viernes, 12 de julio de 2024

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Ahí está, con Sebastián, en pleno barrio de Constitución, parada junto a ese Renault 6 verde del 85. El muchacho, compañero de su hijo, le cuenta las maravillas del rodado, pero ella no entiende nada de nada. Tampoco Sebi. Por eso le pidió asesoramiento a Ángel, sin embargo, no aparece. Ella está nerviosa, no sabe qué hacer, hay otro interesado. Finalmente ve aparecer a su amigo. No encontraba lugar para estacionar se disculpa. El chico abre el capó y Ángel se sumerge. Los tres hombres charlan animadamente. Ella solo observa. Está asustada. Por las cuotas (tiene tantas más) pero sobre todo por el registro. ¿Será capaz de manejar? Elena se ofreció a enseñarle. A Ángel no te lo recomiendo había dicho no tiene paciencia. Vení, vamos a dar una vuelta, ma, Ángel lo quiere probar. Y allí van los cuatro en ese auto que quizá se convierta en suyo. Si me viera mamá, piensa y hace mucho que no piensa en su mamá. Para su madre las mujeres no debían salir de la cocina. Para su padre tampoco. Quizá si Alberto no se hubiera muerto ese hubiera sido su destino. ¿Mejor o peor? Absurdo planteárselo, la vida no tiene retroceso. Ma, te estoy hablando dice Sebi. Ella sacude la cabeza. Está en la vereda. No recuerda cuándo bajó.  Ángel dio el Ok, ¿lo compramos?

 

Mami, ¿el bebé de Cande tampoco va a tener papá? pregunta Camila mientras ella le seca la cabeza. No puedo más, piensa, demasiado lo que me toca. Quisiera decirle que se calle, que no pregunte pavadas, que la deje en paz. Pero sabe que no debe entonces contesta, tensa, los dos tienen papá, un papá distinto, que no estén con nosotros no significa que no existan. ¿No le gusté a mi papá?, ¿por eso se fue y nos dejó? El fastidio se le derrite. La abraza fuerte. ¿Cómo podrías no gustarle si sos una hermosura?, vos no tenés la culpa, los adultos tienen complicaciones y tu papá las tuvo, por eso no está. La chiquita se desprende del abrazo y la mira, muy seria. ¿Y el papá del bebé también tiene complicaciones? Sí, mi amor, también. ¡Yo lo voy a querer mucho! exclama la nena ¡aunque no sea una hermosura! Tuve suerte con mis hijos, piensa ella. Hasta con Candela.

 

No sabe dónde leyó que los problemas son proporcionales a la cantidad de cosas que se tengan. Y sí, desde esa óptica son lógicos sus quebraderos de cabeza. Tengo una casa, un taller, un auto, seis empleadas, un perro, cuatro hijos y hasta un nieto en camino. Imposible que no haya fallas en alguno de los ítems en cada día de su vida. Cada día, se repite. Canillas que pierden, máquinas que se atascan, faros que se rompen, pedidos de aumento, pulgas, piojos, anginas y náuseas. Antes de que solucione un problema surge otro. Repara en que nada en su listado es grave. Hay cosas que quizá no son graves, aunque sí importantes. Candela se niega a seguir yendo al colegio. Ya no puede esconder la panza bajo el guardapolvo y no quiere ir más. Intentó convencerla de todas las maneras. Hasta le pidió a Elena que hablara con ella. Imposible. Una mula. Prometió dar luego libre quinto año sin precisar cuándo será luego. La desespera que su hija no termine el secundario. No quiere que le pase como a ella. Aunque tiene que reconocer que se ha arreglado bien para mantener a sus hijos pese a esa falencia. Elena le sugirió que la deje, que ya la chica tiene demasiado. Está pasando un mal embarazo, además. Náuseas, vómitos, bajadas de presión. Es una nena aún, piensa. Dejó la puerta del cuarto entreabierta y Dedal asoma el morro. Está por echarlo, pero desiste. El perro se acerca y pone la cabeza sobre el acolchado. Ella lo acaricia. El contacto son la tibieza del animal la va tranquilizando. Minutos después se queda dormida. Dedal se hace un ovillo en la alfombrita lindera a la cama.

