1992
Escucha sirenas. Parecen ambulancias. Se asoma a la puerta del taller. Sí, ambulancias atronando por Córdoba. Varias. Qué habrá pasado. Mira el reloj. 14.55. Va a empezar el informativo. Enciende la radio. Se produjo una explosión en la Embajada de Israel. El edificio se destruyó totalmente. Gran cantidad de muertos y heridos. Dónde estarán los chicos, es su primer pensamiento. La novia de Sebastián vive a unas cuadras, cree. Me voy a casa les informa a sus empleadas y sale. Corre por la calle. No sabe por qué ni para qué, pero corre. Hay mucha gente. La gente también corre. Mi hija trabaja allí oye gritar a una mujer. Llega a su casa. Entra. El televisor a todo lo que da. ¿Viste lo que pasó, mamá? grita Fernanda desde la cocina. ¿Sabés algo de tus hermanos? pregunta ella. Candela está en su cuarto, recién subió; Camila está durmiendo la siesta. ¿Y Sebi? ¡Qué sé yo! Claudia, está agitada, trata de aplacar el ritmo de su corazón. Inspira profundamente. ¡Vení!, ¡mirá! la convoca Fernanda. Pero ella no quiere. Ella necesita saber dónde está su hijo. Controla la lista pegada a la heladera. Es martes. Sí, tuvo clase a la mañana. Le parece que ayer le dijo que después iba a trabajar. Pero a veces va a almorzar a lo de Belén. Llama al negocio de Ángel. Hola, Ángel, ¿Sebastián está por ahí? Sí, estamos mirando la televisión, ¡qué desastre!; ahora te lo paso. Ella respira. A salvo. Están todos a salvo. Se sienta y ahora también ella mira. Dedal se le aproxima y apoya la cabeza sobre su falda. Ella lo acaricia. Él le lame la mano.
Deja a Camila en el jardín de infantes y se dirige al taller. Son unas cuantas cuadras que, como siempre, recorre a paso vivo. Está apurada. Siempre está apurada. Por más que se pasa la vida haciendo, siempre es más lo que le queda por hacer. Se detiene en la panadería y compra unas masitas. Las chicas merecen algo rico. Llega al taller pasadas las nueve. A través del vidrio contempla el interior. Ya están todas, cada una traquetea su máquina. Entra. El zumbido tan característico. Parece una colmena, piensa. ¿Quién prepara café? propone mientras levanta el paquete y lo agita. Minutos después las siete disfrutan de la tregua. Vino la del instituto a buscar las camperas le informa Rita se las prometí para mañana. Ella detesta no cumplir, pero están superadas. Se convirtieron en el referente del barrio. Varias escuelas les encargaron los uniformes. Febrero fue una locura. Y lo que va de marzo no afloja. Tuvo que tomar la sexta empleada. Y necesitaría otra. Ya tenés una PYME le dijo Sebi ayer. Tuvo, además, que consultar con un contador porque las escuelas necesitan todo en blanco. Costo-beneficio. También vino la señora Rosalía, precisa un trajecito para el civil de la hija, quiere discutirlo con vos. Tiene que ocuparse de tantas cosas que cada vez tiene menos tiempo para coser que es lo que realmente le gusta. Manos de hada. Sus clientas protestan, la reclaman. Pero le queda claro que lo que realmente rinde es la producción en serie. Hacer ropa a medida, como hasta ahora, lleva mucho tiempo. Horas en ir a comprar cada corte de tela, elegir los botones, las infinitas pruebas, las mujeres indecisas. Sabe que tiene que tomar una resolución. ¿Alta costura o fabriquita? Los chicos crecen y cada vez cuesta más mantenerlos. Apurate que te vamos a dejar sin nada dice Gladys mientras le tiende la bandeja de cartón. Ella agarra un alfajorcito de maizena. El último sobreviviente.
