Ella, el corazón galopando, toca el
portero eléctrico. Palpa las llaves que duermen en su bolsillo. Por algún
imprevisto dijo Fernanda. ¿Puede
calificarse de imprevisto esta situación? No es su casa le diría Ana
María. El sonido de la chicharra la aparta de sus pensamientos. Suben.
Hola dice la dueña de casa. Fernanda, Ariel los presenta ella. Ariel
tiende la mano, pero su hija le da un beso en la mejilla. Candela al parecer
decidió que es indispensable ese día visitar a su hermana porque la descubre
sentada ante la mesa frente a un vaso y una jarra. Hola, hija saluda y
se acerca al mismo tiempo que la chica se levanta y la besa. Candela, Ariel
dice ella ahora. Él aprendió, ya no extiende la mano. Se quedan los cuatro
parados. El silencio es incómodo. Ariel, señalando una mesita de computadora
pregunta ¿esta es la que querés instalar? Es la única que tenemos contesta
la chica sonriendo. Ariel le hace una serie de preguntas mientras
Candela y ella guardan silencio. Él se sienta frente a la máquina y comienza a
trabajar. Fernanda guía a su madre por el departamento para mostrarle los
pequeños adelantos. Candela las sigue. Luego se sientan y charlan sobre
intrascendencias. Ya está informa Ariel un rato después. Fernanda se
acerca y recibe las indicaciones del caso. ¿Cuánto te debo? pregunta
luego. Nada contesta el muchacho. De ninguna
manera, es tu trabajo insiste Fer. Entonces un café dice él
sonriendo. Candela le pregunta qué computadora le
recomienda. Ella está por decirle que está en sus planes comprar una para el outlet
en cuanto se aligere un poco la tarjeta, sin embargo, recuerda a Ana María
y decide no intervenir. Fernanda regresa con las tazas. Bueno, nos vamos
informa ella media hora después y la azora escucharse pronunciar ese plural
frente a sus hijas. Se incorporan. Se saludan. Salen. Ya en el ascensor ella
pregunta ¿y? Son tan lindas como la madre contesta él. Ya abajo ella
insiste ¿qué te parecieron? Son simpáticas ambas, pero se ve que Fernanda es
un dulce y Candela más brava. Decís eso porque yo ya te hablé sobre ellas. No replica
él serio ¿me creés incapaz de tener mis propias opiniones? Qué
susceptible es este hombre, piensa ella y, en plena calle, lo besa en los
labios. Ya es casi legal hacerlo, determina, aunque me falta aún la mitad de
mis hijos. ¿Se animará alguna vez a enfrentarlo a Sebastián? El verdadero
problema es Belén, reconoce.
Se aproxima la fecha del parto. Y hace días que Sebastián no se comunica.
Ella odia resultar molesta, pero se levantó inquieta. Arriesgándose a un mal
tono lo llama al celular, nunca a su casa. Hola, hijo, ¿cómo va todo?
pregunta. Belén tuvo contracciones toda la noche, estamos saliendo para el
sanatorio. Ella corta pensado que si no hubiera llamado no habría sido
notificada. No preguntó si podía ir porque presentía una respuesta negativa, ya
había sido notificada de que preferían atravesar solos la situación. Sin embargo, quince minutos después está a
bordo del Renault rumbo al Otamendi. Pregunta en recepción y le informan que ya
la llevaron a sala de partos. Hacia allí se dirige. Cuando se abre el ascensor
descubre a los padres de Belén. A ellos sí les avisaron, evalúa. Se acerca, los
saluda y pregunta ¿qué novedades? Entró hace diez minutos, bastante
tranquila; antes de la peridural estaba en un grito; es mágica, ¿viste? Ella
no vio nada porque parió a sus cuatro hijos a pelo. Candela también se la
bancó. El hospital es otra cosa, quisiera decirle a su consuegra. A ellos sí
les avisaron, es obvio que están desde hace rato. Quizás elige olvidar que esa
mujer es la madre de Belén; Candela gritaba reclamando a su mamá. Porque se
siente de más. Sebastián no me precisa, decide. Esperan. Esperan mucho. La
madre de Belén golpea la puerta varias veces. Hasta que le dicen que todo salió
bien y que están llevando a Belén a su habitación. Nosotros vamos
informa la mujer, pero ella decide quedarse. Diez minutos después sale
Sebastián. Está pálido. Ella teme ser retada por haber ido sin ser invitada,
pero en cuanto la ve el muchacho corre a abrazarla. Es un varón, ma; tuve
tanto miedo; se quedó atrancado y no salía, doble circular de cordón; no
lloraba, pero reaccionó, están los dos bien le cuenta entre lágrimas. Tan
pocas veces lo ha visto llorar. Una, recuerda ahora, cuando Belén lo dejó. ¿Querés
verlo?, lo llevaron a la nursery hasta que Belén se recupere. Entonces, y
ella no puede creerlo, la acompaña a la nursery. Allí, en una cunita junto a la
vidriera lo ve. Lo ve a Sebastián. Porque el bebé es una réplica. Aunque este
parece más rubiecito. Ahora es ella quien abraza a su hijo. Felicitaciones,
papá dice ella. Felicitaciones, abuela dice él.
¡Qué bellos momentos!
ResponderBorrarHay que aprovecharlos cuando llegan!
ResponderBorrar¡Qué hermosa emoción! Maravilloso momento.
ResponderBorrarLa maravilla de una nueva vida
Borrar