 

Hace mucho que no la veo a Belén le comenta a Sebastián ¿están bien? Sí, ayer estuve cenando en su casa contesta el chico. ¿Por qué no la invitás a almorzar el domingo?, pensaba hacer canelones. Silencio. Silencio de radio, piensa ella. ¿Pasó algo? Sebi se toma unos minutos antes de contestar todavía no le dije que Candela está embarazada. ¡¿Por qué?! Porque me da vergüenza dice el chico mirando el piso. ¿Vergüenza? La familia de Belén es muy tradicional, religiosa, lo van a tomar mal. Acá la que importa es Belén no su familia, ¿ella también lo tomaría mal? De repente se le ocurre algo. ¿Ustedes tienen relaciones? pregunta. Sebastián calla. Ella sabe que con Marina, la novia anterior, se acostaba; Ángel había hablado con el pibe y ella había encontrado preservativos en el cuarto. No sé cómo te vas a arreglar para ocultarlo cuando nazca.  Otra idea la atraviesa como un rayo. ¿Le contaste que Camila es medio hermana? Las mejillas de Sebi se incendian. Ninguna pareja crece bien entre mentiras, hijo; esta es tu familia y no debieras avergonzarte de nosotros; si te quiere de verdad tendrá que aceptarte y aceptarnos. El chico se incorpora. No es tan fácil dice. Ella registra que es la primera vez desde que nació que su hijo la decepciona. Pero la culpa es de la novia. Mocosa de Recoleta. Cree que la vida es color de rosa. La vida en rosa[1]. Qué lindo cantaba la Piaf. Su mamá siempre la escuchaba. Los discos de pasta. Para su madre tampoco la vida fue rosa. Para Candela parece que tampoco. Pobre hija mía, piensa.

 

La acompaño a Candela a hacerse la ecografía y después voy al taller le avisa a Fernanda ocupate de tu hermana. ¿Puedo ir? pregunta la chica. Ella recuerda idéntica situación seis años atrás. La mira a Candela levantando las cejas. Por mí… pero apúrense que me estoy haciendo pis y todavía me falta tomar medio litro.  Tendrá que llevar también a Camila, con quién dejarla. Espero que la ecografista las deje entrar aclara ella si no, se quedan afuera. Minutos después las cuatro montan el Renault. Cuánto más fácil es trasladarse ahora. Por suerte la doctora les permite pasar. Es la misma que le hacía las ecografías a ella. Candela sube a la camilla. Parece un juego de roles. Cambia, todo cambia[1], como canta la Negra. La acostada era espectadora, ella era la acostada, Camila la que estaba en la panza. La única que conserva su papel es Fernanda. Fernanda es mi columna vertebral, decide, no sé qué haría sin ella. Obvia pensar que falta alguien. Lo obvia porque es demasiado doloroso. ¿Eso es mi bebé? pregunta Camila con cara de desencanto no es una hermosura. Todos ríen. Están yendo a buscar el auto cuando Cande la pregunta ¿no podemos ir a merendar todas a Caballito Blanco? Ella se queda desconcertada. Un montón de plata, piensa. Luego recuerda que tiene en la cartera el pago del Colegio de la Misericordia, se olvidó de dejarlo en su casa. Cuatro pares de ojos la miran, anhelantes. Está bien accede vamos a festejar que la “hermosura” está muy bien, se movía como un atleta. Carcajadas.



[1] “Todo cambia”, canción de Julio Numhauser, cantada por la “Negra” Mercedes Sosa.



[1] “La vie en rose”, Edith Piaf.

4 comentarios:

  1. Hermoso momento vivido.
    Me pasó con el embarazo de Marcela, mi hija mayor. La misma situación. Mis otras dos hijas y yo, fuimos a sus ecografías. Mamá soltera ella, hoy su hija tiene 15 años. Y, Marcela, tiene cáncer...

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  2. Celebro que tu nieta haya crecico. Confiemos que tu hija saldrá adelante.

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  3. Me encanta Fernanda, la columna vertebral. Y lo de Sebi... eran otras épocas

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  4. Fernanda, perfil bajo, sostiene la estructura. Sebi no podía ser perfecto...

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...