En el pasillo se cruza con Gloria, hace días que no la veía, desde que se rompió la cadera sale poco y nada. ¡Francisco es el nuevo Papa! exclama emocionada. Es cierto, era hoy. Se había propuesto seguir la ceremonia en la televisión, pero se olvidó. La cabeza en tantas cosas. La calle es un jolgorio. Todos festejan. Como si la vida de los argentinos fuera a cambiar. ¡Es un milagro! grita una mujer. Ella necesita otro tipo de milagro. No tiene ganas de manejar y menos aún de dar vueltas luego para estacionar. Detiene un taxi. Al Hospital Alemán indica. ¿Dónde estás?, ¿dónde voy?79 suena. No en la radio hoy. En su cabeza.
¿Te puedo llevar a los chicos? pregunta Fernanda tenemos reunión de padres en el jardín a las siete, calculo que a las ocho y media pasamos a buscarlos. Ella contempla la pila de facturas que estaba ordenando, le avisará al contador que se las llevará mañana. Tipo seis estaré por casa, qué te parece si compro unas pizzas y cenamos juntos. No te quiero complicar más, mami. Para mí es un gusto responde. Antes de cortar Fernanda pregunta ¿cómo sigue Elena? Igual responde ella. Mañana pasaré a verla después de dejar los chicos en el colegio, avisale a Ángel que puedo quedarme hasta el mediodía. De acuerdo, nos vemos en un rato dice y recuerda el anillito que Elena seleccionó para esta hija.
Están poniendo en cajas el pedido para Tres Arroyos, lista en mano, cuando Rita exclama ¡faltan los pantalones azules talle seis! Ella cierra los ojos. No puedo con todo, piensa. Zoe tiene razón, desde que nació Uma reina el caos. Así no pueden seguir. Manda un mensaje. ¿Puedo pasar? Segundos después indica pónganse ya a fabricarlos; yo vuelvo en un rato. No tiene ganas de buscar el auto. Camina a paso vivo por Córdoba. Se detiene en la panadería y prosigue. Toca el portero eléctrico, busca la llave en la cartera y sube. Le abre una Candela en camisón, sin peinar, que en cuanto la ve le tiende a la nena. Agarrala o la rifo dice. Ella se encuentra con una beba rozagante en brazos que responde a su sonrisa. Está preciosa dice. Y es cierto. Los ojos celestes de Maxi, nariz de botón, la boca perfecta de Candela. Voy a preparar café anuncia su hija mientras se dirige a la cocina con la bolsita que ella le entregó. Ella deposita a la beba sobre el sillón para buscar su celular en la cartera. ¡Para qué! Inmediatos alaridos. Se apresura a alzarla. El llanto se interrumpe por acto de magia y las sonrisas retornan. Ella recuerda las palabras de Zoe. Pendeja turra. Va a la cocina. Candela está abriendo el paquete. ¡Me trajiste tortitas negras! exclama. Mientras toman el café, ella, beba en brazos, charlan sobre Elena. Tengo ganas de llevarle a la nena para que la conozca. ¿te parece que la dejarán entrar? Hoy mismo le pido a Ángel que averigüe promete ella y luego le cuenta el percance en el taller. ¿Podrás avisarle que demoraremos la entrega?, la mujer siempre trató con vos, a mí no me da la cara. El rostro de su hija se transforma. Es sutil el cambio, sin embargo, para ella que tanto la conoce, evidente. Claro dice incorporándose ya mismo, ¿para cuándo evaluás que tendrán todo?, a lo mejor le podemos enviar un par de conjuntos más para compensar. Conversación telefónica concluida, asunto solucionado, regresan a la cocina. Ya no aguanto estar metida en casa, ¿qué te parece si intento retomar el trabajo?; Uma, en tanto esté a upa, no berrea. Me parece bien; yo tampoco puedo con todo; si te instalás en el taller brazos no faltarán; si no, podemos contratar una chica que te de una mano. Candela resopla. No sabés qué alivio, mamá; amo a esta mocosa, pero no nací para ama de casa. Ella sonríe satisfecha. Es mi hija, piensa. Y piensa también en Fernanda. Tres años sin trabajar ya. Volverá a la carga.
79 “Seminare”, Serú Girán.
¡Qué lindas!
ResponderBorrarCandela se le parece más e lo que Claudia supone...
ResponderBorrarSiiiiii
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