1993
Hice la elección correcta, se dice ella, al escuchar en la radio que muchas industrias textiles están cerrando porque no pueden competir con los precios de la ropa importada que inunda el mercado. Los uniformes no se pueden importar, son propios de cada escuela. Su emprendimiento va viento en popa. Tomó la séptima empleada. Sus chicas son joyas, cumplidoras, trabajadoras. Rita es su mano derecha. Y aunque los costos ya no suben, ella les aumentó el salario. Se lo merecen. Hace unas semanas que una idea está dando vueltas por su cabeza. ¿Por qué limitarse a la confección y perder la ganancia adicional de vender ella misma sus prendas? Ya estuvo haciendo averiguaciones. Hay un local en la otra cuadra del taller en bastante buen estado. El alquiler es razonable. En dos meses termina con las cuotas del auto. Claro que el hombre no la va a esperar. Tiene que tomar una decisión. Agarra su cartera. Salgo avisa a las chicas. Se dirige hacia la biblioteca. Necesita hablar con Elena. Además, le quiere pedir un libro para Candela. Seguramente los que ella leyó durante sus embarazos ya están viejos.
Después de cenar se queda tomando un café con Sebastián. Cada vez está menos en casa. La novia lo captó, piensa ella. Ma, estuve pensando algo dice el chico, y ante su gesto continúa tendríamos que comprar una computadora; cada vez me dan más trabajos en la facultad, la Remington del abuelo se atranca cada dos palabras; además, en la compu se puede corregir sin necesidad de rehacer; ya estuve averiguando precios, unos setecientos pesos, viste que ahora todo se puede comprar en cuotas; yo puedo colaborar con la mitad; ¿qué te parece? Ella piensa que muy pocas veces les dice que no. Quizá demasiado pocas. Tenés el sí fácil siempre le dice Gloria. Una computadora ahora. Elena hace rato que la usa en la biblioteca. ¿Y, ma? ¿Cuántos uniformes tiene que vender para juntar setecientos pesos? Puede ser contesta déjame que haga unos números; de todos modos, la pagaría yo; quiero que también puedan usarla tus hermanas. ¡Y vos!, para el trabajo, yo te enseño. Estoy demasiado vieja. ¿Vieja?, ¡vos sos un avión!, no conozco a nadie tan emprendedor. No me dorés la píldora que me vas a hacer arrepentir. Sebastián la mira muy serio. Es la verdad, pavada de madre me tocó en el reparto. Ella, sin embargo, piensa en Belén. En el juicio de Belén. Teme que no saldrá indemne.
Ya sé lo que voy a estudiar anuncia Fernanda mientras están cenando. Como si hubieran ensayado la coreografía todos dejan los cubiertos y la miran. Profesorado de Educación Inicial. Pero eso es un terciario, hija. La cara de la chica se desarma. Claro, para vos lo único que vale es la universidad; ya tenés a tu hijito ingeniero, ¿no te pusiste a pensar antes de abrir la boca que a lo mejor esa carrera de cuarta es mi vocación? Tan enorme la sorpresa de ver a la dulce Fernanda, su eterna aliada, agrediéndola, que todos, incluida la nena, permanecen inmóviles, en absoluto silencio. Y no me vengas a decir que voy a desaprovechar mis capacidades, porque no estoy dispuesta a escucharte, no puedo darte eternamente el gusto, mamá. La chica se levanta y se va. Tiene razón siempre esperaste demasiado de nosotros dice Candela se incorpora y alcanza a su hermana en la escalera. Sebastián la mira. El desconcierto de ambos es absoluto. Fer está enojada con la mami comenta Camila dando vueltas las manitos, las palmas hacia arriba muy enojada. Después de lavar los platos y acostar a las nenas, ella sube las escaleras. Golpea la puerta de las chicas. Fernanda dice necesito charlar con vos, bajá por favor. Un rato después la chica entra en su dormitorio, cabizbaja. Perdón, mami pide. Perdoname vos, vas a ser una excelente maestra dice ella mientras la abraza. El pecho de la chiquilina se sacude.
Se acerca tu cumpleaños le comenta a Camila mientras saca la ropa del tender ¿cómo te gustaría festejar? La nena se queda pensando. No quiero invitar a todo el grado. ¿Por qué? Algunos me molestan. ¿Qué te hacen? pregunta ella, alarmada, casi no conoce a los chicos, recién empieza primer grado. Nada contesta cabeceando pero igual no los quiero invitar. ¿Entonces? Para el cumple de Mariela me quedé a dormir en su casa, ¿te acordás? Claro. ¿Si le decimos a ella a Paula y a Marina que vengan?; si las mamás las dejaron quedarse en lo de Mariela seguro que las dejan quedarse acá. Ella se queda pensando. Fernanda puede ir a dormir a su cuarto y en la cama de debajo de la Sebi hay otro colchón. ¡Porfi, mami! implora la nena juntando las manitos. Veremos qué dicen las mamás. Camila la abraza, enterrando la cabecita en su cintura. ¡Gracias, mami! Mientras la nena esboza planes ella, doblando la ropa, piensa. Va a alquilar una película. Papas fritas, chizitos, hamburguesas, helados de palito y una chocotorta. Al desayuno medialunas. Comprará alguna pavadita para que se lleven. De repente se le cruza una idea. Seis años. Todas con dientes flojos. ¿Qué te parece, mami? Ella sacude la cabeza. ¿Qué? Vos siempre igual, ¡nunca escuchás! Le voy a decir a las chicas que me hagan cuatro almohaditas, piensa. Retazos, nunca faltan. ¡Mami!, ¡oíme! Camila la mira levantando las cejas. Esos ojos celestes… ¡Es tan bonita! Ella deja de arrollar las medias y la abraza.
Me siguen fascinando las escenas familiares
ResponderBorrarEs interesante cuando observamos cada escena familiar: cada uno juega el rol que se le ha asignado en esa familia, una y otra vez. Acá fernanda salió del libreto, por eso la sorpresa general.
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