lunes, 17 de junio de 2024

18

 


Cuántas veces cercanas las siete se sorprende esperando la aparición de Leonardo. Todavía no puede creer que se haya abierto de tal modo. De última son sus genes los que viajan por esa criatura que ya pesa en su vientre y que hace unas semanas comenzó a dar señales de vida. Primero ondas casi imperceptibles transformadas ahora en francos movimientos. Movimientos que ayer, por primera vez, fueron captados por una emocionada Fernanda. Ella es la única que toca su panza. Sus otros dos hijos la observan crecer sin hacer comentarios. Sebastián ha vuelto a ser cordial con ella, aunque con cierta distancia. Es la edad, también. Lejos quedaron sus espontáneos abrazos. Candela sigue hermética. Al menos no han vuelto a llamarla de su escuela. Las que sí manifiestan entusiasmo son sus empleadas, todas muchachas jóvenes. No pasa semana sin que le regalen algo para el bebé. Ella tiene guardadas las cosas de sus chicos. Ya llegará el momento de ponerlas en condiciones. El otro día Elena le preguntaba si está contenta con el próximo arribo. No diría que está contenta. Tampoco angustiada. Ella es capaz de mantener sus emociones a raya. Hacer lo que hay que hacer sin cuestionarse demasiado. Elena le acercó un libro sobre el embarazo. Le parecen tan lejanos los tres anteriores que se acercó a las páginas como una primeriza. Siempre los libros la modifican. La construyen. La desestabilizan para organizarla luego en un estadío superior. Basta ya de pensar pavadas, se reta. Tiene que hacer el presupuesto para un vestido de comunión. Ayer fue a Corrientes a ver los precios de la organza. En este país varían de un mes a otro. Por suerte tiene suficiente satén para el forro. Montones de australes por cada metro. Los australes se desflecan, piensa. Comentario de modista, festeja sus propias palabras. Tela que acopia es dinero ganado. Su única posibilidad de invertir. Afortunadamente se atenderá en el Rivadavia. Las experiencias anteriores fueron muy buenas. Naciste para parir le dijo la partera en su último parto. Sonríe y se toca el vientre. Otro más.

 

Arma el arbolito para darle el gusto a Fernanda que hace días que insiste. Ya compró los regalos para los chicos: zapatillas para Sebi, el casete de Soda Stereo para Candela (dudo mucho, aunque es chica todavía, se pasa el día escuchando música) y una muñeca para Fernanda (una Barbie, a ella no le gustan pero a la nena, sí). Mientras prepara el matambre repara en que no compró nada para el bebé. Podría envolver alguna de las cositas que le fueron regalando sus empleadas. Aunque no está bien que no lo haya tenido en cuenta. Nada bien. Mañana verá. Mañana. Mañana será otro día, se repite.

 

Está esperando para pagar, osito de peluche en mano, cuando escucha la discusión. Clienta versus dueña. Tanto se enoja la mujer que deja el camioncito elegido sobre el mostrador y se va. Punto final. La dueña sigue protestando mientras hace el paquete. Ella no sabe qué opina al respecto, su cabeza demasiado ocupada en lo propio. Punto final. A ella sí que se lo pusieron. Leonardo se lo puso. Punto final. ¿El moño rosa o celeste? escucha.

 

Elena se fue a la costa. Así que este año festejaron solos ellos cuatro. La cena fue tirante. Poca charla, mucho ruido de cubiertos. Todo estaba rico. Aunque sin ganas cocinó lo mismo de siempre. Los chicos, salvo Fernanda, recibieron los regalos sin mayor entusiasmo. ¿Y este paquete? preguntó Candela cuando quedaba solo uno. Es para el bebé contestó ella mirando el piso. ¡Yo lo abro! exclamó Fernanda. Los chicos ya se fueron a sus cuartos y ella está lavando los platos. El año que viene habrá uno más, piensa. Su gran temor es que los hermanos no lo quieran. Con Fernanda no alcanza. También estarán Elena, Gloria y las chicas del taller, trata de consolarse. Está triste. No sabe si debiera estar contenta, pero está triste. Candela no deja de escuchar el casete. No hay duda, más allá de su falta de agradecimiento, de que le gustó. Eso es lo que importa, se dice. Cierra la canilla y escucha. Yo caminaré entre las piedras/Hasta sentir el temblor/En mis piernas/A veces tengo temor, lo sé/A veces, vergüenza/Estoy sentado en un cráter desierto/Sigo aguardando el temblor/En mi cuerpo[1].

 



[1] “Cuando pase el temblor”, Soda Stereo.

2 comentarios:

122

    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...