miércoles, 5 de febrero de 2025

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Timbre. Los infaltables ladridos de Brea. Va a abrir. Hola, Bela la sorprende Ema. Ella la abraza. ¿Qué hacés por acá? pregunta. Te vine a ver porque vos ya no nos visitás nunca dice la chica. Ella desestima el comentario y pregunta ¿qué te puedo ofrecer? ¿Tenés Nesquik?, hace días que estoy antojada, y en casa no compran. Crecieron dictamina ella. No es solo eso, mamá dice que es azúcar puro, siempre fue obsesiva con la alimentación y la salud, pero ahora está insoportable. Ella recuerda que Ema era una nena rellenita, con tendencia a engordar. Fernanda la cuidó mucho. Se enojaba cuando ella le llevaba cosas dulces. Logró su objetivo porque su nieta se transformó en esta adolescente con formas, pero espigada. Está en su punto justo, piensa ella, como una fruta cuando llega el verano. La chica apoya el vaso e informa recién me peleé con mamá. ¿Por qué? Quiero empezar a trabajar y mamá dice que mi trabajo es el estudio, que ellos me pueden mantener, que para eso se esforzaron toda la vida; pero yo necesito independizarme, detesto tener que pedirles plata, ya estoy grande. Ella recuerda su resistencia ante los planteos similares de Fernanda. Su temor a que la chica resintiera sus estudios. Ema tiene… saca cuentas… diecinueve años, es lógico que ya no quiera depender de sus padres. ¿Qué dice tu papá? pregunta. No importa lo que diga papá, la que maneja los hilos es mamá. Ella se sorprende de la charla de su nieta. Es una adulta. Para ella sigue siendo la gordita cachetona siempre llena de risa. Hace mucho que no conversaban. ¿Desde el 2020? Me perdí verla crecer, piensa. Tu mami protesta, pero fue como vos confiesa. ¿Cómo?, dale, Bela, contame. Y ella le cuenta. Y después del Nesquik su nieta pide un café. Y después del café le pregunta ¿habrá algún trabajo para mí en los locales? Ella recuerda el similar pedido de Mateo. Sin embargo, la situación es distinta. Está chica es muy centrada, responsable, estudiosa. Quizás es la oportunidad de sumar al negocio alguien más de la familia. Ema, además, estudia Administración de Empresas. ¿En qué pensás, Bela? interrumpe su nieta los vericuetos de su mente. Dejame que lo hable primero con tu madre, no quiero tener problemas con ella. Ema se levanta y la abraza. ¡Qué suerte que vine! exclama.


¿Seguro que no querés que me quede? le pregunta Sebastián. No, estoy lo más bien dice ella bajándose del auto. Ni parche le pusieron.  Ya ve bien. Leonardo le había dicho, pero ella no le creyó. La semana que viene el otro ojo. El doctor le dijo que, otra semana, y estará en condiciones de ir a renovar el registro. Lo único que le interesa. Una carrada de dólares le costó el chiste. A una clínica de lujo la llevó Sebastián. Vos podés pagar había dicho podés y te merecés lo mejor. Lentes multifocales. Ya no precisará anteojos ni para leer. Menos mal, porque los pierde a cada rato. Los anteojos, el celular y las llaves. Muy distraída está. No le dolió nada, pero igual no le gustó. La angustió. Siempre su recurso ante el dolor o el miedo es cerrar los ojos. Y no pudo. Un aparato le mantenía el ojo abierto de par en par. Reflectores, gotas inundándola, el roce de instrumentos en la cara. Siempre asoció el encierro con la oscuridad. Pero el de recién fue un encierro plagado de luz. Sin posibilidad de escape. A merced de los otros. Una sensación de impotencia total. Recordó, mientras trabajaban sobre ella, los días en que Candela estaba internada. La impotencia de no poder saber, de no poder verla. Luego, de no poder despedirla. De todo eso estuvo teñida la operación. De acuerdo con lo indicado, entra a su casa, se prepara un té y se lo lleva la cama. Necesita descansar. Agotamiento emocional. Bebe de a sorbos el té. Luego apaga la luz. La maravilla de poder cerrar los ojos.



3 comentarios:

  1. Me recuerda la operación de mi mamá 😭

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  2. ¡Cómo voy a extrañar a Claudia! Cerré esa casa y ese taller que imaginé como si existiera. Lloré, me reí, sufrí con ella. No la voy a olvidar...

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