Por cómo me lo ha contado pareciera
ser un accidente, ¿por qué se siente tan culpable? pregunta Ana María. Porque estaba
enredada en mis pensamientos; siempre me pasa. ¿Desde cuándo le pasa? ¡Qué sé
yo!, desde siempre ya le dije. ¿Se recuerda desde pequeña ejerciendo el
pensamiento circular? A ella le llama la atención el término. Sí,
recién se da cuenta, su pensamiento es circular, infinitas palabras que se
encadenan perpetuamente dejándola prisionera adentro de la circunferencia.
Piensa en elefantes, la trompa del primero toma la cola del último. Claudia,
le estoy hablando. Perdón pide ella tiene razón, pienso en
círculo. ¿Desde niña? Ella asiente con la cabeza. ¿Recuerda en qué
situaciones? insiste Ana María. Cuando mis padres discutían
reflexiona unos segundos y agrega ellos también discutían en círculo, de
nunca acabar. ¿No intentaba irse? No, hasta mis siete años dormía en el cuarto
de mis padres, recién cuando se murieron mis abuelos, con pocos meses de
diferencia, pude tener algo de intimidad. Quiere decir que usted está copiando
el modelo familiar. No entiendo. Por lo que me está contando veo que tres
generaciones compartieron un mismo espacio. Ella se queda pensando. Tiene
que reconocer que es cierto. Zoe, Candela y ella caminando por las mismas
baldosas. No habrá sido fácil para su madre criar a su hija en una casa que
manejaba su propia madre. Ella recibe una descarga eléctrica. Su madre fue
madre, pero también hija. Su hija es hija, pero también madre, Zoe solo es
hija. Ella ahora ya no es hija, solo madre. Claudia… la convoca Ana
María. Otra vez me fui admite ella. Cierre los ojos propone la
psicóloga trate de verse escapando, refugiándose en su mente. Ella
obedece. Ella siempre obedece. Ella es una nena obediente que siempre obedece.
¿A quién ahora? A su papá. A las órdenes que le dio su papá. Si a mamá le
agarra el ataque trata de que se acueste en el suelo, ponele algo en la boca
para que no se muerda y esperá, ya sabés que se le pasa pronto, esperá y nunca
la dejes sola. Sin darse cuenta cómo ni cuándo empezó se lo está contando a
Ana María. Nunca se lo contó a nadie porque su papá también le decía que no
había que contar. A ella le daban ganas de ir a buscar a la vecina, la madre de
Gloria que era tan buena con ella, seguro podía ayudar a su mamá. Pero se
quedaba quietita. El cuerpo quieto porque su cabeza comenzaba a viajar. Y se
imaginaba que era un cazador y que su mamá era un elefante. Pero un cazador
bueno porque no mataba al elefante, solo lo dormía con una flecha; una flecha
de los indios que ahora venían por el cazador y el cazador corría y los indios
atrás hasta que el elefante se despertaba y decía ya está, ya pasó, alcanzame
un vaso de agua. Ana María espera a que ella calle y dice es
interesante, a veces los adultos seguimos utilizando los mismos recursos que
cuando éramos niños. ¿Cómo? Cuando usted era chiquita no podía hacer nada para
salir de esa situación, solo le restaba evadirse; ahora tiene una infinidad de
posibilidades, pero a veces recurre al mismo mecanismo. Ella siente que
algo se le mete en la cabeza, como una moneda en la ranura de una alcancía, una
ranura que... Está por enredarse cuando admite lo que me dijo me calzó como
moneda en una alcancía. Y el simple hecho de compartir sus absurdos
pensamientos le genera algo muy parecido al alivio.
No estuvo mal, piensa mientras se pone el piyama. Sobre todo las nenas lo
disfrutaron mucho. Para Zoe fue la primera vez en un restaurante. Se portó
bien, eso que es bastante inquieta. Cuando llegó la cuenta ella le extendió al
mozo la tarjera sin mirar el importe. Le resulta incomprensible constatar que
hace… dieciocho años que se ha transformado en una máquina de generar dinero.
