lunes, 27 de enero de 2025

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2023


Los ciclos de la vida. Ahora es Sebastián el que alquiló una casa en un country en Nordelta y ella la invitada. Tirada en la reposera, los ojos cerrados, espera que pasen las horas. Primera vez que veranea desde el 2020. Desde la muerte de Candela debiera decir, pero para ella decir 2020 es un sinónimo. Solo aceptó venir por las nenas. Uma precisa vacaciones y a Luján nada puede hacerla más feliz que la presencia de su prima. Bautista está estudiando para un final, Clara viene casi todos los fines de semana. Duermen separados, esas son las reglas de la familia. Ella confía en que solo sea una representación. Espera que su nieto no sea tan anacrónico como su madre pretende. Mateo se fue de viaje de egresados a Brasil. Ese sí que les da dolores de cabeza. Viaje de egresados, pero aún debe dos materias. Se quiere tomar un año sabático antes de comenzar la universidad. Sebastián lo quiere matar. Ya le dio ultimátum: estudiás o trabajás. Mateo le preguntó si no tenía algún trabajito para él en los locales. Lo tiene, claro, pero no quiere entrar en litigio con su hijo. No tiene fuerzas. Está viva, lo sabe porque respira, porque la sangre sigue corriendo por sus venas, sin embargo, se siente muerta. Muerta en vida, frase tan atinada. Los primeros tiempos no lograba salir de la cama. Zoe, aún en cuarentena, se ocupó de ella. Le preparaba la comida. Hasta que una noche soñó con Candela. Su hija caminaba hacia ella con dos nenas tomadas de la mano. A las nenas no se les veía la carita. De pronto, la figura de su hija se esfumó, pero las criaturas perduraron. Se despertó transpirada, con un agudo dolor en el pecho. Se despertó y se levantó. Previa ducha se dirigió a la cocina. Zoe trajinaba con las tazas. Ya te iba a llevar el desayuno, abuela pareció disculparse su nieta. Ella la abrazó. Yo te tengo que cuidar a vos le dijo. Me cuidaste toda la vida, ahora es mi turno. Ella tomó el café que le ofrecían. Lo tomó con ganas porque precisaba despejarse. Le voy a decir a Fernanda que me traiga a Uma, ¿te parece bien? le consultó. Desde ese momento sus dos nietas se transformaron en el motor de sus días. En cuanto se aflojaron las medidas restrictivas reabrió el taller y, luego, los locales. Más allá de su responsabilidad de seguirle generando trabajo a mucha gente que dependía de ella, se propuso entrenar a Zoe para que pudiera reemplazar a Candela, con la mirada puesta en que, dentro de no mucho, pudiera reemplazarla a ella, hacerse cargo del emprendimiento familiar. Fernanda le dijo que estaba condicionando a la chica, que no era esa su vocación. Pero ella ya lo había comprobado con Candela, lo textil metido en la sangre. Desde antes de nacer Zoe habitó Uniformes Córdoba. Allí se crió, entre costuras95, como bien dice la serie. Luego vivió al fondo de Triple C. A lo mejor Fernanda tiene razón y ella es una egoísta. Por el momento saberla a Zoe junto a ella la mantiene con vida y cree que a la chica también. Sigue respirando por Zoe y por Uma. Sabe que sus otros nietos están celosos, pero, por el momento reitera, lo poco que tiene para dar, lo poco que queda de la Claudia que fue, necesita concentrarlo en ellas. Uma quedó viviendo en Mario Bravo. Maxi, que había sido despedido en la pandemia, consiguió trabajo en Neuquén. Viaja a ver a la nena cuando puede y le envía dinero. También cuando puede. Ella cree que allá está nuevamente en pareja. Sebastián le insiste con que hay que hacer la sucesión de Candela. El departamento lo compró antes de conocerlo a él, solo le pertenece a Zoe y Uma. Departamento donde se instala Maxi con Uma cuando viene. Ella se hace cargo de los gastos. Del dinero puede hacerse cargo como siempre. Ya no de trámites ni de decisiones que la involucren emocionalmente. Ya no. Guarda la chispa de vida que le resta para terminar de criar a Uma. Recién tiene diez años. Le tocara luego hacerse cargo de una adolescente. Eso sí que la abruma. Fernanda la ayuda mucho, suele cobijar a su sobrina los fines de semana. Ema la tomó de hija. La relación entre Uma y Zoe suele ser tensa. Aunque se aman, ambas tienen caracteres muy fuertes. Salieron a la madre. Chocan una y otra vez. Uma en la escuela muy bien. Es sumamente inteligente y, además, líder nata. Mario Bravo volvió a poblarse, suele haber muchas niñas. Ella le agradece a Candela haberle dejado un antídoto contra su pérdida. Antídoto que pierde eficacia en cuanto se mete entre las sábanas y apaga la luz. No ha vuelto a dormir una noche entera. Fernanda le insiste con que vaya el médico y le pida algo para dormir. Ella no quiere ir al médico. Los médicos no sirven. No pudieron salvar ni a su marido ni a su amiga ni a su hija. Además, en sus insomnios recorre la vida de Candela. La ve bebé, niña, adolescente, adulta. La recupera durante esas horas vacías. Pasa horas mirando fotos y videos. Mirando los cuadernos de cuando era chiquita. Descubriendo cantidad de pistas que quizá le hubieran permitido ayudarla. Tanto falló criando a esta hija. Nunca va a poder perdonarse. Belén se acerca con una taza. Te preparé un café ofrece. Ella se sienta en la reposera. ¡Abuela, te despertaste! exclama Uma. Tantas veces no quisiera despertarse. ¡Abela! se acerca Luján corriendo con los bracitos extendidos buscando el abrazo. A ella, después de mucho, porque ya las agotó todas, se le llenan los ojos de lágrimas.

95 “Entre costuras”, serie española que emitieron en Netflix.

 

 

11 comentarios:

  1. Quizás Maxi se tendría que haber quedado trabajando en el lugar de Candela, poder acompañar a su hija Uma que perdió a su mamá y en cierto modo a su papá que viaja a Neuquén.
    Quizás Claudia

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    1. No creo que dependiera de Claudia. El decidió irse pese a la hija

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    2. Nunca supimos a que se dedicaba Maxi...

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  2. Quizás Claudia no le dió la oportunidad. El mandato del matriarcado es muy fuerte.
    Quizás, ella tiene que aceptar que no es el eje del mundo y dejarse ayudar y de ese modo ayudar desde otro lugar
    Solo quizás.

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  3. Uno se cree que con el tiempo las fuerzas se recuperan, que la muerte es parte de la vida, que no se olvida pero que se acostumbra uno a que no estén; frases hechas. Pero la vida hay que caminarla para saber el peso de la mochila que se carga. Muy duro y real. Tanto que estoy en esa reposera

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  4. Sí. Una cosa son los dichos y otra atravesar semejante duelo

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