Están cenando cuando, con la boca llena, Camila pregunta ¿cómo se murió mi papá? Se instala el silencio. Claudia repara inmediatamente en el adjetivo posesivo. No dijo nuestro, dijo mi. Siente sobre sí los cuatro pares de ojos. Sabía que este momento iba a llegar. Elena viene alertándola. Pero ella la ve tan chiquita… ¿Debe mentir? Porque hasta ahora le resultó cómodo que Camila diera por supuesto que compartía padre con sus hermanos. Ahora está preguntando y ella nunca supo mentir. Quizás omitir, pero no mentir. ¿Será bueno hablar frente a todos o sería mejor estar las dos solas? Trata de acordarse de todo lo que leyó. Que la Dolto, que la Giberti vengan en su auxilio. Elena, ayúdame, se dice. ¡Mamá!, te pregunté reclama la nena. El que se murió es el papá de tus hermanos, vos tenés otro papá. ¿Por qué?, ¡yo no quiero tener otro papá! Ella le oprime la manito. Ahora no lo podés entender, Camila, porque sos chiquita. ¡Soy grande!, ¡ya cumplí cinco! Sí, sos más grande, por eso te lo estoy contando ahora; pero igual todavía no tenés edad de entenderlo. Yo tengo diecisiete y todavía no lo entiendo murmura Candela. Ella va a intervenir cuando escucha que Sebastián dice ¡callate, vos! Camila se libera del contacto y sale de la cocina corriendo. ¡Sos mala! grita ¡sos una mamá mala! Candela se incorpora y va tras ella. Fernanda pregunta ¿para qué le dijiste?, ¿no ves que la hiciste sufrir?, ¡es chiquita! y también se levanta. Alguna vez tenía que enterarse afirma Sebi no se cómo todavía no preguntó por los diferentes apellidos. Ella observa, escucha, hasta huele el pescado durmiendo en los platos. Pero es como si no estuviera ahí. Está congelada. No siento, piensa, no siento, como cuando murió Alberto. Hasta que se da cuenta de que ya está. Ya lo dijo. Ya está. La envuelve, entonces, un soplo de alivio.
Está por meterse en la cama cuando escucha golpes en la puerta de su cuarto. ¿Sí? Soy yo informa Sebi. Pasa, hijo dice mientras busca la robe. El chico entra y ambos se sientan en el borde de la cama. ¿Te puedo hacer una pregunta? Claro. ¿Vos no te podés contactar con el padre de Camila? No sé dónde está contesta ella se fue de Buenos Aires. Sí, pero de alguna manera podrías localizarlo, mira todo lo que hacen las abuelas de Plaza de Mayo; me parece que en algún momento Cami va a necesitar saber quién es su papá. Ella se queda mirándolo. Cuánto que creció su muchacho. Siempre sensato, siempre sereno. Si Alberto pudiera verlo, piensa, qué orgulloso que estaría, un hijo casi ingeniero. Ma, te estoy hablando. Ella sacude la cabeza. Tenés razón dice lo voy a pensar. Por lo menos déjame en algún lugar los datos que tengas. ¿Pará qué? pregunta con temor, Sebi es capaz de buscar por su cuenta. Por si te pasa algo, ma contesta el chico mirando el piso.
Momentos difíciles donde hay que resolver y la verdad es lo mejor, aunque sea difícil.
ResponderBorrarSiempe es mejor la verdad. Aunque se dosifique
ResponderBorrarSebi es el hombre de la casa. Que maduro. Cuantas veces le toca ocupar otro rol para ayudar a su Mamá
ResponderBorrarTe tocó crecer antes de tiempo a este muchacho
ResponderBorrarMe encanta cómo se va desarrollando en el contexto histórico. Voy viviendolo como en tiempo real. Bravo!
ResponderBorrarMe alegra! Todo lo que nos ocurrió siempre fue dentro de un contexto que de alguna manera condicionó que así fuera
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