lunes, 4 de noviembre de 2024

78

 


Corre hasta el auto. Le tiembla la mano, le cuesta embocar la llave. Finalmente  arranca. Irá por Bulnes hasta Corrientes. Cuando llega la avenida está tapizada de ambulancias y carros de bomberos. Las alarman aturden. Dobla por Jean Jaures. Es imposible avanzar. Deja el auto delante de una entrada de garage y baja. Son unas cuadras. Será más rápido. Corre. Corre por la calle llena de gente que corre. Calle cada vez más llena de gente, más llena de gritos. Llega a Bartolomé Mitre. Lo que ve la paraliza. Coches de bomberos. Muchas ambulancias. Gente. Policías, médicos, pibes. Pibes sobre todo. Pibes semidesnudos, descalzos. Como puede, empujando, se acerca a Cromañón. Chicos tirados sobre la vereda. Otros asistiéndolos, abanicándolos, tirándoles agua. Mujeres intentando entrar al boliche. Marejadas de jóvenes saliendo con el torso desnudo y remeras envolviéndoles la cabeza. Cuerpos sostenidos de manos y pies subidos a autos. Otros cuerpos, supone, dentro de bolsas negras. Está paralizada. No sabe qué hacer, dónde buscar. Es mi culpa, dictamina, yo les regalé las entradas, en qué cabeza cabe, soy la única culpable. Suena su celular. La esperanza le vuelve al cuerpo. ¿Dónde estás? pregunta Manuel. Frente a la puerta. Yo en la esquina, esperame ahí. Cierra los ojos. Cuando los abre, su yerno la está abrazando. Me dijeron que llevaron pibes a la playa de estacionamiento, me voy a ir a fijar; vos mirá en estas veredas. Ella corre. Corre y se detiene ante cada chico tirado. ¡Los que estaban arriba no pueden bajar! escucha a una mujer. Por suerte ella les compró abajo, eran más caras. Una piba sale corriendo, en corpiño, la cara tapada. Hasta que de pronto, las rodillas se le doblan y cae. ¡Oxígeno! grita un hombre que empieza a masajearle el pecho.  La calle está llena de gritos. ¡María!, ¡Pedro!, ¡Martín! Ella, entonces, grita también. ¡Candela!, ¡Zoe! Un bombero sale con un nene alzado. Lo deja sobre la vereda. No tendrá más de tres años. El hombre le hace respiración boca a boca. El nene no responde. Ella cierra los ojos. No puede mirar. Quizá todo es un mal sueño. Hace rato que tiene pesadillas, que duerme poco y mal. Cruza. La vereda de enfrente es la réplica. Fue un infierno dice un chico sentado contra la pared en cuanto empezó el fuego se apagó la luz, ahí todos nos desesperamos, empezamos a correr, a caernos, a tirar a otros, yo pude salir porque estaba cerca de la puerta. Ella se pregunta si las chicas estarían cerca de la puerta. Sigue caminando. Mira sin querer mirar. Una mujer encontró a su hijo. Muerto. Lo abraza. ¡Luis! grita mientras le golpea las mejillas ¡mirame! Suena el celular. Cierra los ojos mientras dice hola. No están en el estacionamiento, me dijeron que llevaron a muchos a los hospitales informa Manuel voy para allá. Ella, como una autómata, sigue caminando, sorteando gente. Entonces la ve. Tirada en la vereda, de espalda, la ropa hecha jirones, los ojos cerrados, Candela. Un enfermero está a su lado, en cuclillas. Ella se deja caer de rodillas. ¿Está viva? pregunta. Tiene pulso, bajo pero tiene le contesta voy a buscar una camilla para llevarla al hospital. Ella toma la mano de su hija. ¡Candela!, ¡Candela!, escúchame, soy mamá. Como por arte de magia aparece Manuel. Se agacha y le roza el cuello. Está viva confirma al tiempo que le oprime el pecho y le insufla aire en la boca. Ella se acuerda de Zoe y la pileta. Zoe, la tiene que buscar. No conseguí camilla, la vamos a tener que alzar dice. Manuel y el hombre la cargan y la depositan en el piso de una ambulancia donde ya hay un muchacho. ¿Adónde la llevan? pregunta ella. Al Ramos Mejía. ¿Qué hacemos? le pregunta a Manuel. Fernanda fue a dejar a Ema con Camila, espera instrucciones. Decile que vaya para el Ramos, vos ayudame a buscar a la nena. Mientras Manuel habla ella decide cruzar, sigue saliendo gente del local. Su celular vuelve a sonar. Mamá, encontré a Zoe informa Sebastián me avisó Camila, la nena está bien, quedate tranquila. ¿Dónde? En la plaza Miserere, una mujer la trajo para acá me dice. Estoy frente a Cromañón con Manuel, a Candela la van a trasladar al Ramos Mejía, está inconsciente. Una camilla se acerca a la ambulancia. Cargan otra chica en el piso. Ahora sí cierran las puertas. El vehículo arranca. Minutos después ve aparecer a su hijo con la nena alzada. Los tres se funden en un abrazo. ¡Abuela!, ¡casi me muero!, ¿dónde está mi mamá? La llevaron al hospital, chiquita. ¿Se va a poner bien? Ella solo contesta aunque no lo sabe. Sebastián le oprime el hombro.