Como en un cuento mágico la última moneda de la alcancía se multiplica antes de
desaparecer. Como los peces. La multiplicación de los peces le enseñaron en el
catecismo. Lo que tocás se convierte en oro le dijo Elena el otro día.
Recuerda la lata en donde guardaba el dinero en épocas de Alberto. Dinero de
cuya utilización ella sentía que le correspondía rendir cuentas. Debe reconocer
que ha tenido suerte. Mientras estuvo en la biblioteca logró equiparar gastos y
salidas, pero desde que comenzó con el tallercito en la terraza siempre hubo
billetes para ahorrar. Nunca se permitió gastarlo con holgura porque siempre se
propuso nuevas metas, asumió nuevos créditos. Uno a uno los fue pagando. El
ahorro es la base de la fortuna decía su padre quien la entrenó en el
oficio de no disfrutar. No fue el disfrute el objetivo de la compra del auto
sino la agilización del trabajo. La primera disrupción fue el alquiler de la
quinta. Otra esta cena en un buen restaurante donde le dio carta blanca a todos
para que pidieran lo que quisieran.
Aunque si es sincera tiene que reconocer que no la movió la voluntad de
disfrute sino la imposibilidad de hacerse cargo del festejo en el hogar. Todo
esto piensa cuando oye golpes en la puerta. En esta casa todos golpean mi
puerta, se dice y piensa qué vueltas le daría Ana María a la frase. ¡¡Mami!! Pasá. Me asustaste dice
Fernanda. Perdón, no te escuché se disculpa ella, aunque sí que
la escuchó. La escuchó, pero no logró desprenderse de sus pensamientos. La
chica se sienta en el borde de la cama. Estuvo lindo, ¿no? pregunta ella
por decir algo. Sí, estuvo bien contesta su hija con lo que ella
considera poco entusiasmo. Te quería contar que conseguí un trabajo dice
Fernanda. ¿Por qué? es lo primero que le nace preguntar. Aunque ella
sabe por qué, su hija no considera que ella esté en condiciones de seguir
manteniéndola. ¿Cómo por qué?, porque ya tengo diecinueve años y no quiero
tener que seguir pidiéndote plata para comprarme zapatillas. Pero tenés una
asignación, no necesitás pedirme; si no te alcanza la podemos aumentar. Fernanda
cabecea lentamente. No, mami, ya no corresponde, además Manuel y yo queremos
empezar a ahorrar. ¿Para qué? Mami, ¿qué te pasa?, ¿para qué va a ser?, para
casarnos dentro de unos años. Como ante Sebastián pagando la cuenta la
angustia le impide sentirse orgullosa. ¿Qué trabajo? pregunta, vencida. Me
ofrecieron cuidar dos nenes todas las tardes. Ella intenta ocultar su
decepción, creyó que sería algo relacionado con la docencia; no, solo una
niñera. Como Gloria en su momento, piensa. ¿Y tus estudios? Este
cuatrimestre curso de mañana. Ella no encuentra qué decirle por eso se
queda callada. Me voy entonces dice la chica. Ella sabe que debiera
felicitarla. Abre los labios para hacerlo, pero como no puede ser falsa solo le
desea buenas noches. El portazo posterior la hace cerrar los ojos.
¡Qué historia! Me encantó lo del elefante y los pensamientos circulares
ResponderBorrarCuántas veces somos aplastados por el peso de nuestros pensamientos recurrentes
BorrarLos padres tenemos esa parte oculta de egoísmo, lo que debiera ser motivo de orgullo, un hijo que busca su independencia económica es un motivo de crecimiento personal, de autonomía, sin embargo es vez de ponernos felices, nos sentimos mal, no por el hecho en sí, sino porque vamos comprendiendo que de a poco van tomando sus propios caminos y ya no podemos tenerlos bajo nuestras alas como pichones.
ResponderBorrarEs difícil dejarlos partir
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