miércoles, 13 de noviembre de 2024

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Tengo una propuesta anuncia. Candela, del otro lado de la mesa, revolviendo un café, dice ¡con qué te saldrás ahora!, ya te dije que al nutricionista no pienso ir, estoy comiendo mejor, preguntale a Lucas si no me creés. No se trata de eso, se te ve mejor, aunque mal no te vendría ir al médico y hacerte un análisis de sangre, quizás estás anémica, de ahí la falta de apetito no da ella el brazo a torcer además siempre estás con tos acordate que cuando te dieron el alta te dijeron que te tenías que controlar, que por años te tendrías que controlar. Asunto terminado, ¿me querías hablar de alguna otra cosa o vamos yendo? Qué difícil es esta hija, piensa, nuestro vínculo siempre camina por el filo de la navaja. ¿Y? pregunta Candela buscando la billetera. Te quiero proponer que te ocupes de manejar las ventas al interior. La chica la mira, sorprendida. Ya no puedo con todo, abrí demasiados frentes y no me da el cuerpo ni la cabeza confiesa. ¿Y por qué yo?, ¿por qué no se lo proponés a Rita que es tu mano derecha? Ella será mi mano derecha, pero vos sos mi hija. ¿Y con ese título alcanza? Tenés razón, no alcanza con el título, considero que estás capacitada para hacerte cargo; sos joven, sos inteligente, entendés de computación, fundamental para manejar el intercambio con las provincias; tenés buen trato con los clientes, conocés el ramo desde que sos adolescente y, además, en lo económico te tengo plena confianza, se mueve mucho dinero en estas ventas. Candela se queda unos minutos en silencio. ¿Estás hablando de mí?, ¿no te habrás confundido de interlocutor? A ella la sorprende la palabra que utiliza su hija. Interlocutor. Inter. Entre. Entre nosotras. Quiero que todo quede entre nosotras. ¡Mamá! Ella sonríe y menea la cabeza. Tenés que aprender a valorarte, hija. Digamos que no te pasaste la vida felicitándome… Ella se queda pensando. Es cierto, soy amarreta con los elogios, los doy por sobreentendidos. Pues hacés mal, yo me paso marcándole los logros a Zoe. Lo voy a tener en cuenta promete. Candela hace un gesto despectivo. En serio, no me había dado cuenta; bueno, volvamos a nuestro tema, ¿te interesa? Lo que más me interesa es que hayas pensado en mí, pero sí, obvio, me interesa hace una pausa y la mira fijo ¿cuáles serían las condiciones?, ¿qué pasaría con  TripleC? Por el momento podrías seguir con las dos cosas, sin embargo, si el olfato no me falla, me parece que en poco tiempo esta nueva actividad te absorberá por completo; hay que hablar personalmente con los clientes que se acercan, comunicarse por mail con los que no, levantar los pedidos, encargar la mercadería con tiempo al taller, ocuparse de las compras cuando yo no pueda, llevar las cajas al correo, para lo cual tendrías que sacar el registro ya. Candela resopla. Tose. Me canso de solo escucharte dice. Es lo que yo hago todos los días, Sí, ¡pero vos sos superwoman! Recordá que llevás mi sangre dice. No es cierto contesta Candela tengo otro grupo y factor. Ríen juntas. ¿Y cuánto me vas a pagar? No te voy a pagar. Los ojos de su hija se agigantan, levanta las cejas. Te voy a asociar.


La felicito, Claudia le dice Ana María en el momento de despedirse. Ella repara en que su terapeuta es como ella, propensa a las críticas, pero dura para los halagos. Primera vez, que ella recuerde, que se ha hecho merecedora de sus felicitaciones. Ya debe de estar arrepentida de habérselo dicho. Ana María siempre la defiende a Candela, decide. Quizá como los padres que suelen proteger al hijo más débil. ¿Candela es débil? Ella nunca la percibió así. Quizá confundió sus rebeldías, sus transgresiones con fortaleza, cuando solo eran un recurso para ocultar su fragilidad. Ya no entiende nada. Sí, está confundida. La sorprende también Fernanda. Su eterna dulzura como fachada de la rabia que de alguna manera la anida. Ni hablar de Sebastián. Jamás comprenderá cómo eligió y cómo sostiene esa pareja. Tan enredada en sus pensamientos que pasa por delante de su casa sin darse cuenta. Tiene que dar una vuelta a manzana. Logra estacionar en la esquina. Camila se fue y Zoe ya regresó con su mamá. No habrá nadie en casa, piensa. Cuando abre la puerta los maullidos le dicen que está equivocada. Aunque no tiene hambre se prepara un omelet. Es peligroso cuando una vive sola saltearse las comidas, evalúa. Después se prepara un café. Taza en mano se dirige a la computadora, La enciende y abre su Hotmail. Correo de Camila. Unas pocas líneas. Hola, mami. Ayer le escribí a mi papá. No se sorprendió. Me dijo que le avise cuando vaya a Buenos Aires, que él tratará de acercarse, ahora vive en Tucumán más lejos imposible, parece una broma. Te dejo porque estoy estudiando, mañana tengo parcial. Un beso grande. ¿Tan fácil era? Le sorprende la naturalidad con que Camila le cuenta lo sucedido. Como si se tratara de un amigo que no ve hace unos meses. A esta hija tampoco la entiende. Y tampoco se entiende a sí misma. Porque la reacción de Leonardo le provoca una ligera rabia. Apaga la computadora. Si el cerebro pudiera apagarse tan fácilmente… Deja la taza en la cocina y va hasta el baño. Abre la canilla. Se dará un baño de inmersión. Lo precisa. Espera que la bañera se llene, se desnuda y se introduce. El agua está muy caliente. Casi quema. Mete la cabeza bajo el agua. El oxígeno se le va agotando. Así se habrá sentido Zoe en la pileta, evalúa, así Candela en Cromañón. Cuando se siente morir, emerge. Inspira profundamente. Estoy viva, piensa, todos estamos vivos. Todavía cantamos, todavía pedimos/Todavía soñamos, todavía esperamos 71  ella, lo que nunca, canturrea.

 

71   “Todavía cantamos”, Víctor Heredia.


4 comentarios:

  1. Me encanta como en esa familias las fichas se acomodan, cada uno con lo suyo pero juntos los diferentes pensamientos y sentimientos no tienen que separar, tienen que servir para comprender

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    1. Cada uno sigue su camino pero permanente hay intersecciones. A veces se comprene el camino del otro. A veces, cuesta

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  2. A mí me encanta cuando se enrolla y piensa tanto. En todos sus hijos y nietos. Y finalmente lo de Camila y su padre fue tan fácil. ¡Hermosa escena!

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  3. A veces pasa eso. tantas vueltas y uno termina diciendo. tan fácil era?

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