domingo, 25 de agosto de 2024

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Le conté a Elena le dice a Ariel mientras se duchan juntos. ¿De la psicóloga de Candela? De eso también, pero lo más importante es que le conté de nosotros. No lo puedo creer dice Ariel, abrazándola desde atrás. Luego cierra la canilla y le ofrece una toalla. ¿Y qué dijo? pregunta. Ella se queda pensando. ¿Qué dijo Elena?, ¿dijo algo? Se alegró por mí contesta al fin. ¿La puedo conocer? Qué difícil es satisfacer a este hombre, piensa ella. Ya combinaré algo contesta y piensa que Ariel la ayuda a vivir pero que al mismo tiempo le complica la vida. Por más que me esfuerce no logro hacer feliz a los que quiero, piensa. ¿Cuándo? pregunta él. Ella cierra los ojos e inspira hondo.

 

Primer día de la madre que no pasan en su casa. Sebastián, cosa extraña, las invitó  a merendar. Claro, un almuerzo es más trabajo, piensa ella. Allí van todas, apiñadas en el Renault. ¡Solo falta Dedal! dice Zoe entre carcajadas que también es tu hijo. Fernanda, en el asiento del acompañante, lleva la torta en la falda. Hizo la de manzana, la que pidió Sebi. El jolgorio del trayecto se congela en cuanto entran a la casa de Sebastián. Las cinco parecen cohibidas. Todo demasiado perfecto. Impecable. Se sientan a tomar el té. Porque es té lo que les ofrecen. Menos mal que hay jugo para las nenas. Jugo que Zoe vuelca sobre el mantel impoluto. Fue sin querer dice la nena ante la mirada admonitoria de Candela. No hay problema dice Sebi mientras va a buscar un trapo. Minutos después Sebastián dice esta riquísima la torta, ma, cada vez te sale mejor. Ella se pregunta si a Belén le hará gracia el comentario. La conversación languidece, Sebastián quizá lo nota porque saca el tema de la renuncia de Chacho Álvarez, las coimas en el Senado. Candela parece no tener idea de qué se está hablando. Para su sorpresa,  Fernanda sí tiene opinión al respecto. Las nenas comen los sándwiches de miga a dos carrillos. Hasta que ella observa un cruce de miradas entre Belén y su hijo. Se inquieta. No logra relajarse en esa casa. Se siente juzgada. Les queremos contar algo dice Sebastián, parándose. Cinco pares de ojos se posan sobre él. Vamos a tener un bebé dice. ¡Qué bueno! exclama Camila ¡voy a ser tía! Pero si vos ya sos mí tía acota Zoe, compungida. Alguien está celosa canturrea Candela. ¡No es cierto! dice la nena ahora por fin yo también voy a ser tía. No la corrige Fernanda pellizcándole el cachete el bebé va a ser tu primo. Ella se incorpora para abrazar a Sebastián.  ¡Qué hermosa noticia, hijo!, estoy segura de que serás un excelente padre. Luego se acerca a Belén y la besa en la mejilla. ¡Enhorabuena! dice. Te equivocaste, abu, ¡enhorabuela! Todos ríen. Hasta Belén. Y ella siente que sí, que por primera vez será abuela. Zoe es… Zoe es otra cosa.

 

Sábado. Noche en la ciudad, sábado[1] canturrea mentalmente mientras lava los platos. Chau, mami se acerca Fernanda a darle un beso me quedo a dormir en lo de Manuel, a lo mejor mañana venimos los dos a almorzar, ¿está bien? Por supuesto. Te aviso. Mandale un beso y decile que si vienen prepararé ravioles. Está calentando el agua para el café que le pidió Candela cuando la chica entra a la cocina con la cartera colgada. Al final me voy a lo de Sabrina, también va Paula, piyama party como antes ríe se acerca a la puerta y grita Zoe, apurate y dirigiéndose a ella dice me la llevo, están las sobrinitas de Gisela. La nena se acerca y se le cuelga del cuello hasta mañana, abuela, te voy a extrañar. ¡Y yo! exclama ella. Mira el reloj. Las diez. Camila dijo que la fuera a buscar a lo de Laura a las once, tiene tiempo para un café. Regresa el jarro al fuego justo cuando suena el teléfono. Se acerca a atender. Hola, mami dice Camila ¿me puedo quedar a dormir?  Minutos después retira nuevamente el agua y busca el celular. ¿Habrá un huequito en tu cama? pregunta. Aunque los milagros escasean, existen, decide.

 

Un tímido rayo de sol se cuela por la cortina entreabierta y le ilumina la cara. La boca entreabierta, los cachetes colorados, parece un chico. Ella se levanta de puntillas. Se pone la remera de él sobre el cuerpo desnudo. Aspira su olor. Va a la cocina. Minutos después acomoda en una bandeja las tazas, las tostadas, manteca y mermelada. La apoya sobre la mesa de luz. Se dirige a la ventana y abre las cortinas. ¡Servicio de desayuno! exclama. Él se sienta en la cama y se restriega los ojos. ¿Estoy soñando? pregunta sonriendo. La abraza con segundas intenciones, determina ella que se desprende y dice de ninguna manera, detesto el café frío. Ríen.



[1] “Otra vez en la vía”, Los náufragos.

6 comentarios:

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...