miércoles, 6 de noviembre de 2024

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2005

Camila entra gritando ¡entré en el Balseiro! Ella deja la escoba y la abraza. No tenía dudas de que iba a aprobar. Su hija se enojaba cuando se lo decía. No tenés idea del nivel de dificultad, mami. Por primera vez la ha visto estudiar. Mucho. El fin de semana vino Sebastián y la estuvo ayudando con análisis matemático. Derivadas, integrales. Chino básico les decía ella cuando les llegaba café. Notable lo bien que se entienden su primogénito y su benjamina. El otro día le preguntó a Cami si le había contado de su sexualidad. Me imaginaba comentó su hermano. Lo único que me pidió es que no se lo dijera a Belén, tiene miedo de que me mezquine a Bauti. Le tiene miedo dijo ella, fastidiada. La quiere contestó la chica. Ella la miró sorprendida. ¿Esa era su hija combativa?, ¿dispuesta a esconderse para agradar a su cuñada? Hija que se desprende del abrazo y busca su celular. Le voy a avisar a Sebi anuncia. Recién después las llama a Candela y a Fernanda. A ella le duele, últimamente no se entiende. Fernanda suele llamarlo el hijo pródigo. El hermano pródigo de Camila, ahora. De esta Camila que se me va, piensa ella. Hace meses que se está haciendo a la idea de perderla. Contradicciones de su emocionalidad. Quiere que los sueños de su hija se cumplan. No quiere que se vaya. Camila ha vuelto a su lado. Está radiante. ¿Y Laura? le pregunta. La carita de la chica se apaga. ¿Querés que el sábado cenemos todos juntos para festejar? Dale, mami dice Camila más animada si viene Belén presentaré a Laura como a una amiga. Y quizá recordando otra situación desafortunada agrega le recomendaré a Zoe que no meta la pata.

 

Camila se ahorró el mal rato porque Sebastián vino solo, Bautista con fiebre. Están recogiendo los platos cuando Lucas se acerca. Necesito hablar con vos le dice en voz baja. Están buscando un horario cuando Ema entra tambaleándose y se aferra a sus rodillas. Bela, upa pide. Ella la alza y la besa en el cuellito. La nena ríe. ¡Oto má! exige. Zoe aparece en la cocina. Abuela, ¿me podés servir más helado? Lucas y ella cruzan la mirada. Sonríen. Ella baja a la beba que protesta. No hay manera de contentar a todos. Ella, al menos, ya renunció.

 

Entra al Havanna y recorre las mesas con la mirada. En el fondo descubre a Lucas. Le da un beso y se sienta. Estoy preocupado por Candela la recibe él. Mientras revuelve interminablemente el café lo escucha contar que su hija casi no come -ella reparó ayer en su plato lleno-, que tiene pesadillas -después el accidente están viviendo juntos-, que él se está haciendo cargo de cocinar para Zoe que está imposible. Yo tampoco puedo más dice el muchacho.

 

Se despide de Lucas y pasa por el outlet. Nada de lo contado parece ser real. Candela, bien vestida y maquillada, está atendiendo a una clienta. Quedó lindo el local. Su hija fue la que propuso las modificaciones, que bien que costaron. Le llegó en la tarjeta la cuota cinco de la pintura. Falta poco, solo una. Observa nuevamente a su hija. Sí, está más flaquita. Está muy flaquita. En cuanto la mujer sale con una bolsa de TripleC (Córdoba, Claudia, Candela) ella le propone. ¿Te paso a buscar al mediodía y comemos algo? La chica la mira sorprendida. Nos vimos ayer dice. Sí, pero hace rato que no charlamos. Bueno acepta su hija con escasísimo entusiasmo.

 

¿Vos qué querés? le pregunta a Candela, menú en mano. Desayuné tarde dice no tengo hambre. ¿Compartimos unos ñoquis?, hoy es veintinueve propone. Su hija se encoge de hombros. Llega la comida. Candela juguetea con el tenedor. Comé le indica ella tocándole el brazo estás muy delgada. Su hija la mira, se agarra la garganta y dice es que no me pasa, se me atranca.  Tenés que ir al médico dice ella a lo mejor es una consecuencia del respirador. Candela cierra los ojos y hace una mueca con la boca. Cuando los abre dice, señalándose la cabeza es de acá, mamá. Entonces tenés que ir al psicólogo. No tengo fuerzas determina Candela. Ella le toma ambas manos y se las oprime fuerte. Quedate tranquila, yo me voy a ocupar. Es que salí pero una parte mía se murió adentro. Estrés postraumático, piensa ella, el otro día leyó un artículo sobre los sobrevivientes de Cromañón. Candela pincha un ñoqui y se lo lleva a la boca. Mastica interminablemente hasta que pincha otro. ¿A Zoe como la ves? pregunta ella. Está insoportable, no me hace caso, me contesta mal. ¿Querés que me la lleve unos días a casa?, así aprovecha y está con Camila que pronto nos va a dejar. Puede ser contesta le pregunto. Comete otro insiste al ver que la chica bajó los cubiertos. Mamá dice la chica de mal modo no me jodas más. Ella piensa que le preguntará a Ana María si conoce un especialista. Estrés postraumático.

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...