 


 

viernes, 1 de noviembre de 2024

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 Camila está tirada en el sillón. Desde que descubrió a la Bersuit, Candela le acercó el CD, no para de escucharlo. Cosa rara porque ella no es melómana. Del éxtasis a la agonía, Oscila nuestro historial/Podemos ser lo mejor/O también lo peor/Con la misma facilidad 68. La sabiduría de lo popular evalúa ella. Cuando la ve Camila baja el volumen y pregunta ¿querías algo? Charlar con vos. La chica apaga y se sienta. ¡Cuánta solemnidad! exclama. Ariel y yo terminamos informa ella. ¡No te puedo creer!, ¿por qué? No está dispuesta a escuchar un alegato similar al de Fernanda así que dice era demasiada la diferencia de edad. Y no miente del todo porque si Ariel no fuera tan joven quizá Sebastián no se hubiera enojado tanto; si ella no fuera tan vieja Ariel no tendría que renunciar a su paternidad. ¡Eso sí que no!, yo soy la primera en saber qué difícil es ser distinto de lo que lo sociedad espera, pero de ahí a renunciar… siempre fuiste una mujer valiente, mirame a mí, te atreviste a tenerme, ¡ahora no vas a arrugar!, me vas a hacer enojar, mucho me vas a hacer enojar. Nos desgastamos intenta tranquilizarla. De pronto la chica ladea la cabeza y cierra un ojo. ¿Esto no tiene nada que ver con Sebastián, no? Bastante difícil la tiene ella, solo pide un poco de piedad. Y como no puede seguir soportando diatribas miente no, no tiene nada que ver. Se levanta y dice voy a preparar la comida, ¿salchichas o hamburguesas? Chatarra pura, su vida es pura chatarra.

Elena insistió tanto en que fueran a su casa para Nochebuena, sus hijas sus secuaces, que terminó aceptando. Ella no hubiera querido festejar. Este año perdió a los dos hombres de su vida, tres con el hombrecito. Argumento barrido de un plumazo por Fernanda. Tus cinco mujeres todavía existimos. Sigue tan enojada con su hermano. Ella no se animó a preguntarle a Camila si sus hermanas saben que se encontró con Sebastián. Lo único que falta es que surjan fisuras entre ellas. Todavía tiene que ocuparse de los regalos. Solo compró el de Zoe, y el de Candela en consecuencia. Su nieta, hace semanas, le rogó que le regalara las entradas para ir a ver a Callejeros. Esta nena se pasa la vida escuchando música, desde chiquita, demasiado para su gusto, pero Candela se lo alienta. Las que fueron madres adolescentes les cuesta a veces ponerse en su lugar de adultas frente a sus hijos, piensa. Ella intentó disuadirla, apelando a su edad. Me contó mami que cuando ella tenía doce años la acompañaste a un recital de Soda Stereo. Cómo olvidarlo, Un mes antes de su cumpleaños empezó a pedir las entradas como regalo. Pidió, rogó, exigió, amenazó. Tanto insistió que se salió con la suya. Tan flaquita Cande, tan chiquita que ella temió se la aplastaran. Jamás la vio tan feliz. Estuvo de parabienes con ella como dos semanas. Luego volvió a las andadas. Nunca se llevaron bien. Yo tengo once, pero me falta poco para los doce. Los argumentos de su nieta fueron convincentes. Lo charló antes con Candela que estuvo de acuerdo. Esa nena te maneja; espero que con Ema seas igual protestó Fernanda. No hay un modo/No hay un punto exacto/Te doy todo
69 . Zoe es Zoe.

Mientras eleva la copa le surge la necesidad imperiosa de verlo a Ariel. Desearle felicidades sería un buen pretexto para escribirle. Desde que se separaron, salvo la vez que fue a su departamentito a buscar sus cosas, no volvieron a estar en contacto. Zoe le preguntó el otro día si no lo extrañaba. Porque yo sí añadió la nena. ¡Vaya si lo extraña! Fernanda se acerca con Ema alzada y la abraza. Feliz Navidad, mami. La beba aprovecha el acercamiento para tirarle del pelo. Ella toma esa manito redonda con hoyuelos y la besa.  Mi fuerza son mis cinco mujeres, piensa.

