¡A bañarse y a dormir que mañana hay escuela! les ordena a las nenas. ¡Canto pri! grita Zoe. Mejor para mí dice Camila. Le está desenredando el cabello a Zoe cuando Fernanda entra. Deja la cartera sobre la mesa de la cocina. ¡Ma! me olvidé el piyama grita Camila desde el baño. Anda, yo sigo ofrece Fernanda agarrando el peine. Cuando logran acostar a las nenas ella propone ¿tomamos un café? La chica asiente y pregunta ¿Candela? Se acostó temprano, le dolía la cabeza responde ella. Minutos después le pone una taza delante y le pregunta ¿qué te pasó hoy, hija? Los ojos de la muchachita se llenan de lágrimas. Ella le toma la mano. Eh, mi amor, ¿qué pasa? Nada responde soy una tonta. Nada no. Cuando se serena Fernanda cuenta siempre siento que a mí nadie me da importancia, producto de segunda mano. ¡No digas eso, hija querida! Para qué me preguntás si después no me querés oír, no querés oír lo que te duele, me pasé la vida tratando de no afligirte, pero ya me cansé. Ella la escucha, atónita. Candela es la que da problemas, Sebastián el que da satisfacciones, Camila siempre te tuvo en un bolsillo y de Zoe mejor ni hablar; todas se dan el lujo de portarse tan mal como se les ocurre o ser indiferentes como últimamente tu hijo; yo, desde nena, no sé si alguna vez lo notaste, fui la que traté de ayudarte, de mimarte, de no molestar; y hoy, cuando vine con las noticia de mi casamiento nadie me tomó en serio; yo no soy Candela para quedarme embarazada soltera, ni Sebastián para hacer una boda a todo trapo revoleando pétalos de rosa en el Pilar; faltó que dijeras que podía teñirte tu vestido verde agua. ¿Desde cuándo tenés tanta rabia acumulada, hija mía? Desde siempre pero ahora estoy viendo todo con claridad; empecé terapia hace unos meses, no estaba nada bien. ¿Y por qué no me contaste? Su sorpresa no cesa de crecer. Para que no te preocuparas, bastante tenías con Candela; siempre tuviste bastante con todos, no sé cómo resististe, mamá; siempre con buena cara, además. Ella recuerda las palabras de Ana María. Palabras que ella, hace años, no supo interpretar. Como vos dice a lo mejor nos parecemos más de lo que pensás; y no es cierto que no tuve registro de tus actitudes; siempre fuiste mi puntal; no hubiera podido atravesar todo sin tu permanente sostén, cómo olvidarme del embarazo de Camila, fuiste la única con quién pude compartirlo; cómo podés llegar a pensar que sos de segunda mano para mí, sos mi otra mano, mi mano derecha. Camila entra a la cocina. ¿Por qué están discutiendo? Andá a dormir dice ella. ¡Si no me dejan con esos gritos!, ¿están hablando de la boda?, Fer, soy mala pero no quiero que te cases, no quiero que te vayas de esta casa, no me podía dormir no por los gritos si no pensando en que no sé cómo voy a vivir si vos no estás. Fernanda se incorpora a abrazarla. Si serás zonza, ya le dije a Manuel que vamos a comprar un sillón para el living para que te puedas quedar a dormir. ¡Zoe no! exclama Camila. ¡Por supuesto! contesta Fernanda lo compraremos solo para vos. Las tres ríen.
Lloré, ¡me encantó este diálogo!
ResponderBorrarEs tan intenso el vínculo con nuestra madre!
BorrarSigo disfrutando de este relato!
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