Me lo dan con cuentagotas le cuenta a Elena. Y ante las preguntas de su amiga
tiene que reconocer que no es solo con ella. A las hermanas también se los
mezquina. Zoe lo vio solo una vez se queja. El argumento es la
tranquilidad de madre y niño. Las nuevas teorías preservan la intimidad. Ella
se pregunta si la otra abuela tendrá también visitas tan restringidas, lo duda
mucho. Ana María le preguntó el otro día si la angustia no poder ver a su nieto
o el sentirse excluida. Ella tuvo que reconocer, porque es un absurdo que le
mienta a su analista, que no es que extrañe al bebé en sí, no pudo aún
establecer un lazo con él, nada que ver con lo que le pasó con Zoe donde el
amor surgió instantáneo, sino que la saca de su eje que Belén continue
apartándola de su hijo. No estoy loca le dice a Elena que defiende a
Sebi aunque ella también solo pudo ver a Bautista en el sanatorio y, por
supuesto, no estuvo autorizada para alzarlo las chicas sienten lo mismo
agrega y recuerda la manito de su hijo mami, seguimos siendo cuatro. Ya
crecerá y te atiborrarás teniéndolo cuando quieran salir. Para eso está mi
consuegra dice porque es lo que teme además viven en Recoleta. La tenés
a Zoe y no creo que Fernanda demoré mucho en aumentar la familia; peor estoy yo
con hijos treintañeros y todavía en veremos intenta tranquilizarla su
amiga. Ella cierra los ojos y sacude la cabeza. Tengo un libro justo para
vos ahora, muy entretenido, acaba de salir. comenta Elena. Ella sale de la
biblioteca con Las viudas de los jueves de una tal Claudia Piñeiro. No
la conocía. Y El extranjero[1]
para Camila. Ella le dijo que le parecía que la chiquilina todavía no estaba
para Camus, pero su amiga no le dio bolilla. Qué paradoja, décadas atrás Elena
pensaba que ella no estaba para Kafka. Lleváselo de mi parte indicó.
Para ella todavía es una nena. No quiero que crezca, reconoce, es la última que
me queda. Para en el quiosco y le compra un chocolate. Le gustan con almendras.
Antes se sentía culpable por ocultar su relación con Ariel a todos.
Ahora, por engañar, y esa es claramente su sensación, a Camila. ¿Cómo se
sentiría la muchachita si supiera que sus hermanas están enteradas y lo
conocen? Con Sebastián es diferente porque lo ve poco y nada. Con Camila es
casi una traición. Sus hijas mayores opinan que la chiquilina todavía no está
preparada, pero en estas semanas de convivir de a dos descubrió que su hija
menor es más madura de lo que ella suponía. Elena tenía razón. La chica leyó El
extranjero y quiso más. Ahora está con La peste[2].
Va para quince la mocosa. Es una luz. Es mi lucecita, piensa y también piensa
que Leonardo se la perdió. No quiere fiesta de quince. Detesta vestidos, vals,
velas y todo lo que ese festejo implica. Cuando ella le ofreció alguna
compensación -viaje, computadora, etc.- dijo no le veo el sentido; cumplir
quince tiene la misma importancia que cumplir catorce o dieciséis. Desde
que están solas charlan bastante más, en general de la familia porque con
respecto a sí misma es muy reservada. Al principio estaba bastante perdida sin
las hermanas y sobre todo sin Zoe. Pero ahora está contenta porque una vez por
semana va a dormir a lo de Fernanda, en su exclusivo sillón, otra a lo de
Candela y otra viene Zoe. Ella sí que extraña. El bochinche, el movimiento, la
mesa colmada. A Candela y a Zoe las ve prácticamente todos los días, pero
Fernanda vive un poco más lejos y además está muy ocupada. No corresponde que
Camila haya quedado al margen. Quizá llegó el momento de presentarle a Ariel. Siente un ruido. Dedal con el morro va
abriendo la puerta. Se introduce a través del resquicio y, al no escuchar un
reto, avanza y luego de un par de círculos se acuesta en la alfombrita próxima
a su cama. Él también extraña. Ya está viejito, pobre, piensa. Deja el libro
sobre la mesa de luz y apaga el velador. Intentará dormir. Dedal suspira.
La sensación del nido vacío.
ResponderBorrarAl principio se extraña mucho. Luego...
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