Está adobando el peceto que llevará mañana a lo de Fernanda. Mira la hora antes de poner la carne en el horno. Once menos cuarto. Al menos precisará una hora. Serán ellos siete nomas. Almorzarán con los padres de Manuel el primero. Es raro que la casa de una de sus hijas sea la sede de la cena de fin de año. Primera vez de muchas, seguramente. Camila se ofreció a pelarle las papas para la ensalada, pero por el momento está tirada en el sillón.  viendo televisión. ¡¡Mamá!! grita de pronto. Ella se seca las manos en el repasador y va. ¡Se incendió Cromañón! Alcanza a ver imágenes de gente corriendo y humo. ¡Voy para allá! decide sacándose el delantal. Yo también dice la chica.  No, vos quedate, por si llaman, avisale a Fernanda, deciles que cualquier cosa me llamen al celular, tengo poca batería para colmo. Busca su cartera, las llaves del auto y sale.

68 "La argentinidad al palo", Versuitbergarabat. 

69 "Signos", Soda Stereo.

miércoles, 30 de octubre de 2024

76

 


Tres meses ya. Fernanda comienza a trabajar hoy y en un rato le traerá a Ema. Ella ofreció hacerse cargo de la beba hasta que consiga vacante en la guardería de la escuela donde trabaja. Cuestión de un par de semanas, mami prometió su hija. Ayer Camila la ayudó a rescatar la cuna que nuevamente había guardado. La silla alta todavía no hará falta; sí, el bebesit. Escucha la llave en la cerradura y se dirige al patio. Fernanda empuñando el cochecito. Está dormida informa y va a la cocina. Pone en la heladera las mamaderas con leche que previamente se sacó. Ayer probé de ofrecerle mamadera y funcionó, chupó lo más bien. Quedate tranquila dice ella cinco sobrevivieron a mis manos. Prefiere olvidarse del sexto porque Bautista fue su último pensionista. Fernanda mira el reloj. Me tengo que ir, pero no quiero, me duele aquí dice señalándose el pecho. Yo fui afortunada, evalúa, nunca precisé dejarlos. Luego recuerda que sí. Al único bebé que tuve que dejar fue a vos dice. Sí, pero yo tenía más de un año y a Gloria la conocía mucho. Ema también me conoce dice para tranquilizarla y además porque es cierto. Desde que nació la ve tres o cuatro veces por semana. Fernanda comprueba que la beba sigue dormida y agarra sus cosas. Me voy, a la una y media a más tardar estoy por aquí, o por donde me digas. Hoy no me moveré de casa para que la nena no tenga tanto ajetreo. Fernanda la abraza fuerte. Gracias, mami dice cualquier cosa me avisás. Andá tranquila. Ya desde la puerta repite gracias, mami, muchas gracias.

 

Un idilio con Ema. La chiquita es solidaria, dictamina ella, sabe que su mamá tiene que trabajar y colabora. En su propia casa no la ha visto tan tranquila. En la de su abuela no se la escuchó. Tomó su mamadera a la hora pautada, hizo provechito, no protestó cuando le cambió los pañales y luego se durmió. La maravilla de esas primeras sonrisas. La humanidad renaciendo, como si nunca hubiera existido un bebé antes. Trece y veinticinco el ruido de la llave. Ella alza a la nena. Mira quién vino le dice mientras la lleva hacia el patio. Fernanda la confisca y la aprieta contra sí. Tanto te extrañé le murmura. Sentadas en la cocina, mientras Fernanda amamanta a la beba, ella anuncia terminé con Ariel. La cara de sorpresa de su hija. ¿Por qué? Últimamente no andábamos bien… Sí dice Fer apartando a la chiquita del pezón, alzándola y golpeándole la espalda últimamente desde que Sebastián se borró del mapa. Ella intenta desestimarla. Mirá, mami, desde ese instante sos otra, perdiste la luz; Sebastián es muy egoísta, no mide las consecuencias de sus actos; hizo un berrinche de mocoso y nos arrastró a todos en la volada; seguro que es Belén que le calienta la cabeza; él se considera por arriba de todos, ¿qué es lo que no nos puede perdonar?, ¿que te hayamos apoyado sin juzgarte?, ¿que nos alegráramos de verte feliz?; él se sintió herido, lo entiendo, pero seguramente no se detuvo a pensar por qué solo a él  no te animaste a contarle. Fernanda va subiendo el tono de la voz, tanto que la chiquita comienza a llorar. Tomá dice su hija tendiéndosela estoy furiosa; fue más importante hacerse el ofendido que conocer a su sobrina; casi me muero y él ni se enteró, ¡soy yo la que no lo puedo perdonar! exclama llorando. Ella está azorada. Esta también es Fernanda y recuerda su exabrupto el día que les anunció que se casaba. Cuánta furia interna. ¿Seguís haciendo terapia? es lo único que le nace preguntar mientras mece a la beba. No, me había dado el alta, pero por este tarado voy a tener que retomar, estaba segura de que cuando se acercara la fecha del parto, él la conocía muy bien, se iba a acercar. Suena el timbre. Debe de ser Manuel dice Fernanda me dijo que si podía me pasaba a buscar. Se levanta y va hasta el baño. Ella, beba en brazos, se dirige a abrir.

