Cuando Sebastián viene a traer a Bautista ella le cuenta lo de Bahía Blanca. El interior es una mina de oro comenta su hijo. Ella se queda pensando que, si se reiteran los pedidos, tendría que ir pensando en cambiar el auto, demasiadas cajas para el suyo. Lo comenta con Sebi. ¿Por qué no te comprás un utilitario?, mi cuñado tiene una Daewo que le resultó excelente, chiquita, barata, poco consumo y mucha capacidad; creo que el modelo se llama Damas, después te averiguo, podés dar el tuyo en parte de pago y el resto en cuotas. Cuotas. Infaltables en su vida. Y justo ahora está terminando con las de la remodelación de los locales. Despide a su hijo y, mientras juega con Bauti, piensa que podría dejarles el Renault a las chicas, todavía tira, salió gauchito, por eso nunca lo quiso cambiar. Ella les enseñó a manejar. Fernanda sacó registro, a Candela nunca le llegó el momento. A Manuel y Fernanda les resulta complicado trasladarse con la nena y quizá sea un aliciente para Candela. ¡Abu! la reclama el nene. Ella le revuelve el cabello y agarra el autito que le tiende. Lo mira. Es una camionetita. ¡Como la del tío! exclama y después dice mami tene un bebé en la panza. ¿Quién te dijo? pregunta ella sin saber si creerle. Nadie, pero yo sabo afirma palmeándose el pecho. Es tan adorable, piensa, algo bueno hizo Belén. Lo abraza.
Finalmente llegó el día. Ahí va rumbo a Retiro con Camila en el Renault. Ya señó una Daewo. Le hubiera gustado que la chiquilina la viera antes de irse, pero no hizo a tiempo. Camila le pidió que fueran solas. No quiero despedirme de todos explicó lo que viniendo de Cami, tan poco demostrativa, significa que a ella también le pesa alejarse. Llegan, Aunque ella quiere llevar el bolso su hija no lo permite. Es muy pesado dice ella. Dejá de protegerme, mami, a estas alturas yo soy más fuerte que vos. Y tiene razón, no se había detenido a pensarlo. El micro enciende el motor. Despachan el equipaje. La gente comienza a hacer cola. Me voy, mami informa Camila. Ella se acerca y la abraza. No llores, se ordena. Su hija la oprime fuerte. Gracias murmura en su cuello, es más alta que ella. ¿Gracias por qué? La chica se desprende. Desde el parto hasta aquí, por todo dice y sube al micro sin girarse. La mochila en la espalda es la última imagen que le deja.
Gladys y Mariana, la chica nueva, suben las cajas a la Daewo. El correo está por cerrar, tendrá que apurarse. Es el primer pedido para una escuela de Tres Arroyos que recién abre, espera que la directora quede satisfecha. Uniformes completos, incluyendo de gimnasia, para veinte chicos. Arrancan con primer grado. Está abrumada. Es demasiado para ella. Va a hablar con Candela. Hace rato que lo viene pensando.
Hoy cuando lo trajo a Bautista, Sebastián le preguntó si lo podía dejar a dormir. En un aparte, le comentó que mañana tempranito Belén tenía turno con su ginecóloga. Está embarazada afirma ella. ¿Quién te lo contó? Bautista. Imposible, si recién el lunes se hizo el Evatest y a mí me lo dijo recién después de que le dio positivo. Ella sonríe. Los niños son sabios dice y este muchachito, más aún; cuando estaba embarazada de Candela vos fuiste el primero en darte cuenta. Son mis genes dice Sebastián sonriendo. Está orgulloso de su hijo, piensa ella, y yo, de los dos. ¡Felicitaciones, señor padre! exclama al tiempo que siente como en su interior se va abriendo otro cajoncito.
Más vida en su vida... ayudará a que no extrañe tanto a Candela, supongo
ResponderBorrarLas familias son así, crecen, a veces se dispersan, otras se concentran
ResponderBorrarEs la rueda de la vida, nunca deja de girar y ahí estamos siempre.
ResponderBorrarA veces quedamos cabeza arriba, otras, cabeza abajo
Borrar¡Yima! ¡Lagrimee con la despedida de Camila! ¡Cuánta emoción tiene esta historia!
ResponderBorrarMe alegra te conmueva, Ale. La intensidad única de la relación con los hijos!
ResponderBorrarHasta el último día!
ResponderBorrarSempre
Borrar