viernes, 4 de octubre de 2024

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Un tira y afloje lograr que la dejaran entrar. No quiso molestarlo a su hijo para que bajara a buscarla. Ahí está ahora subiendo el ascensor. Ascensor que le agradece cuando se baja. Encima aguantar que las máquinas te hablen, piensa. En el hall de espera frente a terapia hay un puñado de personas. Enseguida descubre a Sebastián que en cuanto la ve se dirige a ella y que, pese a la presencia de sus suegros, la abraza como si fuera una criatura. Ella recuerda el nacimiento de Bautista. Viniste, ma. Ella le palmea la espalda intentando tranquilizarlo. Casi se muere dice el muchacho. Pero ya está fuera de peligro, ¿no? No es la rotunda contestación las próximas horas son decisivas, hay que ver si responde a los antibióticos, casi fue una septicemia. Sebastián se desprende del abrazo. Ella se acerca a sus consuegros. Por primera vez siente empatía por Mercedes, se la ve destruida. La besa y se sienta en silencio junto a ella. Sebi a su lado. Recién un rato después le pregunta ¿y Bauti? Cenó lo más bien, hizo un poco de puchero cuando llegó la hora de acostarse, pero se durmió enseguida abrazado a Camila, conectaron enseguida. ¿Lo dejaste con ella? Se sumaron Fernanda y Manuel, quedate tranquilo. Las horas transcurren lentísimas, solo interrumpidas por varios cafés buscados en la máquina, consultas inútiles con enfermeras que no dan información. Recién a las seis Sebastián logra interceptar a un médico. Ella, como un resorte, se acerca. Está estable informa el hombre. Escucha el suspiro de alivio de su hijo. A las siete, de contrabando, una enfermera lo deja entrar. Sale instantes después, desencajado. Es un manojo de cables informa la tienen dormida. Yo mejor me voy dice ella Fernanda tiene clases a las nueve; no creo conseguir que Cami vaya al colegio. Se incorpora y saluda a sus consuegros. Sebastián la acompaña hasta abajo. Gracias por venir, ma le dice abrazándola te necesitaba. Sebi blanqueando sus emociones, qué extraño. Manteneme informada, por favor, en cuanto vea con quién dejar el nene, regreso. ¿Y el trabajo? Hay prioridades contesta ella dándole otro beso. Mientras camina hacia el coche se siente de alguna manera culpable. No me importa Belén, reconoce, me importa el sufrimiento de mi hijo. Cabecea. Abre la puerta y arranca sin calentar el motor. Ariel siempre la reta por eso. Ariel. Raro que aún no la llamó. Se va a enojar por no haberle contado anoche. Es que por primera vez en horas piensa en él. Menos mal que no tiene acceso a mi cabeza, decide.

 

Los días transcurren a un ritmo vertiginoso. Como en el mar, piensa, uno se recupera de una ola cuando nos acosa otra. Casi un mes, ya. Un mes en el que los días que le tocan parecen tener cuarenta y ocho horas. O doce, porque el tiempo no le alcanza para nada. Es ingenuo intentar mensurar el tiempo con relojes. Entre Bautista, Camila, el taller, el local, el outlet, los viajes al sanatorio -a veces con Bauti para que vea a su mamá, ya está mejor, y a sus abuelos-, algún resquicio para Ariel, terapia, las visitas de Sebastián-que tuvo que volver a trabajar, encima-, cocinar para multitudes -porque la casa ha vuelto a convertirse en una pajarera, todos revoloteando alrededor del nene-, las horas se escurren dejándola agotada. Me parece que todo este ajetreo la tonifica más de lo que la mortifica dictaminó Ana María escuchando sus quejas. Es cierto. Se siente útil, plena, necesaria, eficiente. Tiene plena certeza de que es ella quien, cual director de orquesta, mueve la batuta distribuyendo tareas tanto a sus hijos como a sus empleadas. No solo como el director, evalúa, también escribo la partitura. Es absurdo, necesitó que la muerte rozara a su nuera para recuperar su propia vida. Se siente culpable por estar contenta, sin embargo, lo está. Uno no es responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por ellas suele decir Ana María. Contenta de que otra vez sean muchos alrededor de la mesa -vino bien tener livingcomedor-, contenta de que Sebastián suela venir de visita para ver al nene, contenta de poder disfrutar de su nieto. Se enamoró de Bautista. Durante un año y medio fue para ella casi un extraño y en menos de un mes se le metió dentro. Carne de mi carne; sangre de mi sangre. Tan parecido a Sebastián, además. Y vivaracho como era él. Se descubre deseando que Belén se quede internada un poco más. Y eso no puede contárselo ni a Ana María. Soy un monstruo, decide.

 

Ahora una obstrucción intestinal, la tienen que operar de nuevo informa Sebastián por el teléfono ya no resisto más. A ella la culpa no le cabe en el cuerpo.

11 comentarios:

  1. Tremendas.circunstancias... a esperar a la semana que viene para ver como sigue.

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    1. Una cosas son los sentimientos y los pensamientos, otras los actos..

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  2. Me siento identificada con Claudia, todo bajo control...

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  3. Está novela es la vida misma, ¡Cuánto me gusta!

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  4. Soy yo Mónica Saldivar. Me equivoqué y salió como anónimo

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    1. No es fácl lograr que los comentarios salgan con nombre. mí me costó darme cuenta cómo

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  5. ¡Qué concordancia con la vida misma! Parece que estoy leyendo partes de la mía...¡Cuánto dolor, alegrías y sensaciones encontradas!...

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  6. "Uno no es responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por ellas", de otro modo pero lo digo a menudo

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    1. Y ya es bastante
      hacernos cargo de nuestros actos! Las emociones...

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