Suena el Danubio Azul[3]. Sebastián y Belén salen a la pista y abren el baile. El vestido de novia es un torbellino. Ella aguarda porque ya le han dicho lo que tiene que hacer. Cuando ve que su consuegro se acerca a la pareja, ella lo imita. Pero llega antes. Le toca entonces a ella ofrecerle la mano a su hijo. Una mujer troca en otra. La esposa en la madre. Sebastián la toma de la cintura y la hace girar. Es un excelente bailarín. Ella se deja conducir. Se siente levitar. Ojalá ese momento pudiera ser eterno. Gira y gira hasta que su consuegro le roba a Sebastián. Por suerte Ángel se apresta a reemplazarlo. Cuando Ángel se acerca a la novia, ella se aparta de la pista y observa. Una delicia ver a Sebastián bailando con sus hermanas. Una por una. Cada cual más linda que la otra. Y Zoe al final. Danzando en brazos de su tío. Estoy orgullosa, piensa, estoy orgullosa de mi prole. Ahora Elena con el novio. Las lágrimas que contuvo hasta ese momento se deslizan por sus mejillas. Esta noche decide ser feliz. Me lo merezco, determina.
El casamiento la dejó agotada. El trajín anterior, las emociones durante, el vacío posterior. Duro entrar al cuarto de su hijo y descubrir los placares vacíos, la biblioteca desierta. Recuerda la emoción del chiquilín cuando ella le contó que el tallercito se transformaría en su dormitorio. Ahora las hermanas peleando para decidir quién dormirá dónde. Las mayores, por supuesto, dieron por sentado que una de las dos se mudaría allí. Pero Camila hizo un escándalo, protestando por sus derechos. Que Zoe duerma con Cande que para algo es la mamá, yo necesito un cuarto para mí sola. Pero al ver que Zoe lloraba gritando Cami no me quiere más se ablandó. Cuando yo me case el cuarto queda para vos prometió Fernanda. ¡Es que no quiero que vos también te cases! Ella las dejó hacer. Años atrás hubiera dictaminado a quién le correspondía cada sitio. Ya no. Está agotada. Y en una semana tiene los exámenes cuatrimestrales. Está muy atrasada, Faltó mucho, además. Y, por si fuera poco, el taller, también descuidado por los preparativos, demandando su tiempo. Mañana sí o sí tiene que ir a Once. Varias entregas pendientes y ella detesta no cumplir. Cree que buena parte de su éxito laboral se debe a su palabra. Solo promete lo que está segura de cumplir. Sin embargo, esta vez le fallaron los cálculos. Con matemática y lengua no tiene problema, pero con el resto no le queda más remedio que sentarse a memorizar. Por suerte Fernanda también tiene parciales. Les gusta quedarse estudiando juntas por las noches. Se hacen compañía. El año pasado eran tres. Pero Candela ya se recibió. Tanta mala sangre que se hizo con ese tema. Todo llega, piensa. Aunque a veces llega y se va, determina y recuerda el dormitorio todavía vacío.
Cuando le extienden la boleta no lo puede creer. Todo volvió a aumentar. Se queja al dueño del negocio, lo conoce hace años, quien dice se acabó la fiesta menemista. De solo pensar que puede volver la hiperinflación se le congelan los huesos. Vio varios negocios cerrados en la cuadra. Los textiles somos los que peor la pasamos dice el hombre no se puede competir con los precios de la mercadería importada. Ella todavía no sintió el cimbronazo. Los uniformes no se pueden importar. Aunque Candela ya le dijo que bajó la venta de la ropa para gimnasia. Las escuelas empiezan a aceptar que no lleve logos. No me puedo preocupar ahora, se dice, los exámenes son prioridad. Paga lo que le piden y sale. Ya no cabe más en su cabeza. A veces la extraña a Ana María. Necesitaría hablar con ella del casamiento. Me sacó de mi eje, determina. De ese eje al cual Ana María la ayudó a retornar años atrás. Ya está, decide, tendré que arreglarme sola. Está acostumbrada, por cierto.
Guau...ese final!
ResponderBorrarNo sé a cuál te referís, porque no se grabó el último párrafo, Y sí, duro el nido vació. Y duro también saber que hay que arreglarselas sola.
BorrarHermoso para una madre es ver la realización de sus hijos.
ResponderBorrarSí, es emocionante, Aunque a veces no coincida con lo que planeábamos para ellos.
BorrarAsí es, Yima querida. Hermoso relato
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