domingo, 1 de diciembre de 2024

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Camila termina de secar los platos y anuncia mami, te quiero contar algo. Ella, como siempre ante frases similares, se inquieta. Se sienta a la mesa de la cocina y su hija la imita. Mami, conocí a mi hermano. La inquietud se transforma en angustia. Su hija tiene tres hermanos, nadie más en el mundo merece estar bajo ese título. Las palabras presionan para salir de su boca, sin embargo, ella sabe que no debe pronunciarlas. La lucha interna la obliga a permanecer en silencio. Seguramente sus emociones se traslucen porque Camila dice yo sabía que te iba a caer mal, por eso no me decidía a contártelo. Estoy sorprendida intenta ella justificarse y se acuerda de su reacción cuando Camila le confesó su homosexualidad. Recuerda también los comentarios de Ana María. No puedo cometer dos veces el mismo error, dictamina. Entonces pide contame. Se llama Andrés, tiene mi edad, obvio, es músico y, ¿sabés una cosa?, somos muy parecidos físicamente, papá ya me lo había adelantado. Una cuchillada tras otra. Papá. El señor se dio el lujo de desaparecer por dieciocho años, pero sigue siendo merecedor de ese apelativo. Se le revuelven las entrañas. ¿Lo viste de nuevo? pregunta con brusquedad. ¿A quién?, ¿a papá?, no, me lo comentó por mail cuando supo que nos encontraríamos; Andrés tuvo que ir a Bariloche por un concierto y aprovechó para visitarme. No está en condiciones de mantener esa conversación, no al menos ahora. Hoy fue un día muy largo dice estoy agotada física y emocionalmente, ¿qué te parece si lo seguimos charlando mañana? Camila la mira, las cejas arqueadas. Después no te quejes de que no te cuento nada. Se levanta y desde la puerta de la cocina agrega buenas noches y sale. Ella, aún sentada, esconde la cabeza entre las manos.

 

Estaciona a un par de cuadras y camina a paso vivo. Fernanda hoy comienza a trabajar y ahí va ella dispuesta a cuidar a Simón hasta que el chiquito aumente los kilos que el pediatra indicó. Después irá a la misma guardería que fue Ema. Por primera vez lo tendrá para ella sola, Fernanda lo ha mezquinado bastante, temerosa como no ha sido con la nena. Es un bebé tranquilo. Ella confía en que la dejará resolver por teléfono la organización del taller. Fernanda le pidió que, al menos por unos días, no lo traslade. De última se turnará con Candela. Zoe también se ofreció, pero a la mañana va al colegio. Último año, parece mentira. Aún no sabe para qué lado disparar. Ella le ofreció pagarle un test vocacional. La chiquilina quedó en contestarle. Toca el portero eléctrico. Subí indica su hija y recién entonces ella abre la puerta. Fernanda la llena de recomendaciones que ella escucha intentando tener paciencia. Ya en la puerta su hija gira tengo miedo dice. Ella la mira, sorprendida. ¿Miedo?, ¿de qué?  Fernanda tiene los ojos llenos de lágrimas.  De que me lo saquen. Como si estuvieran en transfusión directa la angustia de su hija la invade al instante. Ella no había contemplado la posibilidad. Creo que voy a dejar de trabajar, mami, mirá si dicen que lo descuido y me lo quitan. Ella se queda pensando, ella sabe cuánto ama su hija su profesión. Yo no crié a mis hijas para amas de casa, piensa. Sin embargo, dice por el dinero no te preocupes, hace lo que te haga estar más tranquila, siempre podrás reincorporarte más adelante. Fernanda la abraza, ahora sí llorando. Tengo miedo repite si pierdo a Simón me muero. Ella piensa que ahora no es el momento pero que intentará convencerla de que retome terapia. No se puede vivir con miedo. Finalmente, su hija se va. Momento en que el chiquito da señales de vida. Ella se apresura al dormitorio y lo alza. Lo oprime contra sí. Tan tierno, tan frágil, tan vulnerable. Un pollito mojado, piensa. Lo defenderé con uñas y dientes, decide y lo aprieta aún más. El bebé protesta.


Ya las tres de la mañana, no se puede dormir. Las preocupaciones desfilan por su mente como caballos de calesita. Camila y su supuesto hermano. Leonardo. Simón y Fernanda, tan vulnerables ambos. La reunión con el contador, todavía no buscó toda la documentación que le pidió. Los futuros estudios de Zoe. La salud de Elena. Sebastián y Belén, imposible entender esa pareja. Mateo está teniendo problemas en el jardín. Ese nene está poniendo en evidencia lo que de veras ocurre en ese hogar, diría Ana María. El calefón que anda mal, tendrá que ocuparse porque su salud emocional depende del agua caliente. El aumento que le pidió Lucy. La almohadita para los dientes de Ema, todavía no la hizo, le pedirá a Gladys. Lo tiene que vacunar a Mobi, ayer Zoe le hizo acordar. El regalo para el cumpleaños de Manuel, le preguntará a Fernanda. Debe sacar turno para la detestada mamografía. La Daewo está fuera de punto, mañana llamará al mecánico para llevársela. Sacude la cabeza. Vencida, se levanta a prepararse un té.


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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...