lunes, 25 de noviembre de 2024

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Finalmente, Fernanda accedió a que la reunión fuera en Mario Bravo, pero insistió en que ellos se ocuparían del lunch y le pidió que, por favor, no le hiciera ninguna torta. Ella tiene encendidas desde la mañana todas las estufas. Sigue el frío polar y sigue habiendo, en consecuencia, poco gas. Cuenta con los dedos. Seis adultos y cuatro chicos. Mis cuatro nietos, piensa. Solo falta Camila. Pone la mesa. Trae la sillita alta para Mateo y un par de banquitos. Coloca en un florero las margaritas que compró. Por suerte limpió antes de ir al taller. Hasta baldeó el patio. Cerca de las siete llegan Fernanda, Manuel y Ema, cargados de paquetes. Ella va distribuyendo los sándwiches de miga y las masitas en las fuentes. Fernanda pone las medialunas con queso en una asadera que deja dentro del horno. Manuel le hace una seña. Ella se acerca. ¿Dónde puedo esconder la torta? pregunta. Ella sonríe. Siempre hay alguien que no hace caso. Manuel comprueba que Fernanda y Ema siguen distraídas con los preparativos y le tiende una bolsa. Ella se apresura a subirla, por suerte arriba hace mucho frío. Baja corriendo a tiempo para atender el timbre. Sebastián con familia completa. El living se va llenando. Casi las ocho y Candela sin aparecer. La llamo y no contesta dice Fernanda qué raro, Cande es puntual, ¿habrá pasado algo? ¿Intentaste con Zoe? pregunta ella. Sí, tampoco contesta. ¿Puedo agarrar un sándwich?  pregunta Bautista.  Esperemos un poquito le responde su papá. Ella está inquieta. Si están demoradas, raro que Candela no avisó. ¿Querés que pase por la casa? le pregunta Sabastián. Están deliberando cuando la puerta se abre. ¡Sorpresa! exclama Zoe. Instantes después irrumpe Camila. Todos se abalanzan a abrazarla. Ella siente que su pecho se expande. Ahora sí que están todos sus amores. Solo falta Ariel, se corrige segundos después. Finalmente entra Manuel con la torta. Después de las protestas de Fernanda, llega el momento de las velitas. Ella piensa que a lo mejor los tres deseos de su hija terminan siendo uno solo triplicado. Mientras sopla, con Ema alzada, Fernanda sonríe. Ya saldrá adelante, piensa ella, mientras se acerca a abrazar a la treintañera.


Ahora desayuna acompañada por la radio. A Camila le irritaba. Antes ella tan aficionada, durante los últimos años se limitó a escucharla en el auto si es que estaba sola. Recuerda con nostalgia la época en que se quedaba por las noches en su tallercito, pedaleando la Singer, con su infaltable Spika. Épocas duras, sin embargo, mirando a la distancia, hermosas. Ella ponía el cuerpo en su trabajo. Ahora es su mente la involucrada. No hay manera de soñar como antes mientras traqueteaba la máquina de su abuela. Todavía la conserva. Es un símbolo. Candela ya se mudó. Es lindo el departamento, luminoso. Zoe está feliz. Sin embargo, siguen sin escuchar música, al menos en su presencia. Quizá son como ella con la radio, que escucha en soledad. Se sirve otra taza de café y sube el volumen. Me verás volar/Por la ciudad de la furia/Donde nadie sabe de mí/Y yo soy parte de todos 73. De pronto tiene una idea.


¡Qué lindo que viniste, abuela! la recibe Zoe y viendo que ella esconde un paquetito tras la espalda la toma del brazo y le pregunta ¿qué me trajiste de rico? Ella le tiende el budín. ¡De naranja! exclama vos sí que sabés lo que me gusta. Candela desde la cocina grita ¿querés un café? Esa es una pregunta retórica contesta ella. ¿Qué es retórica? inquiere Zoe. Que no espera respuesta. No entiendo. Candela llega con las tazas ¿vos viste que alguna vez la abuela rechace un café? Eso sería un milagro contesta la chica agitando la cabeza. Sentada las tres ella anuncia tengo una propuesta. ¡Qué miedo! exclama Candela. ¿Les gustaría que fuéramos las tres a ver a Soda Stereo en River?, a lo mejor prefieren ir solas; el primero es el 19 de octubre. Silencio. Ella detecta un cruce de miradas entre hija y nieta. No sé si me animo contesta al fin Candela. Yo tampoco la replica Zoe. Es al aire libre aclara ella. Sí, ya sé dice Candela y luego añade todavía me acuerdo de cuando fuimos a Obras. Silencio. A lo mejor sirve para terminar de borrar los fantasmas comenta ella. Dejámelo pensar dice Candela y luego pregunta ¿te sirvo otro café?

 

 A la tarde me voy a encontrar con mi padre informa Camila como si hablara de ir al cine. A ella el corazón se acelera como si hubiera escuchado un tiro. ¿Cómo es eso? logra al fin preguntar. Cuando Candela me convenció para que viniera al cumple de Fer, le escribí y le comenté que iba a estar solo cuatro días; me contestó enseguida que iba a ver si conseguía un pasaje y hoy tempranito me avisó que llegaba a Aeroparque a las cinco y que el vuelo de regreso era a las ocho, consiguió una promoción; así que quedamos en encontrarnos en el aeropuerto. Ella está… busca la palabra… anonadada. Yo te puedo alcanzar ofrece. Dale dice Camila, se levanta y se va. Sí, completamente anonadada.

 

 73  “En la ciudad de la furia”, Soda Stereo.



4 comentarios:

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...