Un tira y afloje lograr que la dejaran
entrar. No quiso molestarlo a su hijo para que bajara a buscarla. Ahí está
ahora subiendo el ascensor. Ascensor que le agradece cuando se baja. Encima
aguantar que las máquinas te hablen, piensa. En el hall de espera frente a
terapia hay un puñado de personas. Enseguida descubre a Sebastián que en cuanto
la ve se dirige a ella y que, pese a la presencia de sus suegros, la abraza
como si fuera una criatura. Ella recuerda el nacimiento de Bautista. Viniste,
ma. Ella le palmea la espalda intentando tranquilizarlo. Casi se muere
dice el muchacho. Pero ya está fuera de peligro, ¿no? No es la rotunda
contestación las próximas horas son decisivas, hay que ver si responde a los
antibióticos, casi fue una septicemia. Sebastián se desprende del abrazo.
Ella se acerca a sus consuegros. Por primera vez siente empatía por Mercedes,
se la ve destruida. La besa y se sienta en silencio junto a ella. Sebi a su
lado. Recién un rato después le pregunta ¿y Bauti? Cenó lo más bien, hizo un
poco de puchero cuando llegó la hora de acostarse, pero se durmió enseguida
abrazado a Camila, conectaron enseguida. ¿Lo dejaste con ella? Se sumaron
Fernanda y Manuel, quedate tranquilo. Las horas transcurren lentísimas,
solo interrumpidas por varios cafés buscados en la máquina, consultas inútiles
con enfermeras que no dan información. Recién a las seis Sebastián logra
interceptar a un médico. Ella, como un resorte, se acerca. Está estable
informa el hombre. Escucha el suspiro de alivio de su hijo. A las siete, de
contrabando, una enfermera lo deja entrar. Sale instantes después, desencajado.
Es un manojo de cables informa la tienen dormida. Yo mejor me voy dice
ella Fernanda tiene clases a las nueve; no creo conseguir que Cami vaya al
colegio. Se incorpora y saluda a sus consuegros. Sebastián la acompaña
hasta abajo. Gracias por venir, ma le dice abrazándola te necesitaba.
Sebi blanqueando sus emociones, qué extraño. Manteneme informada, por
favor, en cuanto vea con quién dejar el nene, regreso. ¿Y el trabajo? Hay
prioridades contesta ella dándole otro beso. Mientras camina hacia el coche
se siente de alguna manera culpable. No me importa Belén, reconoce, me importa
el sufrimiento de mi hijo. Cabecea. Abre la puerta y arranca sin calentar el
motor. Ariel siempre la reta por eso. Ariel. Raro que aún no la llamó. Se va a
enojar por no haberle contado anoche. Es que por primera vez en horas piensa en
él. Menos mal que no tiene acceso a mi cabeza, decide.
Los días transcurren a un ritmo vertiginoso. Como en el mar, piensa, uno
se recupera de una ola cuando nos acosa otra. Casi un mes, ya. Un mes en el que
los días que le tocan parecen tener cuarenta y ocho horas. O doce, porque el
tiempo no le alcanza para nada. Es ingenuo intentar mensurar el tiempo con
relojes. Entre Bautista, Camila, el taller, el local, el outlet, los viajes al
sanatorio -a veces con Bauti para que vea a su mamá, ya está mejor, y a sus
abuelos-, algún resquicio para Ariel, terapia, las visitas de Sebastián-que
tuvo que volver a trabajar, encima-, cocinar para multitudes -porque la casa ha
vuelto a convertirse en una pajarera, todos revoloteando alrededor del nene-,
las horas se escurren dejándola agotada. Me parece que todo este ajetreo la
tonifica más de lo que la mortifica dictaminó Ana María escuchando sus
quejas. Es cierto. Se siente útil, plena, necesaria, eficiente. Tiene plena
certeza de que es ella quien, cual director de orquesta, mueve la batuta
distribuyendo tareas tanto a sus hijos como a sus empleadas. No solo como el
director, evalúa, también escribo la partitura. Es absurdo, necesitó que la
muerte rozara a su nuera para recuperar su propia vida. Se siente culpable por
estar contenta, sin embargo, lo está. Uno no es
responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por
ellas suele decir Ana María. Contenta de que otra vez sean
muchos alrededor de la mesa -vino bien tener livingcomedor-, contenta de que
Sebastián suela venir de visita para ver al nene, contenta de poder disfrutar
de su nieto. Se enamoró de Bautista. Durante un año y medio fue para ella casi
un extraño y en menos de un mes se le metió dentro. Carne de mi carne;
sangre de mi sangre. Tan parecido a Sebastián, además. Y vivaracho como era
él. Se descubre deseando que Belén se quede internada un poco más. Y eso no
puede contárselo ni a Ana María. Soy un monstruo, decide.
Ahora una obstrucción intestinal, la tienen que operar de
nuevo informa
Sebastián por el teléfono ya no resisto más. A ella la culpa no le cabe
en el cuerpo.
Tremendas.circunstancias... a esperar a la semana que viene para ver como sigue.
ResponderBorrarUna cosas son los sentimientos y los pensamientos, otras los actos..
BorrarMe siento identificada con Claudia, todo bajo control...
ResponderBorrarSiempre lista!!
BorrarEstá novela es la vida misma, ¡Cuánto me gusta!
ResponderBorrarSoy yo Mónica Saldivar. Me equivoqué y salió como anónimo
ResponderBorrarNo es fácl lograr que los comentarios salgan con nombre. mí me costó darme cuenta cómo
Borrar¡Qué concordancia con la vida misma! Parece que estoy leyendo partes de la mía...¡Cuánto dolor, alegrías y sensaciones encontradas!...
ResponderBorrarlas vidas de las mujeres siempre tienen puntos en común
Borrar"Uno no es responsable de sus emociones, sí de los actos que lleve a cabo impulsado por ellas", de otro modo pero lo digo a menudo
ResponderBorrarY ya es bastante
Borrarhacernos cargo de nuestros actos! Las emociones...