro el local y luego estoy libre, tipo nueve, ¿me buscás allí? De acuerdo accede él. Ella apura su café, agarra la cartera, le da un beso en los labios y sale. Él no pronuncia una palabra. 



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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...