viernes, 7 de junio de 2024

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Claudia no puede dormir. No sabe qué la preocupa más: si la eventual despedida o el más eventual aún ingreso a la legalidad. En realidad, la preocupa incorporar a Leonardo a su vida visible. Porque la despedida no la preocupa, le duele. ¿Qué le ha aportado Leonardo durante estos meses? Volver a ser una mujer. Tener ganas de arreglarse. Sentirse deseada. Percibirse linda a través de ese deseo. Olvidarse por un rato de que es una máquina de hacer. Despojarse de las responsabilidades junto con la ropa. Un sexo diferente al practicado con Alberto. Urgente, casi agresivo. En un par de oportunidades la llevó a un hotel alojamiento de la calle Anchorena. El condimento de verse multiplicada en un juego de espejos. Él es un buen amante. ¿Mejor que Alberto? Sí, más osado, más experimentado, más dedicado a proporcionarle placer. Al principio, sobre todo. Hace meses que el piso del taller o la mesa de corte suplen la cama king size. Amor a las apuradas. La mayor parte de las veces él termina antes de que ella empiece. Terminar o empezar. Como ahora. Despedida versus inicio. To be or not to be[1]. Su mente tan dispersa como siempre. ¿Lo quiere? Claro que lo quiere si no estaría traicionando sus principios. ¿Sus principios o los que le inculcaron?, ¿los que intentaron inculcarle? En realidad, solo le importa la opinión de sus hijos. De sus hijos y de Elena. Quizás hasta de Gloria. De sus empleadas no. Son chiquilinas, de mente más abierta. Tal vez hasta se dieron cuenta, aunque jamás le comentaron nada. Cree haber descubierto algún cruce de miradas cuando las apura para que se vayan. ¿Quiere empezar una vida junto a él? Sí y no. La criaron para tener un hombre al lado, aunque hace rato que está haciendo multitud de cosas para las que no fue criada. El gran temor son los chicos. ¿Cómo lo tomarían? Observa que pensó tomarían no tomaran, así están las cosas, incertidumbre pura. Los cuatro forman un cuarteto apretado. Sería difícil (y sigue con el potencial, aunque ahora, lo vio con Candela, le llaman condicional) abrir un espacio para Leonardo. Aunque a los chicos les vendría bien una figura masculina, la adolescencia de Sebastián está a la vuelta de la esquina y tal vez ella no sepa acompañarlo. Su cabeza es una jaula llena de pájaros asustados. Es una suerte que la decisión no esté en ella. Enciende la luz, busca el libro de turno. Gracias por el fuego[2].

 

El fin de semana transcurre interminable y fugaz. Que termine pronto y que sea eterno. Ayer llevó a los chicos al cine. Policías y ratones[3]. Sebastián protestó. Fernanda trotaba por la calle de alegría. Candela, hermética. Difíçil congeniar las edades. Después los llevó a Pumper[4]. Ahí sí contentos los tres. Lindo caminar con sus hijos por Corrientes. Lo que cobró por el vestido de la señora Fortich bien gastado. Hoy, después de almorzar los ravioles que pidió Fernanda, Sebi se fue a lo de un amigo y ella con las nenas a tomar un helado. ¿Qué pasa que salimos tanto? preguntó Candela, siempre atenta. ¿Qué pasa? Qué va a pasar, en realidad. A medida que transcurren las horas su inquietud crece. Ya no está tan segura de poder prescindir de él. El ruido de la puerta la sobresalta. Sebastián ya tiene la llave. Ella mira el reloj: llegó cinco minutos antes de la hora acordada. Un muchachito confiable. Su muchacho. Hierve unas salchichas y corta tomates. Sebastián extrañamente locuaz. Cuesta bastante conseguir que se bañen. Pero en eso ella es inflexible. Cenan luego, lavados y planchados, como les dice ella, con entusiasmo. Los chicos recogen la mesa y ella lava los platos. Antes de ducharse pasa por el cuarto de las chicas. Candela ya duerme. La tapa. Cuando se acerca a besar a Fernanda, la nena le tira los bracitos al cuello. ¡Gracias por estos días, mami! Ella la oprime contra sí. Te quiero le dice.

 

El lunes se ocupó de que las chicas se fueran temprano. Se pintó los labios, se puso perfume. Espero hasta las casi las ocho. El martes hasta las siete y media. Hasta las siete el miércoles. Descubrió que Leonardo le importaba mucho más de lo que pensaba. No se la voy a hacer fácil, decidió. Por eso hoy, jueves, camina por Rivadavia. Las bocinas del tránsito mañanero se asocian al retumbar de su corazón. Está enojada. Lo menos que merece es una explicación. Rumbo a ella va. Lo encuentra solo en el local. Lo observa sin que él perciba su presencia. Está enfrascado en un catálogo. Hola, dice ella al fin. Él levanta la vista. Su rostro se desarma en un segundo. Lo primero que hace es mirar a su alrededor, a ella no se le escapa el gesto. Más de lo mismo, piensa. Te estuve esperando dice Claudia mientras se acerca al mostrador. Pensaba pasar hoy dice él. Te ahorré el trámite. No, él le apoya la mano en su brazo quiero que hablemos tranquilos; paso por el taller a las siete, ¿te parece? Perdón, señor Leonardo dice el empleado nuevo, se me hizo un poco tarde. Ella se va sin saludar.

 



[1] “Hamlet”, William Shakespeare.

[2] “Gracias por el fuego”, Mario Benedetti.

[3] “Policías y ratones”, película dirigida por Ron Clements y otros.

[4] “Pumpers”, cadena de hamburgueserías.

8 comentarios:

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    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...