Las horas no transcurren. Las agujas detenidas. Al mediodía Fernanda organizó una reunión por Zoom, Camila incluida. Ella dando el parte y todos mirándose sin nada que poder hacer. Nunca en su vida experimentó mayor impotencia. A la tarde mensaje de Maxi: estoy con fiebre. Sobre llovido, mojado. A la noche finalmente consiguió que fueran a verlo. Hisopado. Estaba saturando bien, paracetamol y reposo. Uma por el momento sin síntomas. Fernanda alerta. Imposible separarla de sus chicos. Ella se arrepiente de haberles pedido que se la llevaran. Pero no puede preocuparse por Simón. Su capacidad de preocupación colmada por Candela. Zoe, absurdo en ella, entró en mutismo. Vaga por la casa en silencio. A la nochecita ella no aguanta más y llama al Güemes. Luego de más de una hora de intentarlo la atienden. No, señora, ya le dijimos que debe esperar el parte de mañana; precisamos las líneas para recepcionar pacientes. Siguiente media hora avisándoles a todos de la falta de novedad, Maxi con dolor de garganta y tos, la fiebre cediendo. A la noche hirvió unos fideos que Zoe y ella apenas probaron. Ducha y a intentar dormir. Zoe, bendita juventud, cayó desplomada. Ella solo dormita por momentos. A la madrugada se muda al sillón del living. Ya no aguanta estar a oscuras con la cabeza girando a mil, el pulso acelerado. Nuevamente a las ocho Zoe aparece por la cocina y comparten un café. Hace frío. Ella enciende las estufas. A las nueve menos cuarto cuando ella ya no sabe cómo controlar su ansiedad, suena el teléfono. Lo único que logra sacarle a la mentada doctora Perales es que la situación sigue igual: coma inducido, respirador artificial. Estable repite la mujer. Se repite el cronograma del día anterior: Zoom, llamadas telefónicas cruzadas durante toda la tarde con el único objetivo de no sentirse tan solos en la agónica espera. A la nochecita ella decide darse un baño de inmersión para ver si logra relajarse. Sumergida en la bañera escucha su celular. Se olvidó de llevárselo. ¡Atendé! le grita a Zoe, seguramente es Leonardo que quedó en llamarla. Minutos después su nieta entra al baño sin golpear siquiera. Esta demudada. Zoe, ¿qué pasó? le pregunta ella manoteando la toalla. La chica, como a una marioneta a la que le cortan los hilos, cae de rodillas sobre el piso de mosaicos. Mi mamá se murió dice.
viernes, 24 de enero de 2025
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Zoe duerme a su lado. Ella no. Qué absurdo, piensa, hoy tuve a las dos hijas de mi hija, pero a ella no pude verla. Ya son las siete y media. No pudo pegar un ojo. Encima no quería moverse para no despertar a su nieta. Pesadilla. Cómo estará Candela, dónde. La dejaron sin respuestas. ¿Se habrá llevado el celular? No le preguntó a Maxi. En cuanto pueda encender la luz se fijará si está conectada. Qué absurdo, piensa de nuevo, no se me ocurrió antes intentar comunicarme directamente con ella. No aguanta más. Deslizándose lentamente se levanta. Busca el celular cargándose sobre la mesa de luz. Se dirige a la cocina. Última conexión a las veinte horas. O no se llevó el teléfono o no está en condiciones de hablar. Quizá se quedó sin batería. Se fija en el de Maxi. Siete y veinte. Siete y cuarto el de Fernanda. Siete y cinco, Sebastián. Mañana de domingo. Solo por Candela están todos despiertos a esa hora. Piensa que no le avisó a Camila. Le escribe. Le escribe también a Leonardo. ¿Te puedo llamar? le pregunta él. Ella controla el reloj. No contesta esperando noticias. Justo a las ocho aparece Zoe por la cocina. Alarma interna, piensa ella. ¿Novedades? pregunta la chica. Nada aún. Ella pone agua a hervir. Precisa un café. Busca unas galletitas para Zoe. A ella no le pasa bocado. Están desayunando cuando suena su celular. ¿Familiar de Candela Gómez? pregunta una mujer. Sí, la madre. Soy la doctora Perales, encargada de su hija hoy a las cinco se descompensó; tuvimos que ponerle un respirador artificial. A ella le galopa el corazón. Tanto que lleva hacía allí la mano. No le salen las palabras. Ya está el resultado del hisopado continúa la médica es COVID positiva; es importante que todos los que estuvieron en contacto con ella hagan cuarentena. ¿Cómo está? logra por fin pronunciar. Por el momento estable. ¿Se la puede ver? No, señora, está aislada. ¿Se le puede hacer llegar un celular para que ella se comunique? Señora repite la mujer su hija estará en coma inducido mientras precise el respirador. ¿Cómo podremos informarnos? Mañana recibirá otro parte. ¿¡Mañana!? Estamos sobrepasados, señora; tengo diez informes más que dar; la voy a tener que dejar dice la doctora y cuelga. Ella se queda con el celular en la mano. ¿Qué pasó, abuela? la reclama Zoe. Ella se deja caer sobre la silla y esconde la cabeza entre ambas manos.
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Simón, acostado sobre sus rodillas, gorjea mientras ella le habla. Tan chiquitito y con tanta necesidad de comunicarse. ¿Qué habrá pasado la...
No!!!!, que fuerte, leí está última frase como si lo estuviese viviendo en tiempo real, que mal me cayo y pensar que todos estuvimos expuestos a pasar por una situación similar.
ResponderBorrarLas desgracias le tocan a los otros hasta que los otros somos nosotros
BorrarAh nooo! Todo mucho!
ResponderBorrarA tantos le tocó
BorrarQué tristeza. Inmensurable
ResponderBorrarNada es peor
BorrarAy! Qué tristeza! 😞
ResponderBorrarLo peor de lo peor
BorrarMe costó mucho leer este capitulo, reviví tal cual la angustia y gritar cuando me avisaron que falleció mi hermana de COVID después de estar 3 días internada.
ResponderBorrarTantos pasaron por este calvario
BorrarQuedé muda. Reviví cada momento. Estuve en esa casa
ResponderBorrarLa peor de las pesadillas
BorrarAclaro que no pasé nada semejante, pero fui una más en esta familia.
ResponderBorrarme costó decidirme a escribirlo
BorrarNada puede ser peor.
ResponderBorrar¡Ayyyy qué horror!
ResponderBorrarLo peor
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