Para usted dice Lucas tendiéndole un ramo de flores. Muchas gracias y tuteame por favor, no soy tan vieja. Candela lo conduce al comedor. Cuando ve los cuatro platos pregunta ¿Ariel no viene? No contesta ella y se dirige a la cocina a toda marcha para evitar explicaciones. Porque no tuvo ganas de invitarlo. Sería sumarle a las traiciones a Sebastián una nueva traición. Desde la cocina indica Camila pone el posafuente que ya voy con el pastel y pela. Cuando lo deposita, Lucas informa me encanta el pastel de papas. Espero no defraudarte dice ella y piensa que a Sebi también le encanta. Pareces Menem, mamá comenta Candela. Ríen.
Tratando de vencer su inercia, después de semanas, barre el piso del living. Camila tirada en el sillón, libro en mano, Mobi a sus pies, dice como al descuido hoy me encontré con Sebastián. La escoba cae al suelo. Ella se apresura a recogerla. La chica le dirige una mirada rápida y continúa me dijo que le habías escrito pidiéndole que me orientara con la facultad. A ella le cuesta respirar, pero intenta simular naturalidad. ¿Y? Me orientó, buscó información y me la dio. Como la chica retoma su lectura pregunta ¿de qué charlaron? De eso, del Balseiro, le parece una buena decisión. ¿De algo más? No, mami, y no jodas, déjame que estoy leyendo dice y reacomoda los almohadones. Tendría que estar contenta y no lo está. Intenta entrar en razones. Te dijiste, Claudia, que Camila era lo que importaba; ya logró que el hermano la ayudara, eso te debiera alcanzar. No le alcanza, la angustia que le sube del abdomen es la prueba de que, claramente, no le alcanza.
Ella tiende la cama mientras Ariel se ducha. Ya en la cocinita pone agua para el café. Lo precisa. Las tres de la tarde, casi, tendrá que apurarse, el contador quedó en pasar por el taller a las cuatro. La verdad es que desde que subió Kirchner, ella no lo votó porque ni lo conocía, la economía va mejor. Se nota en la calle la reactivación. Está pensando en remodelar el local y el outlet. Candela es la que más insiste. Se están quedando viejos, mamá. Allí está su cabeza cuando Ariel se aproxima. Lo observa: tiene mala cara. Serio de toda seriedad, evalúa. ¿Te pasa algo? le pregunta. A la que le pasa algo es a vos contesta y ella se arrepiente de haber abierto la boca. Lo único que me pasa es que estoy apurada dice mientras sirve las tazas. No soy idiota replica Ariel. De reojo ella controla la hora, sin embargo, él capta su mirada. Andate no más dice pero nos debemos una charla. ¿Querés venir a cenar? propone ella. Ariel cabecea. Prefiero que no sea en tu casa. Ella se alarma. ¿Desayunamos mañana?, abro el local y luego estoy libre, tipo nueve, ¿me buscás allí? De acuerdo accede él. Ella apura su café, agarra la cartera, le da un beso en los labios y sale. Él no pronuncia una palabra.
Demasiado pensante Claudia, tiene que soltarse y soltar y aprender a no cuestionarse tanto lo que sería bueno o no.
ResponderBorrarA veces no es tan fácil liberar la cabeza
BorrarEstá cansado...
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