Arma el arbolito para darle el gusto a Fernanda que hace días que insiste. Ya compró los regalos para los chicos: zapatillas para Sebi, el casete de Soda Stereo para Candela (dudo mucho, aunque es chica todavía, se pasa el día escuchando música) y una muñeca para Fernanda (una Barbie, a ella no le gustan pero a la nena, sí). Mientras prepara el matambre repara en que no compró nada para el bebé. Podría envolver alguna de las cositas que le fueron regalando sus empleadas. Aunque no está bien que no lo haya tenido en cuenta. Nada bien. Mañana verá. Mañana. Mañana será otro día, se repite.
Está esperando para pagar, osito de peluche en mano, cuando escucha la discusión. Clienta versus dueña. Tanto se enoja la mujer que deja el camioncito elegido sobre el mostrador y se va. Punto final. La dueña sigue protestando mientras hace el paquete. Ella no sabe qué opina al respecto, su cabeza demasiado ocupada en lo propio. Punto final. A ella sí que se lo pusieron. Leonardo se lo puso. Punto final. ¿El moño rosa o celeste? escucha.
Elena se fue a la costa. Así que este año festejaron solos ellos cuatro. La cena fue tirante. Poca charla, mucho ruido de cubiertos. Todo estaba rico. Aunque sin ganas cocinó lo mismo de siempre. Los chicos, salvo Fernanda, recibieron los regalos sin mayor entusiasmo. ¿Y este paquete? preguntó Candela cuando quedaba solo uno. Es para el bebé contestó ella mirando el piso. ¡Yo lo abro! exclamó Fernanda. Los chicos ya se fueron a sus cuartos y ella está lavando los platos. El año que viene habrá uno más, piensa. Su gran temor es que los hermanos no lo quieran. Con Fernanda no alcanza. También estarán Elena, Gloria y las chicas del taller, trata de consolarse. Está triste. No sabe si debiera estar contenta, pero está triste. Candela no deja de escuchar el casete. No hay duda, más allá de su falta de agradecimiento, de que le gustó. Eso es lo que importa, se dice. Cierra la canilla y escucha. Yo caminaré entre las piedras/Hasta sentir el temblor/En mis piernas/A veces tengo temor, lo sé/A veces, vergüenza/Estoy sentado en un cráter desierto/Sigo aguardando el temblor/En mi cuerpo[1].
A veces, los hijos son muy injustos
ResponderBorrarLos jóvenes suelen pensr solo en sí mismos. Poco desarrollada la empatía.
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