lunes, 9 de septiembre de 2024

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Sus hijas mayores quedaron desconcertadas cuando ella les propuso un almuerzo de mujeres. Fernanda llegó corriendo desde el colegio, Candela y ella ya sentadas, mirando el menú. Un rato después las tres comparten dos supremas Maryland. ¿A qué se debe el encuentro? pregunta Fernanda repartiendo la comida. Ella propició la charla, sin embargo, ahora quisiera estar a kilómetros de allí. ¿Y si les dice que quiere conversar con ellas sobre Camila? No estaría mintiendo, porque bien que le hace falta, pero inspira profundamente y declara les quiero contar algo. Esta familia últimamente está llena de noticias comenta Candela y dirigiéndose a su hermana indica dale, poneme más crema de choclo, no seas amarreta. Estoy saliendo con alguien dice ella al fin. Epa, epa exclama Candela esa no me la esperaba. ¿Desde cuándo? averigua Fernanda. Hace tiempo contesta ella. ¿Cuánto tiempo? inquiere ahora Cande. ¿Debe decir la verdad o mejor es mentir? Porque sabe lo que provocará la verdad… Dos años. ¿¡Dos años?! exclaman a coro. ¿Y por qué nos lo ocultaste? pregunta Fer ¿es casado? Ella niega con la cabeza. ¿Entonces? Ella quisiera irse volando en una escoba, porque sabe que cuando les conteste pensaran que es una bruja, una bruja vieja. ¿Y? Es menor que yo responde. Mamá, no seas antigua acota Candela eso ya no tiene importancia. Ella cierra los ojos y confiesa tiene la edad de Sebastián. Se produce un silencio espeso, tangible, los cubiertos regresan a los platos. No te creo dice Fernanda. ¿Estás loca, mamá? pregunta Candela. Por eso no quería contárselo, ya sabía cómo iban a reaccionar. ¿En dónde lo conociste? averigua Fer. Fue compañero del secundario. Más que compañero podría haber sido tu alumno dice Candela, burlona. Cande la reconviene Fernanda tocándole el brazo. ¿A él también le da vergüenza, por eso se mantiene oculto? pregunta Candela. No, él está deseando conocerlos a todos, me presiona permanentemente, en realidad ya los conoce de tanto que hablo sobre ustedes. ¿Sabe que me casé? pregunta Fernanda. Claro, sin avisarme nada se apareció en la iglesia, cuando al día siguiente me enojé con él me dijo que era la única oportunidad de verlos a todos, al menos de lejos. ¿Elena sabe? pregunta Candela. Sí, se lo conté hace poco. ¿Qué dijo? Que si me hace feliz… ¿Y te hace feliz? inquiere ahora Fernanda. Feliz es una palabra muy grande dice ella y recuerda la pregunta de Elena lo que si podría decirles es que me ayuda a vivir. Yo lo quiero conocer dice Fernanda. ¡Y yo! agrega Candela. A ella, para variar, se le llenan los ojos de lágrimas.

 

Desde que anduvo con Camila por los outlets para comprarle el pantalón, un verdadero hormiguero, una idea le ronda la cabeza. Las pocas cuadras entre el local y Canning marcan la diferencia. Tienen bastante mercadería discontinua que se va acumulando en el taller y el local. Podrían también dedicarse a fabricar joggins más allá de los que hacen para las escuelas. Estás cansada de ver caminando por la calle mujeres con ropa deportiva. Cuando ayer comentó la idea, Candela se mostró muy entusiasmada.  Por eso esta mañana fría y luminosa de mayo camina por Córdoba tratando de descubrir un localito en alquiler. Llegando a Serrano ya está muy desilusionada. De todos modos, siempre queda la posibilidad de recurrir a una inmobiliaria. Cuando está por emprender la retirada, en la vereda de enfrente ve una mercería donde reza liquidación total por cierre. No tengo nada que perder, piensa, y entra. Minutos después sale con el teléfono de la dueña del local. Con probar no se pierde nada.

 

Luego de cenar, las chiquilinas en su cuarto, los cuatro adultos comparten un café. Aunque parezca mentira en una semana nos entregan el departamento anuncia Manuel se adelantaron los plazos. ¡Qué buena noticia! exclama Candela brindemos con café. Los cuatro elevan las tazas. Ella siente una extraña sensación que le sube desde el abdomen. Fernanda también se le va. Para conjurarla informa ayer le comenté a Candela que se me había ocurrido la idea de poner un local en la zona de los oulets de Córdoba. Mami, vos no parás nunca dice Fernanda. Hoy me enteré de un local que se desocupaba y conseguí el teléfono del dueño; arreglé para verlo el miércoles a las diez; vos, Cande, ¿me podrás acompañar? ¡Obvio!, me encanta la idea, ¿cuánto piden? La mujer me dijo que todavía no saben, ni siquiera están seguros de si van a volver a alquilarlo, es gente mayor y están cansados de problemas, pero le insistí tanto que conseguí una cita. Quién detiene a mi mami dice Fernanda. ¿Es grande? pregunta Manuel. Bastante, pero está bastante venido a menos; me parece que además tiene un par de cuartitos atrás. Fernanda hace una mueca con la boca. Para esa zona tiene que estar bien puesto comenta. Ya veremos mañana dice Candela de mal modo. Fernanda y Manuel cruzan una mirada. Mejor irse a dormir dice Fer acercándose a darle un beso buenas noches, mami.

