Escucha los tres timbres característicos, los ladridos de Brea y luego la llave en la puerta. Hola, mami dice Fernanda mientras la besa traje algo rico, prepárate un café. Ella pone el agua a hervir y acomoda las masitas en un plato. Tienen buena pinta comenta. Las compré cerca de casa, donde te gustan. Fernanda le cuenta sobre los chicos hasta que de pronto informa estuve charlando con mis hermanos sobre tus setenta. Falta un montón, y además ya les dije que no quiero hacer nada dice, irritada. No podés seguir así dictamina su hija lo único que existe no es el trabajo y Uma, ¿cuánto hace que no ves a mis hijos?, me contó Sebastián que ni a Luján la visitás; Simón ayer me preguntó si estabas enojada con él; se te pasó el cumpleaños de Manuel. ¡Cierto! dice ella agarrándose la cabeza. Se te murió una hija, pero quedamos tres; además de Zoe y Uma tenés cinco nietos que te necesitan; todos te necesitamos; la culpa es tuya por haberte hecho querer tanto; no sos la única que sufre, vos perdiste una hija, pero nosotros perdimos una hermana, los chicos una tía; nunca pude compartir mi dolor con vos porque vos te apropiaste del duelo; a Candela la perdimos todos y, por si fuera poco, nosotros te perdimos también a vos. Ella se queda anonadada. Aplastada. Esta hija es así, vive para los otros, cuida a todos, nunca hace reclamos, pero cuando los hace es feroz. Este es similar al que le hizo cuando, ante el alejamiento de Sebastián, ella no quería festejar. Ella recuerda cuando vino a contarles que se casaba y terminó echándole en cara el papel que jugaba en la familia desde niña. No puedo dice ella al fin. Hacé lo que quieras dice Fernanda el día de tu cumpleaños estaremos todos en lo de Sebastián reunidos para celebrar tu vida, con vos o sin vos se incorpora y dice se me hace tarde, tengo que ir a buscar a Simón a básquet, no sé si te enteraste de que ahora también hace básquet se acerca y la besa. Ella se queda sentada. Brea acompaña a Fernanda hasta la puerta.
Abuela, ¿me invitás a cenar? pregunta Zoe por Wapp. Ella, a punto de acostarse, luego de un café con galletitas, teclea no tengo nada. Y es cierto, hoy, cuando llevó a Uma a una piyamada, se propuso ir al supermercado, sin embargo, no juntó fuerzas. Pero en cuanto lo envía se arrepiente. Agrega entonces si querés vamos a comer una pizza. ¿Paso por ahí o nos encontramos directamente? Ella mira el reloj. Te veo a las nueve en Los Cocos propone. Porque no tiene ganas de manejar, ni ganas de vestirse. Pero lo hace. Si la viera Fernanda se enojaría. Claro, porque es Zoe diría. Nueve y cinco llega a la pizzería. Su nieta ya está. Qué raro que un sábado a la noche sin programa. ¿Pedimos un vinito? propone Zoe. Por mí, no responde ella. Abuela, dale, tenemos que festejar. ¿Qué? pregunta ella, asombrada. Porque hace mucho que no tiene nada que festejar. Te cuento cuando brindemos responde, con una sonrisa misteriosa. ¿Tendrá pareja nueva? Las relaciones de Zoe son siempre efímeras. Yo no creo en la monogamia ha afirmado muchas veces. Cuando llega el vino la chica llena ambas copas. Eleva la suya. Chin, chin dice. ¿Por qué? insiste ella. Hoy me escribió mi papá informa su nieta.
"...vos te apropiaste del duelo..." Guauuu ¡qué frase!
ResponderBorrarSuele ocurrir que en los duelos suele haber un actor principal. Y el resto...
BorrarTal cual! Se apropió del dueño porque siempre fue ella con todo y no se da cuenta que ahora todos crecieron y ya puede cortar con ellos. Claudia,ya no son niños crecieron!!!
ResponderBorrarTanto le cuesta correrse de su lugar de centro
BorrarLas palabras (apropiadísimas!) que tira su hija sobre la mesa habrá hecho derramar el café y tambalear las masitas. Necesitaba ese cimbronazo para reflexionar. Dos frases que rescato como excelentes: "Te apropiaste... celebrar tu vida"
ResponderBorrarMuchas gracias por tus afilados comentarios, Gabriela
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