Sus hijas mayores quedaron
desconcertadas cuando ella les propuso un almuerzo de mujeres. Fernanda llegó
corriendo desde el colegio, Candela y ella ya sentadas, mirando el menú. Un
rato después las tres comparten dos supremas Maryland. ¿A qué se debe el
encuentro? pregunta Fernanda repartiendo la comida. Ella propició la
charla, sin embargo, ahora quisiera estar a kilómetros de allí. ¿Y si les dice
que quiere conversar con ellas sobre Camila? No estaría mintiendo, porque bien
que le hace falta, pero inspira profundamente y declara les quiero contar
algo. Esta familia últimamente está llena de noticias comenta Candela y
dirigiéndose a su hermana indica dale, poneme más crema de choclo, no seas
amarreta. Estoy saliendo con alguien dice ella al fin. Epa, epa
exclama Candela esa no me la esperaba. ¿Desde cuándo? averigua Fernanda.
Hace tiempo contesta ella. ¿Cuánto tiempo? inquiere ahora Cande.
¿Debe decir la verdad o mejor es mentir? Porque sabe lo que provocará la
verdad… Dos años. ¿¡Dos años?! exclaman a coro. ¿Y por qué nos lo
ocultaste? pregunta Fer ¿es casado? Ella niega con la cabeza. ¿Entonces?
Ella quisiera irse volando en una escoba, porque sabe que cuando les conteste
pensaran que es una bruja, una bruja vieja. ¿Y? Es menor que yo responde.
Mamá, no seas antigua acota Candela eso ya no tiene importancia. Ella
cierra los ojos y confiesa tiene la edad de Sebastián. Se produce un
silencio espeso, tangible, los cubiertos regresan a los platos. No te creo
dice Fernanda. ¿Estás loca, mamá? pregunta Candela. Por eso no quería
contárselo, ya sabía cómo iban a reaccionar. ¿En dónde lo conociste? averigua
Fer. Fue compañero del secundario. Más que compañero podría haber sido tu
alumno dice Candela, burlona. Cande la reconviene Fernanda tocándole
el brazo. ¿A él también le da vergüenza, por eso se mantiene oculto?
pregunta Candela. No, él está deseando conocerlos a todos, me presiona
permanentemente, en realidad ya los conoce de tanto que hablo sobre ustedes.
¿Sabe que me casé? pregunta Fernanda. Claro, sin avisarme nada se
apareció en la iglesia, cuando al día siguiente me enojé con él me dijo que era
la única oportunidad de verlos a todos, al menos de lejos. ¿Elena sabe? pregunta
Candela. Sí, se lo conté hace poco. ¿Qué dijo? Que si me hace feliz… ¿Y te
hace feliz? inquiere ahora Fernanda. Feliz es una palabra muy grande dice
ella y recuerda la pregunta de Elena lo que si podría decirles es que me
ayuda a vivir. Yo lo quiero conocer dice Fernanda. ¡Y yo! agrega
Candela. A ella, para variar, se le llenan los ojos de lágrimas.
Desde que anduvo con Camila por los outlets
para comprarle el pantalón, un verdadero hormiguero, una idea le ronda la
cabeza. Las pocas cuadras entre el local y Canning marcan la diferencia. Tienen
bastante mercadería discontinua que se va acumulando en el taller y el local.
Podrían también dedicarse a fabricar joggins más allá de los que hacen para las
escuelas. Estás cansada de ver caminando por la calle mujeres con ropa
deportiva. Cuando ayer comentó la idea, Candela se mostró muy
entusiasmada. Por eso esta mañana fría y
luminosa de mayo camina por Córdoba tratando de descubrir un localito en
alquiler. Llegando a Serrano ya está muy desilusionada. De todos modos, siempre
queda la posibilidad de recurrir a una inmobiliaria. Cuando está por emprender
la retirada, en la vereda de enfrente ve una mercería donde reza liquidación
total por cierre. No tengo nada que perder, piensa, y entra. Minutos
después sale con el teléfono de la dueña del local. Con probar no se pierde
nada.
Luego de cenar, las chiquilinas en su
cuarto, los cuatro adultos comparten un café. Aunque parezca mentira en una
semana nos entregan el departamento anuncia Manuel se adelantaron los
plazos. ¡Qué buena noticia! exclama Candela brindemos con café. Los
cuatro elevan las tazas. Ella siente una extraña sensación que le sube desde el
abdomen. Fernanda también se le va. Para conjurarla informa ayer le comenté
a Candela que se me había ocurrido la idea de poner un local en la zona de los
oulets de Córdoba. Mami, vos no parás nunca dice Fernanda. Hoy me
enteré de un local que se desocupaba y conseguí el teléfono del dueño; arreglé
para verlo el miércoles a las diez; vos, Cande, ¿me podrás acompañar? ¡Obvio!,
me encanta la idea, ¿cuánto piden? La mujer me dijo que todavía no saben, ni
siquiera están seguros de si van a volver a alquilarlo, es gente mayor y están
cansados de problemas, pero le insistí tanto que conseguí una cita. Quién
detiene a mi mami dice Fernanda. ¿Es grande? pregunta Manuel. Bastante,
pero está bastante venido a menos; me parece que además tiene un par de
cuartitos atrás. Fernanda hace una mueca con la boca. Para esa zona
tiene que estar bien puesto comenta. Ya veremos mañana dice Candela
de mal modo. Fernanda y Manuel cruzan una mirada. Mejor irse a dormir
dice Fer acercándose a darle un beso buenas noches, mami.
¡Buenas noticias!
ResponderBorrarLas piezas se van acomodando...
BorrarCon idas y venidas, pero son una familia genial.
ResponderBorrarTodos se quieren pese a los choques
ResponderBorrarBien!!! Por fin blanqueo de situación amorosa con las hijas!!! Vivaaa!!! Al final no era tan grave no?
ResponderBorrarLindo saber de vos, Vicky!
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