viernes, 6 de septiembre de 2024

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Pese a las protestas de Zoe, deciden ir caminando para que no se les arruguen los vestidos. La iglesia está a pocas cuadras. Sebastián pasará a buscarla a Fernanda. Allí van las cuatro, un abanico, blanco, negro, peltre y azul cerúleo, el color de moda. Recién ayer a la noche pegó los últimos botones, las perlitas de su chemise. Cuando llegan ya hay bastante gente. Camila y ella se ubican en la primera fila de la derecha. Candela se queda con Zoe en el atrio, esperando a la novia. A ella no le dan las manos para saludar a quienes van llegando. Qué distinto del casamiento de Sebastián. Conoce a casi todos. Estoy como pez en el agua, evalúa. Orgullosa. Feliz. De pronto descubre en la última fila de la izquierda a Ariel. No puede con su genio, piensa, pero no se enoja. Se limita a sonreírle cuando se cruzan sus miradas. Manuel y su madre se acercan, desde atrás, al altar. El primer acorde de Pompa y Circunstancia[1] hace que al unísono todos giren. Las puertas se abren. El resto del mundo se eclipsa. Primero Zoe,  que finalmente convenció a su tía, espolvoreando pétalos, como ella dice. Una princesa. Unos metros por detrás, Fernanda del brazo de Sebastián. Teme que el corazón se le parta de la emoción. Fernanda está espléndida. Un junco. Sissi. La emperatriz de sus amores.

 

Rock nacional. Cumbia. Bailan entreverados sus hijos, los amigos de los novios, la familia de Manuel, Elena, Ángel y sus hijos, Gloria, Rita, las chicas del taller. Como diría Zoe solo falta Dedal. Hasta Belén, con su avanzado embarazo, se suma al festejo. Sandwiches de miga, saladitos. Figazzitas de peceto y matambre hechos por Miriam, su consuegra. Ella no pudo ayudarla, enfrascada con los vestidos. La parte dulce la contrataron los chicos. Ella pagó la torta con cintitas. Una fiesta a nuestra exacta escala, determina, esto somos. Fernanda se acerca a abrazarla. Esto es un sueño, mi sueño, muchas gracias, mami. Ella piensa que cada uno de sus hijos vuela a distinta altura. ¿Me permite esta pieza, señora madre? pregunta Ángel. Mientras bailan al son de Vicentico ella piensa que Ariel es su único amor faltante. Lo vio entre la gente a la salida, pero ni se saludaron. Luego él le mandó un mensaje. Bella entre las bellas. Va a tener que blanquear la situación. Ariel se lo merece. Y ella también. ¿Hace falta que te diga/que me muero por tener algo contigo?[2]

 

Mami, me quiero poner aritos comunica Camila. Si ya tenés. No, una argollita acá dice señalándose el pabellón de la oreja. ¿Por qué? Por qué va a ser, porque me gusta. Sos muy chica. ¡Laura tiene! Ella intenta disuadirla, pero desde el comienzo sabe que con Camila es batalla perdida. No hay manera de que se ponga algo diferente que un jean a media cadera, remeras enormes, zapatillas rotas. Catorce años recién. El hermoso cabello casi rapado. Parece que se esforzara en afearse, tan bonita ella. Finalmente la muchachita logra convencerla. Están ahora en la farmacia. Cami compró el aro con sus ahorros. La mujer está por ponerle alcohol en la oreja izquierda cuando la chica le aparta la mano. ¡En la derecha! La mujer hace una mueca. Como quieras dice. Cuando salen Camila propone ¿vamos a tomar algo para festejar, mamita querida? Compradora la mocosa. ¿Un jugo o un helado? pregunta ella. ¡Un helado!, ¡de una! Caminan por Santa Fe del brazo. La tarde va cayendo. Todavía no pensó qué preparará de cenar. Ana María le diría que lo deje en manos de Fernanda. Porque ahora son seis. Menos mal que Manuel come cualquier cosa y todo lo alaba. Es un buen chico.



[1] “Pompa y circunstancia”, Edward Elgar.

