lunes, 16 de septiembre de 2024

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Ella, el corazón galopando, toca el portero eléctrico. Palpa las llaves que duermen en su bolsillo. Por algún imprevisto dijo Fernanda.  ¿Puede calificarse de imprevisto esta situación? No es su casa le diría Ana María. El sonido de la chicharra la aparta de sus pensamientos. Suben. Hola dice la dueña de casa. Fernanda, Ariel los presenta ella. Ariel tiende la mano, pero su hija le da un beso en la mejilla. Candela al parecer decidió que es indispensable ese día visitar a su hermana porque la descubre sentada ante la mesa frente a un vaso y una jarra. Hola, hija saluda y se acerca al mismo tiempo que la chica se levanta y la besa. Candela, Ariel dice ella ahora. Él aprendió, ya no extiende la mano. Se quedan los cuatro parados. El silencio es incómodo. Ariel, señalando una mesita de computadora pregunta ¿esta es la que querés instalar? Es la única que tenemos contesta la chica sonriendo. Ariel le hace una serie de preguntas mientras Candela y ella guardan silencio. Él se sienta frente a la máquina y comienza a trabajar. Fernanda guía a su madre por el departamento para mostrarle los pequeños adelantos. Candela las sigue. Luego se sientan y charlan sobre intrascendencias. Ya está informa Ariel un rato después. Fernanda se acerca y recibe las indicaciones del caso. ¿Cuánto te debo? pregunta luego.   Nada contesta el muchacho. De ninguna manera, es tu trabajo insiste Fer. Entonces un café dice él sonriendo. Candela le pregunta qué computadora le recomienda. Ella está por decirle que está en sus planes comprar una para el outlet en cuanto se aligere un poco la tarjeta, sin embargo, recuerda a Ana María y decide no intervenir. Fernanda regresa con las tazas. Bueno, nos vamos informa ella media hora después y la azora escucharse pronunciar ese plural frente a sus hijas. Se incorporan. Se saludan. Salen. Ya en el ascensor ella pregunta ¿y? Son tan lindas como la madre contesta él. Ya abajo ella insiste ¿qué te parecieron? Son simpáticas ambas, pero se ve que Fernanda es un dulce y Candela más brava. Decís eso porque yo ya te hablé sobre ellas. No replica él serio ¿me creés incapaz de tener mis propias opiniones? Qué susceptible es este hombre, piensa ella y, en plena calle, lo besa en los labios. Ya es casi legal hacerlo, determina, aunque me falta aún la mitad de mis hijos. ¿Se animará alguna vez a enfrentarlo a Sebastián? El verdadero problema es Belén, reconoce.

 

Se aproxima la fecha del parto. Y hace días que Sebastián no se comunica. Ella odia resultar molesta, pero se levantó inquieta. Arriesgándose a un mal tono lo llama al celular, nunca a su casa. Hola, hijo, ¿cómo va todo? pregunta. Belén tuvo contracciones toda la noche, estamos saliendo para el sanatorio. Ella corta pensado que si no hubiera llamado no habría sido notificada. No preguntó si podía ir porque presentía una respuesta negativa, ya había sido notificada de que preferían atravesar solos la situación.  Sin embargo, quince minutos después está a bordo del Renault rumbo al Otamendi. Pregunta en recepción y le informan que ya la llevaron a sala de partos. Hacia allí se dirige. Cuando se abre el ascensor descubre a los padres de Belén. A ellos sí les avisaron, evalúa. Se acerca, los saluda y pregunta ¿qué novedades? Entró hace diez minutos, bastante tranquila; antes de la peridural estaba en un grito; es mágica, ¿viste? Ella no vio nada porque parió a sus cuatro hijos a pelo. Candela también se la bancó. El hospital es otra cosa, quisiera decirle a su consuegra. A ellos sí les avisaron, es obvio que están desde hace rato. Quizás elige olvidar que esa mujer es la madre de Belén; Candela gritaba reclamando a su mamá. Porque se siente de más. Sebastián no me precisa, decide. Esperan. Esperan mucho. La madre de Belén golpea la puerta varias veces. Hasta que le dicen que todo salió bien y que están llevando a Belén a su habitación. Nosotros vamos informa la mujer, pero ella decide quedarse. Diez minutos después sale Sebastián. Está pálido. Ella teme ser retada por haber ido sin ser invitada, pero en cuanto la ve el muchacho corre a abrazarla. Es un varón, ma; tuve tanto miedo; se quedó atrancado y no salía, doble circular de cordón; no lloraba, pero reaccionó, están los dos bien le cuenta entre lágrimas. Tan pocas veces lo ha visto llorar. Una, recuerda ahora, cuando Belén lo dejó. ¿Querés verlo?, lo llevaron a la nursery hasta que Belén se recupere. Entonces, y ella no puede creerlo, la acompaña a la nursery. Allí, en una cunita junto a la vidriera lo ve. Lo ve a Sebastián. Porque el bebé es una réplica. Aunque este parece más rubiecito. Ahora es ella quien abraza a su hijo. Felicitaciones, papá dice ella. Felicitaciones, abuela dice él.

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...