 

Sentada en el banco de la plaza charla con Elena. La hubieras visto dice parecía una fiera. ¿Y cuál fue el detonante? pregunta su amiga. Ella no quiere decirlo porque al pronunciarlo cada vez es más realidad. Terminé con Ariel informa. Elena le toma las manos. Pero, ¿qué pasó?

viernes, 25 de octubre de 2024

74

 


Está levantando la cortina metálica cuando suena su celular. Buen día, mami, empecé con contracciones a las cinco de la mañana, estoy yendo para la clínica informa Fernanda. En cuanto llegue Lucy voy para allá dice ella. Sale a la vereda y ve que la chica se aproxima desde la esquina. Busca en su cartera las llaves del coche, pero luego piensa que estacionar frente al Güemes será imposible. Cruza y detiene un taxi. ¿Dónde estás?, ¿dónde voy?[1] recuerda. Sin embargo, hoy es tan distinto.

 

Sube por las escaleras porque no tiene paciencia para esperar el ascensor. Golpea en la puerta de habitación indicada. Le abre un Manuel demudado. Recién le pusieron la peridural informa en un murmullo. Ella entra y acerca a su hija. Le toma la mano. No aguanté, mami, duele mucho parece la chica pedirle perdón. Está todo bien, hijita intenta tranquilizarla. Ruidos. Entra un enfermero con una camilla y la lleva a sala de partos. Manuel va tras ella. Media hora después ese mismo Manuel con ambo celeste y cofia sale para anunciarle. Las dos están muy bien, Ema pesó casi tres kilos y medio. Ella lo abraza. ¿Le podés avisar a mis viejos? pide el muchacho. ¡Enseguida! Ella lo traiciona porque primero llama a Candela, a Camila, a Elena, a Rita, a Gloria y a Ariel. Recién repara en que no canceló el encuentro. Qué importa ahora. Está feliz, después de mucho tiempo está feliz. Felicidad que se opaca cuando registra que ni pensó en llamarlo a Sebastián. En todo caso Camila será la vocera, si es que Fernanda autoriza. Sube hasta la habitación. Golpea. No responden. Abre. No hay nadie. Ve entonces una camilla que se acerca precedida por Manuel. Hola, abuela le dice una Fernanda rozagante. La introducen en la habitación. Minutos después abraza a su hija. Contame todo pide ella. Salió en dos pujos es preciosa, ya vas a ver. Palabras premonitorias porque llega una enfermera transportando la cunita. Se la dejo dice luego vendrá la puericultora a indicarle cómo darle de mamar. ¿Puedo?  pregunta ella. Hace de cuenta que es tu nieta responde Fernanda sonriendo. Ella alza a la beba. Amor a primera vista, piensa, se empezó a llenar el cajoncito de Ema. Es bonita de veras, una nariz de botón. Voy a hacer unos trámites informa Manuel. ¿No la ves parecida a Zoe? pregunta y cuando gira para recoger la respuesta observa que la sábana de su hija está llena de sangre.

 

Enfermeras, médicos, camillas, gritos. El útero no se cerró, nunca ocurre, pero esta vez ocurrió le explica una doctora. ¿Es grave? pregunta ella tomando la voz de un Manuel mudo. Sí, habrá que transfundirla, perdió mucha sangre ella se tambalea, Manuel la sostiene del brazo confiemos en que la oxitocina haga su efecto y que no se precise operarla. Su canal de protección interna le bloqueó los oídos. Se detuvieron en la transfusión. Fernanda es A Rh negativa, la única que salió con el mismo grupo que yo. ¿Usted podría donar? inquiere la mujer. Por supuesto. ¿Está en ayunas?, porque es urgente.

 



[1] “Seminare”, Serú Girán.

122

    Le dijeron a las nueve. Sin embargo, cuando llegan, nueve menos diez, fue fácil estacionar, ya están todos. Muchos más de los que ella c...