Pide unos apósitos, se cambia y sale. Sentados en el banco, Sebastián y Elena. En cuanto la ven se incorporan y vienen hacia ella. Están las dos muy bien dice. ¿Otra nena? pregunta su hijo. Ella asiente. Estoy signado por las mujeres, cinco ahora, ¿no tendrás un lugarcito en tu casa, Elena? pregunta Sebastián e instantes después exclama ¡ya mismo quiero conocer a mi sobrina!, ¿cómo le va a poner al final? Zoe informa ella y descubre que está pronunciando el nombre de su nieta por primera vez. ¡Felicitaciones, abuela! dice su amiga al tiempo que la abraza.
Entra a la habitación. Sobre una de las camas, Candela amamantando a la nena. Se prende lo más bien la recibe su hija, la máscara lívida de unas horas atrás convertida en un rostro rozagante. Ella las observa en silencio, incrédula todavía. Minutos después la chiquita se aparta del pezón. ¿Querés alzarla? le pregunta Candela. Ella toma la beba que se le ofrece y la acerca a la ventana. Un rayo de luz se posa sobre la pequeña. Siente que las piernas se le aflojan. Por un instante todo se transfigura. Candela es ella, Zoe es Candela. La sangre que brota de la matriz de Candela es la que sale de la suya. Tuvo a sus primeros hijos sin buscarlos, a Camila sin desearla. A los cuatro los ama visceralmente. Tampoco deseó esta nieta. También, descubre con la contundencia de un rayo, la ama visceralmente. Es parte de ella, como si la hubiera gestado. Mamá, ¿te sentís bien? escucha. Abre entonces los ojos. Es igualita a vos cuando naciste dice luego de unos instantes qué carita preciosa. Ojalá que no sea igual que yo. ¿Por qué lo decís? inquiere ella girando hacia su hija. ¿Todavía me lo preguntás? Los ojos de la chica se llenan de lágrimas. Sabia necesito ser sabia, piensa. Entonces dice me parece que está beba va a estar muy orgullosa de su mamá. El rostro de Candela se ilumina.
Precede a sus tres hijos por el pasillo atestado. Camila no cesa de cotorrear desde que se subieron al auto enunciando todo lo que hará con el bebé. En cuanto abre la puerta Fernanda se abalanza hacia la cama y sin siquiera saludar a su hermana que está con la chiquita en brazos ordena dámela. Sebastián pizpea a la beba y se aproxima a la reciente madre. Te salió bastante bien la pendejita dice besándola y luego retoma la observación de su sobrina. ¿En qué líos nos meterás? le dice rozándole la mejilla. Fernanda, embobada en la contemplación, no emite palabra. Ella, sentada en la cama vecina por suerte libre, observa a sus hijos. A mis cuatro hijos, piensa y repara entonces en que perdió de vista a Camila. Gira. Está parada junto a la puerta apoyada en la pared. Va a llamarla cuando la nena se aproxima a su hermano y le tira de la manga. Sebi, upa reclama.
Qué emoción Dios mío!!!
ResponderBorrarCasi la parió ella!
ResponderBorrar¡Hermoso momento!
ResponderBorrarMuchas gracias!
BorrarVibrante descripción y que palabra ,*amar visceral mente*
BorrarAsí solo se ama a los hijos
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