[2] “Algo contigo”, Vicentico.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

52

 

 


Menos mal que cada tanto se te casa un hijo sino perderíamos definitivamente nuestro oficio dice Rita mientras pedalea a toda marcha. Ella coloca las medialunas en un plato, sirve el café y meneando la cabeza comenta dudo de que a Candela la casemos alguna vez. Tiempo al tiempo dice Rita es una buena chica, ya sentará cabeza. Mientras mastica ella piensa qué distinto es este casamiento. Todo preparado a pulmón. La familia de Manuel es hasta más sencilla que la de ellos. El papá es electricista; la mamá, ama de casa. Es lo que habría sido la nuestra si Alberto no hubiera muerto, evalúa con cierta culpa. Manuel es profesor de Educación Física, primer estudiante terciario de la familia, y ella tiende a creer que también secundario. Nunca preguntó. El chico es muy trabajador. En un par de escuelas y, desde hace un tiempo, personal trainer. Le costó aprender ese nombre. Ella a todos los chicos los mandó a estudiar inglés, una escuela municipal de idiomas, muy buena. Sebi después siguió por su cuenta en la Cambridge. Habla a la perfección. Ese chico es una esponja, piensa, absorbe todo. Fernanda es la que lo impulsa a Manuel a ser… personal trainer, a ella le da vergüenza pronunciarlo mal. En estas épocas de crisis hay que apuntar a los que tienen plata, esos nunca van a dejar de tenerla sostiene su hija. Pesito a pesito juntaron para el anticipo de un departamentito de dos ambientes que compraron, en pozo como se dice ahora, hace un par de años y sacaron para el resto un crédito bancario. Elena nuevamente salió de garantía. Se demoró la entrega para mayo. Esos dos meses vivirán con ellas. Camila y Zoe están chochas, cuánto más bochinche más contentas. Ella, pese a la opinión de Ana María, les cederá su cuarto y se mudará al de Fernanda. Cuarto de trastos, taller, dormitorio de Sebastián, luego de Fernanda. Camila será la próxima en habitarlo. O mejor Zoe, queda próximo al de Candela. Recuerda lo que le comentó Ana María sobre su casa. Endogámica la llamó. ¡Pero lo de Fernanda y Manuel será transitorio! Ángel siempre dice lo provisorio es lo único definitivo. ¿Le pongo un cierre de veinte o de veinticinco? pregunta Rita. El de veinte quedará más delicado contesta ella ¿hay alguno de dieciocho? Ahora me fijo. Fernanda no tendría más de doce años cuando se le apareció con una foto de Jacqueline Kennedy en un figurín de vestidos de novias famosas que tenían en el taller. ¿Cuándo me case me vas a hacer un vestido así, mami? preguntó. Ella le prometió que sí. Y ella ahora, mientras Rita hilvana el vestido de Candela, para su gusto demasiado corto, es la moda, mamá, lo defendió la interesada, disfruta armando el traje de novia de su hija. Compró un tafetán de seda lustroso color marfil. El cuerpo ajustado modela el talle, el escote retrato, corpiño con drapeado oblicuo, la falda acampanada cae generosamente hasta el suelo y una enagua corta aporta aún más volumen. Todavía tiene que comprarle el tul para el velo y los guantes cortos y el collar de perlas que Fer considera imprescindibles. El atuendo, incluyendo zapatos y ropa interior, es su regalo, además de colaborar con el festejo. Sonríe sola mientras trabaja en el torso. Esa hija tan sencilla, que jamás pidió nada, que se casará, como ella, en la humilde iglesia Del Valle, novio de traje, invitadas de corto, lunch al mediodía en un salón de barrio, cumplirá su sueño de vestirse como la Sissi de sus amores infantiles. Rita, ¿me das una mano con este drapeado?, prefiero avanzar con las bandas de la falda. Por suerte, o por desgracia, Camila insistió con el pantalón, negro nuevamente. Pero ahora no hizo concesiones: un jean. Mañana irán a comprarlo. Abrieron un montón de outlets, como se dice ahora, cerca de Córdoba y Canning, todavía le cuesta llamarla Scalabrini Ortíz. Espera encontrar alguno a precio razonable. Zoe le rogó tanto que Fernanda accedió a que entrara esparciendo flores. La nena quiso otro vestido de princesa, ahora el lazo color lila. Ya tuvo una primera prueba, pero aún sigue en veremos, seguramente se encargará Gladys. Y ella… Ella todavía no decidió el modelo, seguramente un chemise. Ya compró una gasa color peltre preciosa. Subí la radio pide Rita. Lopéz Murphy asume como ministro de Economía, ratificó el uno a uno con el dólar y pidió unidad al Gobierno y a la Alianza. Racing tuvo ante Boca su domingo más feliz. A este país no lo arregla nadie comenta la mujer cada vez estamos peor. Mejor pongo música dice ella no me quiero amargar. Cerati. Si no olvido, moriré/Y otro crimen quedará/otro crimen quedará/sin resolver[1]. Demasiado triste para hoy. Gira el dial. Estoy aquí queriéndote/Ahogándome/Entre fotos y cuadernos/Entre cosas y recuerdos/Que no puedo comprender/Estoy enloqueciéndome[2]. Sí, Shakira mucho mejor. Ambas mujeres cantan. Estoy aquí, queriéndote. ¡Ay! grita ella de repente. Se clavó la aguja en el pulgar. Una pequeña gota de sangre cae sobre el vestido de su hija. Por suerte las bandas tienen infinitos pliegues. La mancha no se verá. Pero estará. Ella recuerda su propia sangre en el parto de Zoe. Así son los hijos para mí, piensa, sangre de mi sangre.


[1] “Crimen”, Gustavo Ceratti.

[2] “Estoy aquí”, Shakira.

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...