miércoles, 17 de julio de 2024

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A la hora de la cena les cuenta a los chicos que ya se concretó el alquiler del local. ¡Brindemos! propone Fernanda levantando el vaso. Cinco copas se entrechocan. ¿Quién lo atenderá? pregunta Sebastián. Por ahora Gladys, hasta que consiga una chica; a ella la preciso en el taller; y, por supuesto, yo iré de un lado a otro. ¿Y nosotros? protesta Camila ¡nunca estás! Ella se queda desconcertada. Está grande la mocosa, piensa y también piensa que la nena tiene razón, no se había dado cuenta de que les estaba faltando. Encima pronto se sumará otra criatura. Estuve pensando algo dice Candela. Ella la mira. Yo podría atender el local; total no tendré que hacer mucho más que estar sentada; y cuando nazca el bebé me lo puedo llevar conmigo, al menos para controlar a la empleada si es que la tomás. Enorme sorpresa en todos los pares de ojos. No hace falta, hija dice ella. Sí, mamá, quiero trabajar, no puedo seguir siendo una carga. Silencio general. Yo quiero que estudies. Ya te dije que no, al menos por ahora; y si sigo sin hacer nada me voy a volver loca; tampoco después me quiero quedar encerrada con el bebé. Tiene razón acota Sebastián. Yo la puedo ayudar con el bebé en el negocio cuando salgo de la escuela ofrece Fernanda. ¡Yo también se lo cuido! exclama Camila ya cumplí seis. Están grandes, piensa ella, todos mis hijos están grandes. Y los ojos se le llenan de lágrimas.

 

Sube a descolgar la ropa de la soga. Cuando pasa por el cuarto de Sebastián, le parece escuchar sollozos. Se detiene. Sí, el chico está llorando. Golpea suavemente. ¿Puedo pasar? pregunta. Como la respuesta no llega, entra. Encuentra al chico acostado, la cabeza enterrada en la almohada. ¡Qué pasa, hijo? Sebastián gira y, con la cara mojada, dice Belén me dejó. Ella se sienta sobre la cama y le acaricia el cabello. Cuando logra tranquilizarlo, su hijo dice que le contó a la chica lo de Candela y lo de Camila. Se enfureció, dijo que era porque le mentí, pero yo sé que no es por eso. Ella siente una emoción incalificable trepando desde su abdomen. ¿Ira?, ¿lástima?, ¿culpa? Seguramente una fusión de todo. Insoportable ver a su hijo sufrir. No se merece a mi hijo, peor para ella, se lo pierde, piensa, pero solo dice dale tiempo, ya se le pasará aunque no sabe si es lo mejor que se le pase.

 

Candela, pese a su prominente abdomen, acomoda la mercadería en los estantes. Estantes en los que previamente pegó etiquetas con los talles. Etiquetas escritas con su hermosa letra. Claudia la observa. Orgullosa, califica. Hace rato que no la veía entusiasmada con algo. Las mejillas arreboladas, parece una nena. ¿Querés tomar algo? le ofrece. Dale, mamá, preparate un tecito contesta la chica sin abandonar su tarea. Fue una buena idea, decide mientras pone el agua a hervir. Lindo sentirla cerca.

 

De regreso a su casa se encuentra con Sebastián en la esquina. Caminan juntos. Se lo ve bien, piensa. Hace días que estaba … busca la palabra… mustio. Me encontré con Belén dice el chico me perdonó. A ella le da rabia. ¿Qué es lo que debiera perdonarle?, ¿que su hermana mayor está embarazada?, ¿o que la menor es ilegítima?, ¡qué le incumbe a esa mocosa! Todo eso piensa. Sin embargo, oprime el brazo de su hijo y dice me alegro mucho. ¿La puedo invitar a almorzar el domingo? Claro contesta simulando un entusiasmo que no siente le haré canelones. ¡Gracias, ma! dice Sebi y mientras abre la puerta de calle agrega todavía no se lo contará a los padres. Ella se muerde los labios. Entra. Dedal sale a su encuentro moviendo la cola.

 

Mami, ¿te puedo pedir algo? pregunta Fernanda mientras terminan de lavar los platos. Claro contesta ella, cómo no, esta hija nunca pide, siempre ofrece. Viste que no quise festejar los quince, estábamos con la revolución del embarazo de Candela. Ella piensa que recién ahora se entera de la razón, se quedó solo con que la chiquilina no tenía ganas. Cómo no me di cuenta, debería haberle insistido, se reta. Estuve pensando que me gustaría hacer una reunión en el local nuevo después de que lo pinten, pero antes de que lleguen los muebles. Ella se alivia, creyó que su hija querría alquilar un salón como se había hecho con Candela. Vos no te preocupes, yo me encargo de todo, tengo un amigo que me presta los equipos de audio y Sebastián ofreció ocuparse de pasar la música; cada uno va a llevar algo. Ella escucha atónita. ¿estuvo ausente de todos esos movimientos?, ¿cuántas cosas gestan sus hijos sin que ella se entere? Vaya si gestan, Candela es el mayor exponente. ¿Y, mami?, ¡contestame algo! Me parece una buena idea dice al fin secándose las manos con el repasador yo te puedo preparar unas empanadas. ¡Yo sabía que mi mami no me iba a fallar! exclama Fernanda abrazándola seremos unos veinte, ¿te parece que entrarán? Claro que sí, el local es grande. ¡Grande como mi mami!  Fernanda le estampa un beso en las mejillas y sale. Hermoso y duro oficio ser madre, piensa. Ya lo aprenderá Candela.

 

Después de dar vueltas diez minutos, decide arriesgarse y dejar el auto mal estacionado a la vuelta del negocio. Camina por Lavalle a paso vivo. Espera que la pieza de gabardina gris que encargó por teléfono ya esté preparada. La atiende un empleado que no conoce. Me llamo Luis se presenta ostentando una amplia sonrisa. Buen mozo el hombre, cuarenta más o menos. Mientras le hace la factura charlan sobre el tránsito. Simpático el hombre. ¿Dónde tenés el auto? le pregunta al terminar. A media cuadra informa ella ahora lo voy a buscar. Dejá, yo te la alcanzo ofrece el hombre cargando el rollo sobre su hombro. Caminan a la par, charlando. Cuando la tela ya está adentro del auto, ella se pone al volante. Él se acoda sobre el techo. Espero verte pronto dice. Ella piensa que lo mejor será buscar un nuevo proveedor. Le gustó demasiado el hombre. Y ella ya se prometió que nunca más. Qué sabrá Belén de la vida. Se despide con una sonrisa y arranca.

6 comentarios:

  1. Está cerrada al amor y demasiado dedicada a su familia, pero el tiempo va a ir pasando, cada uno tomará su rumbo, pero ella se sentirá sola, con la satisfacción de haber cumplido con todos , olvidándose por mucho tiempo de ella.

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  2. Está como yo hasta ahora, luego de quedar viuda... Me encantaría encontrar una buena persona, para compartir lindos momentos. Culturales, bailar, cenar, y sobre todo conversar alegremente....

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  3. Por ahora, todo se va acomodando. ¡Me encanta cuando la miran los pares de ojos!

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    Respuestas
    1. Todo se va acomodando... para volver s desacomodarse. Como la vida!

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