viernes, 7 de febrero de 2025

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Ma, ¿puedo pasar a tomar un café? pregunta Sebastián. Ella se alarma. Ahora siempre se alarma. No le caben más problemas. Ya no sé qué hacer con Mateo arranca su hijo en cuanto se sienta se empacó con que este año no piensa estudiar; le dije que no le iba a pasar un peso; está buscando laburo, pero no encuentra; me desespera que esté todo el día sin hacer nada. Ella, en silencio, solo lo mira. Te quiero pedir un favor, ¿habrá posibilidad de que trabaje en algo en tus locales?, por el dinero no te aflijas, yo te lo daré para que se lo des; necesito que esté en actividad, que sea útil; a lo mejor me podés ayudar a encaminarlo. Después de una pausa ella comenta en Nordelta Teo me pidió trabajo; yo no quise dárselo porque temí contrariarte; siempre hay cosas para hacer en el taller y los locales, mercadería que embalar y transportar; yo me haré cargo del sueldo, lo mismo que le pago a otros por igual trabajo; no será mi nieto sino un empleado más; decile que me llame. Ella tiene registro de que está siendo seca, quizá porque no la entusiasma asumir otra responsabilidad. Ni siquiera con Mateo. Sin embargo, impensable no acceder al pedido de su hijo cuando él bien sabe que Ema y Zoe están trabajando con ella. Qué absurdo, en un abrir y cerrar de ojos tres nietos involucrados en su “emporio”. ¿El destino? Falta que Camila quiera poner una sucursal en USA, se burla de sí misma. Desde que arrancó con el tallercito en la terraza, a tantos ha dado de comer. Familia y empleados. Ha podido sortear los vericuetos económicos del país, con mejor o peor suerte, pero siempre resistiendo. Creciendo. Ha visto fundirse a tantos mientras ella prosperaba. Siempre se sintió tocada por una varita. Económicamente, claro. A ella le estaban reservados otros conflictos. Otros dolores. Sacude la cabeza. No es buen día para ponerse a recordar. Ma, ¿dónde andás? ella parpadea te pregunté qué lo pondrías a hacer. Tiene que evaluarlo, charlarlo con Zoe. No sé aún responde, tajante. Sebastián la mira arqueando las cejas. Parece que no estás en un buen día comenta. Ella quisiera decirle que los días buenos se le acabaron, pero no está dispuesta a escuchar peroratas, bastante con Fernanda. Entonces calla. Su hijo se incorpora. Me voy informa tengo que ir a buscar a Luján al taller de plástica. Ella debiera preguntarle qué está haciendo, si progresa, si le gusta. Pero no tiene fuerzas. Se incorpora y, en silencio, lo acompaña hasta la puerta, Brea detrás. Gracias dice Sebastián al besarla. Decile que me llame solo acota ella.


Domingo de elecciones. Por primera vez en su vida, se plantea si irá a votar. Harta de escuchar la radio, de ver la ciudad tapizada de afiches, de escuchar discutir a sus hijos, a sus empleados. Montescos versus Capuletos. Mazza versus Milei. Ojalá pudiera creer en alguno. ¡No son iguales, Claudia! la retaba el otro día Manuel si gana Milei se acaba la Argentina que conocemos. Por suerte no estaban Belén y Sebastián. Ellos piensan distinto. En casi todo piensan distinto. No sabe si decir por suerte, porque ahora se reúnen poco y nada. Ahora. Adverbio donde engloba tres años. Desde el 2020 un antes y un después. Hola, abuela dice Uma entrando descalza en la cocina, el largo cabello enmarañado. Ella le prepara el Nesquik y se sirve otro café. La nena busca la lata de las galletitas. Te compré vainillas le dice ella abriendo la alacena. Uma sumerge las vainillas en su jarro. La mitad queda adentro y tiene que rescatarla con una cuchara. Ríe. Ella también ríe. Esa chiquilina la obliga a sacudir su abulia. Es una criatura, necesita alegría. Energía. Anda a vestirte le ordena cuando terminemos de desayunar vamos a votar. Ya dentro del cuarto oscuro duda. ¿Manuel o Sebastián? Con un ademán brusco agarra la boleta de Mazza y cierra el sobre. Horas después sabrá que no será Manuel quien esté contento.


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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...