lunes, 20 de mayo de 2024

6

 


1979

 

Está llenando la bañadera cuando suena el teléfono. Y qué poco que suena. El corazón se le aloca. Mira a su alrededor: los tres chicos están riendo mientras se sacan la ropa. Acude a atender después de aclarar no se metan hasta que yo regrese. ¿La señora Gómez? Ella piensa que por suerte no tiene a nadie más a quien perder.

 

Mientras envuelve a Fernanda con el toallón, la cabeza de la mujer va a mil por hora. El juicio está ganado informó el abogado. No quiere ni acordarse de la cantidad de audiencias y la infinidad de papeles que tuvo que llenar. Parecía eterno. Sin embargo, ya está. No lograron todo lo solicitado, pero igual es un montón de dinero. Claro que tiene que pagarle al abogado que se hizo cargo de todos los gastos hasta ahora. Igual es un montón de plata. Más de lo que ella puede ganar en un año. Y, no sabe ni cómo, hasta ahora, pese a la inflación que no se detiene, se fueron arreglando con su sueldo. Eso porque Gloria no le quiso cobrar y porque, gracias a Dios, tiene vivienda propia. Gracias a mis padres, se corrige.  Por suerte el año que viene la chiquita también irá al jardín. ¿Qué voy a hacer con la plata?, piensa mientras abrocha los botones del piyama con ositos. Tuvo tiempo para pensarlo, un año casi, aunque en realidad nunca creyó que lo cobraría. Estos juicios nunca se pierden le había adelantado el abogado aún en el hospital.  El grito de Sebastián la aparta de sus pensamientos. La bañadera se está desbordando. ¿Cuánto tiempo pasó? Candela está ayudando a su hermanita a ponerse las pantuflas. ¿En qué momento dejó de estar en sus brazos? Se levanta del piso en el que en algún momento que no recuerda se sentó y se apresura a cerrar la canilla. ¿Qué voy a hacer con la plata?, vuelve a preguntarse mientras busca un trapo de piso. Mami, ¿no me oís?  dice el nene sacudiéndole el brazo se me mueve el diente. No, no lo escuchó. Porque tiene que decidir qué va a hacer con el dinero.

 

Repentinamente recuerda que una vez en el Para ti[1] vio una almohadita con bolsillo para poner los dientes caídos.  Pasa por la habitación de los chicos, tapa a uno y quita los juguetes de arriba de la cama de otra. Luego, sube al cuarto de la terraza y busca en el cajón de los retazos. Elige un par, corta unos rectángulos y se sienta frente a la Singer. Enciende la radio. La radio siempre la acompaña. Hace rato que no cose. Antes les hacía mucha ropa a los chicos. Antes. ¿Antes de qué? Antes de que muriera Alberto, se responde. Ahora no tiene tiempo. ¿No tiene tiempo o no tiene ganas? se pregunta mientras pedalea al ritmo de la música. Aunque fue una idea de su padre no de ella no le disgustaba ir a las clases de corte y confección. Su profesora decía que tenía buena mano. Se hacía sus vestidos en la adolescencia. Lejos, lejos de casa/No tengo nadie que me acompañe/a ver la mañana[2]. Sus manos, ágiles, rotan la tela cada vez que llega a una esquina. En pocos minutos la funda está casi lista. Le sobró gomaespuma de cuando hizo el moisés. Sonríe al recordarlo. Cuánta ilusión. Está rellenando la almohada cuando detiene su labor. ¿Y si se dedica a coser?, ¿si pone un tallercito? Podría usar el dinero para comprar una máquina eléctrica, la que tiene ya no da para más, se atranca a cada paso. Mientras da las últimas puntadas decide que tendría que comprar también una para hacer overlock. Mira a su alrededor. Ese cuarto es bastante grande. Debería sacar las cosas de Alberto. Ya nadie precisará sus herramientas. Para las bicicletas puede hacer un techito en la terraza. Así le entraría una mesa de corte. Y un maniquí. Tendría que poner un espejo de cuerpo entero. Para cuando las clientas se prueben, piensa. Ella no se ve porque el espejo aún no existe. Si pudiera verse descubriría que tiene los ojos llenos de luz. Sonrisas sin dueño. De pronto, intensamente viva. La alondra ya está cerca de tu cama, nena/Quiero quedarme, no digas nada/ Espero que las sombra se hayan ido, nena[3].

 

Al día siguiente, mientras cenan, el diente de Sebastián por fin se decide. Después de enjuagarle la boca con agua fría con ambas hermanas de admirado público ella le dice tengo una sorpresa para vos. Esta noche el diente caído dormirá en un bolsillo a cuadritos esperando al Ratón Pérez.



[1] Revista femenina.

[2] “Eiti Leda”, Charly García.

[3] “Eiti Leda”, Charly García.

20 comentarios:

  1. Eso de hablarse y contestarse sola..ser su confidente, su propio sostén, creo que muchas veces encontramos la ayuda en nosotras mismas!

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    1. Quien no se ha hablado a sí misma, retado, confortado, animado.

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  2. Hermoso capítulo, a mi también me emociona.

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    1. Hay veces que necesitamos una oportunidad para desplegar nuestras potencialidades

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    2. Es maravilloso cuando tenenos un proyecto

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  3. Me imagino la cara iluminada, pensando en la posibilidad de salir adelante con su proyecto de costura.emotivo este capítulo.

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    1. Esos momentos en que nos sentimos capaces de todo. Que no tenemos miedo sino confianza en nosotras mismas.

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  4. Esa canción... Realmente emocionante. Imagino su taller de costura ❤️

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  5. Qué lindo cómo va avanzando la historia, entusiasma y anima a querer saber cómo sigue! Gracias por compartir! ! 🙏🏾

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  6. Gracias por las devoluciones aunque no me aparece tu nombre

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  7. También me emocioné al igual imaginar a Claudia cosiendo su destino puntada a puntada

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  8. Así es la vida. un lienzo que cosemos puntada a puntada...

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